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Wildengeist
| Emil Versédion |
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Mago Negro

Group: Alemania Nazi
Posts: 34
Member No.: 69
Joined: 23-July 10

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"¿La Nordiche Winde? ¿Un tigre parlante en la Nordiche Winde?" Fue la pregunta hecha mentalmente tras la realizada por aquél ser misterioso. La conclusión era taxativa: este tal "Karl", si era su verdadero nombre, es un mar completo de enigmas... Levantó una ceja con incredulidad, y después de ver minuciosamente los movimientos que realizaba el licántropo, musitó:
- Sí, he estudiado en la academia de magia, y en efecto me he recibido. En cuanto a mí, no tengo ni una pizca de recuerdo de un tigre gigante merodeando por los pasillos de la Nordiche Winde; lo siento mucho. Me dejas con varias dudas en el bolsillo, Karl, no es necesario aclararlo. ¿Te importaría ayudarme con los nudos de misterio que has tejido?
Aunque con desconfianza, Emil mantenía mucha cordialidad encima.
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| Karl von Weisheitkraft |
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Scharführer

Group: SS
Posts: 76
Member No.: 27
Joined: 14-June 10

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-Desde luego que no tenía este aspecto cuando me aparecía por allí -replicó el licántropo con tranquilidad, atendiendo el deseo que había expresado el conde-. Disculpa si no te muestro ahora mi verdadera apariencia, pero en todo caso preferiría hacerlo en otra ocasión, con las ropas puestas.
El tigre volvió a levantarse, y empezó a caminar con gesto algo ocioso en derredor del hechicero, contemplándolo con más atención de la que aparentaba.
-Yo me gradué de la Nordiche Winde igual que tú, aunque no hace mucho. Supongo que nos habremos cruzado ocasionalmente. Aunque buena parte del tiempo la pasaba en detención. -EL tono de voz del hombre bestia fue de diversión ante los recuerdos de sus continuas rebeldías contra sus superiores, especialmente en sus primeros tiempos, cuando le costaba más aguantarse el odio que sentía por todos los que lo rodeaban.
Lo que le llamaba sobremanera la atención era el aspecto poco ario, por no decir absolutamente no ario, de su interlocutor. Vaya que debía de ser poderoso e influyente como para que lo hubieran dejado entrar en una academia nazi teniendo el cabello oscuro. Aunque bueno, decían las malas lenguas que el primer Führer también había tenido el cabello oscuro además de ser bajito y rechoncho, cualidades nada buscadas en el ideal del alemán perfecto.
En fin.
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| Emil Versédion |
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Mago Negro

Group: Alemania Nazi
Posts: 34
Member No.: 69
Joined: 23-July 10

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- Vaya, era lo que necesitaba escuchar: eres un licántropo. He leído varios tratados sobre ustedes; es más, recuerdo que en uno, el autor, que creo que era un abad, exhortaba a unos pueblerinos a utilizar objetos de plata por protección...
Pese a que el hombre-tigre estaba sondéandolo a su alrededor, Emil no despegó sus ojos de la oscuridad de la que el mismo había salido. Era, quizás, un gesto hecho para equilibrar la suspicacia que yacía en sus pensamientos. Aunque ésto era totalmente innecesario. Su interlocutor también tuvo sus aires de sublevado en la academia. Esto lo llevó a sus tiempos de alumno que buscaba, a veces con fundamento, otras sin él, contradecir y pugnar con las figuras de autoridad que representaban aquellos profesores. Estaba seguro que al menos uno o dos de ellos recordarán a aquél pelinegro tan ampuloso, serio y "personaje" cómo le solían decir. Una sonrisa se dibujó en su fisonomía. Parecía que ambos recordaron sus respectivas fechorías con diversión.
- Ahora que lo pienso, resulta "innovador" hablar con alguién como tú; en cuanto a mí, soy, el último miembro de la casa de Bandorg, una antigua dinastía sueca que pasó de un esplendor medieval a una decadencia contemporánea. No obstante pude aprovechar múltiples ventajas de noble, una de ellas, entrar a la academia sin ser ario. Al principio fue díficil; en realidad toda mi estadía fue difícil por mis rasgos imperfectos. Después de años, puse un pie nuevamente aquí, como para variar las cosas.
Su vista seguía anclada en la arboleda.
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| Karl von Weisheitkraft |
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Scharführer

