Aquí dejo el capi 19
Capítulo 19
Candie se acercó al mostrador y le dijo algo a la recepcionista. Tweener, a unos metros de allí la observaba detenidamente. Se desenvolvía con la mayor naturalidad, nadie diría que estaba nerviosa o temerosa de que algo saliera mal. Sentía curiosidad por saber todo de aquella mujer que se había ganado su simpatía de inmediato. No entendía lo que una joven como ella estaba haciendo con dos de los fugitivos más buscados del país. Ya tendría tiempo de preguntárselo; ahora debían concentrarse en llevar a cabo aquella misión.
La miró mientras se acercaba nuevamente a él, caminando sin prisa. Le recordaba a Debra Jean, los mismos ojos verdes, profundos y expresivos y aquellas graciosas pecas cubriendo parte de su rostro. Le dolía recordarla y saber que tal vez nunca más la volvería a ver.
-¡ David...!- Candie le tocó el hombro intentando llamar su atención- Vamos, la oficina de registros de propiedades queda en el primer piso-.
Tweener regresó entonces a la realidad, comprobando que Candie no era Debra Jean.
- Sí- respondió con una sonrisa apagada- Hagamos esto de una buena vez-.
Candie lo detuvo.
- ¿ Estás bien?-.
Él asintió y ambos se encaminaron hacia el ascensor.
Cuando llegaron a él, un oficial de policía se encontraba charlando con uno de los empleados del lugar. Debían pasar a su lado para poder tomar el ascensor.
Tweener, como si fuera un acto reflejo se detuvo en seco.
Candie lo miró y le hizo señas de que se cubriera aún más el rostro con la gorra que traía. Cuando pasaron a tan solo unos centímetros del oficial, sintieron miedo por primera vez desde que habían entrado.
Unos pasos más y lograrían desaparecer dentro del ascensor.
- ¡Hey! ¡ Muchachos!- llamó el oficial.
Candie y Tweener se detuvieron sin darse ni siquiera vuelta.
- El ascensor no funciona desde esta mañana- dijo- Deberán usar las escaleras-.
Se miraron aliviados.
- Gracias, oficial- respondió Candie y sin perder tiempo se dirigieron por el pasillo que conducía a las escaleras.
En un par de minutos ya se encontraban dentro de la oficina. El lugar parecía haber estado cerrado varios años, la humedad impregnada en las paredes y en el techo despedían un olor más que desagradable.
- ¡Busquemos el mapa y larguémonos de aquí!- Tweener empezó a buscar en unos enormes libros forrados en cuero mientras Candie echaba un vistazo afuera a través de la ventana. Sólo había un par de empleadas de limpieza haciendo su tarea en el pasillo.
- ¿ Cómo era el nombre que Michael nos dio?-.
- Kokosing, Karl Kokosing- dijo Candie.
Tweener hojeó uno de los libros pero no aparecía aquel nombre.
- ¡No hay nada!-.
- ¿ Seguro?- Candie se acercó para ayudarlo a buscar- ¿ Has intentado con “ Double-K?”-.
Él negó con la cabeza y volvió a buscar, pero no había señales del mapa.
Candie tomó el libro y leyó el índice.
- Pero aquí figura... mira... 1213, es el número de mapa que Michael dijo-.
- ¡ Pero no existe esa página en el registro!- respondió Tweener.
Ella hojeó el libro por enésima vez y entonces descubrieron que era lo que había sucedido.
- Alguien ha estado aquí antes que nosotros, David... y ese alguien se lo ha llevado - dijo mientras ambos miraban consternados el resto de papel rasgado en donde momentos antes había estado el mapa.
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No sabía cuál sería la sensación de Michael Scofield al otro lado de la línea, pero él estaba eufórico. Después de tanto tiempo, finalmente se enfrentaba al hombre que había desafiado el éxito de su búsqueda. Claro que le hubiera gustado verle la cara, pero a aquellas alturas todo servía; sobre todo si lograba con aquella llamada lo que hacía días se le negaba.
