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 Prisioneros de la piel
Andrea Burrows
Posted: Feb 24 2007, 12:51 PM


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Hola aca dejo el primer capitulo de mi primer fan fic, obviamente basado en PB la segunda temporada pero con un giro diferente. Espero que les agrade y me encantaría recibir opiniones, críticas, etc etc.
Besos
Andrea


Prisioneros de la piel


Capítulo 1


La taza de café se estrelló contra el suelo, pero Candie no escuchó el estruendo que provocó la porcelana haciéndose mil pedazos. Tampoco oyó la voz de su amiga que solo le pareció un eco lejano.
- ¡ Candie! ¿ Qué sucede?-.
Los enormes ojos verdes de Candie estaban fijos en la pantalla de televisión que su amiga tenía en la cocina. Estaba parada allí, sin moverse y sin articular palabra.
Solo el sonido áspero de la voz del conductor del programa de noticias de la tarde llegaba a sus oídos y taladraba su cerebro con cada palabra pronunciada.
“ Reiteramos, es una noticia de último momento; se ha producido una fuga en la prisión de Fox River. Al parecer, los reclusos que lograron huir son ocho, entre ellos se encontraba Lincoln Burrows, quien iba a ser ejecutado hace unas semanas por el asesinato del hermano de la vicepresidenta Steadman. También tenemos la información de que su hermano, Michael Scofield, es uno de los prisioneros que logró huir anoche de Fox River. Manténgase en sintonía, seguiremos informando sobre esta noticia que ha acaparado, sin dudas, la atención de todos los medios del país”.
Candie seguía allí, de pie a tan solo unos metros de su amiga que la miraba buscando una respuesta a su reacción.
Brenda se acercó y le rozó el hombro.
- Candie... - pronunció su nombre firmemente tratando de llamar su atención.
Entonces aquellos ojos verdes, finalmente la miraron, aunque parecían todavía inmersos en la nada.
- Michael... – aquel nombré salió de sus labios casi como si fuera un suspiro.
- ¿ Michael?- preguntó Brenda contrariada- ¿ Te refieres al Michael que escapó de la prisión con su hermano y seis reclusos más?-.
Pero su pregunta se quedó sin respuesta ya que Candie, perdida en su propio mundo salió a toda prisa de aquella casa.
- ¡ Candie... regresa!- pidió en vano Brenda a los gritos.
Pero Candie no la oía, lo único que quería era salir de allí; necesitaba con urgencia respirar aire fresco. Necesitaba con más urgencia aún que todo lo que había oído en las noticias no fuera verdad... pero sabía que no era posible. La fuga de Fox River era tan real como el suelo de cemento que sus pies pisaban y que iban quedando atrás a medida que avanzaba por la acera. No supo cuanto tiempo estuvo caminando sin rumbo, solo vio que la tarde le había dado paso a la noche y una brisa fresca empezaba a enfriar sus brazos desnudos.
Debía volver al departamento de Brenda; recoger su bolso y marcharse antes de que su amiga empezara a hacerle preguntas que ella no deseaba responder. No se sentía preparada para hacerlo, no todavía.
En el camino de regreso, pasó por una tienda de artículos del hogar que todavía estaba abierta. En la vidriera, cinco televisores estaban encendidos y sintonizados en el canal de noticias.
Candie se detuvo y se apoyó contra el vidrio y leyó aquellas brillantes letras rojas que pasaban de derecha a izquierda por la parte inferior de la pantalla.
“ Observen detenidamente estos rostros porque a partir de este momento, estos ocho hombres se han convertido en los más buscados del país”
Siete rostros masculinos pasaron ante sus ojos, siete rostros a los que ni siquiera prestó atención, pero cuando el último apareció, el corazón de Candie se detuvo unos segundos. Aquellos ojos azules parecían mirarla a ella a través de la pantalla. Sabía que eso era imposible, pero sin embargo lo sentía así.
Una lágrima rodó por su mejilla y el sabor salado que se posó en su boca le recordó a los besos que alguna vez Michael le había dado. Cerró con fuerza sus ojos, deseando que las imágenes desaparecieran para siempre, pero era inútil. La fuga de Fox River parecía ser la noticia del siglo y Candie debía, irremediablemente acostumbrarse a ello.
Después de todo, si Michael había ido a parar a aquella prisión unos meses atrás, había sido en parte culpa suya.
Nunca fue la misma después de aquella llamada telefónica.
Esa llamada había arruinado no solo la vida de Michael, sino también la suya.

##

La vieja camioneta color gris azulado recorría ya una de las carreteras alternativas usada para abandonar la ciudad.
Estaba amaneciendo y el sol penetraba a través de los cristales de las ventanillas.
Para los ocho pasajeros, aquellos rayos de sol eran una bendición. Ellos estaban acostumbrados a celdas oscuras, grises y sin ventanas. Solo aspiraban un poco de sol cuando salían a los patios, pero el sol que hoy parecía escoltarlos era diferente o tal vez era el sabor de la libertad que lo hacía ver así. De algo estaban seguros, no era el mismo sol que iluminaba sus tardes en los patios de Fox River, porque sabían que todo allí adentro era distinto, incluso hasta las mismas manchas de humedad que se dibujaban en los techos y paredes lo eran. Y ninguno de ellos estaba dispuesto a regresar a aquel lugar. Ninguno lo mencionaba, pero sabían que preferían morir antes que volver a pisar el suelo frío de aquella prisión.
Lincoln era quien conducía y Michael iba sentado a su lado, con la mirada fija en el camino.
Los seis restantes ocupaban la parte trasera de la camioneta.
T- Bag fue quien rompió el pesado silencio que inundaba el interior del vehículo.
- No quisiera ser inoportuno pero... hay necesidades que uno no puede controlar- dijo y una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro.
Michael se giró y lo miró.
- ¿ Es realmente necesario?-.
- ¿ Tu qué crees, bonito?- retrucó T- Bag guiñándole un ojo.
- Linc... detén la camioneta- ordenó Michael a su hermano.
Lincoln lo miró de mala gana. Nunca había estado demasiado de acuerdo con la fuga que su hermano menor había planeado, pero sobre todo odió desde el principio la idea de tener que arrastrar con ellos a aquellos individuos. Sabía que todo aquello no podía traer nada bueno.
Michael bajó primero, no sin antes echar un vistazo a la carretera; a esas horas tempranas de la mañana no se veía mucho movimiento. Una vez que T- Bag hizo lo mismo, ambos se adentraron en una zona boscosa hasta desaparecer de la vista de los otros seis hombres que esperaban impacientes dentro de la camioneta.
Michael caminaba detrás, no podía descuidarse con T-Bag, sabía perfectamente de lo que era capaz de hacer y si no había tenido más remedio que traerlo con ellos, al menos debía andarse con cuidado.
T- Bag silbaba una vieja canción mientras la madre naturaleza hacía su trabajo.
- No tardes mucho- le advirtió Michael dándole la espalda.
Fue su primer error, pero lo descubrió demasiado tarde. No supo como pero en un segundo se encontró en el suelo con T- Bag encima de él.
- Eres demasiado confiado, bonito- le dijo mientras lo sujetaba de las manos con toda la fuerza de su delgado cuerpo.
- ¡No sé lo que pretendes, pero no te vas a salir con la tuya!- gritó Michael tratando de zafarse.
- Podría pretender muchas cosas de ti, bonito; pero ahora lo único que me interesa de ti es esto... - sacó un par de esposas de uno de los bolsillos de sus jeans y se las colocó a Michael.
- ¿ Qué haces?- protestó Michael mientras T- Bag aprisionaba sus muñecas con el frío metal.
- Simplemente me aseguro que nadie decida seguir sin mí- respondió mofándose de la cara de asombro de Michael.
T- Bag le mostró la pequeña llave y de inmediato se la llevó a la boca.
- ¡ No lo hagas!- suplicó Michael exasperado.
Fue en vano; T- Bag se colocó la llave sobre la lengua y de un bocado se la tragó.
- Tendrás que cargar conmigo, bonito- dijo mientras ayudaba a Michael a levantarse del suelo.
- ¡ Eres un desgraciado!-.
- No, te equivocas...soy más inteligente que tú- rebatió T- Bag.

continuará....... proximamente capítulo 2 guino.gif
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Andrea Burrows
Posted: Feb 28 2007, 10:01 PM


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Aquí va el capítulo 2!!

Besos
Andrea biggrin.gif

Capítulo 2






Candie se despertó aquella mañana con una extraña sensación. Después de no dormir casi nada y de dar mil vueltas en la cama, la luz que entraba por la ventana de su habitación era casi un alivio para su alma. La llegada de un nuevo día, tal vez la hiciera sentirse mejor, pero de inmediato se dio cuenta que solo una ilusa como ella pensaría eso.
Bajó las escaleras perezosamente, se sentía sin fuerzas casi. La pésima noche que había pasado parecía que seguiría dándole batalla durante el resto del día.
Por costumbre quiso encender la televisión, pero el miedo de seguir viendo cosas que le hacían tanto daño la frenó. Era una cobarde, nunca había dejado de serlo. Si unos meses atrás se hubiera enfrentado a Michael y se hubiera negado a su pedido, hoy sería todo tan diferente y hasta tal vez estarían juntos en alguna playa de México, tumbados sobre las arenas blancas de aquel paraíso que habían soñado siempre.
Pero los sueños, son solo eso y la realidad que hoy debía enfrentar era como una bofetada en su mejilla que se renovaba una y otra vez. Ella nunca había sentido odio en su corazón, pero hacía tiempo que había aprendido a convivir con aquel sentimiento adverso y amargo. El motivo de su odio tenía nombre y apellido; Lincoln Burrows.
Aquel hombre, al que nunca conoció fue el culpable de que ella hiciera algo de lo que se arrepentiría por el resto de su vida. Por su culpa, Michael y ella no estaban juntos. Hoy estaba más segura que nunca; Lincoln Burrows no merecía nada más que su desprecio.
En ese preciso momento una escena del pasado reapareció en su memoria. Era una noche de verano, calurosa y húmeda. Michael y ella estaban recostados en el banco de madera en el porche de su casa. Él le había mencionado por primera vez a su hermano; el mismo que en ese momento estaba cumpliendo una condena por el asesinato de Terrence Steadman, nada más y nada menos que el hermano de la vicepresidenta de los Estados Unidos.
Candie podía percibir en las palabras de Michael el dolor que sentía por la situación de su hermano. Sus ojos se nublaban al hablar de él.
- Es inocente, Candie... nadie me hará pensar jamás lo contrario- le había dicho mientras secaba una lágrima que trató de ocultar.
Ella lo miró resignada, no estaba tan segura de la inocencia de Lincoln Burrows, pero sabía que mencionar sus dudas en aquel momento hubiera construido una barrera entre ellos. Y Candie no lo soportaría, antes que nada estaba lo que sentía por Michael.
Se sirvió una taza de café y sonrió irónicamente. Que absurdo podía llegar a ser el destino a veces, ella jamás le dijo a Michael que no creía en la inocencia de Lincoln para evitar problemas con él y no perderlo, pero sin embargo Lincoln Burrows terminó siendo, de alguna manera el causante de su separación.
Hubiese querido apoyar a Michael en un cien por cien pero en su fuero interno sabía que su hermano mayor sí podía ser culpable. Después de todo, él mismo le había contado de las veces que tuvo que ayudar a su hermano cuando tuvo problemas con la ley. Según Michael, Lincoln había recibido cuatro condenas por delitos menores anteriormente.
Candie sabía que Lincoln Burrows no era una blanca paloma y que había podido perpetuar aquel crimen perfectamente. Todas las evidencias lo culpaban, hasta un video en donde se lo mostraba disparándole a su víctima había sido el tema principal en las noticias durante varias semanas.
Sin embargo, Michael seguía creyendo en su inocencia y cuando le pidió su ayuda, Candie no pudo negarse.
“ Siempre fuiste débil” se dijo mientras terminaba de beber su café que a esa altura ya estaba casi frío. No le importó, ni siquiera le sentía el sabor. La angustia del día anterior y la pésima noche que había pasado, no se lo permitía.

##

Cuando Lincoln vio que su hermano menor regresaba de aquellos bosques esposado a T-Bag, se bajó casi corriendo de la camioneta.
- ¿ Qué demonios sucedió allí?- preguntó enfadado.
Michael, que todavía respiraba agitado debido al mal momento que había pasado lo miró y en su mirada Lincoln vio algo que en mucho tiempo no había visto en aquellos ojos azules...resignación.
- Lo siento, Burrows... pero tu hermanito será mi garantía de que nadie intentará jugarme sucio- respondió T-Bag mostrando con orgullo su mano esposada a la de Michael.
Lincoln se abalanzó sobre él, lo tomó de la camiseta y lo levantó unos centímetros del suelo.
- ¡ Entrégame ya mismo la llave, maldito enfermo!-.
Pero solo la risa estridente de T-Bag fue la única respuesta que recibió.
- Se la tragó, Linc- dijo Michael posando una mano en el hombro de su hermano mayor, tratando de calmarlo.
Lincoln soltó a T-Bag, sabía que sería inútil hacer algo en ese preciso instante.
- Pues, entonces esperaremos a que la llave sea finalmente “ devuelta”- dijo echándole una mirada de furia a T-Bag que seguía mirándolo con aquella expresión irónica.
- Volvamos a la camioneta, Linc- Michael empezó a caminar en dirección al vehículo- No es bueno que permanezcamos tanto tiempo en un mismo lugar-.
Los tres se subieron a la camioneta bajo las miradas furtivas de los demás.
- No debiste ir con él, Scofield- dijo Abruzzi con un dejo de fastidio en la voz- Si quieres... yo puedo solucionar esto en un segundo-.
Michael le dirigió una mirada fulminante.
- Mejor no, no confío en tus métodos-.
- Pues deberías... además recuerda que este idiota me debe una muy grande- respondió levantando la cabeza y mostrando la enorme cicatriz que surcaba su cuello.
- No debiste salir con vida aquella vez- señaló T-Bag.
Nadie tuvo tiempo de reaccionar cuando Abruzzi sujetó a T-Bag del cuello y lo reclinó contra el respaldo del asiento apretando fuertemente con su mano izquierda la garganta de quien, semanas atrás se había convertido casi en su verdugo.
- Maldito desgraciado, debería acabar contigo en este mismo momento- le susurró en voz baja.
- Piénsalo bien, Abruzzi, si lo haces, el bonito deberá cargar conmigo-.
Michael fue el único que reaccionó. Se acercó a Abruzzi y tomó el crucifijo que colgaba de su cuello.
- ¡ Míralo! Has pregonado por todos los rincones que él te hizo cambiar... no lo traiciones ahora, y sobre todo no te traiciones a ti mismo-.
Abruzzi contempló fijamente el crucifijo de oro que colgaba de su cuello y que Michael sostenía entre sus dedos. Se quedó en silencio y tragó saliva, por un momento nadie dijo nada y cuando finalmente liberó a T-Bag, la tensión se disipó, no sabían por cuanto tiempo. Habían logrado salir de aquel mal trago sin consecuencias graves y aquello era sin lugar a dudas, la primera batalla ganada.
Lincoln fue el primero en hablar.
- Michael... ¿ ahora qué?- preguntó buscando una respuesta coherente de parte de su hermano.
- Conduce y desvíate hacia la derecha en la próxima intersección, Oswego está a solo unas seis millas de aquí- informó con seguridad.
-¿ Oswego? ¿ Que hay allí?- preguntó Lincoln levantando una ceja.
- Lo sabrás cuando lleguemos- dijo Michael con aquel aire de misterio que llegaba a exasperar a cualquiera.
- Pues Oswego, allá vamos- dijo Lincoln y el grupo emprendió de nuevo la marcha.

##

La oficina del FBI estaba repleta de agentes. No era para menos, la búsqueda de los ocho fugitivos se había convertido en un asunto federal y todos en el departamento sabían que si alguien podía atrapar a aquellos sujetos, esa persona era el Agente Especial Alexander Mahone.
Todos lo respetaban, no había nadie que se atreviera a contradecirlo y dentro de aquellas paredes él era la máxima autoridad y también, porque no decirlo, el hombre más temido.
Aquella mañana se encontraba leyendo los expedientes de los ocho fugitivos de Fox River. Desde el mismo momento en que fue asignado al caso, sintió que aquella era su oportunidad para esfumar antiguos fantasmas del pasado.
Una y mil veces leyó aquellos papeles, buscando respuestas y supo desde un principio que las encontraría en una sola persona; Michael Scofield. Él representaba el verdadero enigma en toda aquella trama. Sin lugar a dudas, Scofield había sido el cerebro de aquella fuga y su astucia e inteligencia lo habían llevado a realizar con éxito su plan.
- ¿ Quién eres en verdad, Michael Scofield?- se preguntó mientras observaba con detenimiento la foto del cerebro de la fuga más extraordinaria de todos los tiempos.
Mahone esbozó una sonrisa. Michael Scofield podía ser el hombre más sagaz del mundo, pero estaba seguro que un día lo atraparía. Algún día, aquel joven cometería un error y él estaría allí para observar con sus propios ojos su caída.

continuará.... proximamente capítulo 3
























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Andrea Burrows
Posted: Mar 13 2007, 12:12 AM


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Capítulo 3


Candie yacía recostada en uno de los últimos asientos del autobús. Aquella mañana había salido de casa sin ganas pero no podía dejar de lado su trabajo y mucho menos a sus pequeños alumnos.
Tenía la cabeza apoyada sobre el respaldo y jugaba distraída con un mechón de su morena cabellera. Tenía los ojos clavados en la ventana, en donde las gotas de lluvia parecían dibujar extrañas formas. Candie apoyó su mano sobre el cristal frío y la mantuvo allí unos instantes. Las gotas que golpeaban contra la ventana casi tan fuerte como el mar golpea contra las rocas trajeron recuerdos que, muy a pesar suyo, seguían grabados a fuego en su alma.
Fue una tarde como aquella en la que lo vio por primera vez. Candie volvía de dar una de sus clases y en tan solo unos segundos el cielo pareció abrirse y una feroz tormenta se abatió sobre la pequeña ciudad de Mounty River. Ella, desprevenida y distraída había hecho caso omiso de los consejos de los demás cuando le habían recomendado que no saliera porque estaba a punto de desatarse una tormenta. Si al menos hubiera llevado consigo un paraguas... pero al parecer, alguien en algún lugar se había apiadado de ella mandándole ayuda.
Sintió sus pasos acercarse raudamente hasta alcanzarla y cuando el extraño estuvo a su lado y colocó su paraguas encima de Candie para protegerla de la lluvia que seguía cayendo sin dar tregua, sus ojos se cruzaron por primera vez.
- ¿ Me permites que te acompañe?- preguntó él mientras sonreía.
Candie no escuchó su pregunta, estaba como aturdida, entre el ruido de la lluvia golpeando sobre el paraguas y la extraña sensación que había provocado en ella aquellos ojos azules.
- Perdón... no escuché lo que dijiste-.
Él se acercó un poco más.
- Te pregunté si me permitías acompañarte-.
Candie, que era consciente que la cercanía de aquel extraño la estaba poniendo nerviosa se apresuró a responder.
- No, no es necesario- mintió descaradamente. Sabía que en realidad lo necesitaba, pero cada vez que miraba aquellos ojos azules, sentía que se perdía en ellos. Era una sensación extraña que jamás había vivido antes y todo aquello la asustaba... después de todo, aquel hombre era un completo desconocido.
Hoy, tras varias tormentas y meses que quedaron atrás, Candie no pudo evitar que una sonrisa amarga se dibujara en su rostro. Todo había empezado aquella tarde de lluvia y hoy bajo el mismo cielo gris, aquellos recuerdos volvían a su mente.
No supo que la había cautivado de él apenas lo conoció; pero una cosa era más que cierta... Candie no había vuelto a ser la misma desde aquel día. Ella siempre había sido una chica práctica, con los pies bien puestos sobre la tierra y jamás hubiera dicho que creía en al amor a primera vista, pero Michael Scofield había llegado a su vida para desbaratar su mundo y supo de inmediato que había empezado a amarlo en el preciso instante en que le pidió acompañarla aquella tarde de lluvia.
Después de aquel día, todo había sido perfecto entre ellos y Michael era, sin lugar a dudas, el hombre que había estado esperando y que deseaba conocer desde niña... pero a veces hay que tener cuidado con lo que uno sueña o anhela.
Candie lo comprendió demasiado tarde; cuando su corazón estaba ya demasiado involucrado en aquel juego que Michael le había propuesto jugar.
Estaba tan perdida en sus propios pensamientos que apenas notó cuando el autobús se detuvo frente a la escuela primaria en donde desde hacía un año era maestra de primer grado.
Si no hubiese sido por una de las maestras que también viajaba en el autobús que con un golpecito en el hombro le avisó que habían llegado, Candie hubiese seguido con su viaje.
- Candie... llegamos-.
Candie se giró y sonrió a la maestra de cuarto grado que la miraba preocupada.
- Sí...- respondió y su voz apenas se escuchó.
Afortunadamente, la lluvia había cesado, pero Candie sentía que frías gotas que parecían provenir de su pasado seguían mojando su corazón.

#

- Toma ese camino de tierra, Linc- indicó Michael a su hermano mayor mientras observaba el paisaje a través de la ventanilla de la camioneta.
- ¿ Hacia dónde vamos, “Copo de nieve”?- preguntó de repente C- Note, que estaba recostado en su asiento aprisionado entre Abruzzi y Sucre.
Michael lo miró y arqueó una de las cejas. Sabía que aquella pregunta rondaba en la mente de todos en la camioneta.
- Cuando lleguemos lo sabrás- respondió simplemente volviendo a dirigir su atención al camino.
Lincoln comenzó a reducir la velocidad cuando notó que se estaban acercando a una propiedad perdida en medio de aquella zona rural.
- Detente en aquella granja, Linc-.
Lincoln miró a Michael a través del espejo retrovisor para comprobar si su hermano estaba seguro de lo que estaba haciendo. Reconoció de inmediato aquella mirada y se tranquilizó, Michael parecía tener todo bajo control.
La camioneta se estacionó detrás del granero. Aquel lugar parecía estar abandonado, sin embargo los ocho bajaron lentamente. Todos siguieron a Michael y a su “alter ego” T- Bag hacia el interior del granero.
El lugar estaba a oscuras y Michael fue en busca de una lámpara que estaba escondida detrás de unos cajones de madera. Cuando el lugar se iluminó, un viejo sedán blanco apareció ante sus ojos.
- Lo tenía todo planeado, Scofield- dijo Abruzzi mientras pasaba su mano por la superficie del auto que los sacaría de allí.
- No me gusta hacer las cosas a la ligera-.
- Eso lo sabemos, bonito- comentó T-Bag guiñándole un ojo.
Lincoln se acercó a Michael y le susurró unas palabras al oído. Los demás se molestaron y T-Bag fue el primero en hacérselos saber.
- Creo que antes de continuar, hay un pequeño problema que resolver- dijo señalando con la mirada las esposas que ataban a Michael a T-Bag.
- Ya saben donde están las llaves...- respondió burlonamente T-Bag.
La respuesta de Abruzzi no se hizo esperar y en un abrir y cerrar de ojos Sucre y C- Note se abalanzaron sobre Michael mientras Lincoln y Tweener hicieron lo mismo con T-Bag. Ambos fueron arrojados contra el sedán de manera que ni Michael ni T-Bag vieron cuando Abruzzi se acercó a toda prisa empuñando un hacha que cayó sobre el capó del auto con un golpe sordo y seco. Aquella maniobra tuvo un precio demasiado alto y tuvo que ser pagado por T-Bag, por ser el primero en jugar sucio y quebrar las reglas.
La afilada hoja del hacha arrasó con su mano, llevando a su paso no solo carne, sangre y fragmentos de huesos... sino el grito desgarrador de dolor que salió de la garganta de T-Bag.
Michael fue finalmente liberado y ahora podrían dejar atrás una de sus mayores problemas. Era consciente que lo que había dejado que pasara no estaba bien, pero a veces cuando uno hace las cosas bien, terminan saliendo mal, y a esas alturas Michael no podía sentir remordimientos, mucho menos por un sujeto como T-Bag.
Los siete se subieron al sedán, Lincoln nuevamente ocupando el asiento del conductor.
- Michael, tenemos un pequeño inconveniente...- dijo de pronto Lincoln.
- ¿ Qué sucede?-.
- Has olvidado dejar las llaves puestas-.
Michael esbozó una sonrisa burlona.
- No, no lo he olvidado. Las he escondido dentro de una de aquellas latas- respondió señalando con su mano un montón de latas de pintura vacías amontonadas en un rincón del granero.
- Haywire, ve a buscarlas- ordenó Lincoln mirando a aquel loco que se había colado en la fuga.
Haywire se bajó del auto y caminó hacia las latas. El ruido del motor del sedán retumbó en el interior del granero, y en un segundo abandonó el lugar. Haywire se dejó caer sobre las latas vacías con la mirada perdida y T-Bag que a unos metros de él, se retorcía de dolor apretando su mano, comentó mientras reía irónicamente.
- Bienvenido al club, amigo-.


continuará.......