Group: SS
Posts: 76
Member No.: 27
Joined: 14-June 10

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Bueno, eso explicaba las cosas de modo relativamente satisfactorio. Su carácter de noble venido a menos se evidenciaba perfectamente en su comportamiento extraño, como si perteneciera a otra época o, incluso, como si fuera un Quijote en potencia que había leído demasiada novela medieval.
-De modo que ese abad pensaba que éramos los malos del cuento. Me pregunto por qué. -El tonillo risueño y ligeramente irónco del comentario ponía en duda que realmente el hombre tigre se hiciera esa pregunta.
Supuso que, por muy noble que fuera ese tal Emil de la casa de Bandorg, su estancia en la academia no habría sido muy fácil por la sencilla razón de su raza. Imaginó a todos los alemanes que lo vieran, murmurar a sus espaldas (o no tan a sus espaldas, dependiendo del conocimiento y el respeto que tuvieran acerca de su título, cualquiera que éste fuese).
Ahora le sonaba un poco el que hubiera habido algún conde o barón en la academia, supuso que de allí provenía la sensación de haber visto a ese sujeto en algún lado.
El tigre se sentó sobre sus patas traseras y bostezó sin ninguna etiqueta, mostrando a la luz de la luna sus fauces terribles, su lengua rojísima y sus colmillos tan blancos que evidenciaban que ese cuadrúpedo se lavaba religiosamente los dientes.
Entrenamiento militar.
Era bastante obvio que ese hombre bestia había participado en unas cuantas batallas, a juzgar por las cicatrices, bestiales y no tanto, que atravesaban su pelaje en distintas direcciones, incluyendo el espacio en que debería haber estado su ojo izquierdo.
-¿Te aburrías en Suecia? -preguntó con indolencia.
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| Emil Versédion |
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Mago Negro

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Member No.: 69
Joined: 23-July 10

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- Suecia...- Dijo casi al instante de terminar la pregunta presentada por aquél imponente licántropo. Simultáneamente, pensaba en Suecia; no en su castillo, o en sus días en él, o en lo que aconteció en sus rocosas entrañas; sólo en Suecia, como la hermana más serena de los países subyugados por el vastísimo Imperio; como la potencia que quería ser; como la patria por la que sentía indiferencia; cómo el país que vio nacer a un hombre del montón. ¿Será él ese hombre, o llegará a aportar más de que grano de arena?
- Deberías visitarla, porque mi opinión es irrelevante. Y si tienes tiempo con voluntad pasa por mi castillo. Eres bienvenido. Aunque lamento decirte que no hay servidumbre que te sirva de plato principal. Quizás te resulte entretenido correr alrededor de muros de piedra, armas, estatuas, libros y antorchas encendidas, o apagadas. Encendidas o apagadas. Encendidas....- Lanzó una mirada extraña, como si contemplase algo que le llamase la atención de sobremanera.- ¡Pero basta de Emil; háblemos de Karl! ¿Puedes desembolsar de tu mente algo que haga de esta charla un diamante digno de recordar por treintenas?
Pareció exaltarse un poco; el sosiego automático en su rostro puso en raya ese desborde de dramatismo.
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| Karl von Weisheitkraft |
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Scharführer

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Member No.: 27
Joined: 14-June 10