- Michael... ¿ sigues allí?-.
Michael se había quedado en silencio desde que había escuchado la voz de aquel hombre. A pesar de no haberse presentado aún, él sabía quien era. El agente especial Alexander Mahone. El hombre asignado a su captura... el ávido cazador corriendo detrás de su presa. No sabía por qué pero había algo en aquel hombre que le decía que su misión no era precisamente reenviarlos a prisión, había un motivo mucho más oscuro detrás de todo aquello y descubrirlo podría ser la diferencia entre morir y vivir.
- ¿ Dónde están Sara, LJ y Verónica?- preguntó desesperado.
Ahora él que hizo silencio por unos segundos fue Mahone. No debía cometer ningún error.
- Creo que no estás en condiciones de ser el que formule las preguntas, Michael-.
Michael se pasó la mano por la cabeza. Aquello ni siquiera lo tenía previsto. Jamás pensó que aquel sujeto encontrara la casa. No solo era astuto, también era inteligente y parecía estar jugando el mismo juego que él. Su plan estaba siendo revelado ante sus ojos y Michael nunca había contado con eso.
- ¡ Si les has hecho daño, juro que...!-.
- Creo que tendrás que comprobarlo por ti mismo... si quieres saber como se encuentran la señorita Donovan, LJ y tu querida doctora Tancredi deberás venir hasta aquí...-.
Michael maldijo en silencio; aquello no era parte del plan; pero no podía poner en riesgo la vida de las personas que amaba, jamás se lo perdonaría. Se había jurado que nadie más pagaría por sus errores.
- ¿ Qué dices, Michael? Ven hasta aquí con tu hermano y nada les sucederá-.
Michael echó un vistazo a Lincoln, quien se hallaba recostado sobre la parte trasera del auto mirando en la dirección por la que Candie y Tweener habían desaparecido unos minutos antes.
De pronto un sonido lo inquietó, un chasquido y un par de golpes, luego silencio total.
- ¡ Hable, maldición!- insistió Michael con el corazón en la boca ignorando lo que estaba pasando en la casa.
Entonces escuchó que alguien respiraba agitadamente desde el otro lado de la línea.
Michael no alcanzó a decir nada, Lincoln ya estaba a su lado y le había arrebatado el móvil de la mano luego de ver como su hermano se agitaba debido a aquella llamada.
- ¿ Quién es?- inquirió a los gritos.
- Lincoln... ¿ eres tú?-.
El corazón del mayor de los hermanos se detuvo por unos segundos.
- Lincoln... - repitió aquella voz más que familiar para él desde el otro lado.
Lincoln se aclaró la garganta y apretó con fuerza el teléfono, no podía creerlo.
- ¿ Papá... eres tú?-.
Los ojos azules de Michael se clavaron en el rostro de su hermano que estaba tan consternado como él.
Hubo solo silencio desde el otro lado durante unos segundos.
- Si, hijo... soy yo- respondió Aldo Burrows emocionado por hablar con su hijo después de tantos años.
- ¿ Qué haces allí?-.
Aldo lanzó una mirada a Verónica, tendida en el suelo y cubierta de sangre... ¿ cómo le diría a su hijo que la mujer que amaba acababa de morir asesinada?.
- Hijo... es Verónica... - la voz le temblaba.
Lincoln sintió un vacío en el estómago, presentía que lo que su padre estaba a punto de decirle le desgarraría el alma.
- ¿ Qué le sucedió a Verónica?- sus palabras eran un ruego.
- ¿ Está Michael contigo?-.
- Si... si él está aquí a mi lado...-.
Aldo trató de usar las palabras adecuadas pero solo había una forma de decir aquello y sería cruel de todos modos.
- Hijo... Verónica está muerta-.
Las palabras de su padre fueron como un golpe en medio del corazón. Dejó caer el teléfono al suelo y buscó un abrazo en su hermano con desesperación.