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Andrea Burrows
Posted: Mar 15 2007, 10:00 PM


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Capítulo 4



- Scofield... ¿ qué demonios hacemos en un cementerio?- preguntó C-Note bajando del auto.
- Eso mismo quisiera saber yo, fish- dijo Sucre mientras estiraba su brazo derecho sobre la cabeza.
Michael caminó hacia la parte trasera del sedán con los ojos de los demás clavados en él. Abrió el baúl y sacó algunas palas. Lincoln se acercó y lo miró desconcertado.
- Michael... ¿ qué hacemos aquí?-.
Michael les entregó las palas, pero Tweener se quedó con las manos vacías.
- Caminen hasta aquel mausoleo y dos tumbas a la izquierda encontrarán la sepultura de E. Chance Woods, esperen allí- indicó mientras se llevaba a Tweener a un lugar apartado.
Cuando estuvieron fuera del alcance de los demás Michael fue quien habló.
- Hasta aquí llega tu camino-.
Tweener comenzó a reír nervioso.
- ¡Vamos, amigo, no puedes hacerme esto!-.
- ¿ Cuánto crees que tardarán los demás en enterarse de tus conversaciones con Bellik?- preguntó Michael seguro de la respuesta del joven traidor.
Tweener no dijo nada, no sabía que decir, estaba pagando aquí afuera lo que había hecho dentro de Fox River. Debió haber aprendido antes que ciertas deudas no pueden quedarse sin pagar. Dio media vuelta y se alejó a toda prisa sin mirar atrás.
Michael sabía que había hecho lo correcto, si los demás se enteraban de su traición, Tweener no saldría con vida de allí. Lo miró hasta que desapareció y luego se unió a los otros que lo esperaban en la tumba de E. Chance Woods.
- Empecemos a cavar-.
- ¡Hermano, esto es un sacrilegio!- protestó Sucre.
- No es momento para prédicas religiosas, Sucre- dijo Lincoln mientras empezaba a cavar.
Sucre hizo la señal de la cruz y con pala en mano lo imitó.
Con diez brazos fuertes trabajando, en menos de quince minutos desenterraron un par de bolsas negras, en donde Michael había escondido ropa, un poco de dinero, un celular y un par de pasaportes.
- No dejas de sorprenderme, Michael- comentó Lincoln mirando a su hermano con orgullo.
- Sabes que adoro las sorpresas-.
Una vez que todos se deshicieron de los uniformes que le recordaban sus días en Fox River y se vistieron con la nueva vestimenta, empezaron a sentirse diferente; haberse liberado de aquellas prendas los hizo sentirse, en definitiva, más libres.
Michael se acercó a su hermano.
- Linc...debemos irnos- dijo Michael arrojando su uniforme dentro de la tumba que habían vaciado.
- Temo preguntar, pero... ¿ hacia dónde?- Lincoln confiaba en su hermano pero no debían perder la cautela, cualquier error los pondría de regreso en Fox River.
- Lo sabrás cuando lleguemos- respondió Michael con el hermetismo que lo caracterizaba.
- Hermanos... hasta aquí llegó mi camino- dijo de pronto C-Note- Necesito reunirme con mi familia-.
- Sabes que será el primer lugar en donde te buscarán- aseguró Michael.
- Lo sé, Copo de Nieve, pero es un riesgo que tengo que correr... debo hablar con mi Kacee... hay demasiadas cosas que explicar- respondió preocupado.
Abruzzi se unió a la conversación.
- Yo también debo reunirme con mi familia- acarició el crucifijo que colgaba de su cuello- Dios sabe el deseo que tengo de abrazar a mis niños-.
Michael los miró y comprendió que aquello era lo mejor. Era más peligroso si seguían todos juntos. Un blanco más fácil en la cacería humana que se había iniciado la noche que se fugaron de la prisión.
Le dirigió una mirada interrogante a Sucre. Sabía lo que le diría antes de que abriera la boca.
- Mi Maricruz me espera, Michael- dijo y una sonrisa de dientes blancos y perfectos se dibujó en su rostro.
- Cuídate, amigo- dijo Michael mientras se fundía en un abrazo con el que había sido su compañero de celda y de aventuras.
Los dos hermanos se quedaron un momento contemplando como C-Note, Abruzzi y Sucre se marchaban, tomando diversos caminos. Ahora era su turno, debían continuar, no era bueno quedarse demasiado tiempo en un mismo lugar, sobre todo con todo el país pisándole los talones.
Michael guardó el celular en el bolsillo de su nuevo traje y puso una mano sobre el hombro de su hermano mayor.
- Vamos, nosotros también debemos salir de aquí-
Lincoln respiró hondo; siempre había sido él quien había cuidado de Michael cuando su madre había muerto, ahora, debía dejar que su hermano pequeño tomara las riendas de sus vidas, lo haría, porque confiaba ciegamente en él y sabía que en la prodigiosa mente de Michael cada paso que darían estaba cuidadosamente planeado.

#

En la oficina improvisada que se había montado para que el FBI actuara con plenitud en la búsqueda de los ocho fugitivos de Fox River, el agente Mahone trataba de dilucidar el misterio oculto detrás de Michael Scofield. Luego de visitar su apartamento y descifrar los códigos de acceso a los planes de Michael estaba convencido que aquel joven sería un hueso muy duro de roer. Por primera vez en su vida Mahone sentía que se estaba enfrentando al dilema más grande en su carrera como Agente Especial del FBI.
Con evidente nerviosismo buscó en uno de los bolsillos de su chaqueta un objeto alargado, parecido a un bolígrafo. Lo abrió, no sin antes percatarse de que nadie del otro lado de las ventanas lo observaba. Sacó de su interior un par de pastillas blancas que cayeron sobre su mano temblorosa y en un abrir y cerrar de ojos se las llevó a la boca. Necesitaba de aquellas pastillas tanto como necesitaba del aire para respirar... no había sido siempre así. Pero todo cambió el día que se cruzó en su camino Oscar Shales... y no permitiría que alguien como Michael Scofield volviera a poner en jaque el éxito de su carrera.
Se dejó caer en el asiento y se masajeó las sienes con la mano. Los ojos le ardían y apenas podía mantenerlos abiertos, pero lo que la agente Lang le dijo desde la puerta de su oficina, volvió a ponerlo en alerta.
- Señor... hay novedades. Parece que nuestros hombres han comenzado a transitar diversos caminos-.

#


El bullicio de los niños en su hora de recreo retumbaba en la pequeña escuela primaria de Mounty River.
Candie se encontraba dentro del salón de primer grado corrigiendo la tarea que les había dado a sus alumnos el día anterior. Intentaba concentrarse en lo que estaba haciendo pero su mente la traicionaba e irremediablemente sus pensamientos iban más allá de una suma o una oración bien redactada.
Dejó lo que estaba haciendo, no conseguiría nada en aquellos momentos. Caminó hacia la sala de maestros y se sirvió una taza de café. Todos los demás maestros se encontraban allí, disfrutando de su tiempo de descanso.
- Parece ser que la fuga de Fox River es el único tema estos últimos días- comentó uno de los maestros.
Candie, que acababa de sentarse se quedó inmóvil con la taza de café en su mano.
- Esperemos que los atrapen pronto, uno nunca sabe lo que pueden ser capaces de hacer unos criminales como esos- dijo la señora Reynolds, la maestra con más edad en la escuela.
Candie continuaba en silencio, se sentía atrapada en medio de aquella conversación. Necesitaba salir de allí con urgencia, temía que alguien le preguntara cualquier cosa sobre el asunto.
Dejó la taza de café, del cual no había tomado ni siquiera un sorbo y se levantó de repente. Saludó a los demás y abandonó la sala a toda prisa.
Tendría que acostumbrarse también a aquello. Todo el mundo hablaba del tema y ella ya no podía soportarlo. Quería encerrarse y que nadie mencionara ya la fuga de Fox River. Deseaba olvidar todo lo que tuviera que ver con Michael, su hermano y la locura que habían cometido la noche que escaparon de la prisión.
Se sobresaltó cuando sintió que una mano pequeña tironeaba de su camisa. Miró hacia abajo y se encontró con el rostro regordete y sonriente de Joshua, uno de sus alumnos.
- Josh... ¿qué sucede?- preguntó tratando de sonreír.
- Señorita Candie... un señor me dio esto para usted-.
El corazón de Candie aceleró su ritmo y los latidos, que parecían retumbar en su cabeza empezaron a aturdirla. Ya no supo que sucedía a su alrededor, solo sostenía con su mano temblorosa una figura de papel dolorosamente familiar.
- ¿ Quién... quién te dio esto, Josh?- su voz era apenas perceptible.
El pequeño dio media vuelta y estiró su brazo, señalando en dirección al patio principal, que daba a la calle.
Candie, levantó la vista y con temor miró en la dirección que le indicaba el niño.
A tan solo unos metros y recostado contra una columna estaba Michael.
Candie sintió que sus piernas empezaban a fallarle y tuvo que apoyarse en una de las paredes para no caer.
Empezó a caminar lentamente y a medida que avanzaba, su mano estrujaba con fuerza la figura de papel que Josh le había entregado unos segundos antes.



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Andrea Burrows
Posted: Mar 23 2007, 09:09 PM


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Capítulo 5



Su respiración empezaba a hacerse más pesada y el dolor que le provocaba la pérdida de su mano se hacía cada vez menos soportable. Llevaba envuelto el muñón en una camisa de algodón, la cual ya no lograba detener que la sangre fluyera a través de la herida.
T-Bag se dejó caer un momento contra un árbol, sus piernas ya no le respondían casi y la pérdida de sangre lo estaba debilitando lentamente. Sentía que si no hacía algo al respecto, su vida también se apagaría, de la misma manera que la sangre dejaba de fluir por sus venas.
El sonido de una melodía lo puso en alerta. Agudizó su oído, la melosa canción parecía provenir de alguna radio no muy lejana. Hizo un esfuerzo enorme por ponerse de pie y lograrlo fue casi una hazaña.
Dejó que el sonido de aquella melodía lo guiara, su delgado cuerpo pesaba demasiado y a cada paso gruesas gotas de sangre caían dejando un sendero de manchas rojas y acuosas.
Divisó un remolque, dentro del cual alcanzó a escuchar algunas risas que ahora acompañaban a la música que lo había atraído hacia allí.
De inmediato reparó en la fogata que lentamente se consumía a unos metros del remolque. Pero no fueron las brasas que llamaron su atención sino la conservadora de hielo que yacía a un lado de la fogata. Se acercó rogando que tuviera cubos de hielo en su interior. Sus ruegos fueron oídos. La tomó con su mano sana y se alejó sin hacer ruido, lo que menos necesitaba en esos momentos era enfrentarse a sus dueños.
Volvió a refugiarse bajo la sombra del mismo árbol y abrió la conservadora con cuidado. Desenvolvió el pedazo de carne inerte que hasta hacía unas horas había sido su mano izquierda y la mezcló con los cubos de hielo, que lentamente fueron tiñéndose de rojo.
Sabía que no había tiempo que perder, necesitaba con urgencia que alguien le devolviera su mano antes de que ésta muriera definitivamente.
Se levantó y aunque el dolor parecía perforarle los huesos, comenzó a caminar. Debía buscar ayuda, después decidiría con más calma los pasos a seguir.

#


Candie sabía que la distancia que la separaba de Michael no era demasiado, pero sintió que había pasado una eternidad hasta que, finalmente y después de varios meses, se encontraba nuevamente frente a él.
Cuando estuvo allí, de pie, casi inmóvil y casi sin poder respirar, sus ojos se encontraron.
Él la observaba detenidamente. Llevaba una gorra de béisbol color negra que le cubría casi todo el rostro pero Candie solo podía clavar sus ojos en la mirada profunda de Michael. Esa mirada que la había cautivado aquella tarde de lluvia.
Quería hablar pero las palabras se negaban a brotar de su garganta. Como adivinando, Michael fue el primero en decir algo.
- Hola Candie... ¿ cómo estás?- le brindó una sonrisa y apareció aquella mueca particular que se dibujaba en las comisuras de sus labios cada vez que sonreía.
Candie sintió que su piel se erizaba por detrás de su cuello al oír su voz. Su nombre en sus labios seguía sonando tan dulce como siempre. Bajó la mirada y notó que Michael movía nerviosamente las manos. Aquel encuentro parecía haber removido cosas en él también.
Volvió a clavar sus ojos verdes en los ojos de Michael y no supo de donde provino la fuerza que finalmente le permitió hablar.
- Michael... ¿ qué...qué haces aquí?-.
- Necesitaba verte, Candie- respondió con voz grave.
“ Necesitaba verte”. Candie intentó procesar lo que Michael le estaba diciendo realmente. Había aprendido, dolorosamente, que a veces ciertas palabras no tenían el mismo significado para él.
- No debiste venir hasta aquí... todo el mundo te está buscando- echó un vistazo alrededor, esperaba no estar llamando demasiado la atención.
- Lo sé, Candie, pero era importante para mí poder verte de nuevo- respondió notando que ella estaba aterrada de que alguien la descubriera allí con él.
- Michael... ¿ cómo sabías dónde encontrarme?-.
- Nunca me he alejado definitivamente de ti-.
Su respuesta le sorprendió. Después de haberla apartado de su vida no pensaba que él siguiera al pendiente de ella.
- Tu no deberías estar aquí... en este momento representas un peligro para estos niños-.
Él la miró resignado y una sombra pareció cubrir sus ojos azules.
- No debiste haberme buscado Michael... no después de lo que me obligaste a hacer...- quería poder sacar toda la angustia que llevaba dentro y gritarle todo lo que había padecido aquellos meses, pero no era el momento ni el lugar correcto.
- Necesito tu ayuda, Candie-.
- Vete, Michael...- pidió en tono de súplica.
- Me iré solamente cuando me digas que aceptarás hablar conmigo... que al menos intentarás escuchar todo lo que tengo para decirte-.
Candie observó por encima del hombro de Michael que una de las maestras se estaba acercando a ellos. Debía alejarlo de allí de inmediato, aunque eso significara acceder a sus demandas.
- ¡Michael, debes irte!- dijo nerviosa viendo como la maestra venía hacia ellos.
- Me iré solo si me dices lo que quiero oír- respondió despreocupado por la situación.
- ¡Está bien! Puedes esperarme en casa, toma la llave que está...- Michael la interrumpió.
- Debajo de la maceta pequeña al costado de la puerta principal, ¿ correcto?-.
Candie asintió y después de eso Michael salió de allí caminando a toda prisa y sin levantar la vista.
- No sabía que tenías visitas, Candie- preguntó Margaret, la maestra de Matemáticas con curiosidad mientras escudriñaba atentamente al extraño que desaparecía detrás de los muros que daban a la calle.
- Sí... era mi primo, me traía un mensaje de mi madre- respondió con lo primero que le vino a la mente en aquel momento de nerviosismo.
- No pude verlo con detenimiento, pero parecía guapo- señaló con una sonrisa.
Candie sonrió también, era increíble como Michael Scofield lograba despertar el interés femenino inclusive oculto detrás de aquella gorra de béisbol.
#


La palabra “Clínica” apareció ante sus ojos como un oasis en medio del desierto. Esperó hasta que el cartel que indicaba que el lugar estaba cerrado apareciera detrás del cristal de la puerta y sin pensarlo dos veces, entró en el pequeño edificio pintado de ocre cargando con la conservadora de hielo. Entró y la dejó caer estrepitosamente contra el suelo.
- Señor, lo siento, pero acabamos de cerrar, si gusta puede pasar por la tarde... – el veterinario no pudo seguir hablando, solo observaba como la hoja afilada de la navaja que sostenía aquel extraño se acercaba peligrosamente a él.
- No puedo esperar amigo, necesito atención de inmediato-
- ¿ Qué... qué es lo que quiere?-.
T-Bag desenvolvió su brazo izquierdo y lo puso ante los ojos aterrorizados de aquel hombre.
- ¡Necesito que me cosa la maldita mano!- gritó apretando con fuerza la fría hoja de metal en su cuello.
El veterinario observó el muñón que aún seguía sangrando y se echó para atrás corriendo el riesgo de que la navaja se clavara en su garganta.
- ¡ Yo no puedo hacer eso! ¡No soy médico, soy veterinario!-.
T-Bag respiró profundo y acercó su cara hasta rozar la oreja de su víctima.
-Para mí no hay ninguna diferencia- le susurró al oído mientras movía la navaja hacia arriba y abajo siguiendo el compás de la respiración agitada del veterinario.
- ¡Está bien, está bien!- respondió finalmente con la respiración entrecortada.
T-Bag alejó la navaja de su cuello, pro seguía sosteniendo al veterinario con el brazo que no cesaba de sangrar.
- ¡Hazlo ya!- ordenó arrojando al veterinario contra el mostrador de recepción.
- No... no es tan fácil- dijo con la cabeza apoyada sobre unos papeles- Además...le recuerdo que no soy médico y no le puedo garantizar que su mano quede bien- explicó sin mirar a su agresor.
T-Bag tomó al rostro de su víctima y lo giró hacia él. La piel oscura de aquel hombre le disgustaba, pero en aquel instante sus prejuicios quedaban relegados a un segundo plano.
- ¿ Cómo te llamas?- exigió.
- Gu... Gudat-.
- Bien, “Gu... Gudat”- torció los labios y una mueca siniestra se dibujó en su rostro- Solo quiero que salves mi mano... y quiero que lo hagas ya porque no me queda mucho tiempo- dijo levantando al veterinario del mostrador hasta que quedó de pie frente a él.
- Lo haré...pero primero debo anestesiarlo- indicó esperando convencer a aquel loco de la locura que le estaba exigiendo.
T-Bag soltó una carcajada y volvió a poner ante los ojos del veterinario la afilada navaja.
- ¿ Crees que soy tonto?-.
- ¡Pero si no le aplico anestesia no podrá soportar el dolor!- replicó.
- No te preocupes por mí, “Gu... Gudat”; el dolor es algo que puedo soportar- dijo clavando sus ojos en el muñón teñido de rojo de su brazo izquierdo.
El veterinario asintió con temor, no tenía más remedio que hacer lo que aquel sujeto le demandaba, aunque supiera que luego acabaría con él de todos modos.
Aproximadamente dos horas después, T-Bag abandonaba finalmente la clínica. Ya no vestía el deprimente uniforme que usaba en Fox River y su nueva ropa; un par de jeans y una camisa blanca habían dejado atrás el uniforme cubierto de sangre. Caminó hacia la parte trasera de la veterinaria y se subió a la camioneta. Una mueca de dolor atravesó su rostro al hacerlo. Su mano recién implantada seguía doliendo, apenas unos minutos antes había ingerido un par de calmantes que todavía no parecían surgir efecto. Unos minutos antes también, T-Bag había cobrado la vida de su primera víctima desde su fuga de Fox River. Había sido fácil, hacía tiempo ya que no cabían los resentimientos en su conciencia; además sentía que matando a aquel asiático le había hecho un favor al mundo.
Encendió el motor de la Land Rover, una voz femenina que provenía del GPS le preguntó su destino.
- A Tooele, Utah, preciosa- T-Bag respondió y volvió a dibujarse en su rostro aquella sádica sonrisa, la misma que había visto el veterinario antes de expirar.

#

Cuando Candie bajó del autobús, que la dejaba a unos pocos metros de su casa, se quedó allí, de pie en la acera. Una fuerza interior le ordenaba que no siguiera caminando, porque si lo hacía volvería a cometer los mismos errores del pasado, volvería a experimentar el mismo dolor.
El sonido de su teléfono móvil la asustó. Abrió su bolso y con evidente nerviosismo lo sacó. Era Brenda, su amiga.
- Dime, Brenda-.
- Candie... llamaba para ver como estabas, ayer te fuiste del departamento sin decirme nada...- la voz de su amiga del otro lado denotaba preocupación.
- Estoy bien, Brenda... no te preocupes- mintió.
- Noto algo extraño en tu voz, amiga... ¿ qué sucede contigo... acaso estás escapando de algo?-.
Candie hubiera querido decirle todo, pero no podía.
- Nada de eso, amiga-.
- ¿Por qué no confías en mí, Candie? ¡Soy tu amiga!- reprochó Brenda.
Candie respiró profundo antes de responder.
- Confío en ti... pero hay cosas que es mejor que no sepas, cosas en las que no puedo involucrarte, amiga- esperaba con aquellas palabras borrar la inquietud de Brenda.
- Candie... ¿ tiene que ver con lo que vimos ayer en las noticias?-.
Candie no respondió.
- ¿ Qué tienes tú que ver con esa fuga... quién es ese Michael que mencionaste?- la voz de Brenda sonaba a desesperación a esas alturas.
Candie sintió que su amiga se estaba acercando peligrosamente a la verdad que había mantenido dolorosamente oculta durante aquellos meses.
- Brenda... tengo que cortar; la señal se está volviendo débil- volvió a mentir.
- ¡Candie... no, no me hagas esto! ¡No cortes!-.
- Lo siento, Brenda, tengo que irme...- odiaba hacerle esto a quien era su mejor amiga- No te preocupes por mí... estaré bien- antes de que Brenda volviera a hablar Candie apagó el celular. Esperaba que ella entendiera algún día que lo que estaba haciendo era por su propio bien, no podía implicarla en aquel asunto.
Inició la marcha hacia su casa. Debía hacerlo, tarde o temprano debería enfrentarse a Michael y al pasado que en definitiva nunca la había abandonado.
Vio que un sedán blanco se encontraba estacionado a un lado de la casa. Hasta que lo vio, había tenido la vana esperanza de que Michael hubiera desistido de su necesidad de hablar con ella, pero conociéndolo de la manera en que ella lo conocía, era imposible que desistiera de algo.
Subió los cuatro escalones que llevaban al porche; como era de esperarse la puerta estaba sin llaves. La abrió lentamente y entró; lo había hecho millones de veces pero esa tarde sentía que abría aquella puerta por primera vez. Por primera vez y después de tanto tiempo, Michael esperaba por ella allí dentro.
Dejó el abrigo y el bolso en el recibidor y caminó hacia la sala, esperando encontrarlo allí. Se detuvo unos segundos para arreglarse los jeans y la camisa azul pastel que hacía resaltar aún más sus ojos azules. Con manos temblorosas acomodó un par de mechones que caían rebeldes sobre su rostro y sin más preámbulos se dirigió a la sala. Michael estaba allí, su cuerpo yacía recostado sobre el sofá. Candie se acercó y comprobó que dormía placidamente. Se quedó allí, de pie, junto a él, viendo como su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración.
Michael parecía un niño indefenso, un niño que necesitaba protección. Candie frenó el impulso de acercarse y hacer algo de lo que luego podría arrepentirse.
Se alejó sin hacer ruido y subió las escaleras en puntas de pie. Buscaría una manta para cubrirlo, no era necesario despertarlo tan pronto. Una vez arriba, caminó sin preocuparse de hacer ruido, entró en su habitación y fue hasta el armario de donde sacó una manta. Antes de salir, se miró al espejo; lo que menos debería importarle en ese momento era su apariencia, pero era mujer y estaba en su naturaleza.
Estaba parada allí, frente al espejo, cuando de repente la puerta del cuarto de baño se abrió. Candie se dio vuelta de inmediato. Un hombre cubierto apenas con una toalla y todavía mojado apareció ante ella. Candie estaba tan asustada que apenas pudo reaccionar. Aquel hombre, casi desnudo había salido de su baño. Cuando pudo apartar sus ojos de aquel cuerpo atlético y enfocarse en su rostro creyó reconocerlo. Había visto su imagen en las noticias. Era él. Sin lugar a dudas, el hombre que acababa de aparecer ante ella era Lincoln Burrows.


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Andrea Burrows
Posted: Mar 28 2007, 10:49 PM


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Capítulo 6


- Agente Lang... espero que tenga buenas noticias para mí- dijo Alexander Mahone mientras colgaba en el perchero de madera su gabardina color café.
- Como le había informado antes, los fugitivos han empezado a dispersarse- respondió acercándole unos papeles- Ha habido reportes de personas que juran haber visto a varios de ellos en distintos puntos del país-.
Mahone se colocó las gafas para echar un vistazo a los papeles.
- Agente Lang... sabe que eso no significa nada, debemos verificar cada dato muy bien, no podemos salir corriendo ante cada llamada que recibamos... el mundo está lleno de gente que quiere sentirse importante por un minuto...- dijo con impaciencia.
La Agente Lang bajó la mirada, odiaba ser la persona que tuviera la desagradable tarea de reportar cada novedad ante aquel hombre implacable.
- Lo sé señor, pero hay dos pistas que nos llevaron a buen puerto. Han visto a Patoshik en un local de comidas rápidas a las afueras de Rockford y además John Abruzzi ha sido visto en compañía de un par de antiguos socios, en este momento están rastreando unas llamadas que hizo desde su teléfono móvil- respondió.
- Muy bien... ¿ alguna novedad de Burrows o Scofield?-
- No, señor, lo último que se supo de ellos es que fueron vistos en Osweego, cerca del cementerio local-.
Mahone se giró sobre su silla y clavó su mirada en la foto de Michael Scofield que colgaba junto a la de los demás fugitivos en un gran mapa detrás de su escritorio. La mirada de aquel muchacho parecía estar desafiándole desde aquel muro. Pronto estaría frente a él, estaba seguro de ello.
- Señor... ¿ necesita algo más?- preguntó la Agente Lang levantándose de la silla.
- Si... consígame los datos de la persona que le hizo los tatuajes a Scofield- dijo pensativo y sin dejar de contemplar su foto.
- Muy bien, señor- respondió mientras abandonaba la oficina.
Se levantó y tomó un bolígrafo rojo de su escritorio.
- Exactamente así voy a acorralarte, Scofield- dijo mientras unas gruesas líneas de color rojo formaban un círculo desprolijo alrededor de la imagen de Michael.