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El licántropo lanzó una risita grave.
-Gracias por la invitación, la tendré en mente. Y no te preocupes por lo de la cena, me gusta cazar mi propia comida.
Movió un poco las orejas, como si esperara escuchar algo, tal vez uno o dos pares de patas en la espesura que fueran a aparecer para llenar su estómago que, de hecho, no estaba muy lleno que digamos. La carrera, ahora que había recuperado el aliento, había despertado su apetito.
-¿Y qué te puedo contar que te interese, Emil? No soy un tipo muy sabio que digamos, y tampoco tengo demasiadas anécdotas, a menos que te gusten los relatos sangrientos.
Hizo una mueca. La mención de sangre acrecentó su consciencia de que tenía un poco de hambre, sin contar el hecho de que muchas veces que se hallaba en forma animal gustaba de cazar por mero placer, por sacarse un poco las ganas de hacer algo que le agradara para variar.
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| Emil Versédion |
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Mago Negro

Group: Alemania Nazi
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Member No.: 69
Joined: 23-July 10

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- Paso, ya bastante tengo con Stoker y una copia ilegal de la película de Nosferatu- Se le vino a la mente la figura de aquél Max Schreck enjuto y desagradable pretendiendo inspirar terror en quienes tenían la oportunidad de ver aquella famosa película de más de setenta años de antigüedad. Se dio cuenta que su interlocutor inspiraba en una garra todo el miedo que ocasionaba el legendario actor alemán con su vampiro.
El conde notó varias marcas impresas en el tigre; marcas de lucha; cicatrices y el hecho de que era tuerto. Dedujo que no era un licántropo sin experiencia. Justo por debajo del pequeño acantilado en el que ambos hablaban, pasó un pequeño grupo de animales; no sabía si eran ciervos o gacelas.
- Me parece que Gea te propone un alimento que me reemplaze a mí; uno más nutritivo- Decía mientras miraba al licántropo, como si le presentase el desafío de cazarlos sin decir nada- ¿Serías tan amable?
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| Karl von Weisheitkraft |
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Scharführer

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Joined: 14-June 10

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Las orejas del tigre se dirigieron a la fuente del sonido aún antes de que el hechicero se diera cuenta de la presencia de esos animales. Su ojo se iluminó con la feliz promesa de una buena caza, pero aún ese brillo era más terrible que alegre.
Como si a ese animal se le hubiera vedado la capacidad de la alegría.
[b]-Descuida, no pensaba comerte[b] -replicó, con la mitad de su atención ya puesta en la inminente cacería. Un instante después, pareció olvidar completamente que el hechicero estaba ahí, que había un mundo en derredor suyo. Bajó la cabeza, movió la parte posterior del lomo preparando sus patas para saltar...
...y saltó.
En comparación con otras bestias de su tipo, la arremetida contra sus presas no había sido demasiado espectacular, puesto que el macizo bruto era más pesado que otros de su especie. Pero, para los cánones humanos, ese salto había sido como mínimo asombroso.
Salvó al hechicero y aterrizó sobre el promontorio. Casi automáticamente, un segundo salto en que todo su cuerpo se estiró en el aire, lo hizo caer pesadamente con las zarpas por delante. Los ciervos se le habían escapado, eran como mínimo cinco y de un aspecto excelente para el paladar y el estómago del hombre bestia. Sin amedrentarse en lo más mínimo, el predador salió en persecución mortal de los fugitivos, y en menos de lo que dura un suspiro, cazador y presas se perdieron en la agitada fronda.
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| Emil Versédion |
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Mago Negro

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Member No.: 69
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El despliegue de instinto que había visto Emil no lo vería en ninguna película, ni lo leería en ningún libro empolvado; había visto como, pese a su complexión anormalmente fornida, Karl dió un salto y se lanzó en una sorprendente persecución de aquellos infortunados herbívoros. No obstante, indignaba un poco que la naturaleza que invadía al licántropo le hiciera olvidar que Emil estaba; no permitiría que se vaya así, de improvisto, con tanto que hablar. Más aún considerando el auto-vaticinio de que las personas con las que iría a hablar en este tiempo se contarían con los dedos del pie.
Tomó la lira, dió un salto (obviamente sin la destreza del cazador) y se lanzó trotando hacia la dirección en la que se el mismo había desaparecido. Entre cada metro hecho despertaba una inquietud en torno a ese ser con el que habló un poco.
- ¡Espera, necesito un guía turístico para volver!
Gritó pretendiendo que Karl escuchase.
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| Karl von Weisheitkraft |
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Scharführer