- ¡ Linc! ¿ Qué pasa?- Michael temía lo peor y por la reacción de su hermano mayor supo que algo malo le había sucedido a Verónica... la imagen de Sara y LJ vinieron a su mente entonces... solo podía pensar en ellos y en reconfortar a su hermano, ni siquiera le importaba que su padre hubiera reaparecido después de tantos años.
- Michael... está muerta... Vee está muerta- dijo Lincoln hundiendo la cara en el hombro de su hermano.
Michael pasó una mano por la cabeza de Linc y ambos hermanos lloraron abrazados.
- ¡ Maldición!- masculló Michael entre dientes, aquello no debía suceder... Verónica muerta... muerta por su culpa... era algo con lo que cargaría por el resto de su vida. Debía detener al tal Mahone antes de que se cobrara la vida de más gente inocente.
Cerró los ojos y se aferró con fuerza a su hermano. Lincoln también estaba padeciendo las consecuencias de sus errores. Todo lo había hecho por él, desde el principio... pero ahora ya no estaba tan seguro de que la fuga había sido la mejor salida, tal vez si hubiese existido la posibilidad de conseguir un indulto, una apelación... pero en aquel sistema plagado de corrupción parecía que no había justicia para alguien como Lincoln Burrows... un grupo siniestro se estaba encargando de acusar a su hermano por un crimen que jamás cometió. Y nadie le sacaba de la cabeza que Mahone estaba involucrado en aquella trampa mortal. Debía averiguarlo y ahora más que nunca estaba convencido de que Alexander Mahone era la clave para hacerlo.
- Linc... escucha- se separó intentando que su hermano reaccionara- ¿ Has sabido algo de Sara o LJ?-.
Lincoln se apretó las sienes con los pulgares.
- No... papá no me dijo nada... – ambos lanzaron una mirada al teléfono móvil tirado en el suelo.
Michael se agachó y lo levantó.
- Hola-.
- Supongo que tú eres Michael... -.
Michael se aclaró la garganta, era la primera vez que hablaba con su padre y la última vez que lo había visto, un hombre se desangraba frente a sus ojos mientras huían del lugar. Sacudió la cabeza tratando de apartar aquellas imágenes de su memoria.
- Si- solo pudo responder.
- ¿ Cómo está Lincoln?- preguntó.
Michael se giró para comprobar el estado en que estaba su hermano pero ya no estaba allí. Se alarmó, pero se tranquilizó cuando lo descubrió sentado en unos cajones a unos metros de allí, al final del callejón. Necesitaba estar solo, nadie lo conocía mejor que él y sabía que a la hora de sacar el dolor que llevaba dentro la soledad era su mejor compañía. Había hecho lo mismo cuando su madre había muerto, él era pequeño y no podía entender como su hermano se marchaba durante horas dejándolo solo, pero con el paso del tiempo comprendió que Lincoln era así, necesitaba alejarse para rumiar la pena que lo consumía, jamás permitía que nadie lo viese sufrir. Había aprendido a tragarse el dolor y la tristeza desde niño.
Volvió a concentrarse en la conversación con su padre.
- Está destrozado... Verónica era muy importante para él- dijo finalmente.
- Michael... Sara y LJ están aquí- le pasó el teléfono a Sara- ¡ Michael... no vuelvas a dejarme sola!-.
Era un pedido pero él sabía que era más que eso... podía percibir un dejo de reproche en su voz temblorosa.
- Sara... perdóname... – agachó la cabeza y lanzó un suspiro- Te amo- agregó, como si aquellas dos palabras pudieran borrar el tormento por el que había pasado.
- Michael... yo también te amo pero... todo esto debe terminar... – se giró y alcanzó a ver el rostro inmóvil de Verónica antes de que Aldo lo cubriera con una sábana- Verónica no debía morir... nadie más debe morir, Michael-.