#


Candie continuaba parada allí, en medio de su habitación como clavada al suelo de madera. Sus enormes ojos verdes parecían que habían dejado de parpadear. Quería reaccionar pero no podía. Finalmente luego de unos segundos que parecían haberse perpetuado dentro de aquella habitación, Lincoln rompió el incómodo silencio que se había creado en el mismo momento en que él había aparecido semidesnudo ante la dueña de casa.
- Tu debes ser Candie- dijo tranquilamente mientras extendía su mano.
Candie dirigió su mirada entonces a la mano todavía mojada que Lincoln le ofreció a forma de saludo.
Como ella seguía sin pronunciar palabra, Lincoln fue quien habló nuevamente.
- Puedes tomarla... hasta ahora no he mordido a nadie- comentó tratando de poner un poco de humor a aquella situación.
Candie volvió a mirarlo a los ojos pero no correspondió a su saludo.
- Bueno... parece que no hemos comenzado bien- declaró él mientras rascaba su cabeza contrariado.
Candie sintió que aquel hombre, de una manera sutil se estaba burlando de ella, la chispa que descubrió en sus ojos se lo confirmó.
- Y tu debes ser el famoso Lincoln Burrows- quería que las primeras palabras que aquel hombre oyera de sus labios demostraran la antipatía que despertaba en ella.
Los labios de Lincoln se torcieron y dieron paso a una graciosa mueca. Entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.
- Pues... sí, soy Lincoln Burrows... y créeme que no quisiera ser tan famoso- respondió mientras recorría de arriba abajo la deliciosa silueta de aquella irónica jovencita.
Candie no pudo evitar sentirse más incómoda aún con el análisis exhaustivo que los ojos de Lincoln realizaban sobre ella.
- Antes que nada quiero pedirte disculpas por haber invadido tu cuarto de baño de esta manera, pero no sabes cuanta necesidad tenía de darme una ducha... ya sabes, hace dos días que estamos huyendo y tu casa es el primer lugar decente en donde nos detenemos- explicó justificando la salida de su baño, envuelto apenas en una toalla.
Candie apretó la manta que había buscado para Michael contra su pecho; de alguna manera ese simple movimiento la hizo sentir más segura y menos expuesta a los ojos indiscretos de Lincoln Burrows.
- No... no te preocupes- respondió por fin tratando de apartar su mirada del torso húmedo de aquel hombre- Yo... debo bajar- dio media vuelta y salió a toda prisa de la habitación, consciente de la mirada de Lincoln clavada sobre su espalda.
Él siguió contemplándola hasta que la vio desaparecer tras la puerta. Luego caminó hacia el cuarto de baño mientras se quitaba la toalla.
- Encantadora... realmente encantadora- se dijo mientras la puerta del baño se cerraba lentamente.

#

Candie bajó las escaleras a toda prisa, olvidándose que el ruido podría despertar a Michael. Por fortuna, él continuaba durmiendo sobre el sofá, solo que ahora lo hacía casi en posición fetal. Se acercó en puntas de pie y extendió la manta sobre él. Cuando se inclinó para cubrir bien su espalda, Michael la tomó de la mano.
- Gracias- susurró él mientras abría los ojos lentamente.
Candie dirigió primero la mirada a la mano de Michael que sostenía la suya suavemente y luego sin vacilar, lo miró fijamente a los ojos.
Enfrentarse nuevamente a aquella mirada era un desafío para ella. Aún más que el hecho de hablar con él. Michael podía ser el hombre más persuasivo del mundo con tan solo una mirada y ella, lamentablemente, siempre había sido vulnerable a sus ojos azules.
Apartó la mirada y cuando él finalmente soltó su mano, se sentó en el sofá, haciéndose un pequeño espacio junto a las piernas de Michael que reposaban debajo de la manta. Él de un solo movimiento arrojó la manta al suelo y se sentó a su lado. Candie se apartó cuando la rodilla de Michael rozó su muslo en un contacto involuntario.
- Gracias por aceptar hablar conmigo- dijo sin mirarla.
Candie lo miró de soslayo. Había ensayado tantas veces lo que diría en aquel encuentro, pero ahora todo lo que pensaba decirle se había esfumado por el aire.
- Creo que no me has dejado otra alternativa- declaró mientras jugaba con un hilo imaginario que parecía colgar de una de las costuras de su camisa.
- Lo siento... pero necesitaba verte- dijo volviendo a posar sus ojos azules en los ojos de ella.
- ¿ Necesitabas verme?-.
Él asintió.
- ¿ Y qué pasaba cuando la que necesitaba verte era yo, Michael?- aquella pregunta salía desde lo más profundo de su alma.
- Sabes bien que nunca quise que fueras a verme a la prisión- le recordó con amargura.
- ¡Siempre decidiste por mí, Michael... nunca te importó lo que yo sentía realmente...!-.
- ¡No, no es así!- trató de tomar nuevamente su mano pero Candie no se lo permitió.
- ¡En cambio lo es! Decidiste por mí en el momento que me pediste que hiciera aquella llamada, decidiste por mí cuando me prohibiste ir a verte...- todo lo que había querido decirle y que parecía haberse borrado de su mente, brotaba ahora de sus labios.
- Candie... no sabes cuanto lamento haberte involucrado en mis planes... quisiera poder volver el tiempo atrás...-.
Candie le clavó una mirada sarcástica.
- Eso es imposible, Michael y lo sabes... ya es demasiado tarde para lamentos...pero no para los reproches- acotó tratando de ahogar una lágrima que se empeñaba en salir.
- Me duele ver todo el daño que te he hecho...- dijo Michael agachando la mirada y apretando las sienes con sus manos.
Candie creyó tener nuevamente ante sus ojos al Michael frágil y sensible del que se había enamorado alguna vez. Igualmente debía actuar con cautela, Michael sabía perfectamente como persuadirla y hacerla caer nuevamente en su trampa. Después de todo se encontraba ante el maestro de las intrigas.
- Todos estos meses han sido terribles... no podía dejar de sentirme culpable por haberte hecho caso aquella vez... quería borrarte de mi vida definitivamente... pero cuando vi en las noticias que te habías fugado, yo... dejé que todo aquel dolor se reavivara dentro de mí otra vez...-.
Michael se volteó hacia ella.
- Perdóname, Candie... perdóname por ser el causante de tanto dolor- su voz se quebró.
Candie ya no pudo reprimir más las lágrimas y se sintió débil por llorar frente a él.
- Tu arrepentimiento ya no tiene sentido, Michael- respondió mientras enjugaba el llanto que rodaba libre por sus mejillas- Además... creo que si formé parte de tu plan, yo también tuve culpa en ello-.
- Tu no eres culpable de nada, Candie- aseguró Michael con los ojos húmedos.
- Sí... y mi culpa más grande fue haberme dejado envolver por alguien como tú...- Candie lo miró a los ojos- Dime, Michael... todo estaba en tu mente desde el principio, verdad?-.
Él la miró con desconcierto.
- ¿A qué te refieres?-.
- Me refiero a nuestro primer encuentro en aquella tarde de lluvia...-.
Él no dijo nada.
- Tu silencio me confirma lo que siempre me había negado a creer- dijo consciente de que la actitud de Michael le estaba rompiendo el corazón otra vez. Sus sospechas acababan de ser confirmadas.
- Candie... déjame explicarte todo, necesito que escuches mi verdad- dijo frunciendo el seño- Después de que me escuches, te prometo que me alejaré de tu vida definitivamente y nunca más volverás a verme-.
Candie respiró profundamente. Sabía que si quería cerrar aquel capítulo de su vida definitivamente debía escuchar lo que Michael tenía para decirle.

continuará.....

( por favor si alguien está leyendo mi fan fic dejen comentarios, me gustaría saber que les parece)





















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Andrea Burrows
Posted: Apr 2 2007, 08:49 PM


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Capítulo 7


Mahone entró en aquel local ubicado en uno de los peores suburbios de Chicago buscando alguna pista que lo condujera a la captura de Michael Scofield. Estaba vacío a esas horas de la noche y todo el lugar apestaba a desinfectante.
Se acercó a una joven que lo miraba intrigada, aquel sujeto no se parecía en nada a los que solían ir allí. ¿ Qué buscaría un hombre así en un lugar como ese? La placa que sacó de su bolsillo y que mostró ante los ojos de la joven respondió aquella pregunta.
- Soy el Agente Federal Alexander Mahone- anunció mientras volvía a guardar la placa en su lugar.
La muchacha no pudo evitar ponerse nerviosa.
- ¿ Agente Federal?¡ Mire que mi negocio está en orden; este trabajo es tan legal como el suyo!- dijo a modo de defensa.
- No lo dudo, señorita...-.
- Petrakis- respondió.
Mahone echó un vistazo al lugar y volvió a fijar su atención en ella.
- Señorita Petrakis necesito de su colaboración-.
Ella lo miró más intrigada aún.
- ¿ Reconoce a este hombre?- preguntó Mahone mostrándole la fotografía de Michael Scofield.
Ella la tomó y la observó detenidamente unos segundos sin decir nada.
- ¿ Y bien?- volvió a preguntar Mahone con impaciencia.
- Sí, claro que lo recuerdo- dijo finalmente- ¡Este sujeto me hizo trabajar durante cinco días!-.
- ¿ Podría ver en detalles los diseños de su tatuaje?-.
La joven negó con la cabeza mientras le devolvía la fotografía.
- Imposible... ese sujeto apareció de repente con sus propios diseños y desapareció con ellos el día que dibujé la última línea en su cuerpo-.
- ¿ No tiene registro de ellos?-.
- No, lo siento. Normalmente la gente elige uno de los cientos de diseños que tengo a disposición pero él no, solo apareció una mañana con todos esos dibujos en una enorme carpeta-.
- ¿No le pereció extraño?- Mahone sentía que una pista importante se desvanecía ante sus ojos.
- Si, pero... yo solo me preocupo por recibir mi pago, Agente, y créame que los días que pasé trabajando sobre el cuerpo de ese sujeto valieron la pena- dijo finalmente.
- ¿ Es inútil se le pregunto si recuerda en detalle algunos de los dibujos, verdad?-.
- Lo siento, soy muy mala para esas cosas-.
Mahone guardó la fotografía en uno de los bolsillos de su gabardina, dio media vuelta y salió del lugar.
La frustración nublaba su mente y en la oscuridad de la noche, ajeno a las miradas de los demás solo había una cosa que podía acabar con aquella sensación. Se subió a su auto y buscó con desesperación el bálsamo que lentamente se derritió en el interior de su boca. Respiró profundo y se aferró fuertemente al volante hasta que los nudillos de sus manos palidecieron. Luego se dejó caer sobre el asiento y un solo pensamiento asaltaba su mente una y otra vez. Había perdido la primera batalla contra Michael Scofield.

#


- Nunca debí realizar aquella llamada, Michael- Candie necesitaba que aquella conversación sirviera finalmente para aclarar las cosas entre ambos y así acabar de una vez por todas con aquel peso que le oprimía el alma.
Michael se levantó del sofá y se sentó sobre la pequeña mesa de madera quedando ahora frente a ella.
- Candie... no debes sentirte culpable por eso- una sonrisa comprensiva acompañó sus palabras- Sé que tal vez no debí cargarte con semejante responsabilidad pero si tu no hubieras llamado a la policía en el mismo instante en que yo estaba en el United Savings Bank, hoy Lincoln no estaría con vida-.
- Si no lo hubiera hecho, tu te la habrías apañado para que te atraparan de todos modos, Michael-.
- Eso no le quita méritos a lo que tu has hecho- dijo.
Candie sacudió la cabeza.
- No debí hacerlo, Michael... debí negarme en el mismo instante en que me lo pediste- pasó su mano por sus cabellos- ¡ Mira en que acabó todo esto! ¡Tu hermano y tú han pasado a convertirse en el blanco preferido de todas las fuerzas policíacas del país!-.
Michael tomó la mano de Candie que descansaba sobre su pierna y la apretó fuertemente entre las suyas. Esta vez ella no hizo nada para impedírselo; es más, puso su otra mano sobre las de él, necesitaba con urgencia aquel contacto.
- Eso pasa a un segundo plano; mi objetivo desde el principio fue salvar la vida de mi hermano- lanzó un suspiro- Nunca me detuve a meditar las consecuencias-.
- Debiste hacerlo, Michael- dijo Candie esperando que sus palabras no sonaran a reproche.
Él asintió con la cabeza entrecerrando los ojos. Se quedaron allí durante unos segundos, mirándose y sin hablar. Candie se dio cuenta entonces que Michael ya no la miraba de la misma manera. Le dolió comprobar nuevamente que tal vez nunca la había amado, que había sido solo una pieza más en su estratégico plan.
- Espero no estar interrumpiendo nada-.
La voz de Lincoln que bajaba de las escaleras y caminaba hacia ellos con paso cansino distendió al menos un poco el ambiente que había en la sala. Él se dio cuenta que allí las cosas no andaban muy bien. Echó un vistazo a las manos de Michael que sostenían las de Candie y vio que ambos tenían los ojos húmedos; por un segundo se sintió un intruso interrumpiendo un momento íntimo. Deseó desaparecer en aquel mismo instante, pero ya era tarde, había abierto su bocota y su presencia de más de un metro ochenta ciertamente no había pasado desapercibida.
Michael lo miró tratando en vano de sonreír.
- Linc... ven aquí que ahora que estás más presentable quiero que conozcas finalmente a Candie- dijo Michael poniéndose de pie y soltando a Candie, quien también ya se encontraba parada a su lado.
Lincoln caminó hacia ellos.
-Hermano, ella es Candie- dijo Michael pasando su brazo por encima del hombro de ella, empujándola hacia delante- Candie... él es Lincoln, el Lincoln del que siempre te he hablado-.
Ninguno de los dos hizo mención al hecho de que aquella no era la primera vez que se veían.
Candie extendió la mano y apenas pudo reaccionar cuando Lincoln la atrajo hacia él y la abrazó.
- Finalmente conozco a la famosa Candie- dijo mientras apoyaba sus manos en la espalda pequeña de la joven.
Candie que seguía sin reaccionar no sabía que hacer con sus propias manos, solo las dejó caer a ambos lados de su cuerpo. El olor a jabón que todavía emanaba de cada poro de su piel empezaba a provocar extrañas sensaciones en ella y agradeció cuando él por fin la soltó.
-Candie... ¿ no dices nada?- las palabras de Michael le recordaron que no había abierto la boca desde que Lincoln Burrows había aparecido en la sala.
- Perdón...- dijo-...es un placer conocerte, Lincoln- no era sincera pero esperaba que ellos no lo notaran.
- Le debemos mucho a esta niña, Lincoln- dijo Michael mientras la señalaba con el dedo.
¡Niña! Candie odiaba cuando Michael la llamaba así. Él lo sabía, pero parecía que aquellos meses en prisión lo hicieron olvidarse de lo molesta que se ponía cada vez que él la llamaba de esa manera.
- Lo sé, hermanito- respondió Lincoln cruzándose de brazos- Sé que esta niña hizo cosas por ti... cosas que muy poca gente haría- añadió.
¡Era el colmo! Ahora debía soportar que Lincoln también le dijera “niña”.
Candie contó hasta cinco antes de decir alguna palabra.
- ¿Tienen hambre? Puedo preparar algo rápido de comer- no era exactamente lo que tenía en mente decirles, pero si se ponía a reaccionar ahora por aquello no haría más que comportarse como una chiquilla. Eso sería darles la razón y era lo último que Candie quería en ese momento.
- La verdad es que no hemos comido nada desde ayer y si no asaltamos tu refrigerador aún es solo por respeto- confesó Michael sonriendo casi como un niño.
Lincoln no dijo nada, pero el movimiento en círculos que hizo con una mano en su barriga valía más que mil palabras.
Candie no pudo evitar reírse con aquella imagen. Irónicamente, Lincoln Burrows había logrado arrancarle la primer sonrisa del día.
#

Todos lo vieron pasar como una tromba, pero nadie se atrevió a decirle nada y cuando la puerta de su oficina se cerró tras él, todos parecieron lanzar un suspiro de alivio. Excepto la Agente Lang que como siempre debía enfrentarse a la “ fiera Mahone”. Era el apodo que se había ganado merecidamente entre la gente que colaboraba con él.
La Agente Lang caminó hacia su oficina, esperaba que las buenas noticias que tenía para él aplacaran el mal humor que había destilado con su llegada. Dio unos golpecitos en la puerta y al no recibir respuesta, volvió a intentarlo.
- ¡Adelante!- gritó Mahone desde adentro.
La Agente Lang abrió la puerta y se plantó con firmeza frente al escritorio.
- Tengo excelentes noticias, señor-.
Mahone, que hasta ese momento permanecía de espaldas con la mirada clavada en las fotos de los fugitivos, se giró y lanzó una mirada inquisidora a la mujer que tenía frente a él.
- Hable- ordenó.
Sintió aquellos ojos azules, tan fríos como el acero sobre ella pero no se inmutó. Sabía que lo que estaba a punto de decirle pronto borraría aquella expresión de su rostro.
- Agente Mahone... hemos atrapado a uno de ellos-.


continuará.....

PLEASE: dejen comentarios, o lo que sea, jeje.











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wanda
Posted: Apr 2 2007, 09:15 PM


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esta muy bien!! sigueloguino.gif

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Andrea Burrows
Posted: Apr 2 2007, 10:33 PM


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Gracias Wanda!!! Al fin alguien que se anima a poner opinión!
Besos
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Andrea Burrows
Posted: Apr 9 2007, 10:03 PM


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Capítulo 8




Michael tenía clavados sus ojos azules en la pantalla de la televisión.
“ Nos encontramos en las afueras del Hospital Saint George, en donde hace unos instantes acaba de ser ingresada la doctora Sara Tancredi. Al parecer la doctora intentó suicidarse y su estado es delicado. Recordemos que Sara Tancredi trabajaba en la prisión estatal de Fox River, en donde apenas hace veinticuatro horas ocho prisioneros se fugaron burlando la seguridad del lugar. No hemos podido confirmarlo todavía pero al parecer Sara Tancredi, quien supuestamente mantenía un romance con uno de los prófugos habría dejado deliberadamente la puerta de la enfermería abierta, convirtiéndose así en cómplice de la fuga más espectacular de los últimos tiempos”.
- ¡Dios... Sara!- en la mirada de Michael solo había lugar para la desesperación- ¡Necesito verla!-
Lincoln, quien estaba sentado frente a él en la mesa de la cocina lo tomó del brazo.
- ¡ Michael, tranquilízate!- dijo tratando de calmar a su hermano quien quería salir de allí corriendo sin importarle nada más.
Michael lo miró a los ojos. Su hermano no entendía; él debía verla, necesitaba saber que ella estaba bien, que nada malo le ocurriría.
- ¡Necesito verla, Linc!- gritó zafándose de la mano de Lincoln que apretaba su brazo izquierdo con fuerza.
Lincoln se levantó de la silla y fue hasta Michael, quien ya estaba de pie dispuesto a marcharse.
- ¡ Michael, entiende, si vas allí te vas a meter en la boca del lobo!- le advirtió- No arruines todo por impulso, hermano. Nunca dejaste que tu corazón le gane a tu cerebro... no lo hagas ahora-.
Michael sacudió la cabeza, no le importaba lo que Lincoln le estaba diciendo, a pesar de que estaba en lo cierto... buscar a Sara en aquel momento sería cavar su propia tumba.
- Necesito saber que está bien...- susurró Michael con los ojos nublados por la angustia.
Lincoln confortó a su hermano entre sus brazos, en aquel momento Michael necesitaba de la fuerza que solo él podía darle. Era él quien debía cuidar de su hermano pequeño ahora.
- Todo va a estar bien, Michael... seguramente encontraremos una manera de que puedas llegar hasta ella- no sabía si sus propias palabras eran ciertas pero era lo que su hermano necesitaba escuchar.
Cuando se separaron, Michael estaba más calmado, entonces ambos se dieron cuenta que no estaban solos. Candie se encontraba de pie, junto a la puerta de la cocina sosteniendo una bandeja con tres tazas de café. Ambos la miraron, ignorando el tiempo que ella llevaba allí.
Candie hizo un esfuerzo enorme para que ellos no notaran que lo único que quería en ese momento era arrojar la bandeja por los aires y salir corriendo. Alejarse de Michael Scofield de una vez por todas.
- Aquí... aquí están sus cafés- dijo mientras dejaba la bandeja en la mesa.
Michael miraba a Lincoln contrariado, no sabía cuanto había escuchado Candie antes de que ellos notaran su presencia.
- Gracias- respondió Lincoln con una sonrisa mientras apagaba el televisor de un manotazo.
Ambos se sentaron tomando cada uno una taza de café.
- Siéntate Candie- pidió Michael al ver que ella seguía de pie, casi sin moverse.
Candie lo miró pero no escuchó una palabra de lo que dijo, no podía quedarse un segundo más allí... no quería que Michael descubriera lo mal que se sentía y mucho menos quería llorar frente a él.
- Si me disculpan... necesito tomar un poco de aire- sin mirarlos a los ojos dio media vuelta, salió y el portazo retumbó dentro de la pequeña cocina.
Michael y Lincoln se miraron, sin lugar a dudas Candie no ignoraba lo que había pasado allí.
- Sabes, hermanito, no entiendo mucho la sicología femenina, pero creo que Candie acaba de darse un duro golpe contra la realidad-.
Michael dejó la taza de café sobre la mesa y se levantó de inmediato.
- Debo hablar con ella... no es justo que vuelva a sufrir por mi causa-.
Lincoln levantó una mano con la intención de detenerlo.
- No, Michael, deja... yo hablaré con ella- dijo finalmente.
- ¿ Tu?- no pudo hacer otra cosa más que sorprenderse- ¿ Y que hay con eso de que no entiendes mucho la sicología femenina?-.
Lincoln se puso de pie y se encogió de hombros.
- Tal vez es hora de que aprenda, ¿ no crees?- preguntó arqueando las cejas.
- No lo sé, Linc- Michael no estaba muy convencido.
- Michael, créeme... eres la persona que Candie menos quiere ver en este momento... y no se necesita demasiado cerebro para entender eso-.
Michael asintió resignado, no sabía si era correcto dejar que Lincoln fuera el que hablara con Candie; pero tenía que admitir que se sentía extraño ver como Lincoln parecía finalmente tomar en serio su papel de hermano mayor.

#

Candie estaba sentada en el banco de madera blanco que colgaba de enormes cuerdas del techo de la parte posterior de la casa. Tenía la mirada perdida en un punto inexistente en medio de la oscuridad de aquella noche cálida de primavera; sin embargo escuchó el inconfundible sonido de la puerta de la cocina que se abría.
No se sentía preparada para oír a Michael y sus estúpidas excusas, sobretodo después de la escena que había presenciado unos minutos antes. Miró hacia la puerta para pedirle que por favor la dejara sola y se sorprendió cuando vio que él que se acercaba a ella no era Michael sino Lincoln.
Él se detuvo, quedando a un par de metros de ella; sabía que no sería bienvenido y que no le agradaba a aquella muchachita pero debía hablar con ella, se lo debía a Michael.
Ella apartó la mirada y siguió perdida en su propio mundo. No dijo nada y Lincoln se quedó allí de pie, en silencio también. Necesitaba pensar detenidamente lo que le diría, era más que cierto que su fuerte a la hora de estar frente a una mujer no era precisamente la facilidad de palabra; él prefería ir directamente a la acción. El no era de esos tipos que supieran hablar bonito para endulzar el oído de una mujer y Verónica se lo había reprochado siempre; sin embargo ella lo amaba así como era. Se emocionó al recordar a Verónica y por un segundo comprendió la necesidad de Michael por ver a Sara. Tenía ganas de verla, desde que se había fugado esa idea rondaba en su mente, pero no le había dicho nada a Michael todavía, ya llegaría el momento oportuno de hacerlo.
Observó a Candie que sentada en el banco continuaba en silencio. Prefirió no decir nada todavía y se dedicó a contemplarla detenidamente.
Llevaba su larga cabellera suelta y las ondas morenas caían suavemente sobre su espalda. El reflejo de la luna golpeaba contra su rostro y sus ojos azules, enmarcados por largas pestañas, parecían aún más azules. Unas pocas pecas a ambos lados de su pequeña nariz le daban un aire completamente juvenil. ¿ Cuántos años tendría? No aparentaba más de veintidós o veintitrés. Sus ojos se detuvieron entonces en sus labios, aquella boca carnosa que seguramente Michael conocía a la perfección. Siguió su recorrido, Candie tenía un bonito cuello, largo y delgado en donde colgaba una fina cadena dorada. Sus ojos siguieron bajando hasta detenerse en sus senos, pudo distinguir debajo de la camisa que no eran ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. Lincoln parecía hipnotizado por el movimiento de su pecho que se movía al ritmo de sus suspiros. Posó luego sus ojos en su cintura y recordó sus propias manos sobre ella en el momento en que Michael los había presentado. Se estremeció al recordar aquel abrazo.
¿ Qué demonios estaba haciendo? Estaba allí para hablar con ella en nombre de Michael y sin embargo se encontraba recorriendo la encantadora geografía que el cuerpo de aquella niña ofrecía.
Candie podía sentir la mirada penetrante de Lincoln sobre ella y comenzaba a ponerse nerviosa. Después de verlo salir de su baño, medio desnudo, esta era la segunda vez que Lincoln Burrows la incomodaba tanto.
Lincoln tenía que hablar, decir algo para terminar con aquel silencio abrumador ya.
- Bonita vista- dijo finalmente aunque no estaba seguro de que aquel fuera el comentario correcto.
Candie lo miró y no sabía exactamente a que se estaba refiriendo puesto que los ojos de Lincoln no hacían más que deslizarse sobre ella desde que había aparecido por esa puerta.
- Sí- respondió contrariada- Este es mi refugio... cuando necesito estar sola no hay un lugar mejor en el mundo para mí-.
Lincoln se acercó.
- ¿ Me permites, al menos por esta noche compartirlo contigo?-.
Candie no dijo nada pero cuando se hizo a un lado para hacerle lugar él supo que aquello era un sí.
Lincoln no se hizo esperar y se ubicó junto a ella. Apenas unos centímetros los separaban y Candie sentía que él invadía su espacio con su sola presencia.
- Candie... no quiero meterme en tu vida ni en la de nadie...-
- Entonces no lo hagas- dijo cortante mirándolo a los ojos.
Él le sostuvo la mirada a pesar de que aquellos ojos azules lo miraban con recelo. Debía encontrar la manera de que Candie escuchara lo que él tenía para decirle.
- Lo siento... pero es necesario que me escuches-.
- No necesito escuchar nada, mucho menos si vienes a abogar por tu hermano- hizo una pausa-... además ya escuché demasiado- agregó entre suspiros.
- Entiendo como te sientes... pero créeme que Michael nunca quiso lastimarte-.
Candie sonrió con ironía. No podía creer que estuviera teniendo esta conversación nada más y nada menos que con Lincoln Burrows.
- Mira... no tengo ganas de hablar del tema, mucho menos contigo- dijo esperando que él entendiera su postura.
- ¿ Qué tienes en mi contra, Candie?- preguntó de repente Lincoln desafiando aquellos ojos azules que lo miraban aún con desconfianza.
Candie no sabía si responder a su pregunta, no se sentía con ánimos de discutir esa noche y presentía que ese tipo de conversación con él, la llevaría precisamente a ello.
- ¿ Qué significa Sara Tancredi en la vida de Michael?- no supo como aquellas palabras salieron de su boca, lo había hecho para evitar decirle a Lincoln lo que siempre había pensado de él y sin querer había desviado el tema hacia algo más doloroso aún.
- Sara fue un gran apoyo en la vida de Michael durante el tiempo que estuvo en Fox River- dijo Lincoln eligiendo las palabras correctas.
Candie volteó la cabeza, no soportaba ver la mirada compasiva de Lincoln.
- En... en las noticias dijeron que ella los ayudó a fugarse...-.
Lincoln tardó unos segundos en responder.
- Así es... Sara dejó la puerta abierta para que nosotros pudiéramos escapar-.
Candie cerró los ojos y respiró hondo. Aquella mujer, después de todo no era muy diferente a ella; si había hecho lo que hizo fue por amor a Michael, de eso no había dudas. Ahora comprendía finalmente el cambio en su mirada. Aquellos ojos que amó desde el primer día, ya no brillaban por ella. Si Michael alguna vez la había amado de verdad, ese sentimiento ya no le pertenecía. Sara Tancredi se había ganado su amor aún a costa de su propia vida y ella no se sentía con fuerzas ya para luchar contra eso. Sentía pena por Sara, al fin y al cabo ella era una víctima más envuelta en los planes de Michael; además no le había robado nada. Ella lo había perdido en el mismo instante en que realizó aquella llamada a la policía; y el hombre que ella creía culpable de todo aquel dolor, hoy estaba junto a ella tratando de consolarla. Era increíble como el destino a veces juega con la gente.
- Michael la ama...- dijo mirándolo nuevamente a los ojos, sus palabras eran una afirmación.
Lincoln notó que Candie estaba sufriendo, sus ojos estaban húmedos.
- Sí- respondió aunque ella no necesitaba oírlo para saberlo.
Candie sonrió con amargura.
- No debería sorprenderme...Michael nunca me amó de verdad...jamás debí abrigar la esperanza de que un día volvería por mí y que todo el sufrimiento quedaría en el pasado-.
Lincoln no estaba muy seguro de lo que estaba haciendo pero no dudó un segundo cuando tomó la mano de Candie aferrándola entre las suyas.
Ella ni siquiera reaccionó, tampoco rechazó aquel contacto.
- Lo siento, Candie... todo esto es mi culpa-.
Candie hubiera querido gritarle que sí, que siempre había creído que no había más culpable que él pero no pudo, la manera en que él la miraba parecía anular cualquier razonamiento y solo podía pensar en sus manos fuertes sosteniendo con ternura las suyas.
Una ráfaga de sensatez finalmente la hizo reaccionar y se liberó de sus manos.
- Yo... dile a Michael que puede quedarse tranquilo...que has cumplido perfectamente con tu misión; dile que deje de preocuparse por mí de una vez por todas... hay alguien que lo necesita más que yo- se levantó y volvió a entrar en la casa agradeciendo que Michael ya no estuviera en la cocina.
Lincoln se quedó afuera un rato más, la charla con Candie lo había conmovido. Él que jugaba siempre el papel de hombre recio se había conmovido por el dolor de aquella muchachita. Encendió un cigarrillo y dejó que las bocanadas de humo se mezclaran con la fina bruma de la noche. Terminó de fumar y regresó a la casa, debía buscar a Michael y comunicarle lo que Candie le había dicho. Esperaba que con aquellas palabras Michael dejara de sentirse finalmente culpable por haber involucrado a Candie en toda aquella historia.