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Vano fue el llamado del hechicero; por un lado, porque el tigre ya no lo escuchaba, y por otro, porque no era la intención de la bestia dejar al mago en la estacada.
Por lo que a Emil respectaba, la misma Gaia podría haberse tranquilamente tragado al licántropo. Unos momentos después, las hojas y ramas se aquietaron, y nada salvo las ramitas rotas y los brotes aplastados mostró que por allí hubiera pasado tan tremenda fiera a la carrera.
Y por el lado de Karl, estaba en lo suyo. Corría poderosamente entre los árboles, y podía oír con toda claridad la respiración de sus presas (agitación y miedo), podía oler su temor y percibirlo como un aliciente para sus propios músculos. Oía cada pata que horadaba la hojarasca, y se estaba acercando...
...y su pulso se aceleró aún más, lo mismo que su respiración, en el momento en que sentía acortar la distancia cada vez más. Era capaz de percibir su presa, la veía, como una sombra... el miembro más débil de la manada, el que se quedaba atrás... a merced de sus fauces...
Por más extraño que sonara, el momento de la consumación de la cacería, los segundos inmediatamente anteriores a la primera dentellada certera en el cuerpo agitado, sudoroso, tembloroso de miedo de su presa, se asemejaban en el tigre a la escalada previa al orgasmo. Insufló a sus patas el máximo poder, corrió al son de su deseo voraz, con la fuerza de su hambre y de su placer. Con la fuerza de la consumación de sí mismo, del instante en que era el Tigre de los tigres.
Y el salto último. Y las fauces que se abrieron, y se clavaron en el lomo del infortunado ciervo que hasta allí contaría sus días, si es que estos hervíboros tienen la facultad del contar. El animal se desplomó por el tremendo peso de la mole que sobre él se había abatido, los dientes arrastraron la carne hacia el suelo y la empaparon de sangre hirviente y llena de adrenalina. Una danza de a dos, una danza de muerte.
El ciervo se debatió con desesperación, luchó por vivir, trató de desasirse como pudo y a toda costa.
Pero no fue suficiente.
El tigre levantó una de sus enormes patas y la abatió contra el ciervo, apresándolo. Abrió las fauces (el sabor a sangre, el sabor a vida, el sabor a carne ajena), y volvió a morder con toda su fuerza, ahora el pescuezo de su presa. Sintió cómo avasallaba la vida del ciervo, cómo su presa se iba muriendo de a poco, se le iba terminando la vida...
Lo bueno de ser un tigre y de cazar un ciervo, era que no le dolía en el alma matar a alguien.
Y finalmente el herbívoro abatió la cabeza al final de su largo cuello, de su grácil figura; quedó allí tendido, muerto. Incluso cuando el soplo de la vida lo había abandonado, era bello, era salvaje, era maravilloso. Era obra de la naturaleza, como el tigre, como el follaje que lo rodeaba, como todos los animales y plantas y rocas... hasta el más mínimo insecto.
¡Ay del género humano, que no se había sabido reconocer en esa fraternidad, ni siquiera en el acto de matar! ¡Ay de las almas vacías, ay de los espíritus dormidos!
¡Ay de los valores ridículos!
El tigre se tomó unos minutos para recuperar el aliento. Sus flancos se inflaban y desinflaban, la sangre progresivamente se secaba en su pelaje.
En paz consigo mismo, o al menos relativamente. La mente en blanco... por suerte.
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