Michael se quedó en silencio, las palabras de Sara parecían salir de su propio corazón.
- ¿ Cómo está LJ?-.
- Conmocionado... no es fácil para él todo esto- hizo una pausa- No deja de repetir que quiere ver a su padre...-.
- Sara... pásame con... – ni siquiera podía decirlo- pásame con Aldo-.
- Dime, hijo-.
Fue extraño oír que lo llamara así.
- ¿ Cómo está la situación allí?-.
- Bueno... el sujeto que mató a Verónica sigue inconsciente luego del golpe que le atesté en la cabeza... mi gente se está encargando del cuerpo de Verónica y Sara está junto a LJ- informó.
- No puedo creer que Verónica esté muerta...-.
- Hijo... alguien se acerca a la casa...
- ¡ Márchense de inmediato... no dejes que nada malo les pase a Sara y a LJ!-.
- No tienes que pedírmelo Michael... ¿ qué hacemos con el agente del FBI?- preguntó Aldo.
- Lo importante ahora es salir de esa casa...ya me encargaré de él en otra oportunidad- aseguró Michael.
- Nos estamos yendo por la parte trasera- indicó Aldo.
- Llévate a Sara y a LJ a algún lugar seguro hasta que podamos reunirnos con ellos-.
- Dalo por hecho... seguimos en contacto...-.
- Así es, yo me comunicaré contigo para acordar la hora y el día del reencuentro... – la emoción volvió a embargar a Michael... volvería a ver a su padre, el hombre que los había abandonado sin ni siquiera decirles adiós cuando él era tan solo un niño pequeño.
- Hasta entonces, hijo- Aldo respondió antes de cortar la comunicación.
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- Michael y Lincoln se enfadarán cuando regresemos con las manos vacías... – repetía Tweener una y otra vez mientras bajaban las escaleras del edificio municipal sin el dichoso mapa.
- Tranquilízate, David... no es nuestra culpa si alguien se nos adelantó- dijo Candie para calmarlo.
- ¡Pero sin el mapa, no hay dinero!- exclamó.
- ¡Shhh! ¡ Baja la voz!- le pidió. Todavía no habían abandonado el edificio y no estarían totalmente a salvo hasta que no cruzaran la puerta principal.
- Alguien más de Fox River vino a buscar el mapa... ¿ pero quién?- Tweener intentaba encontrar una respuesta a aquella incógnita.
Habían salido ya y se encaminaban hacia el callejón cuando Candie se detuvo de repente.
- ¡ Pues claro!- sonrió – ¡El sujeto del maletero!-.
Tweener la miraba sin entender a que se refería.
- ¿ De qué hablas?-.
Candie no le respondió, solo lo tomó de la mano y apresuró el paso.
- ¡ Vamos! ¡Démonos prisa!-.
Tweener se dejó arrastrar por ella y ya no volvió a preguntar nada más.
Cuando finalmente llegaron al callejón, Candie se acercó más a Tweener tomándolo del brazo esperando que Lincoln notara aquella actitud de confianza hacia su nuevo amigo. Pero Lincoln no estaba allí.
Se reunieron con Michael y entonces vio que Lincoln estaba a unos cuantos metros de allí solo y cabizbajo, sentado en uno de los cajones de plástico amontonados en un rincón al final del callejón.
Tweener le contó a Michael sobre el resultado negativo de su búsqueda y que Candie parecía tener una cierta idea de lo que había sucedido con el mapa.
- Candie... dile tú- pidió Tweener.
Pero Candie apenas había escuchado la conversación, su atención seguía puesta en Lincoln Burrows.
- Michael... ¿ qué sucede con Lincoln?- preguntó finalmente.
- Es Verónica... – hizo una pausa, no sabía como tomaría ella la noticia-... está muerta-.
Candie se quedó boquiabierta, las palabras de Michael la habían impactado.