#

Michael se despertó a la mañana siguiente más tranquilo, según las palabras de Lincoln, Candie parecía haber entendido lo que había ocurrido con su vida y sus sentimientos durante su encierro en Fox River. Echo un vistazo alrededor, Lincoln dormía en el sofá de enfrente, estaba boca abajo, con una de sus piernas por el suelo y los brazos a ambos lados de su cuerpo. Seguramente como él, no había pasado una muy buena noche durmiendo en aquel sofá, pero no podían quejarse. La hospitalidad que Candie les estaba brindando, a pesar de todo no daba lugar a quejas ni a reproches.
Se levantó y estiró un poco las piernas, que le dolían después de haber pasado casi toda la noche en posición fetal. Caminó hasta su hermano y le dio unos golpecitos en el hombro.
- Linc... despierta, debemos marcharnos- dijo en voz baja, no quería despertar a Candie que dormía en su habitación.
- Mmmmm... Michael... no, déjame dormir un rato más- murmuró Lincoln con la cabeza entre un par de almohadones.
Michael le quitó uno de los almohadones y le golpeó la cabeza a su hermano.
- Vamos, Lincoln, no hay tiempo que perder- dijo mientras se ponía los zapatos y acomodaba un poco la camisa arrugada dentro de sus pantalones.
Lincoln se giró y miró a su hermano con un ojo abierto y el otro cerrado.
- ¿ Cuál es la prisa, hermanito?-.
- Debemos irnos antes de que Candie despierte... no quiero causarle más problemas-.
Lincoln se sentó en el sofá en un abrir y cerrar de ojos y lo miró sorprendido.
- ¿ Piensas irte sin despedirte?- a él no le parecía lo más sensato, además debía reconocer que le hubiese gustado ver a Candie una vez más antes de continuar con la huída.
- Sí-.
- Michael... creo que te estas equivocando de nuevo con ella- le advirtió mientras se ponía las botas.
- No, Linc... me equivocaría si me quedo más tiempo en su casa... no quiero poner su vida en peligro- la imagen de Sara luchando por su vida en una cama de hospital vino a su mente.
- No sé, Michael... creo que esta vez al menos deberías decirle adiós-.
Pero Michael no lo escuchaba, estaba yendo hacia la ventana que daba al frente de la casa. Le había parecido oír el motor de un auto estacionándose en la calle. Efectivamente era así. Corrió las cortinas con cuidado para comprobar que un oficial de policía bajaba en ese mismo momento de su patrulla.
- Parece que tenemos compañía-.


continuará......





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Andrea Burrows
Posted: Apr 14 2007, 01:00 PM


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aquí dejo el capitulo 9 de mi fan fic biggrin.gif

Capitulo 9


Hacía apenas un par de horas que había llegado a la oficina y ya sentía que aquel lugar lo asfixiaba. Necesitaba salir y conseguir un poco de paliativo para enfrentar aquel nuevo día. La noticia que la Agente Lang le había dado el día anterior ni siquiera había sido suficiente para levantarle el ánimo. Estaba seguro que la única noticia que cambiaría su patética existencia sería dar con el paradero de Michael Scofield. Sabía que su tarea, aquella que le habían impuesto a cambio de recuperar su propia vida era atrapar a cada uno de los ocho prófugos de Fox River y eliminar al principal obstáculo en los intereses de cierta gente... Lincoln Burrows. Pero él tenía un desafío propio, deseaba fervientemente encontrarse cara a cara con Michael Scofield, después de verlo a los ojos sería fácil deshacerse de él. La prodigiosa mente de aquel hombre estaba desquiciando su propia mente; cada hora que pasaba sin novedades era un reto para él.
Tomó la gabardina, se colocó las gafas y caminó hacia la puerta pero en el mismo instante que se disponía a abandonar aquel lugar, uno de sus colaboradores lo frenó.
- Agente Mahone... acaban de traer al prisionero, creí que le gustaría ser la primer persona en interrogarlo- dijo el joven esbozando una sonrisa de satisfacción.
Mahone lanzó un suspiro, por un segundo se debatió entre la posibilidad de salir de allí o de meterse en la sala de interrogaciones con el prisionero. Precisaba ambas cosas pero en aquel momento tratar de averiguar el paradero de los demás presos dejaba atrás cualquier otra necesidad... los nervios y la ansiedad por salir de allí debían esperar.
Le entregó la gabardina al joven y se dirigió a paso firme hasta detenerse ante la puerta de cristal ahumado que daba a la sala de interrogaciones. Se quitó las gafas y las guardó en el bolsillo izquierdo de su saco de corte italiano. Sabía, por experiencia, que su mirada podía intimidar a cualquiera.
Entró y caminó hacia la mesa. Tomó una de las sillas y la acercó hasta quedar frente al prisionero, quien se encontraba recostado sobre la mesa con la cabeza escondida entre los brazos.
Mahone tomó el expediente que estaba sobre la mesa y empezó a echarle un vistazo.
- Bien, Charles... ¿ o debería llamarte Haywire?- Mahone sabía más que nadie como romper el hielo y hacer que alguien que no quería hablar soltara todo lo que tenía dentro.
Charles Patoshik ni se inmutó, permanecía con la cabeza oculta entre los brazos.
Mahone esbozó una sonrisa sutil, aparentemente no todo sería tan fácil como él creía. No se amilanó, a la hora de los desafíos él era el primero en disfrutarlos.
- Bien Haywire... como sabrás eres el primero en ser atrapado... ¿ cómo se siente ser el primer imbécil en caer?-.
Patoshik finalmente levantó la cabeza y miró por primera vez el rostro del hombre que le hablaba.
- En este momento estaría en camino hacia Holanda- dijo y dirigió su mirada al techo en donde clavó sus ojos en la lámpara que colgaba sobre ellos.
Una sonrisa incrédula se dibujó en el rostro de Mahone.
- ¡ Vamos, Charles! ¿ No creerás que podías llegar hasta la tierra de los tulipanes en la precaria balsa que estabas construyendo?-.
- Juegas un doble juego...-
Mahone arqueó una ceja.
- ¿ A qué te refieres?-.
Él lo miró abriendo los ojos.
- Debes decidirte... no puedes llamarme Haywire y un segundo después Charles...- finalmente dijo.
La carcajada del agente resonó dentro del pequeño recinto.
- Tienes razón... Haywire- respondió asintiendo con la cabeza.
- No sigas jugando conmigo... la palabra razón hace tiempo que dejó de formar parte de mi mundo-.
A Mahone le intrigaba aquel hombre, si estaba totalmente loco, su locura era bastante especial. Volvió dirigir su atención al expediente.
- Veamos, Haywire... estás cumpliendo una condena de 60 años por asesinato en segundo grado...- dio vuelta una hoja-... de los cuales tan solo has cumplido cuatro-.
- El tiempo pasa para todos- expresó sin dejar de contemplar la lámpara.
- Según este expediente asesinaste a tus padres mientras dormían- dijo exponiendo sobre la mesa las fotos de sus víctimas.
Patoshik bajó la mirada y cuando enfrentó sus ojos a aquellas imágenes su primera reacción fue cerrarlos fuertemente.
- Cerrar los ojos no va a borrar lo que hiciste-
Patoshik empezó a sacudir la cabeza.
- ¡ No! ¡Yo no lo hice!... No hay recuerdos en mi mente de esa noche... todo... todo desapareció, y lo que nunca estuvo nunca sucedió- dijo dejando de mover la cabeza de un lado a otro pero sin abrir todavía los ojos.
- Tal vez sea verdad lo que dices, Haywire- comentó volviendo a ocultar las fotos- Muchas veces gente inocente termina pagando por los verdaderos culpables-.
Patoshik abrió los ojos y los hundió ahora en el rostro de aquel hombre que lo miraba con cierta compasión.
- ¿ Sabes por qué estás aquí, verdad?- era tiempo de ir al grano.
- La fuga del laberinto- respondió sonriendo.
Mahone empezaba a sentir curiosidad por aquel hombre.
- ¿ Laberinto?¿ Qué quieres decir con eso?-.
- Un laberinto de ángeles y demonios- continuaba hablando de aquel modo casi incoherente pero Mahone presentía que iba por buen camino.
- ¿Ángeles y demonios?- preguntó.
Patoshik asintió sin dejar de mirarlo ni por un segundo.
Mahone le sostenía la mirada.
- ¿Y dónde estaban estos ángeles y demonios que mencionas?-.
- En su espalda... en su pecho... en sus brazos- respondió.
¡ Bingo! Definitivamente no se había equivocado, si era cauteloso podría obtener información valiosa de aquel demente.
- ¿ De quién hablas, Haywire?-.
- Usted lo sabe, señor... el sujeto que me sacó del laberinto, él que sabía como encontrar la salida-.
- ¿ Te refieres a Michael Scofield?- esperaba no estar apresurando la situación, jamás se perdonaría si un paso en falso arruinaba el resultado de aquel interrogatorio.
- Sí-.
Mahone sabía que Charles Patoshik a pesar de su locura tenía una mente sorprendente, según los informes era un genio de las Matemáticas y tenía una memoria fotográfica. Una especie de Rain Man pero con un tornillo menos en su cabeza.
- ¿ Recuerdas cómo eran los ángeles y demonios que habitaban en el laberinto del cual Michael Scofield te ayudó a salir?- no quería entusiasmarse con aquella probabilidad pero valía la pena el intento.
- Todo está aquí- dijo tocándose la frente con la mano derecha.
Mahone se levantó de la silla de un salto y caminó hacia la ventana de vidrio que daba a la oficina contigua en donde un par de agentes seguía cada instancia del interrogatorio.
- ¡ Rápido, traigan lápiz y papel!-.

#

- Michael... ¿ qué hacemos ahora?- la voz nerviosa de Lincoln no alcanzaba para demostrar la sensación de peligro que penetraba por cada poro de su piel.
Michael, continuaba de pie junto a la ventana siguiendo cada movimiento del policía que se acercaba cada vez más a ellos.
Miró a su hermano mayor que en ese momento estaba yendo hacia la ventana para colocarse junto a él.
El silencio de Michael lo ponía más nervioso. Él sabía controlar muy bien las emociones, el temple de acero que siempre lo había caracterizado desde la pérdida de su madre, en aquel momento parecía ser su arma secreta. Lincoln envidiaba aquella actitud, él en su lugar ya hubiese salido corriendo.
- No te asomes, Linc- ordenó Michael mientras Lincoln se apoyaba a un lado de la ventana.
- Michael... debemos irnos ya- dijo en voz baja.
- ¿ Cómo quieres que lo hagamos? El auto está estacionado al costado de la casa, justo frente a la patrulla- dijo exponiendo su clásico razonamiento.
Lincoln se pasó la mano por la cabeza. Michael tenía razón, si aquel oficial los veía el esfuerzo que habían hecho hasta ahora por ocultar su paradero se iría al demonio.
- ¿ Qué sugieres entonces, hermanito?- preguntó Lincoln esperando que Michael sacara un sombrero de la chistera.
- No tenemos más salida que recurrir a Candie- dijo finalmente lanzando una mirada en dirección a las escaleras.
- ¿ Cuál es tu plan?-.
- Por lo pronto, sube y dile como están las cosas aquí abajo- le indicó mientras volvía a prestar atención al oficial que se encontraba ya casi junto a la puerta principal de la casa.
- ¿ Crees que después de lo que pasó anoche quiera ayudarnos?- Lincoln desconfiaba que la misión que su hermano le había encomendado tuviera éxito.
- Sube y convéncela, Linc... en este momento ella es nuestra única salida- le dijo seguro de sus palabras.
Lincoln asintió con la cabeza y sin perder más tiempo subió las escaleras que lo separaban de la habitación de Candie en un santiamén.
Cuando llegó hasta la puerta de su habitación, notó que estaba entreabierta, la empujó lentamente sintiéndose nuevamente un intruso invadiendo el mundo de aquella joven.
Candie estaba recostada sobre la cama, dormía tranquilamente y todavía vestía la misma ropa del día anterior. Lincoln se acercó y se percató que en su mano, que estaba apoyada sobre la almohada, sostenía una figura de papel arrugada. Se hubiese quedado allí, contemplándola mientras dormía pero había cosas más urgentes que hacer.
Se sentó a su lado y antes de que ella consiguiera reaccionar le colocó una mano en la boca impidiendo que ella pudiera hablar.
Sus enormes ojos azules lo miraban aterrados.
- ¿ Me prometes que si quito mi mano no gritarás?-.
Candie asintió con la cabeza.
- ¿ Qué demonios pretendes?- fueron las primeras palabras que salieron de su boca.
- ¡ Baja la voz!- le pidió Lincoln mientras se alejaba un poco de ella.
Ella se sentó en la cama y ocultó la figura de papel debajo de la almohada. Lincoln no permaneció ajeno ante aquella reacción y por un instante una punzada de celos lo asaltó.
- ¿ Vas a decirme qué es lo que quieres o vas a quedarte sin decir nada?- preguntó ella desafiante.
Lincoln miró aquellos ojos azules que no hacían más que mirarlos con desconfianza. No podía pelear con ella, no ahora cuando más la necesitaban.
- Tienes que ayudarnos, Candie... hay un oficial de policía plantado en tu puerta- dijo poniendo su mejor cara, la misma que usaba para conseguir lo que quería.
- ¿ Un oficial de policía?- Candie sentía como el miedo y la tensión invadían su cuerpo.
- Si- respondió él.
Candie se levantó de la cama de un salto, pasando a su lado y cuando lo hizo su cabello tocó el rostro de Lincoln. Él cerró los ojos un instante dejando que el olor a caramelo que emanaba de su larga cabellera se filtrara por su nariz.
Candie dio media vuelta antes de abandonar su cuarto y lo miró.
- ¿ Piensas quedarte allí?- preguntó evidenciando el estado de alteración que la invadía.
Lincoln se levantó de inmediato de su cama y caminó detrás de ella el recorrido que los llevó hasta la sala en donde Michael los esperaba.
Michael se acercó a Candie; sus ojos rogaban que ella aceptara ayudarlos.
Candie tragó saliva al enfrentarse nuevamente a aquella mirada suplicante. Michael Scofield era un maestro a la hora de conseguir cualquier cosa de ella. Candie lo sabía demasiado bien, pero de una cosa estaba segura... no importaba el daño que él le hubiera hecho y el que todavía le hacía... jamás pondría en peligro su vida y si había algo que ella pudiera hacer para ayudarlo, no vacilaría ni un minuto en hacerlo.
Unos golpes dados con firmeza en la puerta indicó que ya no había tiempo que perder. Si Candie decidía finalmente ayudarlos a salir de aquello, lo siguiente sería dejar todo en sus manos.
Candie se puso en puntas de pie y miró a través de la mirilla de la puerta.
- Vayan a la cocina y no salgan de allí por ningún motivo- les ordenó en voz baja.
Los hermanos obedecieron sin pronunciar palabra y en unos segundos desaparecieron de la sala. Ahora todo dependía de Candie.
Ella se acomodó un poco la ropa arrugada, resultado de haber dormido sin quitársela y peinó su cabello con las manos. Hizo la señal de la cruz, respiró profundo y abrió la puerta. La suerte estaba echada.
- ¡ Randy! ¡ Qué sorpresa!- exclamó, ofreciendo la mejor de sus sonrisas.
Mientras en la cocina, Michael y Lincoln se miraron sorprendidos. Al parecer, Candie conocía muy bien al joven oficial.
Randy Sorenson se quitó los enormes anteojos y le devolvió la sonrisa.
- Espero no ser inoportuno llamando a tu puerta a estas horas de la mañana- dijo esperando que Candie lo invitara a pasar.
Candie se apresuró a responder.
- Para nada, Randy...- miró su reloj- es más, en una hora debo salir para la escuela-.
El oficial intentaba mirar hacia adentro sobre el hombro de Candie, ya que ella apenas había abierto la puerta.
- ¿ No me invitas a pasar?- preguntó extrañado.
Candie sabía que no tenía otra salida más que dejarlo entrar, de lo contrario su actitud despertaría sospechas. Entonces se hizo a un lado dejando que Randy entrara.
- No me has dicho todavía el motivo de tu visita- dijo Candie indicándole que se sentara en el sofá.
- Brenda habló conmigo ayer- respondió dejándose caer en el sofá.
Candie había temido aquello desde el momento en que Brenda empezó a preocuparse por su manera de comportarse durante las últimas horas.
Se sentó a su lado y notó que debajo de uno de los almohadones asomaba una camisa de hombre color beige, se sentó sobre ella y cruzó sus manos sobre su regazo.
- Randy... ya sabes lo exagerada que suele ser tu prima en estos casos- comentó tratando de desviar el tema.
Él la miró fijamente y notó que estaba nerviosa, era una condición que podía oler a metros, una característica que un buen policía como él poseía.
- Parecía realmente preocupada por ti... dijo que te había notado extraña... como que querías ocultarle algo a toda costa- señaló sin dejar de mirar el modo en que ella reaccionaba ante sus palabras.
Candie sintió que sus manos empezaban a sudar, necesitaba levantarse de aquel sofá inmediatamente.
- ¿ Quieres una taza de café? No tardaré más de un par de minutos en prepararla- fue la única excusa que le vino a la mente en aquel momento de tensión.
Randy sonrió complacido.
- Por supuesto, nadie puede resistirse a tu café- dijo y una mueca extraña se dibujó en el rostro del oficial.
Candie sabía perfectamente lo que significaba... no le era ajeno el hecho de que Randy siempre buscaba cualquier ocasión para intentar seducirla, y aquella vez no iba a ser la excepción. Ella le sonrió, si sabía actuar con astucia, las cosas tal vez no salieran tan mal.
- Regreso enseguida- se levantó y no necesitó darse vuelta para comprobar que los ojos de Randy acompañaban el movimiento de sus caderas. Candie sonrió...por primera vez la mirada penetrante de aquel hombre jugaba a su favor.
En la cocina, Michael y Lincoln continuaban de pie junto a la puerta que daba a la parte trasera de la casa, si había que salir corriendo al menos estarían preparados. Seguían con atención lo que pasaba en aquella sala, y hasta el momento parecía que Candie era dueña de la situación.
Ella entró y los miró. Se puso el dedo en los labios, indicando que hicieran silencio. Una mirada tranquilizadora les dio a entender que todo estaba saliendo bien.
Michael le sonrió y a pesar de no decir nada, Candie vio en sus ojos lo agradecido que estaba por lo que estaba haciendo por él y su hermano.
Lincoln la observaba mientras ella preparaba un par de tazas de café; seguramente pondría algo en la taza del tal Randy para dejarlo knock out al menos para darle el tiempo suficiente a ellos de huir. Pero las sospechas de Lincoln se disiparon cuando Candie acomodó su cabello, alborotándolo un poco y luego desprendió un par de botones de su camisa hasta dejar que el fino encaje de su ropa interior se asomara debajo de la tela de jeans.
- ¿ Qué está haciendo?- Lincoln preguntó susurrando en la oreja de su hermano.
- ¿ Tu que crees?- rebatió él sonriendo con picardía.
Candie tomó la bandeja con las dos tazas de café y dejó la cocina, bajo la mirada de los hermanos que no dejaron de contemplarla hasta que desapareció por la puerta que daba a la sala.
Caminó hasta el sofá y colocó los cafés sobre la mesita de madera, inclinándose lo suficiente para que Randy notara los dos botones sin abrochar de su camisa.
- ¿ Dos de azúcar, verdad?- preguntó mientras le sonreía amablemente.
Randy asintió con la cabeza, sin decir nada, la visión que aquel ángulo ofrecía lo había dejado sin palabras.
Candie se sentó, dejando su taza en la bandeja. Se recostó contra el sofá, procurando ocultar la camisa que se había asomado un momento antes.
- No debes hacer mucho caso a las tonterías de Brenda- dijo mientras apoyaba el codo en el respaldo del sofá y apoyaba la mano en su cabeza.
Randy bebió un sorbo de café y apartó la mirada de su escote.
- Candie... comprende, lo único que quiero es hacer mi trabajo- se sorprendió cuando ella puso la otra mano sobre su pierna-... sa...sabes que indagar es parte de él- dejó la taza de café sobre la mesa nuevamente.
Ella le sonrió sin quitar la mano.
- Randy... ¿ por qué cree Brenda que si me pasara alguna cosa lo mejor fue hablarlo contigo... eres policía... acaso piensa que tengo problemas con la ley?- podía percibir que ahora era él quien estaba inquieto.
Randy carraspeó y se movió inquieto en el sofá.
- Ella... ella mencionó que te habías puesto nerviosa cuando viste la noticia de la fuga de los prisioneros que huyeron de Fox River- le informó.
Candie sentía que estaba pisando terreno peligroso, Michael y Lincoln desde el otro lado de la pared sintieron lo mismo.
- Randy... ¿ acaso crees que alguien como yo puede tener algo que ver con esa fuga?- preguntó acercándose más a él.
Michael y Lincoln no podían ver lo que sucedía, pero el tono de voz que ella estaba usando les indicaba rotundamente sus intenciones. La pequeña Candie estaba llevando al pobre oficial al límite de sus deseos.
- Candie... no se trata de lo que yo crea o deje de creer- respondió mientras veía como la mano de Candie que seguía apoyada en su pierna empezaba a moverse.
- ¡Vamos, Randy... me conoces desde que era una niña!- exclamó.
- Así es...- respondió ignorando lo próximo que ella haría.
- Pero... como puedes ver... ya no soy más una niña- insinuó acercándose a su rostro.
Candie miró los labios de Randy y sabía que no había marcha atrás. Cerraría sus ojos y lo besaría, todo sea por terminar con aquella situación de riesgo. Ya tendría tiempo después para reprocharle a Michael las cosas que terminaba haciendo por él, siempre para salvar su pellejo.
Candie ya se imaginaba aquella boca desagradable sobre la suya cuando un ruido de un objeto cayéndose al suelo vino de la cocina.
Randy se puso en alerta de inmediato y se levantó.
- ¿ Qué demonios fue eso?- preguntó mirando a Candie que lo miraba asustada.
- No sé... tal vez es el televisor que tengo en la cocina, olvidé bajarle el volumen- respondió poniéndose de pie.
El oficial no dijo nada, sacó el arma reglamentaria de su bolsillo y empezó a caminar hacia la cocina, lugar de origen del ruido que los había interrumpido.
Candie caminaba tras él sin saber que hacer. Cuando abriera la puerta de la cocina... todo lo que había logrado hasta ese momento se echaría a perder definitivamente.
Randy abrió la puerta y entró cuidadosamente sin dejar de apuntar con su revólver. En dirección vertical, nada sospechoso apareció ante sus ojos pero cuando giró hacia la derecha, hacia la puerta trasera, fue que los vio. Dos hombres apoyados contra la pared y con las manos sobre sus cabezas.
- ¡ Quietos! ¡ No intenten nada, de lo contrario me veré obligado a disparar!- advirtió.
Michael y Lincoln se miraron a los ojos y luego miraron a Candie que estaba de pie detrás del oficial.
- ¡Lincoln Burrows y Michael Scofield!- exclamó sonriendo con satisfacción, aquella captura lo pondría en boca de todo el mundo y quizá finalmente lograría el ascenso que había estado esperando hacía tiempo.
- Amigo, oye, ¿ por qué no bajas el arma?- dijo Lincoln bajando los brazos y tratando de distraerlo.
- ¡ No te muevas, Burrows!- indicó acercando peligrosamente el arma.
Michael hizo señas a su hermano de que obedeciera.
- ¡Nadie de la estación va a creerlo cuando les dé la noticia!- señaló jactándose de su suerte.
Acto seguido, Randy tomó el walkie-takie que colgaba de su pantalón, debía notificar a sus superiores y pedir refuerzos.
Con la emoción de lo que significaba aquella captura se olvidó por completo que Candie estaba parada detrás suyo. Fue mejor así porque no vio venir el florero de cristal que ella sostenía entre sus manos y que terminó en su cabeza. El pesado cuerpo del oficial cayó al suelo y de inmediato un hilo de sangre comenzó a brotar de su nuca.
Candie se quedó de pie mientras dejaba caer el florero de sus manos. ¡ Por Dios! ¿ Qué había hecho?.
Michael corrió hacia ella y la abrazó.
- Michael... ¿ está muerto?- preguntó quebrada en llanto.
Lincoln se acercó al cuerpo del oficial y puso su mano en el cuello para constatarse de su estado.
- Está vivo...creo que solo fue un desmayo- dijo girando el pesado cuerpo del oficial.
Michael le echó un vistazo y al parecer no había sido nada grave. Seguramente, despertaría de un momento a otro, y para entonces ellos ya no estarían allí.
Tomó el rostro de Candie entre sus manos y preguntó:
- ¿ Estás bien?-.
Candie asintió sin dejar de mirar a Randy que yacía en el suelo, inmóvil y con sangre en su cabeza.
- Michael, debemos marcharnos antes de que despierte- dijo Lincoln mirando a Candie quien estaba todavía consternada por lo que había tenido que hacer.
- Si...-contestó consciente de las consecuencias que había traído su reaparición en la vida de Candie.
Ella los miró, contrariada.
- ¿ No pensarán dejarme aquí, con semejante problema, no?- su pregunta sonaba a acusación.
Los hermanos se miraron, dejar a Candie a merced de su propia suerte, después de haberse arriesgado por ellos no les pareció justo, pero tampoco era justo que se convirtiera, en forma involuntaria en una fugitiva como ellos. No era la clase de vida que alguien como ella pudiera soportar.
- Candie... no creo que sea lo mejor- trató de explicar Michael.
- Michael... deja de decidir sobre lo que es mejor para mí... ya lo has hecho una vez y no te salió muy bien- le recordó.
Él sacudió la cabeza y buscó apoyo en su hermano, pero Lincoln no dijo nada.
- No puedo involucrarte en esto... es demasiado arriesgado que vengas con nosotros...-.
Candie lo interrumpió.
- ¡Michael... estoy involucrada en esto desde el primer momento en que apareciste en mi vida!- lo miró implorando un si como respuesta- ¡No pretendas sacarme ahora de tus planes!-.
Michael respiró hondo y se rindió, no había argumento en el mundo que rebatiera las palabras de Candie.
- ¡Está bien... vienes con nosotros, pero debemos irnos ya!-.
- ¡ No vaya a ser que tu amiguito despierte y nos encuentre todavía aquí!- dijo Lincoln en tono burlón tratando de restarle seriedad al momento.
Candie subió a su habitación, tomó una mochila y colocó algo de ropa en ella, buscó debajo de la almohada y no dudó un segundo en llevarse con ella el origami con el que Michael había irrumpido nuevamente en su vida.
Estaba a punto de salir cuando se detuvo a pensar en lo que estaba a punto de hacer. No había marcha atrás, cuando Randy despertara todo el mundo sabría que ella, Candie O’ Sullivan, una maestra de una tranquila ciudad de Mounty River se había convertido de la noche a la mañana en cómplice de dos de los hombres más buscados del país.