- Pero... ¿ cómo?- la voz apenas le salía, había empezado a temblar- Acaso... ¿ acaso la asesinaron?-
Michael asintió.
- Lincoln está devastado... -.
Candie no terminó de escuchar lo que Michael le decía. Empezó a caminar hacia Lincoln, y a medida que se acercaba sus piernas comenzaron a fallarle. Se detuvo frente a él pero parecía estar inmerso en su propio sufrimiento. Quería arrodillarse, tomarlo de las manos y decirle que todo iba a estar bien pero no podía hacerlo; él necesitaba estar solo. No supo por que pero igualmente se sentó a su lado, no dijo nada solamente se quedó allí para hacerle compañía, se iría solo si él se lo pidiera.
De pronto él levantó la cabeza y la miró directamente a los ojos. Candie sintió su corazón detenerse por unos segundos cuando los ojos mojados de Lincoln Burrows se clavaron en los suyos.
Ella tragó saliva intentando que las palabras justas salieran de su boca.
- Lincoln... lo siento... lo siento mucho- Candie no lo dudó y buscó su mano. La encontró apoyada en el asiento improvisado de plástico y enredó sus dedos delgados en los fuertes dedos de Lincoln.
Sus manos se entrelazaron entonces y en aquel momento, todos los malentendidos, las discusiones y los resentimientos quedaron a un lado. Candie se conmovió cuando Lincoln apretó su mano con fuerza como respuesta a su contacto inicial.
- Verónica era muy importante para mí...- dijo finalmente dejando escapar con cada palabra la angustia que le carcomía el alma.
Candie tragó saliva al oírlo hablar de aquella forma... Amaba a Verónica... la había amado desde niño y la amaría por siempre. Ni siquiera el hecho de que la muerte se la hubiese arrebatado de aquella manera tan cruel lograría borrar aquel amor.
Candie se sintió culpable, envidiaba esa clase de amor, el mismo que Lincoln sentía por Verónica... la envidiaba a ella... confundida, desechó aquellos pensamientos de su cabeza.
- Lo sé... – respondió apartando la mirada, avergonzada de que él adivinara lo que pasaba por su mente en aquel momento.
- Candie... no te enojes, pero quisiera estar solo- pidió.
Ella soltó su mano y lo miró nuevamente a los ojos.
- Entiendo, Lincoln... – se levantó y él le tocó el brazo.
- Gracias-.
Candie asintió y se marchó sin decir nada.
Michael y Tweener la observaban mientras ella se acercaba.
Cuando finalmente llegó hasta ellos, Candie vio que Michael también estaba bastante afectado por la muerte de Verónica. Se acercó y dejó que él buscara consuelo entre sus brazos. Él necesitaba aquel abrazo y en ese momento en lo único en que ella podía pensar era en reconfortar al hombre que alguna vez había amado.
- ¿ Estás bien?- preguntó mientras acariciaba su cabeza rapada.
- Solo abrázame, Candie- le pidió cerrando los ojos como si así pudiera detener las lágrimas que ya empezaban a rodar por sus mejillas.
Desde su lugar, Lincoln los observaba. Candie y Michael abrazados. Hubiese querido que su visión nublada le estuviera jugando una mala pasada... hubiese querido que ese abrazo fuese para él. Se arrepintió de haberle pedido a Candie que lo dejara solo... se moría por que ella lo hubiese abrazado con la misma ternura con la que consolaba a Michael ahora... Apartó la mirada y se secó las lágrimas. Todavía sentía el calor de la mano de Candie en la suya... Aún en un momento de angustia como aquel, ella lograba perturbarlo con solo tocarlo.
Se secó las lágrimas y respiró profundo; debía intentar apaciguar la angustia que le provocaba la muerte de Verónica... ella había dado su propia vida en afán de probar su inocencia y su muerte no podía quedar impune... encontraría al maldito que la había asesinado y acabaría con él... se lo debía a Verónica, a su recuerdo y al amor que una vez habían sentido.
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- ¡Alex... Alex... es mi imaginación o nuevamente has perdido la oportunidad de atrapar a Scofield y a Burrows!-.
Mahone levantó la mirada y el golpe que había recibido detrás de la cabeza aún le producía mareos.
Se dejó caer en el sofá y lanzó un vistazo a su interlocutor.
El hombre vestía más que elegante, llevaba un fino traje de seda italiana color beige y gafas oscuras. Lo miraba desde su posición mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa socarrona.
-Me... me tomaron por sorpresa... ni siquiera sé quien me golpeó... debe haber sido el muchacho o la misma doctora Tancredi... - dijo justificando su ineptitud.
- Vuelves a estar equivocado, Alex... alguien más estuvo aquí, cuando llegamos vimos un par de camionetas huyendo por la carretera-.
- Bill...-.
- Señor Kim para ti, Alex- le indicó cruzándose de brazos.
- Señor Kim... los encontraré... descubriré el próximo paso que Scofield dará y estaré allí para atraparlos- afirmó.
Bill Kim se sentó a su lado y lo miró expectante.
- ¿ Y bien? ¿ Cuál es la siguiente opción? Porque quiero creer que sabes que sigue en el plan que Scofield trazó...-.
- Si, señor... van tras el dinero de D.B Cooper, quien no era otro que Charles Westmoreland, el reo que murió en el momento de la fuga- informó mientras se pasaba la mano en la nuca.
- Y debes saber ya el lugar exacto en donde se encuentra ese dinero, ¿ verdad?-.
- Tengo a todos mis hombres trabajando en ello, es cuestión de horas hasta que lo sepamos-.
Bill Kim se levantó y se quitó las gafas, clavó sus rasgados y agudos ojos en el rostro de Mahone y dijo:
- Espero que esta vez obtengas mejores resultados, Alex... no querrás que la policía sepa lo que le ocurrió en verdad a Oscar Shales... no querrás que Pam y Cameron tampoco lo sepan...-.
Mahone apretó los dientes, odiaba a aquel sujeto prepotente, pero lo tenía en sus manos y por eso no tenía alternativa, debía hacer todo lo que Bill Kim y su gente le pidieran, la vida de sus seres queridos estaba en juego. Se sentía acorralado y sabía que cada error suyo sería pagado por ellos. Debía atrapar a Scofield y a Burrows, las vidas de dos prófugos por las de su esposa y su hijo... no existía nada más importante para él en ese momento, y si gente inocente moría en el camino debía seguir adelante hasta alcanzar su objetivo... el fin justificaba los medios, aquella frase trillada era la definición perfecta para la tarea a la cual había sido encomendado.
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Tweener no se atrevía a interrumpir aquel momento entre Candie y Michael, solo se quedó parado a una corta distancia, dándoles la espalda.
Luego de unos minutos Michael estaba más calmado y entonces decidió hablar.
- Michael... Candie dijo que cree saber lo que ha sucedido con el mapa- dijo mirándola con curiosidad.
Candie y Michael se miraron, ella no necesitó decirle lo que creía, él ya lo había percibido en sus ojos.
Tweener seguía sin entender, solo se limitó a seguirlos cuando ambos se dirigieron a la parte trasera del auto.
Michael abrió el maletero donde T-Bag permanecía recostado en posición fetal.
- ¿ Qué demonios hace él aquí?- Tweener se alejó mientras se agarraba la cabeza.
T-Bag lo miró gratamente sorprendido y una sonrisita sagaz se dibujó en su rostro pálido y sudado.
- ¿ Qué crees, niño? Me han traído las mismas razones que han arrastrado tu bonito trasero hasta aquí- respondió clavándole aquellos ojos sombríos en su rostro asustado.
Tweener se sintió abrumado. Aún estando fuera de prisión, T- Bag lograba intimidarlo. Candie lo tomó del brazo y cuando ella le sonrió se tranquilizó.