continuará....


















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Andrea Burrows
Posted: Apr 19 2007, 09:54 PM


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Capítulo 10


Michael conducía el sedán blanco a través de una carretera solitaria que separaba Mounty River de la ciudad de Chicago. Su hermano estaba recostado a su lado y en el asiento trasero Candie parecía dormir placidamente. La miró a través del espejo retrovisor y nuevamente la sensación de que no estaba haciendo lo correcto lo invadió. Odiaba tener que arrastrar consigo a gente inocente... gente que confiaba en él y que terminaba involucrada en sus planes aún en contra de su propia voluntad. Se suponía que Candie no debía estar allí con ellos, sino protegida en la seguridad de su hogar, la clase de vida que le esperaba junto a él y a su hermano no era lo que una jovencita como ella necesitaba, mucho menos después de que seguramente, y nuevamente gracias a él, su nombre estaría ligado a dos de los prófugos más buscados de Fox River.
Miró a Lincoln que parecía estar absorto disfrutando del paisaje de granjas y casitas pintorescas que rodeaban el camino. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y de vez en cuando se acomodaba las gafas de sol. No había dicho nada desde que habían salido huyendo de la casa de Candie dejando a aquel oficial, inconsciente en su cocina.
Michael apretó los puños en el volante y volvió a concentrarse en el camino. Seguramente Lincoln no estaba muy de acuerdo conque Candie se les uniera... lo conocía muy bien y sabía que él prefería hacer las cosas de otra manera. La presencia de Candie era una complicación para él, un asunto que se les había escapado de las manos y por el cual Lincoln le reprocharía toda la vida. Para su mala suerte, Michael se estaba acostumbrando ya a los reproches... pero todavía debía escuchar los que llegarían más hondo en su corazón. Se estremeció de tan solo sentir su nombre en su cabeza... Sara... Sara lo necesitaba y la urgencia que demandaba verla era más importante que todo lo demás, más importante que su propia libertad. No podía abandonar el estado sin hablar con ella... no podía abandonarla a ella... ella que lo había ayudado poniendo en sus manos su propia vida. No había fuerza en el mundo que lo detuviera... debía ver a Sara, después... el después no le importaba ya.

Lincoln se quitó las gafas y pasó una mano por su cabeza, todavía le costaba acostumbrarse a su nuevo corte de pelo, que llevaba desde el día en que su ejecución había sido suspendida. ¡ Había pasado tanta agua debajo del puente desde ese día!. Miró a Michael y diversas emociones se agolparon en su pecho. Sus esfuerzos por sacarlo adelante luego de la muerte de su madre y el abandono de su padre no habían sido en vano. Él había sido un hermano ausente pero que a su manera cuidaba de él, aunque para ello debiera recurrir a cosas de las que no se sentía orgulloso.
Desde niños los roles se habían invertido; Michael era el que cuidaba de él y cada vez que se metía en líos durante su adolescencia, los ojos azules y acusadores de Michael le recordaban quien era el hermano mayor. Vino a su mente entonces una frase que Michael le había dicho poco antes de ir a parar a Fox River.
“ Desearía por una vez no ser el hermano mayor de mi hermano mayor”. Se lo había dicho una mañana fría cuando lo encontró ebrio y tirado frente a la puerta de su edificio buscando las llaves para entrar. Lincoln supo en ese momento que tal vez él no había sido una buena influencia para su hermano menor. Pero todo lo que había hecho era por él y jamás se arrepentiría de eso. Solo lamentaba que Michael se creyera culpable de que terminara siendo injustamente acusado del asesinato de Terrance Steadman. Esa culpa que lo había orillado a cometer tantas locuras y no medir las consecuencias con tal de sacarlo de aquel lugar; eso era precisamente lo que admiraba de él... que a pesar de todas las vicisitudes que había padecido de niño, de las tantas noches en que debió dormir solo porque él no estaba a su lado, el lazo de sangre que los unía se fortalecía cada día más... no importaba lo que sucediera en el camino, ese vínculo no se rompería jamás. Eran hermanos y ahora que tenía la oportunidad, le demostraría a Michael que al menos por una vez en la vida, él sería ese hermano mayor que él había necesitado siempre.
Volvió a mirar el camino; no sabía hacia donde se dirigían, pero no importaba él confiaba en Michael. Ladeó un poco la cabeza y observó como Candie dormía recostada en el asiento trasero detrás de su hermano. Tenerla con ellos sería seguramente un problema que nadie había previsto, ni siquiera Michael y su mente prodigiosa; pero tenía que aceptar que su presencia no le disgustaba en absoluto. Cuando Michael se había despertado esa mañana con la intención de huir sin despedirse de ella, él no había estado de acuerdo aunque no le dijo a su hermano las verdaderas razones... que deseaba ver una vez más a Candie antes de marcharse. Era consciente que aquello no era lo mejor para una niña como ella pero no podía negar que tenerla cerca despertaba sensaciones en él, sensaciones que le recordaban que era un hombre y no sólo un número y un expediente archivado en una prisión.
Se giró un poco sobre el asiento y la miró por unos segundos. Estaba recostada sobre la ventanilla y apoyaba su mejilla contra el cristal. La expresión de su rostro indicaba que dormía sin perturbaciones; mejor así ya que no sería nada inusual que tuviese pesadillas después de lo que había hecho. ¿ Qué habría ocurrido si aquel oficial hubiese muerto?. Ni siquiera podía imaginarse las consecuencias que habría traído aquello en la vida de una muchacha frágil como ella.
Vio que apretaba la mochila que traía contra su pecho, detrás asomaban los primeros botones de su camisa, los mismos que ella había desabrochado casi inocentemente delante de sus ojos que de inocentes no tenían nada. Había adivinado sus intenciones y por eso mismo no dudó un instante cuando rozó con su mano aquella lata de galletas que cayó estrepitosamente al piso, interrumpiendo lo que sea que estaba ocurriendo en la sala con Candie y el policía. Su pequeño plan no había pasado desapercibido y aún recordaba la expresión de rabia en los ojos de Michael al descubrir que él había arrojado aquella lata con toda la intención del mundo. No pudo evitarlo y sabía que lo haría de nuevo con tal de evitar que las asquerosas manos del oficial tocaran a Candie. El resultado no fue exactamente lo que él tenía en mente pero el rumbo que habían tomado las cosas permitía que él ahora siguiera viendo a Candie y debía confesarse a sí mismo que, a pesar de que ella parecía no ser fanática de su compañía y que no perdía oportunidad de demostrárselo, él si disfrutaba de tenerla a su lado.
- Parece que estás bastante entretenido, Linc- dijo Michael de repente en voz baja temiendo despertar a Candie.
Lincoln se acomodó en el asiento quedando nuevamente de frente y se sintió como un niño que había sido atrapado en alguna travesura.
Michael sonrió ante la actitud de su hermano mayor, a él no le molestaba que Lincoln llegase a interesarse en Candie pero había alguien más que si lo haría.
- ¡ Vamos, Linc! No te pongas así... si Candie te gusta no tienes que...- no pudo terminar la frase.
- ¡Michael! ¿ Qué dices?- exclamó no sin constatar que Candie se hubiese despertado. Podía percibir que los colores subían a su cara. ¡Por Dios, era un hombre de treinta y siete años y no podía evitar sentirse como un adolescente con todas sus hormonas a flor de piel!
- ¡ Está bien, hermano, no te enojes! Es solo que, a veces sueles ser demasiado evidente... uno no es ciego y puedo percibir que...- bajó la voz aún más-... que Candie te gusta-.
Lincoln se volvió a poner las gafas no sin antes lanzarle una mirada asesina a su hermano menor.
- ¿ Por qué mejor no me dices hacia dónde vamos?- replicó Lincoln esperando desviar la atención de Michael de aquel asunto que lo incomodaba tanto.
Michael no dijo nada, sabía que lo que tenía para decirle no le agradaría.
- ¿ Y bien?- insistió.
Él tragó saliva y respiró profundo antes de dispararle su respuesta.
- Volvemos a Chicago-.
Lincoln lo tomó por el brazo, obligándolo a frenar bruscamente.
Michael aparcó el auto a un lado de la carretera y apagó el motor.
- ¿ Qué demonios haces, Linc?- reclamó Michael mientras lo miraba alterado.
- ¿ No, Michael! ¿ Que demonios haces TU? ¡No podemos volver a Chicago!- no quería gritar pero para ese entonces Candie ya había despertado, sacudida por el movimiento violento que había provocado la reacción de Lincoln hacia Michael.
La voz somnolienta de Candie interrumpió lo que parecía ser el inicio de una riña entre los hermanos.
- ¿ Qué pasa?- preguntó mientras se incorporaba y dejaba la mochila a un lado.

#

Mahone no podía evitar su ansiedad y excitación mientras era testigo privilegiado de las figuras que emanaban de Charles Patoshik. Figuras de ángeles y demonios, líneas que parecían formar parte de un laberinto... imágenes en blanco y negro que se engendraban lentamente en papeles vacíos.
La mesa de la sala de interrogaciones estaba cubierta de los dibujos que Patoshik sacaba de sus recuerdos que, afortunadamente no estaban contaminados por los delirios de su mente. Al principio no creía que aquel demente pudiera hacerlo pero conforme iban surgiendo las imágenes en el papel, se fue convenciendo. Sus ojos azules adquirían un brillo particular cuando reconocía en los dibujos detalles del plan de Michael Scofield que él mismo había descubierto cuando había estado en su departamento.
El número telefónico del local nocturno en donde trabajaba la “ esposa” de Michael, a quien él le había hecho un favor, seguramente esperando otro a cambio; Ripe Chance Woods, las palabras grabadas en el epitafio de la tumba en donde había excavado buscando algo que había ocultado previamente; los nombres de las calles que rodeaban la prisión; English Boulevard, Fitz y Percy.
Todo estaba allí... y si conocía perfectamente a Scofield sabía que existía mucho más escondido detrás de aquellos diseños.
- Buen trabajo, Haywire- dijo en tono aprobatorio pero él no lo escuchaba, su mente parecía estar perdida en aquel mundo de líneas, sombras e imágenes.
En ese momento alguien llamó a la puerta; Mahone se levantó y caminó hasta ella y la abrió. La Agente Lang estaba del otro lado y una sonrisa de satisfacción cruzaba su rostro moreno.
- Agente Lang, espero que sea importante- dijo Mahone en tono de advertencia.
- Ubicamos a Burrows y a Scofield... fueron vistos hace un par de horas en Mounty River... un oficial reportó haberse topado con ellos- dijo finalmente y fue el rostro de Mahone el que ahora se había iluminado dando paso a una sonrisa. Parecía que después de todo aquel sería su día de suerte.
- Vigilen a Patoshik, que alguien se encargue de que siga con sus dibujos... quiero cada hoja de papel sobre mi escritorio para cuando regrese- ordenó y pasó a toda prisa dejando a la Agente Lang parada frente la puerta de la sala de interrogaciones en donde Patoshik continuaba inmerso en su mundo de ángeles y demonios.
Mahone entró en su oficina y se detuvo frente al mapa, tomó las fotos de Michael Scofield y Lincoln Burrows y las cambió de lugar, ubicándolas en un pequeño punto justo en la frontera entre Illinois y Missouri.
Mounty River... ¿ qué estaría haciendo Michael Scofield allí? Él no hacía nada si no había un motivo y sabía que apenas se pusiera en contacto con la policía del lugar, descubriría sus razones.
Se quedó allí unos minutos, con las manos en la cintura y contemplando las fotos en el mapa por enésima vez.
Debía ponerse en camino, no había tiempo que perder; cada minuto que pasaba corría en su contra y a favor de Scofield y su hermano. Iría a Mounty River en persona, necesitaba ver con sus propios ojos el lugar en donde Scofield y Burrows habían estado.
Sacó el móvil del bolsillo de su chaqueta y marcó un número que ya conocía de memoria.
- Los hemos localizado... estoy saliendo en este momento para allá... - se pasó la mano que tenía libre por detrás de la nuca-... el cerco está empezando a cerrarse-.
#

La pregunta de Candie no recibió respuesta y solo era testigo de las miradas de ira que Michael y Lincoln intercambiaban.
- Lincoln, es mejor que bajemos y hablemos en privado- dijo finalmente Michael mientras desviaba los ojos de su hermano para posarlos en Candie.
Lincoln hizo lo mismo y supo que sería mejor que continuaran con su conversación fuera del auto. Ella no tenía por que presenciar una discusión entre ellos.
- Está bien, bajemos- dijo Lincoln y en un segundo Candie se encontró sola en el interior del auto viendo como se alejaban y se detenían debajo de un árbol, a la vera del camino.
Candie podía parecer ingenua pero no tenía un pelo de tonta y si Michael había decidido que no escuchara lo que ellos tenían para decirse era porque seguramente estarían hablando de ella.

- ¡ Michael, es una locura y lo sabes!- reclamó Lincoln clavando los ojos en los de su hermano.
Michael se giró y le dio la espalda.
- Tengo que hacerlo, Linc... y lo haré con o sin ti- declaró con la mirada perdida en el horizonte.
Lincoln se recostó contra el árbol y dobló una de sus piernas apoyando el taco de su bota de cuero contra la gruesa corteza del tronco.
- Hermano, recapacita... no eches todo tu plan por una calentura-.
Michael se dio vuelta y lo miró con rabia.
- ¡ No hables de lo que no sabes, Lincoln!- advirtió levantando el dedo índice de su mano izquierda.
Lincoln esbozó una sonrisa socarrona y se acercó.
- ¡ Vamos, Michael, debes dejar que sea tu cabeza la que te aconseje!- dijo mientras lo tomaba por los hombros.
- ¡ Suéltame, Linc!- gritó mientras se separaba de su hermano que seguía mirándolo desconcertado- Tú... tú no entiendes... -.
- ¿ Qué es lo que tengo que entender, Michael?- preguntó levantando las manos dejándolas caer nuevamente. ¡Dios, que falta le hacía un cigarrillo!
Michael entrecerró los ojos y pasó ambas manos por su cabeza.
- La amo, Linc... amo a Sara- susurró.
Lincoln miró los ojos azules de Michael que irradiaban un brillo especial al nombrar a Sara y en ese instante comprendió que nada ni nadie podría impedir que cometiera la locura de buscarla; mucho menos él. Michael parecía amar a Sara más que a su propia vida y le dolió reconocer que había tenido razón en exigirle que no hablara de lo que no sabía. Él nunca había amado así, tan intensamente que dolía en el alma; ni siquiera a Verónica y mucho menos a Lisa, con la que solo lo unía el hecho de haber tenido un hijo. Él había amado a su manera y no se parecía en nada al amor que Michael sentía por la doctora Tancredi. Reconoció que, al menos por una vez, le gustaría experimentar esa clase de sentimientos y amar a alguien sin egoísmos ni razones.
Su hermano estaba decidido y sería inútil tratar de detenerlo.
- Está bien, Michael... sabes que creo que es una locura pero lo harás de todos modos...-.
Michael sintió.
- Sabes que el lugar estará lleno de periodistas y policías- le recordó aunque aquello tampoco lo detendría.
- Lo sé, Linc... por eso es mejor que sea yo solamente el que corra ese riesgo...-.
- ¡ De ningún modo, Michael!- dijo Lincoln negando con la cabeza- ¡No te voy a dejar solo ahora cuando más me necesitas!-.
Ambos se sonrieron y se fundieron en un abrazo. No sabía lo que les esperaba pero al menos lo afrontarían juntos.

#

Intentó abrir sus ojos café, pero los párpados caían pesadamente sobre ellos. Finalmente logró abrirlos un poco y la luz que penetraba a través de la ventana la encegueció. Apartó la mirada y no reconoció en donde estaba. Con la visión todavía nublada por el efecto de la anestesia, recorrió el lugar y entonces descubrió que estaba en un cuarto de hospital. Vio que de su brazo salían cables y censores que llegaban hasta un monitor ubicado al lado de su cama. Quiso mover su brazo pero un dolor punzante la hizo desistir de inmediato; entonces los últimos momentos de su vida aparecieron en su mente como imágenes de una película. Michael, la fuga, los medios hablando de ella, el paseo por la orilla del río, la soledad de su departamento, la angustia que le aplastaba el alma, la heroína, las agujas... la decisión de hacerlo y el momento en que todo desapareció.
Lágrimas amargas brotaban de sus ojos, lágrimas que, esperaba barrieran con la pena y la sensación de vacío que le oprimía el pecho.
Miró hacia un lado, un gran arreglo floral descansaba sobre una mesita de madera blanca. Su padre había hecho acto de presencia a su manera... estaba ya acostumbrada a aquellos enormes y costosos ramos de flores que le enviaba en cada cumpleaños junto con una tarjeta en donde le decía que sus compromisos como gobernador le impedían estar con ella. Pero hoy no era su cumpleaños y aquellas malditas flores no le servían de nada. Ella necesitaba a su padre, quien volvía nuevamente a ausentarse de su vida. Necesitaba un abrazo, una palabra de aliento que la ayudara a enfrentar lo que le esperaba cuando saliera de allí; necesitaba ahogar los remordimientos y la culpa que no la dejaban en paz... pero sobre todo necesitaba que Michael viniese por ella, la tomara entre sus brazos y le prometiera que había un modo para arreglar todo aquello.

#




Lincoln estacionó el auto en una gasolinera, en uno de los suburbios de Chicago. Debían ser más cuidadosos ahora pues se encontraban en territorio enemigo, ya era demasiado el riesgo que Michael correría en su afán de ver a Sara.
El empleado se acercó a la ventanilla del acompañante. Michael bajó la visera de su gorra de béisbol y le entregó un billete de veinte dólares al muchacho.
- Llénalo y quédate con el cambio- dijo sin mirarlo siquiera.
- ¡ Michael, muero por un cigarrillo!- exclamó Lincoln echando un vistazo a la pequeña tienda que se encontraba junto a la gasolinera.
- Creí que lo habías dejado mientras estabas en prisión- respondió Michael.
- Así es, pero después de la fuga y con toda esta tensión...-.
- Tengo hambre- soltó Candie de repente desde su lugar.
Michael sabía que perdería, eran dos contra uno y además él estaba hambriento también.
- Okay, pero debemos tener cuidado...-
Candie lo interrumpió.
- Yo iré-.
Ambos la miraron y no tuvieron más remedio que aceptar. De los tres, ella era indudablemente, la que menos se expondría, aunque no sabían por cuanto tiempo más duraría esa situación. Seguramente no tardaría mucho en aparecer su rostro en todos los medios y se volvería tan vulnerable como ellos.
Michael le entregó un poco de dinero y cuando ella lo tomó, él le sujetó la mano.
- Prométeme que te vas a cuidar y que no harás nada que te ponga en evidencia, Candie-.
Ella miró sus ojos azules que parecían suplicarle que volviera sana y salva.
- No soy una niña- respondió mirando a ambos- Además sé cuidarme muy bien- añadió sonriendo con prepotencia.
- Lo sabemos, Candie- dijo Lincoln mirándola a través de sus gafas oscuras.
Candie guardó el dinero en el bolsillo de su camisa y dirigió una mirada fugaz a Lincoln antes de bajar.
- No voy a estar tranquilo hasta que la vea regresar, Linc- comentó Michael preocupado.
- Ni yo, hermanito, ni yo- concordó mientras seguía la figura de Candie que se alejaba del auto caminando tranquilamente.

#


continuará......

























































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Andrea Burrows
Posted: Apr 26 2007, 10:21 PM


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Capítulo 11


Mahone atravesó los pasillos del hospital de Mounty River a toda prisa. Necesitaba hablar con el oficial que se había enfrentado a Scofield y a Burrows... necesitaba atar diversos cabos sueltos y saber de una vez por todas que había hecho a Michael Scofield buscar refugio en aquel pueblo.
Se detuvo ante la habitación 36 y dio unos golpes a la puerta.
- Adelante- respondió una voz masculina desde el otro lado.
Mahone no se hizo esperar y entró de inmediato; caminó hacia la cama y extendió su placa.
- Soy el Agente Federal Alexander Mahone y soy el encargado de la búsqueda y captura de los prófugos de Fox River- le informó mientras volvía a guardar su identificación en el bolsillo de su chaqueta.
Randy se incorporó y lanzó un grito de dolor cuando lo hizo. Pasó su mano por detrás de su cabeza y volvió a mirar al agente del FBI.
- Quisiera que me diera los detalles de su encuentro con Burrows y Scofield- dijo mientras acercaba una silla y se sentaba.
- En realidad fue por mera casualidad... yo estaba de visita en casa de una amiga y... ¡ bingo, allí estaban esos dos escondidos en su cocina!- la expresión en su rostro le demostró a Mahone que aquel infortunado oficial se había sorprendido de verdad.
- ¿ Qué sucedió exactamente?-.
Randy se cruzó de brazos y se tomó un par de segundos para responder.
- Como le dije... había ido a ver a Candie porque Brenda, mi prima, quien además es su mejor amiga, me había comentado que estaba extraña y que había reaccionado de manera sospechosa al ver en la televisión la noticia de la fuga...-
Mahone lo interrumpió.
- Candie... ¿ quién es Candie?- preguntó con sumo interés, sentía que en aquella joven podría estar la clave para descubrir los próximos pasos de Scofield.
Randy esbozó una sonrisa y le señaló las vendas que cubrían la parte trasera de su cabeza.
- Candie es la responsable de esto- le indicó.
Mahone miraba la herida del oficial pero no era eso lo que le importaba ahora.
- Hábleme de Candie... ¿ cuál es su apellido?-.
- O’ Sullivan, su nombre es Candie O’Sullivan-.
Mahone sacó una pequeña libreta negra del bolsillo de su camisa e hizo unas anotaciones.
- Continúe por favor... – pidió.
Las hojas en blanco de aquella libreta se iban llenando a medida que el oficial le relataba lo sucedido y Mahone sentía que del mismo modo, los huecos en su investigación comenzaban a taparse lentamente.