- ¿ Qué sucede aquí?- Lincoln había aparecido de repente y lo primero que notó fue la mano de Candie apoyada en el brazo de Tweener.
- Linc... el mapa no está y Candie y yo creemos que T-Bag tiene que ver con su desaparición-.
Lincoln se acercó al maletero y tomó a T-Bag por la camisa y lo sacó de un salto. Con el movimiento brusco un pedazo de papel cayó al suelo.
Michael lo recogió y de inmediato supo que se trataba del mapa.
- ¿ Dónde está?- preguntó mientras su hermano lo arrojaba contra el auto.
- Jamás lo encontrarás, bonito- dijo ufanándose del golpe que acababa de dar.
- ¡ Entréganos el mapa ahora mismo, maldito bastardo!- inquirió Lincoln poniendo nuevamente sus manos encima de él.
- Michael... será mejor que calmes a tu perro guardián...- advirtió echándose hacia atrás para esquivar a Lincoln.
Michael respiró hondo, estaba empezando a perder la paciencia también.
- Danos el mapa y prometo que Linc no te hará daño- dijo finalmente.
- Pues lamento decirte que eso va a ser imposible...- abrió la boca y todos vieron como un pequeño trozo de papel amarillento desaparecía en su garganta.
- ¡ Debería sacarte esa maldita costumbre que tienes de llevarte las cosas a la boca!- advirtió Lincoln furioso.
- Te aconsejo que no vuelvas a ponerme una mano encima, Burrows... en este momento lo único que puede ayudarlos a encontrar el dinero es que yo los guíe hasta él...-.
- ¡ Te acabas de comer el mapa! ¿ Cómo diablos encontraremos el lugar exacto ahora?- replicó Michael levantando la voz.
- Deberán confiar en mi memoria fotográfica...- respondió entrecerrando los ojos.
Ambos hermanos se miraron y les molestaba tener que confiar en alguien como T-Bag para encontrar el dinero, pero no tenían salida, debían aceptar sus condiciones.
- Está bien... tu ganas- señaló Michael resignado- Llévanos al lugar-.
T-Bag se reincorporó, acomodó el cuello de su camisa y lanzó un vistazo a todos.
- Deberán tratarme mejor de ahora en adelante- indicó- Sobre todo tú, Burrows-.
Lincoln se colocó las gafas e hizo caso omiso de su advertencia.
- Será mejor que nos vayamos- dijo dirigiéndose hacia la parte lateral del automóvil. Pasó por entre medio de Tweener y de Candie haciendo que ella soltara el brazo del joven- Lo siento, pero no hay tiempo para arrumacos- añadió con una sonrisita irónica.
Candie estuvo a punto de lanzarle alguna maldición pero se contuvo en el último segundo. Lincoln parecía ser el mismo de antes y prefería aquello a verlo devastado por la muerte de Verónica. Candie no se engañaba, sabía que él sufría por ella pero sin dudas Lincoln sabía disimular muy bien aquel sufrimiento. Además debía confesar que la tensión que existía entre ellos no le molestaba demasiado, aunque se empeñara en negarlo cada vez que la absurda idea de un supuesto interés por Lincoln Burrows asaltaba su cabeza.
Michael se acomodó en el asiento del conductor y Lincoln tomó el lugar del acompañante. T-Bag subió atrás. Candie y Tweener se quedaron fuera sin saber donde ubicarse. Tweener no deseaba acompañar a T-Bag en el asiento trasero y mucho menos Candie.
- David, siéntate allí- indicó Michael señalándole el asiento vacío al lado de T-Bag.
- Vamos, Tweener... no voy a hacerte daño, niño- dijo T-Bag agachando la cabeza para observarlo mejor.
- Ve- dijo Candie.
Él la miró, era evidente que estaba nervioso.
- Está bien- se metió y se apoyó contra la puerta manteniendo la mayor distancia posible.
Lincoln se bajó y tomó a Candie del brazo.
- Sube- le dijo en tono cortante.
Candie accedió, no tenía más remedio que ubicarse entre los dos hermanos; aunque no sabía si era más peligroso estar sentada junto al loco de T-Bag que junto a Lincoln. Cuando logró acomodarse en aquel espacio reducido y quedó casi apretada entre Michael y Lincoln supo la respuesta a aquella duda.
Michael tenía ambas manos en el volante, pero Lincoln debió pasar un brazo sobre el asiento para estar más cómodo. Candie trató de moverse y entonces el brazo de Lincoln rozó su cuello. Fue como un latigazo eléctrico que subió por su espalda. Cerró los ojos y se inclinó un poco hacia el costado para ubicarse más cerca de Michael.
Lincoln se dio cuenta y dejó caer su mano sobre el hombro de Candie. Él notó su reacción a aquel contacto y sonrió.
Candie decidió que lo mejor sería quedarse quieta, de lo contrario terminaría entre sus brazos. Intentó concentrarse en el camino pero la cercanía de Lincoln Burrows solo lograba inquietarla.
Lincoln no estaba ajeno a las sensaciones de Candie porque a él le pasaba lo mismo. Su cabello ondulado caía suavemente sobre su brazo y la piel suave de su cuello tocaba la suya...aquel roce lo estaba volviendo loco y sentía como la temperatura dentro del auto se elevaba.
- ¿ Y bien, T-Bag?- Michael fue el primero en hablar desde que habían reiniciado la marcha.
T-Bag echó un vistazo al cartel ubicado en una esquina.
- Sigue derecho y dobla a dos calles de aquí- indicó frunciendo el seño.
- ¿ Estás seguro?-.
- Confía en mi, bonito-.
Michael siguió sus indicaciones y cuando llegaron a una calle llamada Sheep, T-Bag dijo que debía girar hacia la derecha.
- Es aquí- indicó T-Bag señalando con su mano ortopédica.
- Debe haber algún error, no veo ningún silo por aquí- respondió Michael mirando hacia ambos lados.
- Pues es el lugar correcto- repitió T-Bag, seguro de lo que decía.
- Michael, tal vez Westmoreland te mintió... - dijo Lincoln interviniendo en al conversación.
Michael apagó el motor y golpeó el volante.
- ¡No! Charles no me hubiese mentido, además me pidió que llevara parte del dinero a su hija... – se quedó en silencio unos segundos- Ese silo tiene que estar por aquí, solo que en treinta años las cosas han cambiado- agregó convencido.
- Tal vez tengas razón, Michael- respondió Lincoln.
- Sé que la tengo, Linc... solo debemos buscar un lugar en donde alguna vez pudo haber existido un silo-.
- ¿ Cómo haremos eso?- preguntó Tweener expectante.
Michael encendió el motor nuevamente y empezó a conducir lentamente por aquella misma calle.
Todos estaban en silencio esperando que la mente prodigiosa de Michael diera con la solución a aquel dilema. Candie rogaba por que la hallara pronto, no resistía más la proximidad de Lincoln.
- Aquella casa está rodeada de árboles, es la única en este bloque... – hizo una pausa- Uno de los árboles es más pequeño, como si no hubiese recibido suficiente luz para crecer con la misma rapidez que los demás... algo muy grande se interponía entre ese árbol y la luz del sol...- miró a Lincoln con aquella sonrisa peculiar que aparecía cada vez que algo le salía bien- algo tan grande como un silo- dijo finalmente.
-¿ Estás seguro?-.
- Es la única opción que tenemos, Linc-.
Estacionaron frente a la propiedad, todo parecía estar tranquilo. Estaban todos a punto de bajarse cuando un hombre salió de la casa para recoger el periódico.
- ¿ Qué haremos ahora Michael?-.
Michael miró a su hermano sin pronunciar palabra, por primera vez en mucho tiempo no tenía una respuesta para él...
continuará......