#


Candie se encontraba ya dentro de la tienda. Era un lugar bastante grande y con mucha gente yendo de un lado a otro; gente que no se detenía a mirar a quien pasaba a su lado. Se sintió tranquila, al parecer no llamaría la atención, solo debía realizar su compra y marcharse de allí lo antes posible.
Empezó a recorrer las diferentes secciones y en unos minutos tenía en el canasto todo lo que necesitaba. Estaba caminando hacía la caja registradora cuando recordó los cigarrillos para Lincoln.
“ ¡Maldición!” pensó. ¡ Ni siquiera sabía que marca de cigarrillos fumaba!.
Se dirigió al empleado que se encontraba detrás el mostrador leyendo un periódico.
- Disculpa... necesito comprar una caja de cigarrillos...-.
El joven levantó la vista y la observó.
- Seguro... ¿ cuáles prefieres?- le preguntó dejando abierta la página del periódico.
Candie lanzó una mirada y notó que estaba leyendo sobre la fuga, podía distinguir las fotos de Michael y Lincoln impresas a pie de página.
Lo miró, no sabía que decirle.
- ¡En realidad no son para mí y ni siquiera sé cuales son los que tengo que comprar!- le dijo tratando de ocultar sus nervios.
- ¿ Son para tu novio? ¿ No sabes que marca prefiere?-.
Candie sonrió y solo dijo lo primero que le vino a la mente.
- ¿ Tú fumas? ¿Porque no me recomiendas tú cuales puedo comprar?-.
El empleado la miró extrañado, era la primera vez que alguien le pedía algo así.
- Bien... espera un momento- respondió y recorrió el trecho hasta la vidriera de los cigarrillos y golosinas.
- ¡Tráeme también unos dulces de menta!- le gritó.
Cuando el empleado se alejó lo suficiente, Candie tomó el periódico y leyó ansiosamente la noticia.
“ Lincoln Burrows y Michael Scofield fueron vistos esta mañana en Mounty River, en la frontera entre Illinois y Missouri. Según informes de la policía del lugar, huyeron en compañía de una joven de la cual todavía no se ha dado a conocer la identidad”
Todavía nadie mencionaba su nombre, al menos eso la tranquilizó un poco. No se dio cuenta cuando el empleado regresó con los cigarrillos y los caramelos de menta.
- Todo el mundo habla de la fuga- dijo- ¡No es para menos... uno de los que escapó era el asesino del hermano de la vicepresidenta Reynolds!- exclamó con morbo.
Candie no dijo nada, soltó de inmediato el periódico y tomó la bolsa de papel que el joven le entregaba.
- Son 12 dólares-.
Ella le entregó el dinero.
- Quédate con el cambio- dijo y se marchó.
Caminó unos metros y se volvió.
- ¿Podrías decirme donde se encuentra el baño?-.
- Claro... sales por la puerta lateral y a tu derecha lo encontrarás- indicó mientras guardaba el dinero en la caja registradora.
- Gracias-.
Candie salió por la puerta y en unos segundos estaba dentro del baño.
Dejó las bolsas sobre el lavabo de mármol y se miró al espejo.
¿ Qué estaba haciendo? ¡En ese mismo momento debería estar en el salón de clases con sus alumnos y no huyendo como una delincuente!
Sintió una opresión en el pecho al recordar a sus niños... los había abandonado, ni siquiera una llamada telefónica a la escuela que justificara su ausencia... ¿ pero que podría decirles?. Los iba a extrañar... a cada uno de ellos... extrañaría también su vida, la seguridad de su casa, el sosiego de no tener que ocultar nada a nadie... todo eso se había evaporado en el mismo momento que Michael reapareció en su vida como un fantasma al que ella ya había dejado en el olvido... al menos era lo que ella creía... ahora su destino había cambiado para siempre y no había marcha atrás.
Por un segundo un pensamiento cruzó por su mente... ¿ y si iba a la policía y les contaba todo? Podía ponerle fin a aquel tormento con solo una llamada de teléfono... una llamada de teléfono que de algún modo reivindicaría a aquella que había hecho meses atrás para que Michael fuera encarcelado.
Distintos sentimientos se agolparon dentro suyo... el miedo a no saber lo que le esperaba estaba haciendo estragos en ella... podría acabar con todo en tan solo unos instantes... después de todo Michael ya no la amaba, si la había buscado había sido solamente para aliviar sus culpas y buscar refugio en su casa y después estaba Lincoln... aquel hombre que había despreciado desde la primera vez que Michael le había hablado de él y que de alguna manera, desconocida para ella, lograba alterarla con su sola presencia.
Pensó en Randy, tirado en su cocina con la sangre emanando de su cabeza. ¿ Qué hubiese sucedido si Randy terminaba muerto? La sola idea le erizaba la piel... Ahora también la buscaban a ella y probablemente no saldría muy bien parada de todo aquello.
Abrió el grifo y se mojó el rostro con agua fría. Sintió un poco de alivio, pero no fue suficiente.
En ese momento recordó el amor que una vez había sentido por Michael y supo entonces que jamás se atrevería a hacerlo. Ella no era quien para decidir su futuro y el de su hermano. Seguiría con ellos, no sabía hasta cuando, pero no los abandonaría ahora y mucho menos, traicionaría la confianza que habían depositado en ella.
Se secó el rostro, tomó las bolsas y antes de salir respiró hondo. Abrió la puerta de aluminio gris y apenas puso un pie en el exterior alguien la sujetó por la cintura arrojándola al suelo.

#

T-Bag llevaba más de dos horas estacionado junto a la acera. Tenía sus ojos clavados en la casa de enfrente. Recorrió con la mirada perdida los escalones que tantas veces había subido en compañía de Susan y sus hijos, Gracie y Zack, años antes de terminar en una sucia celda en Fox River.
En el tiempo que llevaba allí, nadie había entrado ni salido de la casa. Las ventanas permanecían cerradas y las luces del porche estaban apagadas.
Un hombre que venía caminando por la acera cargando un enorme cartel llamó su atención. Siguió cada uno de sus movimientos, sobre todo cuando comprobó que se dirigía precisamente allí.
Esperó que ella apareciera por la puerta para darla la bienvenida a la que parecía ser su nueva conquista... se vio a sí mismo recorriendo aquel pequeño sendero de grava rodeado de flores y no pudo evitar que sus ojos fríos se humedecieran.
Pero nadie salió a recibir a aquel sujeto... ni siquiera llamó a la puerta, simplemente se detuvo frente la casa y colocó el cartel que cargaba consigo.
“ Se vende”.
T-Bag esbozó una amarga sonrisa... ya no la encontraría allí... su Susan se había mudado, había puesto nuevamente entre ellos aquella distancia que le carcomía el alma... sin embargo él necesitaba encontrarla; aunque le llevara toda la vida hacerlo.
Ahora había otro asunto pendiente al que debía prestarle atención... los cinco millones que Westmoreland había escondido en algún rancho perdido en Utah. Después podría dedicarle todo el tiempo del mundo a buscarla... aunque ya no supiera el camino que lo llevaría hasta el umbral de su casa...
#

Candie no había tenido tiempo de reaccionar, solo sabía que se hallaba en el suelo y que alguien estaba encima de ella aprisionando su cintura fuertemente y con la otra mano cubriendo su boca para evitar que gritara.
Trató de moverse, pero fue inútil, sus fuerzas no respondían, finalmente se cansó y dejó de luchar.
De repente, la persona que la estaba sujetando hizo un movimiento rápido y la hizo girar por debajo de su propio cuerpo.
- Prométeme que si quito mi mano no gritarás-.
Candie asintió.
- ¿ Qué demonios haces, Lincoln?- increpó mientras él retiraba la mano de su boca y la colocaba ahora contra el piso.
Lincoln la miró con ojos amenazadores.
- ¡Dijiste que no gritarías, niña!-.
Candie estaba furiosa, no sabía lo que estaba sucediendo pero oír que él la llamaba “ niña” no ayudaba en nada a mejorar la situación.
Ella sentía todo el peso del cuerpo de Lincoln sobre el suyo, se sentía atrapada debajo de él. Quería liberarse pero cuando más lo intentaba menos lograba su objetivo, cada movimiento que hacía era inútil.
- ¡ Maldición, Lincoln! ¿ Podrías explicarme que significa todo esto?- Candie sentía como su propia respiración se agitaba cada vez más, quería pensar que se debía al esfuerzo por tratar de liberarse y no por otro motivo.
Él la miró a los ojos, realmente estaba enfurecida pero a él aquella situación sólo le causaba gracia.
- Cuando saliste de la tienda, Michael y yo vimos que una patrulla con dos oficiales se detuvo del otro lado... tu no la habrías visto cuando salieras del baño- hizo una pausa para acomodarse mejor sobre el pequeño cuerpo de Candie que había dejado de luchar-... cuando entraron a la tienda decidí venir a buscarte... no sabemos todavía lo que la policía sabe de ti- dijo tratando de que ella entendiera el porque de aquel asalto sin previo aviso.
Candie entonces comprendió porque Lincoln Burrows había saltado sobre ella arrojándola al suelo.
Su boca estaba apenas a unos centímetros de su rostro y podía sentir como cada músculo de su cuerpo se amoldaba al suyo. Sus piernas permanecían entrelazadas y el brazo que rodeaba su cintura rozaba uno de sus senos. Por un instante Candie sintió que un calor intenso subía por su cuello y el único pensamiento que venía a su mente era que debía escapar de allí inmediatamente... Candie comprendía que la cercanía de Lincoln Burrows podía ser más peligrosa que la presencia de la fuerza policial.
- ¡Lincoln, suéltame!- ordenó.
Él se movió unos centímetros y Candie creyó que finalmente la soltaría pero se equivocó. Solo colocó su otra mano debajo de ella apoyándola casi en sus caderas, levantándola un poco.
- ¿ Estás segura?- le preguntó mientras bajaba la mirada hasta su pecho que respiraba agitadamente.

Candie abrió sus enormes ojos verdes. ¡No podía creer lo que estaba oyendo! ¿Qué se estaba creyendo Lincoln Burrows al hacerle semejante comentario?.
Trató de apartarlo un poco y colocó ambas manos sobre su pecho queriendo empujarlo hacia arriba; sus manos se apoyaban con fuerza y Candie podía sentir su piel tibia debajo de la fina tela de la camisa, el corazón agitado de Lincoln se movía debajo de sus dedos que seguían chocando una y mil veces contra su pecho.
Candie observó la respuesta de Lincoln a aquel contacto cuando él entrecerró sus ojos por un instante. Ella retiró inmediatamente las manos, sentía que su piel ardía debajo de la camisa y que su propia piel estaba reaccionando de la misma manera.
Lincoln abrió nuevamente los ojos, desaprobando su actitud.
Por unos segundos sus ojos volvieron a cruzarse y Candie vio que Lincoln Burrows la miraba con deseo... y estaba convencida que él veía lo mismo en los suyos.
-¡ Lincoln... suéltame!- le suplicó cerrando los ojos y lanzando un respiro profundo.
Lincoln se estaba debatiendo entre dos aguas... por un lado quería soltarla y terminar con aquella situación, pero por el otro, se moría de ganas de estrecharla contra su cuerpo hasta que no quedara espacio entre ellos y besar aquellos labios que solo sabían rogarle que la dejara en paz. ¡ Por Dios! ¡Aquella niña sabía como sacar de quicio a un hombre como él! Y lo peor de todo es que lo hacía inconscientemente y él, con toda su experiencia, sabía captar perfectamente las señales que ella le mandaba aún sin desearlo.
Comprendió que debía dejar que el buen juicio actuara esta vez. Candie era una niña y no tenía nada que hacer con un hombre como él.
Se levantó, se sacudió el polvo de los jeans lavados que llevaba y tendió su mando derecha.
- Vamos... Michael debe estar esperándonos- le dijo en tono formal, debía volver a ser el Lincoln Burrows que no mostraba sus sentimientos una vez más.
Candie rechazó su ayuda y se levantó del suelo sin su ayuda. Acomodó su ropa, sacando también un poco de polvo y echó un vistazo alrededor. Las bolsas con las compras habían terminado a un lado de la puerta y las cosas se habían desparramado sobre la hierba. Fue hasta allá y Lincoln la siguió. Se agacharon y empezaron a guardar todo nuevamente en las bolsas. Sus manos se tocaron cuando ambos tomaron el paquete de cigarrillos.
- No... no sabía cuál marca era la que fumabas... - balbuceó Candie soltando el paquete.
Él leyó la etiqueta y pareció estar satisfecho.
- Están perfectos- respondió metiendo los cigarrillos en el bolsillo trasero de sus pantalones.
Se levantaron y Lincoln le indicó con la cabeza que él se encargaría de cargar las bolsas.
- Déjame echar un vistazo primero- mencionó Candie antes de abandonar el lugar.
Lincoln asintió.
Candie hizo unos pasos y se asomó detrás de la pared de ladrillos; no había rastros de la patrulla policial por ninguna parte.
- Vía libre, Lincoln... podemos irnos-.

Cuando finalmente llegaron al auto Michael parecía estar más que frenético.
- ¡ Por Dios, Linc! ¿ Dónde se habían metido?- preguntó mientras encendía el motor.
Lincoln le lanzó una mirada a su hermano menor.
- ¿Si te digo que jugando al gato y al ratón me creerías?-.
Michael lo miró contrariado. No sabía exactamente de que demonios estaba hablando su hermano pero sin lugar a dudas tenía que ver con Candie, quien se encontraba en el asiento trasero, con los brazos cruzados y una expresión de incertidumbre que enmarcaba su bello rostro.
Dirigió su atención al camino y no pudo evitar sonreírse. Definitivamente algo estaba pasando entre Lincoln y Candie y él se encargaría de que algo bueno saliera de aquello, después de todo... idear planes y estrategias siempre habían sido su mejor carta a la hora de lograr sus objetivos.

#

El teléfono móvil vibraba dentro de su chaqueta. Mahone odiaba responder cuando conducía, sobre todo si quería llegar cuanto antes a destino.
Debía responder, era Pamela, su ex mujer la que parecía insistir en hablar con él.
- Pam... ¿qué sucede?- preguntó preocupado, era extraño que ella lo llamara y si lo hacía era porque algo no andaba bien.
- Alex... te llamo porque mañana es la final del torneo de béisbol y Cameron cuenta con tu presencia...- la voz de su mujer denotaba tristeza y él sabía por qué.
- Pam... sabes que mi trabajo me quita mucho tiempo, ahora mismo estoy en medio de algo muy importante...-.
Ella lo interrumpió.
- Alex... nada es más importante que tu hijo... no vuelvas a romperle el corazón por enésima vez...- le recordó.
Mahone lanzó un suspiro, no quería fallarle a su hijo pero tampoco podía perder tiempo en cosas que no contribuyeran a su investigación.
- Escucha Pam... dile a Cameron que haré todo lo posible para estar allí mañana- dijo a modo de promesa, una promesa que sabía que tal vez no cumpliría.
- Viniendo de ti, Alex, eso es un no...- respondió Pam con resignación.
- Lo siento...- fue su única respuesta.
El chasquido que provenía del otro lado de la línea fue como una puerta que se cerraba para él. Una puerta que lo separaba cada vez más de su vida y de su hijo. Cuando todo aquello finalmente acabara, él volvería a ser el padre que Cameron se merecía, ahora era tan solo un hombre a la mitad...un hombre que debía aprender a convivir con su pasado y espantar los fantasmas que se empeñaban en atormentarlo.
Y era consciente que lo lograría el día que Lincoln Burrows y Michael Scofield cayeran en sus manos.

#

Sara volvió a abrir los ojos, esta vez el efecto de la anestesia había desaparecido y su mente parecía estar más lúcida. Observó por la ventana, el día estaba llegando a su fin y la ciudad de Chicago se preparaba nuevamente para enfrentar una fresca noche de primavera. La habitación estaba en penumbras y las flores que su padre le había mandado empezaban ya a marchitarse.
De repente y casi por instinto supo que ya no estaba sola, una sombra se movía junto a la puerta que daba al cuarto de baño.
-¿ Quién está ahí?- pregunto mientras trataba de incorporarse buscando con afano el interruptor de la lámpara de mesa.
- No enciendas la luz, Sara-.
El corazón de Sara se detuvo por un momento... reconocería aquella voz, aún entre miles. Con las manos temblorosas, todavía por la impresión de oír su voz, intentó levantarse.
Entonces él se acercó y su rostro pareció asomarse a la luz que provenía de la ventana. Sara volvió a reflejarse en aquellos ojos azules y nuevamente comenzó a sentir que todo su cuerpo se debilitaba bajo aquella mirada profunda.
- Michael... ¿ qué haces aquí?- preguntó temiendo su respuesta.
Él se sentó sobre la cama y entonces Sara notó que en su mano sostenía un barbijo médico y una gorra, de las que usan los cirujanos.
- Debí camuflarme para venir hasta aquí, Sara- dijo él esbozando una sonrisa.
- De ahora en adelante será siempre así, ¿ verdad?- ella le devolvió la sonrisa.
El no dijo nada, simplemente asintió entrecerrando sus ojos.
- Michael... no debiste arriesgarte...-.
Él apoyó su dedo índice sobre los labios húmedos de Sara impidiendo que ella siguiera hablando.
- Necesitaba verte, Sara... no me importó el riesgo que eso significaba-.
Ella acercó su mano a la suya que seguía todavía sobre su boca, y cuando sus manos finalmente se unieron Michael supo que ella lo amaba, que los errores del pasado podían quedar definitivamente enterrados y que nada podría interponerse ya entre ellos.
- Necesitamos hablar, Michael- dijo ella apretando su mano.
Aquel contacto hizo que el corazón de Michael empezara a latir aceleradamente. Quería explicarle todo ya pero aquel no era el lugar ni el momento para hacerlo.
- Sí, Sara... sé que no tengo derecho a pedirte esto pero... ¿ vendrías conmigo?-.
Ella lo miró y por un instante creyó que estaba loco. Su petición la había tomado por sorpresa.
-¿ Te refieres a ahora?-.
- Ya mismo- respondió más seguro que nunca con lo que estaba diciendo.
-No... no lo sé...- titubeó.
- Veamos... tú eres la doctora... ¿ crees que en tus condiciones podrías abandonar el hospital?- preguntó mientras levantaba una de sus cejas.
Sara sabía que lo que Michael le estaba pidiendo era una locura, ella no se encontraba al cien por cien de su recuperación pero también sabía que su estado no era grave ni mucho menos. Debía decidir de inmediato, Michael no contaba con demasiado tiempo... sabía que sería difícil enfrentar lo que venía pero si estaba con él, todo sería más fácil. Debía reconocer que lo necesitaba, que necesitaba que él estuviera a su lado, no importaba el modo ni el lugar, si le decía que no se arrepentiría toda su vida. Ya habría tiempo después para aclarar todo lo ocurrido, lo urgente era salir de allí y evitar que Michael fuera atrapado.
- Está bien, Michael... no sé si es lo correcto pero me iré contigo...-.
El rostro de Michael se iluminó con una sonrisa que borró cualquier preocupación.
- Perfecto, Sara... si nos vamos debemos hacerlo ya-.
Ambos sabían que salir de allí no sería tarea sencilla y cuando el picaporte de la puerta giró y una sombra se dibujó en la pared, sus corazones volvieron a detenerse.

continuará.......













































































































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Andrea Burrows
Posted: May 5 2007, 08:38 PM


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Alguien lee mi fan fic??????? jeje porque parece que posteo pero nadie lo lee... en fin acá dejo el capi 12

Capítulo 12


- ¿ Qué puede decirme de la señorita Candie O’Sullivan?- preguntó Mahone a una de las maestras de la escuela primaria de Mounty River.
La señora Reynolds, entrada ya en los sesenta años observó atentamente a aquel hombre, impecablemente vestido con un traje oscuro y con el rostro impasible que hacía unos instantes le había mostrado su placa de agente del FBI.
- En realidad no entiendo lo que un hombre como usted pueda querer de una jovencita como Candie- explicó sin disimular su asombro- ¿Acaso le ha ocurrido algo? Esta mañana no vino a trabajar y todos aquí nos preocupamos, Candie es una muchacha responsable y jamás había faltado antes... mucho menos sin avisar...-.
Mahone miró a aquella mujer con un poco de fastidio, seguramente era de las típicas señoras mayores que cuando empezaban a hablar no paraban.
- Señora Reynolds, estoy aquí para recabar toda la información posible sobre la señorita O’Sullivan... no puedo revelar los detalles de mi investigación pero le agradecería que me dijera todo lo que sabe de ella- le pidió fingiendo una sonrisa afable.
La maestra se acomodó las gafas sobre el puente de su nariz y empezó a mover la cabeza de un lado a otro.
- No sé exactamente que es lo que quiere usted saber... Candie es una muchacha de pueblo, sencilla, amorosa con sus niños y que jamás se ha metido en problemas- seguía sin entender porque el FBI le estaba haciendo aquellas preguntas.
- Veamos...- dijo Mahone sin perder la paciencia- ¿En estos últimos días no notó algo diferente en ella?-.
La señora Reynolds entrecerró los ojos, haciendo un esfuerzo por recordar.
- Pues... la verdad que sí noté que estaba más nerviosa de lo normal, sobretodo después de la visita que recibió- respondió esperando que aquello fuera lo que aquel hombre deseaba saber.
- ¿ Una visita... aquí en la escuela?- Mahone empezaba a creer que aquella conversación empezaba a dar sus frutos.
- Sí... un joven, que por cierto era muy guapo vino a verla hace un par de días...cuando le pregunté quien era ella me dijo que era un primo suyo -.
Una sonrisa de satisfacción iluminó el rostro imperturbable de Mahone.
- ¿ Se parecía a este hombre?- preguntó mientras le mostraba una fotografía que sacó de su libreta de anotaciones.
La mujer tomó la fotografía y la acercó para verla mejor.
- No sé... él joven que vino aquí llevaba una gorra de béisbol que le cubría casi todo el rostro... no podría asegurarle que se trate de la misma persona- dijo finalmente.
Mahone guardó la fotografía, la respuesta que había recibido era más que suficiente, el hombre que había venido a ver a Candie O’Sullivan ocultaba su rostro, definitivamente se trataba de Michael Scofield.
- ¿ Alguien más lo vio?-.
-Uno de los niños; fue él que le avisó a Candie- respondió con seguridad.
- ¿ Podría hablar con él?-.
- Por supuesto- se levantó de la silla y se quitó las gafas- Iré a buscarlo, espere aquí-.
Mahone se puso de pie y caminó hacia la ventana que daba al patio, un par de días atrás el propio Scofield había estado allí, le llevaba ventaja, pero él sentía que esa ventaja se estaba acortando lentamente. Algún día Michael Scofield cometería un error, estaba seguro de ello.
Una voz chillona a sus espaldas lo sacó de sus pensamientos.
- Hola-.
Se dio vuelta y se enfrentó con un niño de unos siete años, regordete y que lo miraba con sus enormes ojos negros.
- Agente Mahone, este es Joshua- dijo la señora Reynolds sosteniendo al pequeño por los hombros.
Mahone se arrodilló para estar a la altura del niño.
- Hola, Joshua-.
- Todos me llaman Josh- respondió con una sonrisa.
- Okay, Josh... estoy aquí para hablar contigo...-.
- ¿ Eres policía?- preguntó observándolo de arriba abajo.
Mahone esbozó una sonrisa, algo que no era muy habitual en él, sobre todo en los últimos tiempos.
- No, Josh... soy un agente del FBI...¿ sabes lo qué es eso?-.
El niño negó con la cabeza.
- Soy como un policía pero sin uniforme- respondió. Aquel niño le recordaba mucho a Cameron, tenían casi la misma edad y la misma mirada de curiosidad que parecía no apartarse jamás de sus rostros.
- La señora Reynolds me dijo que usted quiere saber una cosa de la señorita Candie...-.
- Así es, Josh... sabemos que ella no ha venido a trabajar hoy y que en estos días vino un amigo a visitarla- trató de ser lo más claro posible, no era muy experto a la hora de hablar con niños... en ese momento deseó haberlo hecho más a menudo con su propio hijo.
- Sí... el señor del pájaro de papel- respondió Joshua encantado con la situación.
- ¿ Pájaro de papel? ¿ A qué te refieres, Josh?-
- Ese señor me dio un pájaro de papel para que se lo entregara a la señorita Candie... luego ella fue a hablar con él-.
Mahone asintió.
- Entiendo...- se levantó y acarició la cabeza del pequeño- Gracias por tu ayuda, Josh... tu colaboración será muy apreciada por el FBI- agregó alimentando las fantasías que rondaban en la cabeza del niño. Él lo había sido también y sabía que aquellas cosas podían fascinar a cualquier niño.
- ¿ La señorita Candie está bien, verdad?- preguntó Joshua cruzándose de brazos.
- Sí, Josh, no te preocupes- dijo. Se notaba que aquel niño adoraba a su maestra, pero él no podía decirle lo que estaba sucediendo en verdad, ni siquiera a la señora Reynolds que los miraba con atención a unos metros de distancia.
- Señora Reynolds... gracias por haberme atendido- saludó extendiendo su mano y mirando a Joshua- Hablaré de ti en la oficina, Josh- dijo guiñándole el ojo.
- ¿ Usted cree que podría ser un “ agente especial” algún día?- su carita estaba iluminada.
- No lo dudo, hijo, no lo dudo-.
Abandonó la escuela a toda prisa, hubiera querido averiguar más, pero eso implicaba tal vez hablar más de la cuenta y en aquel momento no valía la pena alarmar a nadie. Ya se encargaría la prensa de hacerlo cuando conocieran finalmente la identidad de la joven que huía con Scofield y Burrows.
“ Candie... ¿quién eres en realidad?” Se preguntó mientras encendía el motor de su auto. Tal vez hacer una visita a su casa le diera alguna respuesta.

#


- Michael... deben marcharse ahora mismo, el guardia ha ido por una taza de café... no tarda en regresar-.
Michael se levantó de la cama y tomó a Sara del brazo, no había tiempo que perder.
Sara dudó un instante, todavía no entendía bien lo que estaba pasando allí. Aquella enfermera, entrando así y alertándolos para que huyeran...el guardia que no se separaba de su puerta y que estaba a punto de regresar... Michael que la miraba con aquellos ojos azules que le suplicaban que se marchara con él.
- Sara... debemos irnos-.
Candie estaba de pie junto a la puerta, ataviada con un uniforme de enfermera siendo testigo de cómo Michael intentaba huir con la mujer que amaba de aquel lugar.
Sara finalmente salió de la cama y al ponerse de pie un mareo traicionó su estabilidad.
Michael la sostuvo por la cintura.
- ¿ Estás bien?-.
Ella asintió entrecerrando los ojos.
- Michael, creo que lo mejor será que Sara salga conmigo de aquí- Candie interrumpió mientras abría la puerta un poco más y empujaba una silla de ruedas hacia el interior de la habitación.
Él la miró y volvió a clavar sus ojos en los ojos marrones de Sara que parecían exigir una respuesta de quien era aquella mujer.
- Sara... Candie tiene razón-.
Al menos ahora sabía su nombre.
- Saldremos con calma y si el guardia pregunta algo le diré que la estoy llevando a realizarse unos exámenes- agregó Candie.
Sara miraba a ambos. Sabía que no le quedaba otra salida, ya tendría tiempo suficiente después de averiguar quién era la tal Candie. Eso, si no la atrapaban en su intento de fuga.
- Michael... tu deberías salir primero, antes de que el guardia regrese- indicó Candie quien no se había movido de la puerta.
Michael asintió nervioso, no le gustaba dejar aquella tarea riesgosa en manos de Candie pero debía reconocer que sería más fácil llevar a cabo su misión si ella sacaba a Sara de allí.
- Está bien- se puso el barbijo y ató la gorra detrás de su cabeza. Ayudó a Sara a sentarse en la silla y cubrió su regazo con una manta.
- Sara... ¿ no tienes algo de ropa?- preguntó Candie mirando hacia todos lados.
- Allí... en el armario debe estar la ropa con la que me ingresaron- respondió mientras tomaba la mano que Michael le daba.
Se separarían, pero esta vez ambos sabían que era solamente por unos instantes, después cuando lograra finalmente escapar de allí y desaparecer de la vista del resto del mundo, podrían atar los cabos sueltos que venían arrastrando desde los días en Fox River.
Candie buscó la poca ropa que encontró y la ocultó debajo de la manta que cubría a Sara.
- Debes irte ahora, Michael- le ordenó Candie echando un vistazo al pasillo y comprobando que el guardia no había regresado todavía.
Cuando volvió a mirar hacia adentro fue testigo involuntario del suave beso que Michael depositó en la boca de Sara.
- Te estaré esperando allí afuera- dijo y caminó hacia la puerta- Candie... cuídate- le pidió antes de abandonar definitivamente la habitación.
Ella no respondió, todavía tenía en su mente la imagen de aquel beso.
- Candie... ¿ estás lista?- preguntó Sara unos segundos después.
Candie se acomodó la cofia de enfermera y se colocó detrás de la silla.
- Hagamos esto de una vez- respondió con frialdad.
Cuando salieron de la habitación, el guardia no había vuelto a ocupar su puesto aún, pero no habían avanzado unos metros cuando una voz masculina les gritó desde el otro lado del pasillo.
Candie se detuvo en seco, trató de tranquilizarse, sabía que aquello era algo que estaba previsto.
- ¿ Qué sucede, oficial?- preguntó sonriendo amablemente al hombre de unos cuarenta años que se acercaba a ellas sosteniendo en una de sus manos un vaso de café y un pedazo de pastel en la otra.
- ¿ Adónde lleva a la señorita Tancredi?- inquirió mientras terminaba de tragar un trozo del pastel que llevaba.
- Su doctor ordenó hacerle unos exámenes, la estoy llevando ahora mismo... tengo entendido que eran urgentes-.
El oficial la miró con desconfianza.
- Yo no fui notificado de tales exámenes- respondió seriamente.
Candie trató de pensar rápido una respuesta convincente.
- Pues a mí me acaban de avisar, ya estaba terminando mi turno y me pidieron que me encargara- dijo aparentando fastidio.
- Entienda que no puedo dejar que se lleve a la señorita Tancredi sin comprobar primero si lo que me dice es verdad-.
Sara y Candie se miraron, sabían que no les sería fácil salir de allí sin levantar sospechas.
- Mire... yo solo cumplo órdenes, ¡podría estar yéndome a casa ahora mismo!- exclamó sonriendo exageradamente.
- Espere aquí-le indicó. Caminó hacia su puesto de vigilancia, que constaba de una banqueta no muy cómoda y sacó un teléfono móvil de la chaqueta que descansaba sobre el asiento.
Candie miró a su alrededor, un par de metros las separaban del elevador más próximo. Era ahora o nunca. Tomó el respaldo de la silla con fuerza y la empujó, por fortuna el ascensor venía vacío y en un segundo estaban dentro. Cuando la puerta se iba cerrando observaron que el guardia venía corriendo hacia ellas demandando que se detuvieran.
Ya seguras Candie apretó el botón que indicaba planta baja y se dejó caer contra una de las paredes. Suspiró agitada, sabía que no había pasado el peligro, no estarían a salvo hasta que subieran al auto en donde Michael y Lincoln esperaban por ellas. No abrió los ojos pero sabía que Sara la estaba mirando.
- Lo lograremos- le dijo para tranquilizarla.
Ella asintió, todavía sentía el efecto del mareo que había sufrido antes de abandonar su habitación pero era insignificante ante el sabor de los labios de Michael que continuaban en su boca, como una promesa de lo que les esperaba después de que toda aquella pesadilla terminase por fin.

El ascensor finalmente llegó a destino y Candie condujo a Sara por un extenso pasillo hasta que llegaron a una gran puerta de madera. Ella la empujó con cierta dificultad y Sara comprendió que ya se encontraban en el exterior.
Candie divisó el auto escondido detrás de una de las columnas de la cochera. Siguió empujando la silla y los gritos del guardia que habían logrado burlar las alertó.
- ¡ Deténgase!- el oficial venía corriendo y se acercaba a pasos agigantados hasta ellas.
Candie aceleró la marcha pero aquel hombre era más veloz.
- ¡ Deténgase o disparo!-.
Se detuvo, no supo si lo hizo por instinto o por cobardía pero no podía arriesgarse a tanto.
- ¿ Qué es lo que pretende señorita?- preguntó el oficial quien ya se encontraba detrás de ellas apuntándoles con su revolver.
Ella se giró y no dijo nada.
- La señorita Tancredi está bajo custodia policial, es testigo clave en la investigación por la fuga de Fox River- le informó sin dejar de apuntarles con su arma.
- ¿ Podría bajar el arma, por favor?- pidió Candie evidentemente nerviosa.
- No hasta que lleguen los refuerzos que pedí-.
- Le conviene hacerle caso a la señorita, oficial-.
Lincoln había aparecido de la nada y sostenía al guardia por el cuello con un brazo mientras que con la otra mano le quitó el revolver. Una vez que estuvo desarmado, lo empujó al suelo y apoyándose sobre él le colocó sus propias esposas.
Michael apareció por el otro lado y de inmediato levantó a Sara de la silla tomándola en sus brazos, ella tomó la ropa que traía para que no se cayera al suelo y acomodó su cuerpo contra su pecho dejando descansar su cabeza en el hombro reconfortante que Michael le ofrecía.

Candie se encontraba todavía allí sin moverse siquiera, el gesto de ternura de Michael hacia Sara la había conmovido... era consciente de que él la amaba, lo había descubierto aquella noche en su cocina cuando había escuchado sin querer la conversación entre los dos hermanos... pero haber visto con sus propios ojos como Michael se preocupaba por ella con tanto amor, con tanta devoción había sido algo para lo que no se había preparado.
- Candie... vamos-.
La voz grave de Lincoln a su lado fue la que la hizo reaccionar.
Ella lo miró y supo que él entendía lo que había en sus ojos en aquel momento. Lo que Candie no sabía es que, lo que Lincoln había descubierto en su mirada, le dolía más a él que a ella.
Candie lo miró.
- Si...- respondió en voz baja mientras se quitaba la cofia de enfermera y la arrojaba al suelo.
Lincoln se agachó y tomó el arma del guardia.
- ¿ Qué haces?- preguntó Candie.
- Tal vez la necesitamos- le respondió tranquilamente mientras la guardaba en el bolsillo trasero de sus pantalones.
Ambos se alejaron a toda prisa y se subieron al auto en donde Michael y Sara los esperaban.
- Larguémonos de aquí hermano, esto no tardará en llenarse de policías- dijo Lincoln ubicándose esta vez en el asiento del acompañante.
Michael encendió el motor y condujo hasta la salida trasera del estacionamiento. Se oían las sirenas de las patrullas que ya estaban cerca de allí; tomó una de las calles laterales que rodeaban el hospital y desaparecieron en medio de la noche.

Hacia un par de horas ya que habían abandonado el centro de Chicago.
Michael observaba a Sara a través del espejo retrovisor, la luz tenue que alumbraba el interior del auto y las sombras dibujaban vagas sombras en su rostro. Estaba recostada en el asiento con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Él sabía que no dormía, varias veces la había sorprendido mirándolo. Todavía estaba débil y necesitaba recuperarse, él se encargaría de ello, de ahora en adelante cuidaría de Sara de la misma manera que ella lo había hecho con él en prisión. Por lo pronto, dejar atrás Chicago era su meta, luego debía poner en marcha la segunda parte del plan, pero para eso debía asegurarse primero que Sara estuviese completamente recuperada.

Lincoln estaba en silencio a su lado, tenía la ventanilla abierta y apoyaba su brazo en el borde. De vez en cuando miraba a su hermano quien conducía tranquilamente, seguramente feliz de traer consigo a Sara. Lo vio varias veces lanzándole miradas furtivas a través del espejo y apostaba a que Sara hacía lo mismo desde su lugar.
Sus ojos se desviaron hasta posarse en el rostro de Candie, quien sentada detrás de Michael parecía estar perdida en el paisaje nocturno que iban dejando atrás.
Lincoln aún recordaba el dolor en su mirada al ver a Michael junto a Sara. Hubiese querido abrazarla y consolarla en ese momento y decirle que todo estaría bien, pero había frenado sus impulsos, él era perfectamente consciente de su rechazo.
Volvió a concentrarse en el camino y las imágenes de lo que había pasado entre ellos aquella tarde regresaron para atormentar su tranquilidad. Aún podía sentir el suave roce de su piel en sus dedos y el olor a caramelo de su cabello seguía impregnado en su ropa. La había sentido temblar debajo suyo y aunque su boca le pedía a gritos que la soltara, él sabía que en sus ojos tan profundamente verdes había un mensaje completamente diferente.
Tal vez el rechazo de Candie hacia él, poco a poco se estaba convirtiendo en algo más. Lincoln sabía que sería difícil descubrir lo que había verdaderamente detrás de aquella coraza que Candie había construido alrededor suyo. Ella había puesto una barrera entre los dos, pero él no se echaría atrás... derribaría cualquier obstáculo que ella le impusiera hasta poder llegar a su corazón... un corazón que todavía latía por Michael y que sufría al tener que verlo junto a otra. Si Candie se lo permitía, él podría ayudarla a olvidarlo; al menos lo intentaría porque él no era de los hombres que se rinden tal fácilmente, mucho menos ante una mujer, y aquella niña no sería la excepción.
La voz de Sara rompió el silencio.
- Michael... tengo sed- dijo inclinándose hacia adelante.
- Debe haber una botella de agua por aquí- indicó Michael buscando en el piso del auto junto a su asiento.
Finalmente encontró la botella pero estaba vacía.
Candie intervino en ese momento.
- Toma, fíjate en mi mochila- se la alcanzó- Hay un par de refrescos dentro-.
- Gracias- respondió Sara tomando la mochila que Candie le entregaba.
-De nada- Candie apartó la mirada y volvió a fijar su atención en el camino.
Sara abrió el cierre con cuidado y echó un vistazo dentro. Cuando metió la mano se topó con un objeto de papel, lo movió y lo sacó hacia fuera para que le diera la luz. Era una grulla de papel y Sara sabía muy bien quien la había construido. Michael había hecho una igual para ella cuando ambos estaban en Fox River.
Volvió a dejar al figura de origami en su lugar y sacó uno de los refrescos. Lo apoyó en su regazo y fijó su mirada en al mochila que había dejado a un lado. Luego miró a Candie y finalmente a Michael.
¿Quién era Candie realmente? Esta duda la estaba atormentando desde que la había visto aparecer vestida de enfermera en el hospital. Pero ahora, después de descubrir aquella figura de papel otra pregunta necesitaba con más urgencia una respuesta.
¿Qué significaba Candie en la vida de Michael?

#

Mahone se encontraba ya en la casa de la mujer que había huido con Michael Scofield y Lincoln Burrows.
Conseguir las llaves había sido sencillo, su placa del FBI podía abrir hasta la puerta mejor cerrada. Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro al recordar al comisario de aquel pequeño pueblo alardeando que uno de sus hombres había estado a punto de atrapar a los fugitivos más buscados del país.
Recorrió la sala y el único indicio de la presencia de los hermanos era una camisa oculta detrás de un par de almohadones sobre el sofá. Sin duda habían pasado la noche allí. Fue hasta la cocina y todavía quedaban rastros de la sangre de Randy en el suelo. Una lata de galletas estaba caída a unos metros...¿ Habría habido una pelea allí? Era extraño, el oficial jamás se lo había mencionado.
Salió de allí y subió las escaleras; estaba seguro que algo encontraría en su habitación... su presencia allí no podía ser en vano.
Abrió la puerta y encendió la luz, notó que toda estaba en orden, parecía que su dueña regresaría de un momento a otro. Revisó los cajones de su mesita de noche pero solo encontró un par de novelas románticas. Su búsqueda siguió en el armario, en donde aún continuaba su ropa, solo algunas perchas estaban vacías. Corrió un par y descubrió una caja forrada en azul en el fondo del armario junto a los zapatos. La tomó, se sentó en la cama y la abrió. Estaba repleta de fotografías, sobre todo de imágenes de niños; seguramente sus alumnos. Sonrió al reconocer al pequeño Joshua en una de ellas. Siguió examinando y su búsqueda empezaba a lanzar resultados positivos. En el fondo de la caja encontró una foto de Michael Scofield abrazado a una joven de cabellos castaños y enormes ojos verdes. Finalmente Candie O’ Sullivan tenía un rostro para él. Miró el reverso de la foto y leyó la inscripción que en letra pequeña decía:
“ Michael y yo el día en que me pidió ser su novia”.
Echó un vistazo a la fecha; enero 19... esa foto había sido tomada un par de meses antes de que Scofield atracara aquel banco.
Mahone la sacó y la guardó en el bolsillo interno de su chaqueta. Estaba colocando la caja de fotos en su lugar cuando su pie movió un par de zapatos y un pequeño cuaderno salió a la luz. Lo recogió y se dio cuenta que era un diario. Sonrió, la satisfacción se había instalado en sus imperturbables ojos azules. Aquel hallazgo, casi por mera casualidad debía significar algo.
Volvió a sentarse en la cama y empezó a leer algunas páginas al azar. Saltó hasta las últimas escritas y encontró anotaciones del día en que Scofield y Burrows habían sido vistos allí.
“Mi mundo volvió a derrumbarse, los fantasmas del pasado regresaron y no sé que hacer”
Siguió leyendo con detenimiento.
“Se atrevió a buscarme en la escuela, casi morí al verlo allí”.
Mahone leía y aquellas palabras respondían a varias preguntas. Ahora comprendía los motivos de aquella joven para ayudar a los hermanos y terminar huyendo con ellos... su amor por Scofield la había arrastrado hacia aquel camino del cual ya no había retorno posible.
Las últimas palabras escritas por Candie llamaron su atención.
“Comprobé mis sospechas... y lo que más me duele es que lo supe de la peor manera, ni siquiera tuvo el valor de decírmelo en la cara... se enamoró de otra. Me destrozó el corazón ver como Michael se angustiaba al escuchar la noticia de que ella había atentado contra su propia vida... vi su desesperación por ir a buscarla y en ese momento supe que lo había perdido para siempre... ahora esa tal Sara es la que ocupa su corazón...”
Mahone arrojó el diario sobre la cama y buscó afanosamente su teléfono móvil.
- ¡Agente Lang... quiero que redoblen la seguridad en el hospital donde se encuentra ingresada la doctora Sara Tancredi, es muy posible que Scofield intente llegar hasta ella!- estaba exaltado, casi eufórico.
- Agente Mahone...-.
- ¡ No pierda tiempo, quiero a toda la policía rodeando el lugar!-.
- ¡Señor... escúcheme! Sara Tancredi acaba de huir del hospital- respondió la voz femenina del otro lado de la línea, pero él ya no la oía y el móvil yacía en el suelo.
- ¡ Maldición!- exclamó dando un manotazo a la lámpara que estaba sobre la mesa de noche.
Caminó impetuosamente hacia el cuarto de baño y se miró al espejo con furia. Cuando creía que podía atraparlo, que conocía su próximo paso de antemano, Scofield volvía a escurrírsele nuevamente.
Abrió el grifo y se mojó la cara, trató de calmarse y respirar profundo pero era inútil. Hurgó en el bolsillo de su chaqueta y sacó el bolígrafo que no escribía y al que acudía en momentos como aquel. Ya no le quedaban pastillas, había olvidado que se había tomado la última aquella misma mañana.
Sonrió con ironía y las gotas de agua fría se mezclaron con su propio sudor.
Buscó en el botiquín, no encontró nada que pudiera reemplazar al menos por unas horas el efecto del midazolam.
Salió del baño, recogió su teléfono móvil y no olvidó llevarse consigo el diario íntimo de Candie.
Se subió al auto y su móvil sonó.
- Lo sé... acaban de informarme- respondió.
Una voz masculina del otro lado fue clara y concisa.
- Mahone, no quiero pensar que me equivoqué al elegirte... tienes una misión que cumplir y todavía no he visto resultados-.
- Los atraparé... así sea lo último que haga en mi vida- dijo con seguridad, aquella cacería se había convertido ya en un reto personal.
- Atrápalos como sea, pero recuerda que ni Burrows ni Scofield deben salir con vida... hay mucha gente que los quiere ver muertos-.
- Y así será... el día que finalmente los atrape, será el último para ellos- respondió y sus palabras fueron una promesa.
Una promesa que cumpliría aunque arrastrase su propia vida para acabar con la de ellos.

continuará..................






























































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Andrea Burrows
Posted: May 17 2007, 10:37 PM


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Capítulo 13


Se habían alejado ya de la ciudad, Michael conducía el sedán por una carretera desierta en medio de la noche. Un par de horas más y finalmente amanecería.
- Michael... ¿ dónde vamos?- la voz somnolienta de Lincoln lo distrajo de sus pensamientos.
- Lo primero que haremos será llegar a Topeka...-
- ¿ Topeka, Kansas?- preguntó Lincoln curioso.
Michael asintió.
- ¿ Qué hay allí, o es solo un lugar de paso en nuestro viaje a Utah?-.
- Allí hay una casa segura y alejada de la ciudad esperando por nosotros- hizo una pausa- Sara necesita un lugar en donde recuperarse, no es bueno que siga en este auto-.
- Estoy de acuerdo contigo, hermano- se cruzó de hombros mientras se recostaba nuevamente en el asiento- La casa...¿ la has buscado antes de robar aquel banco o...-.
Michael lo interrumpió.
- Sabes que no hago nada sin haberlo planeado cuidadosamente antes... bueno casi nada, Linc- respondió con aire de misterio.
- Michael... ¡odio cuando me haces esto!- protestó Lincoln resoplando.
Él sonrió, sabía que su actitud enigmática encrespaba los nervios de Lincoln pero no podía decirle nada más, al menos por ahora. Lanzó una mirada por el espejo, Sara dormía y Candie hacía lo mismo. Al menos en aquella casa, ambas estarían a salvo, podrían quedarse allí mientras Lincoln y él viajaban hasta Utah para tomar posesión de los 5 millones que Charles Westmorland había enterrado en algún lugar de Tooele.
- ¿ Falta mucho, Michael?- preguntó Lincoln echando un vistazo a las dos mujeres que descansaban en los asientos traseros.
- No, solo unos kilómetros más... saca el mapa de la cajuela, Linc- pidió.
Lincoln lo obedeció y extendió el enorme papel sobre sus piernas.
- Hace aproximadamente media hora dejamos atrás San José, si mis cálculos no me fallan...- pensó un momento-... en una hora estaremos en Topeka-.
Lincoln agudizó la vista, con la poca luz que había en el interior del auto los pequeños nombres se hacían casi invisibles.
- Tus cálculos no te fallan, hermanito... Topeka está a solo unas ocho millas de aquí-.
Michael sonrió, una vez que llegaran allí y lograra hablar con Sara, podría continuar con su plan, pero primero necesitaba explicarle todo y sobre todo decirle que finalmente estarían juntos cuando todo aquello terminase, ya sea en Panamá, en México o en donde sea... pero juntos por fin.

#

- ¿ Las conseguiste?-.
El joven sacó una pequeña bolsa de nylon del bolsillo de sus pantalones y se las entregó.
- Cada vez me cuesta más conseguirlas, hermano-.
Mahone tomó las pastillas y las guardó en su bolígrafo. Le temblaban las manos.
- No deberías quejarte, amigo... el dinero que te doy por ellas bien vale el esfuerzo- dijo con ironía.
- No se trata de dinero... si me atrapan con ellas terminaré mis días en alguna maldita prisión gringa, o lo que es peor para mí, me deportarían nuevamente a México... y mi cabeza tiene precio allí-.
Mahone ni siquiera lo escuchaba, los dramas de aquel chicano no eran de su incumbencia. Lo único que le interesaba de él era que cumpliera religiosamente con su parte del trato. Le dio su dinero y se largó.
Ya en la soledad de su automóvil, las pastillas se deshicieron rápidamente en su lengua y segundos después la sensación de bienestar volvió a embargar su cuerpo. Al menos por algunas horas la tensión y agitación de la abstinencia ya no serían un problema.

#

Candie advirtió que finalmente el auto se detuvo y abrió los ojos. Estaban estacionados frente a una casa, no muy grande pero de dos plantas. Parecía estar perdida en medio de la nada, solo un pequeño bosque se divisaba en la parte trasera y llegaba hasta donde los ojos se perdían en el horizonte.
“El sitio perfecto para ocultarse” pensó Candie mientras echaba un vistazo al lugar.
- ¡Llegamos!- Michael indicó poniéndose las gafas y bajando del automóvil.
De inmediato fue hasta la puerta de Sara y le ayudó a bajarse.
- ¿ Estás bien?- le preguntó tomándola del brazo.
Sara se apartó un poco.
- Estoy bien, Michael... yo puedo sola, gracias- respondió cortante.
Michael no esperaba aquella renuencia, se quedó allí parado sin reaccionar.
Candie, que estaba a unos metros no pudo evitar ser testigo de aquel momento. Ella había percibido cierto enojo en las palabras de Sara y por un instante una idea cruzó por su mente. ¿ Acaso Sara estaría molesta por su presencia allí? Si era así, no había nada que pudiera hacer; ella había sido empujada por circunstancias ajenas a su propia voluntad y Sara Tancredi debía aceptarlo, le gustase o no.
Michael y Lincoln llevaban la delantera, mientras Sara y Candie los seguían. Michael sacó unas llaves del bolsillo de su camisa y abrió la puerta.
Todo en el interior de la casa estaba perfectamente ordenado, parecía como si alguien les estuviera dando la bienvenida. Hasta unas flores frescas en un jarrón junto a la ventana los recibió.
- Michael... ¡ es hermoso!- exclamó Candie dejando caer su mochila en uno de los sofás y dando varios giros admirando la decoración del lugar.
- ¡Qué bueno que te guste! Este sitio de ahora en más será nuestro refugio... nadie podrá encontrarnos aquí- respondió lanzándole una mirada a Sara quien se encontraba parada junto a la puerta mirando todo con desconfianza.
- Sara... ven aquí- le pidió Michael extendiendo la mano- Debes estar exhausta-.
Sara se adentró en la sala pero sin mirarlo a los ojos.
- Vamos, te llevaré a tu habitación- la tomó del brazo y aunque ella se opuso, él hizo caso omiso a su protesta.
Ella lo miró, consciente de que no podía hacer nada por liberarse de él.
- Así está mucho mejor- miró a su hermano- Linc... ¿por qué no le muestras a Candie cual será su habitación? Es subiendo las escaleras, la tercera puerta-.
Lincoln, quien se encontraba recostado ya tomando posesión del sofá se levantó de inmediato y caminó hacia Candie.
Ella todavía estaba impresionada por la casa, perdida en aquel sitio apartado del mundo, pero con todas las comodidades necesarias. Ni siquiera se dio cuenta cuando Lincoln se detuvo detrás de ella.
- Candie... subamos, te mostraré cual es tu cuarto- dijo a solo unos centímetros de su rostro.
Ella se giró de inmediato, inquieta, no lo había sentido venir y cuando le habló cerca del oído se estremeció. Últimamente era algo a lo que Lincoln Burrows la tenía acostumbrada.
- No... no hace falta- respondió.
Lincoln le sonrió divertido.
- Apuesto que no has oído nada de lo que Michael dijo... por lo tanto no sabes cuál será tu nuevo cuarto-.
Ella se cruzó de brazos.
- No hace falta, no creo que sean muchos y puedo encontrarlo perfectamente sin tu ayuda- respondió seriamente.
- Como quieras... pero espero que no te topes con la habitación de Sara- hizo una pausa y miró hacia arriba-... ya sabes...Michael y ella acaban de subir y...-.
Candie le lanzó una mirada de furia. No hacía falta que hiciera un comentario como ese. ¡ Cómo odiaba a Lincoln Burrows!.
Ella empezó a subir las escaleras y dio media vuelta.
- ¿ Y bien... no ibas a indicarme dónde queda mi habitación?- inquirió sintiéndose más poderosa desde allí arriba. Ese poder desapareció cuando él, de un salto acortó la distancia que los separaba.
- Por supuesto- respondió Lincoln ya a su lado- Sígueme-.
Ella lo hizo hasta detenerse en la tercera puerta a la derecha.
- Según Michael, éste es tu cuarto- abrió la puerta, el lugar estaba en penumbras; apenas estaba amaneciendo y las cortinas aún permanecían cerradas.
Candie pasó por su lado y el pequeño espacio que él había dejado para que lo hiciera permitió que sus brazos entraran en contacto. Ella se movió pero cómo él también lo hizo, la situación empeoró y Candie terminó atrapada entre el marco de la puerta y el cuerpo de Lincoln. De inmediato y como escudo protector interpuso su mochila entre ambos, al menos ya no sentía moverse contra sus senos el pecho atlético de Lincoln.
- Ya... ya puedes retirarte- dijo sin mirarlo- Créeme que no me perderé de ahora en más-.
Él agachó la cabeza y sonrió entretenido.
- Puedo acompañarte hasta el interior si quieres... está demasiado oscuro allí- dijo fingiendo preocupación.
Candie se movió logrando liberarse y se echó hacia atrás, buscó algo con la mano detrás de la puerta.
- No hace falta- dijo con la luz ya encendida.
Lincoln la miró, tenía ojeras debajo de sus enormes ojos verdes, señal de no haber dormido lo suficiente, pero aún así estaba hermosa. Su boca ya había perdido el tono color melocotón del lápiz labial y su cabello caía desordenadamente sobre sus hombros.
- ¿ Qué estás viendo?- preguntó de repente Candie sintiéndose más que incómoda con aquella especie de observación que Lincoln estaba practicando con ella.
- Lo bella y natural que eres- dijo clavando sus ojos en los de ella.
Ella tragó saliva, sus palabras la sorprendieron. Nadie le había dicho algo así antes, mucho menos de aquella manera, penetrando hasta el fondo de su alma con tan solo una mirada. Candie apartó sus ojos, temía que él descubriera lo que estaba pasando por su mente en ese momento.
- ¿ No dices nada?- preguntó él intentando acercarse más.
Ella dio un paso hacia atrás cuando él quiso acomodar un mechón de su cabello que caía a un lado de su mejilla; no supo si fue por instinto o por temor a lo que podía suceder luego.
- Estoy cansada... quisiera darme un baño y dormir unas horas- dijo sin volverlo a mirar a los ojos.
Él caminó hacia la puerta y antes de salir, se volteó, iba a decir algo pero se arrepintió. Luego de desaparecer tras la puerta, Candie se dejó caer en la cama.
¡ Demonios! ¿ Qué era lo que le estaba pasando?¿Por qué aquel hombre lograba ponerla de aquella manera?.

#


Sara dejó que Michael le ayudara a recostarse, después de estar varias horas tirada en el asiento trasero del auto, su cuerpo agotado pedía a gritos por una cama blanda en donde descansar.
La poca luz que penetraba en la habitación a través de una de las cortinas hacía que aquel momento tuviera una intimidad que hacía sentir a Sara más vulnerable aún. Tener a Michael tan cerca, mirándola de aquella manera que solo él sabía hacerlo no hacía más que aumentar el nerviosismo que experimentaba desde el momento en que lo había visto aparecer en la habitación del hospital, también a oscuras como ahora.
- ¿ Quieres qué abra un poco las cortinas? Está amaneciendo y parece que será un día radiante- dijo él caminando hacia la ventana.
- La verdad, Michael es que preferiría descansar un poco- respondió acomodándose mejor en la cama.
Él se volvió y tomó una manta que estaba a los pies de la cama. La cubrió y se sentó a su lado.
- ¿ Qué parte de “ preferiría descansar un poco” es la que no has entendido?- preguntó Sara contrariada.
Michael le dedicó una suave sonrisa.
- Quisiera quedarme a tu lado... cuidarte-.
- Michael... no me va a suceder nada aquí, tú mismo has dicho que estamos en un sitio seguro y creo que no hace falta que te quedes conmigo...-.
Él tomó una de sus manos y la apretó entre las suyas.
- No digas nada... solo deja que me quede a tu lado-.
Sus palabras eran melodía dulce en sus oídos, siempre había deseado que Michael le dijera algo como aquello. No sabía si era el momento adecuado pero no tuvo el valor de decirle que no. Lo necesitaba y era irracional negarlo, después hablarían y aclararían todas las dudas que abrumaban su mente. Ahora solo quería quedarse allí, bajo su protección permitiendo que él cuidara de ella.

#

Lincoln se encontraba en la planta baja husmeando en la cocina. Se sorprendió gratamente cuando descubrió que en la heladera había lo indispensable y más. Buscó afanosamente una lata de cerveza bien fría y cuando el líquido helado cayó por su garganta, lanzó un suspiro de alivio. No recordaba la última vez que había disfrutado de una buena cerveza, ni siquiera el día de su ejecución había pedido una. Esbozó una sonrisa amarga al recordar aquel día y la cara del guardia cuando pidió pancakes de frambuesas como único privilegio de su última cena. Inevitablemente sus recuerdos se dispararon hacia LJ. Deseaba tanto volver a verlo, la última vez había sido en prisión y aquel encuentro no había terminado bien. Quería tenerlo enfrente y darle un abrazo que no terminara jamás. Verónica le había dicho que el lugar en el que estaba no era malo, pero él sabía lo que significaba estar encerrado por algo que no has hecho y aquel tormento era demasiado para un jovencito de 15 años como él.
Tal vez si lograba ponerse en contacto con Verónica cabía una posibilidad de que su hijo y él volvieran a verse. Sabía que era arriesgado tratar de comunicarse con ella. Se sabía de memoria las recomendaciones de Michael con respecto a hacer llamadas con él teléfono móvil y las posibles consecuencias que eso podría acarrear. Se dirigió a la sala, entonces reparó que no había ni siquiera un teléfono en aquella casa.
- ¡Maldición!- farfulló. No quería cometer ninguna estupidez pero la necesidad de saber de su hijo era más fuerte que cualquier ataque de sensatez que Michael le pudiera haber contagiado- Lo siento, hermanito-.
Sacó el teléfono móvil que llevaba en el bolsillo de su chaqueta de jeans y fue a un lugar apartado de la sala.
Marcó el número que todavía recordaba de memoria y esperó a que respondieran del otro lado de la línea.
- Diga- respondió Verónica.
No pudo evitar emocionarse al oír su voz.
- Vee... soy yo-.
Por un segundo no se oyó nada del otro lado.
- ¿ Me oyes?- insistió Lincoln sin levantar la voz.
- Linc...¿ de verdad eres tú?- Verónica estaba llorando, no había dudas de ello.
- Sí... - dijo con un nudo en la garganta- Sé que no debería estar haciendo esta llamada pero, no soportaba más tiempo sin saber de ti... de LJ-.
- Es peligroso, Linc... alguien puede rastrearnos... -.
- Sí, pero necesitaba oírte... quiero saber como está mi hijo... quiero verlo, Vee- sabía que debía colgar pronto para no poner en riesgo todo lo que Michael había conseguido hasta ahora.
- LJ está bien, Linc... y él también quiere verte-.
- ¿ De veras?- una lágrima rodó por su mejilla.
- Jamás te mentiría en algo así y lo sabes...-.
- Si, tú siempre has cuidado de mí... aún cuando yo no estaba ahí para hacer lo mismo por ti...-.
- Nunca te pedí nada, Linc- dijo Verónica y su voz reflejaba angustia, angustia de no estar al lado del hombre que había amado desde niña.
- Sin embargo me has dado todo lo que una mujer puede dar-.
Un ruido lo puso en alerta, se giró y se encontró con Candie parada en el último peldaño de las escaleras.
- Lo siento... no quería interrumpir- se excusó mientras recogía una hebilla que se la había caído al suelo.
Lincoln se quedó mirándola y se olvidó por un momento de Verónica, quien reclamaba su atención desde el móvil.
- No, no te preocupes- respondió él volviendo a colocarse el teléfono en la oreja. Sólo volvió a hablar cuando Candie se perdió dentro de la cocina.
- Linc... ¿ estás ahí?-.
- Sí, Vee... disculpa- solo dijo, se sentía incómodo y no sabía por qué.
- Linc... creo que es mejor que terminemos esta conversación aquí... es peligroso que continuemos hablando- recomendó Verónica.
Sabía que ella tenía razón.
- Lo sé... dile a LJ que lo amo-.
- Se lo diré, Linc... verás que antes de lo que te imaginas podrás abrazarlo-.
- Si... cuídate, Vee-.
- Te amo, Linc- fueron las últimas palabras que Verónica dijo antes de colgar, él no respondió solo se quedó allí parado en silencio, mirando el teléfono.
Volvió a dirigir su atención a la cocina. ¿Cuánto había escuchado Candie de su conversación con Verónica? ¿ Se lo diría a Michael? No podía arriesgarse a que lo hiciera, por eso no lo dudó un instante y fue a su encuentro.

#

- Señor, en su escritorio he dejado los dibujos de Patoshik que usted pidió- dijo la agente Lang a su jefe apenas llegó a la oficina aquella mañana.
- Gracias, agente Lang- respondió esbozando una sonrisa, parecía estar de buen humor y todos lo notaron.
Entró finalmente a su oficina y se sintió satisfecho cuando vio desplegadas sobre su escritorio varias hojas de papel.
- Bien, Charles, veamos que tienes para mí- dijo mientras se ponía las gafas y empezaba a poner atención en los diseños en blanco y negro salidos de la mente de Charles Patoshik.
Apartó aquellos que hacían referencia a los días de Scofield en Fox River. Ya no los necesitaba, enfocó su atención en un par de palabras que estaba seguro pertenecían a una parte importante del plan de fuga, una pista de algún dato que Scofield había ideado antes de ingresar a prisión pero de la que todavía no había echado mano.
“ Hell’s Boss”. Jefe del Infierno. ¿ Qué significarían aquellas dos palabras? Si era lo suficientemente astuto, lograría descifrar lo que se escondía detrás. Estaba convencido que en esa frase se encontraba la clave para localizar a Scofield, a su hermano y a las dos mujeres que habían involucrado en su huída.
Echó un vistazo a los demás dibujos, no había nada más que llamara su atención por el momento. Se ocuparía de averiguar lo que significaba aquella frase, aunque le llevara todo el tiempo del mundo. No le importaba, podría pasarse todo el día y toda la noche descifrándola; había recuperado la energía necesaria y además pondría a todo su equipo a trabajar en ello.
Nadie se sorprendió cuando se asomó por la puerta de su oficina y llamó a gritos a sus asistentes.
- Necesito que Donovan ingrese estos datos a la computadora- dijo entregándole a la agente Lang el dibujo con la frase “Hell’s Boss” enmarcada por el rostro de un demonio que escupía fuego por la boca.
- Bien, señor- respondió obedeciendo.
- Quiero resultados lo más pronto posible- dijo y volvió a encerrarse en su oficina.

#

Cuando Sara despertó, Michael no estaba a su lado. Las cortinas estaban abiertas y un sol tibio entraba por la ventana. Se estiró y comprobó que aquel descanso le había sentado de maravillas. La puerta del cuarto de baño se abrió y Michael salió con una toalla en las manos.
- Veo que finalmente has despertado- dijo mientras le sonreía sin moverse de allí. Volvió a entrar al baño y regresó hasta quedarse de pie junto a la cama.
- Creí que te habías ido- dijo tímidamente.
- No... solo estaba refrescándome el rostro- le informó- No me he separado de ti desde que caíste finalmente rendida por el cansancio-.
Ella le sonrió, nunca antes se había sentido tan cuidada.
- Gracias- soltó de repente.
Michael se sentó en la cama.
- No tienes que dármelas, Sara... después de todo lo que has hecho por mí en la prisión, es lo menos que podía hacer-.
¿ Lo había hecho solo en agradecimiento por las veces que ella lo había ayudado en Fox River? Sara quería despejar esa duda de inmediato y no dudó cuando le preguntó:
- Michael... ¿ todo esto es solo en retribución a lo que yo hice por ti?-.
Él se acercó y le tocó el brazo.
- Sara... sabes que no es así...- le dijo pausadamente midiendo cada palabra- Hay algo que nos une desde el primer día en que entré en aquella enfermería-.
Ella se quedó en silencio y solo pudo asentir con la cabeza.
Empezó a acariciar el brazo desnudo y tibio de Sara con el dedo índice. Él sonrió complacido cuando ella rodeó su brazo con su mano temblorosa.
- Jamás quise que pasaras por todo esto, Sara... hubiese querido que nos conociéramos bajo otras circunstancias y no en aquel lugar -.
Ella sabía que cada una de sus palabras eran sinceras, sus ojos azules nunca le habían mentido.
- Parece que el destino nos tenía preparado su propio plan- dijo Sara sin dejar de acariciar su brazo.
- No creo en el destino, Sara- fue su respuesta.
- Ni yo, Michael-.
Él se acercó y empezó a acariciar su rostro suavemente. El corazón de Sara empezó a desbocarse dentro de su pecho, todas las sensaciones que había reprimido en aquella enfermería serían liberadas con un beso de su boca. Ella lo sabía, ya no había nada que se los impidiera. Ahora eran tan solo él, ella y el amor que habían postergado durante tanto tiempo.
Sus labios se unieron por fin, y aunque no era la primera vez que se besaban, para ellos aquel era el primer beso, el primero que daba rienda suelta a sus deseos más profundos, los mismos que tantas veces habían aplacado en sus encuentros en la enfermería de la prisión.
Ella se apretó contra su pecho y sentía como su corazón también latía aceleradamente. Las manos de Michael subían y bajaban por su cintura y ella creyó morir cuando su lengua tibia arremetió contra su propia lengua. Un fuego abrasador empezó a descender por su vientre y sus manos acariciando con frenesí la espalda tatuada de Michael fue la respuesta que él esperaba. La recostó sobre la cama y empezó a besar el cuello delgado de Sara que asomaba debajo de la camisa blanca que llevaba. Ella metió sus propias manos debajo de la playera de Michael hasta posarlas en su pecho. Él se arqueó más contra ella cuando sus dedos empezaron a jugar con una de sus tetillas. Él dejó de besarla por un segundo y la miró a los ojos. Quería estar seguro de que ella sintiera lo mismo que él estaba sintiendo, no hizo falta las palabras, los ojos de Sara ardían de deseo y le suplicaban que no se detuviera.
- Te amo... Sara- dijo él con la respiración entrecortada.
Ella lo miró y en ese momento un mar de dudas inundó su mente... lo amaba y lo deseaba con cada centímetro de su piel... pero no podían dar el siguiente paso sin antes aclarar todo. Debían hablar y debían hacerlo ya.
- Michael...- lo miró respirando agitada-¿ Quién es Candie?-.


continuará.....
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Andrea Burrows
Posted: May 19 2007, 10:08 PM


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Aquí dejo el capi 14

Capítulo 14



Candie estaba parada junto a la mesa bebiendo un vaso de agua cuando Lincoln irrumpió en la cocina. Esperaba que él no se hubiera dado cuenta del tiempo que había estado parada en aquella escalera escuchando aquella conversación telefónica. Se había sentido una intrusa al hacerlo, siendo testigo de un momento íntimo entre Lincoln y aquella mujer.
Dejó el vaso sobre la mesa y se dispuso a marcharse. Cuando pasó por su lado, Lincoln la tomó del brazo.
Los expresivos ojos verdes de Candie se clavaron en los suyos.
- Necesito pedirte un favor- dijo Lincoln de repente.
Ella lanzó una mirada a la mano de Lincoln que no había soltado su brazo aún.
- ¿ Puedo pedirte algo yo antes?- respondió ella inquieta.
Él asintió.
- ¿ Podrías soltarme o es necesario que sostengas mi brazo mientras hablamos?-.
Lincoln sonrió resignado, sería difícil luchar contra la distancia que Candie insistía en poner entre ellos. La soltó con desgano.
- ¿ Así está bien?- preguntó él sin ocultar su fastidio.
Candie no respondió, no entraría en su juego.
- ¿ Qué es lo que quieres, Lincoln?- inquirió cruzándose de brazos.
Él se pasó la mano por la cabeza y miró al suelo por unos instantes, luego volvió a clavar sus ojos en ella.
- La conversación que acabas de oír...-.
- En realidad no escuché nada- se apresuró a responder agachando la mirada, no quería que descubriera que le estaba mintiendo.
- No se trata de eso, Candie...- aclaró él entrecerrando los ojos.
Ella lo miró contrariada.
- ¿ No?-.
- No... solo quería pedirte que no le menciones nada a Michael-.
Candie se sorprendió por su petición. No entendía porque Michael no podía saber de aquella llamada.
- Está bien... no le diré nada, si eso es lo que quieres...- dijo serenamente.
Lincoln intentó explicarle sus razones.
- Se supone que alguien puede rastrear nuestras llamadas y que el teléfono móvil es solo para urgencias pero...-.
Candie se dio vuelta y empezó a caminar hacia la ventana que daba al patio trasero de la casa.
- Lincoln, no hace falta que me des explicaciones... yo entiendo- respondió mientras corría una de las cortinas y echaba un vistazo al exterior.
Él se quedó mirándola por un momento. ¿ Qué era lo que entendía? ¿ La necesidad de saber de su hijo o las ganas de escuchar la voz de Verónica?. Por un momento deseó que ella no hubiese escuchado nada... no quería pensar lo que no era, pero le pareció que Candie estaba molesta. No pudo evitar una sonrisa complaciente al imaginarse aquello... Candie celosa de Verónica... después de todo tal vez no le era completamente indiferente y aquel rechazo era solo una fachada para mantenerlo alejado. Las actitudes de Candie eran un desafío para él, un juego al que estaba dispuesto a jugar y al que apostaría todo con tal de ganar.

#

Michael la miró, no podía creer que Sara le estuviese haciendo una pregunta como esa en un momento como aquel.
- Sara... hablemos luego- dijo él arremetiendo nuevamente contra el hueco de su cuello en donde su lengua dibujaba un sendero que llevaba hasta su pecho que aún respiraba agitado.
Sara cerró los ojos, las sensaciones que Michael provocaba en ella estaban haciendo tambalear su necesidad de saber. Quería dejarse llevar y olvidar todo lo demás pero no podía. Dejó que la cordura gobernase sobre sus propios deseos y tomó el rostro de Michael entre sus manos y lo levantó hacia ella.
- Quiero que aclaremos todo antes, Michael... luego... luego seremos solamente tú y yo, no más dudas que interfieran entre nosotros...- dijo regalándole una suave sonrisa.
Michael respiró hondo, tratando de recobrar el aliento nuevamente.
- ¿ Es inútil que insista, verdad?- preguntó sabiendo de antemano la respuesta.
- Es inútil- dijo ella mientras dejaba que él se acomodara a su lado.
- Bien... ¡dispara!- le indicó sonriendo divertido.
Sara contempló sus ojos azules que todavía estaban húmedos.
- Empieza respondiendo mi pregunta...¿ quién es Candie?- insistió.
Michael se quedó en silencio unos segundos, sabía que aquel momento llegaría tarde o temprano, sin embargo en el fondo se alegraba de que Sara finalmente hiciera las preguntas que él tanto deseaba contestar.
- Candie es la niña más tierna y maravillosa que he conocido en mi vida- soltó al fin.
Sara no esperaba aquella respuesta. No pudo evitar sentir celos al oírlo hablar así.
Él sonrió divertido.
-¿ Qué es tan gracioso, Michael?- inquirió Sara frunciendo el ceño.
- Lo adorable que te ves cuando te pones celosa- dijo sin dejar de sonreír.

Sara le lanzó una mirada tajante. No podía creer que él se estuviera riendo de aquella situación.
- Sara... aunque te cueste creerlo Candie pertenece a mi pasado-.
Ahora fue ella quien sonrió.
- ¿ Tu pasado?- preguntó con ironía- Me parece que para pertenecer a tu pasado está demasiado “ presente”-.
- Tienes razón... pero nunca fue mi intención que fuera así- dijo ya sin la sonrisa instalada en su rostro.
- ¿ Cuál fue tu intención, entonces?- Sara necesitaba acabar con las dudas que vagaban en su mente con respecto a Candie.
- ¿ Tienes tiempo para conocer la historia completa?- preguntó él tomándola de la mano.
- Todo el tiempo del mundo- dijo ella apretando fuertemente sus dedos.

#


Mahone se encontraba aún en su oficina, solo dos palabras ocupaban su mente. Hell’s Boss... habían pasado varias horas y nadie en la unidad había logrado descifrar el significado de aquella frase enigmática que Michael Scofield había tatuado en uno de sus brazos. La deshizo una y mil veces, pero nada surgía, Donovan, uno de sus mejores hombres a la hora de encriptar mensajes tampoco había logrado nada. Aquellas malditas palabras lo estaban obsesionando. Echó un rápido vistazo al calendario que tenía en su escritorio el cual Cameron le había regalado unos meses atrás y entonces recordó la llamada de teléfono de Pam y el juego de béisbol, su hijo sería parte de la final y contaba con su presencia. Era hoy y según su reloj el juego empezaba en treinta minutos. Por un momento se debatió entre quedarse allí y seguir trabajando en aquella frase o asistir al torneo de béisbol de Cameron. La decisión esta vez no le costó demasiado, por una vez en mucho tiempo el trabajo quedaría en segundo plano. Su familia, o lo que quedaba de ella se merecía toda su atención. No podía volver a fallarle a su hijo como tantas veces lo había hecho. Por unas horas Michael Scofield y Lincoln Burrows dejarían de existir para él. Tomó el papel con la frase, la metió dentro del bolsillo de su pantalón y abandonó la oficina.
- Que nadie me moleste... no quiero llamadas a mi móvil bajo ninguna circunstancia- se colocó las gafas oscuras- Mi hijo me espera-.
Todos en la oficina se quedaron en silencio y asintieron, por primera vez desde que trabajaban bajo sus órdenes, fueron testigos del lado más humano que un hombre rígido como Alexander Mahone se empeñaba en ocultar detrás de aquella frialdad que solo imponía obediencia y temor.

#


- ¿Sigues todavía allí?- preguntó Candie al girar y comprobar que Lincoln no se había movido de su lugar.
Lincoln no respondió y solo se dedicó a mirarla mientras ella caminaba hacia él. Pasó por su lado y el perfume de sus cabellos, todavía húmedos, lo embriagó.
Candie caminaba tranquilamente hacia la sala, consciente de que él seguía cada uno de sus movimientos. Se sentó en uno de los sofás, tomó el control remoto y encendió la televisión. Se arrepintió de inmediato de haberlo hecho, la primera imagen que apareció ante sus ojos fue la ya tantas veces vista foto de los ocho fugitivos de Fox River.
Lincoln se acercó y se sentó a su lado, prestando atención a lo que decía la cronista de noticias sobre ellos.
“ Tenemos la confirmación de que uno de los prófugos fue detenido, se trataría de Charles Patoshik, quien se encontraba en Fox River cumpliendo una condena de 60 años por el asesinato de sus padres”.
Candie se sobresaltó cuando Lincoln gritó.
- ¡ Michael, ven aquí.... deja lo que estabas haciendo y baja de inmediato!-.
Volvió a concentrarse en las noticias tratando de olvidarse por un segundo que Candie estaba a su lado, tan peligrosamente cerca.
Unos segundos después Michael bajó por las escaleras casi torpemente mientras se acomodaba los pantalones. Lincoln no pudo evitar lanzarle una sonrisa pícara al verlo, al parecer su hermanito no había estado perdiendo el tiempo allá arriba.
- ¿ Qué demonios sucede, Linc?- preguntó al entrar en la sala.
- Atraparon a Haywire- le informó haciéndole lugar para que se sentara a su lado. Cuando se movió su pierna rozó sin querer la rodilla de Candie, fue algo accidental pero aquellos “ roces” casuales ya lo estaban volviendo loco.
Candie retiró la pierna y se movió contra el extremo del sofá.
De pronto un hombre apareció en la pantalla.
Michael nunca lo había visto antes, pero supo de inmediato quien era.
“ El Agente del FBI, Alexander Mahone concedió una breve entrevista luego de la aprehensión de Patoshik... escuchemos lo que dijo...”
Michael no quitaba sus ojos de la televisión, a su lado en cambio, Lincoln y Candie luchaban, cada uno a su manera por ocultar lo que aquel contacto había provocado en ellos.
Alexander Mahone comenzó a hablar.
“ Efectivamente hemos atrapado a uno de los Ocho de Fox River y les puedo asegurar que es cuestión de tiempo para que caigan todos los demás.”
“ Agente Mahone, ¿ cree que podrá atrapar finalmente a Lincoln Burrows y a su hermano?”
“ Sin dudas esa es la pregunta del millón, señorita... pero le aseguro que tanto Burrows como Scofield volverán a prisión, soy el encargado de llevar a cabo su captura y créame que soy el principal interesado en cumplir con la tarea que se me ha impuesto”.
“ Como verán el agente Mahone es muy optimista con respecto a la captura de Lincoln Burrows y los demás, seguiremos informando si surge alguna otra novedad”.

Michael observó a Candie quien también miraba con atención las noticias.
- Nadie te ha mencionado aún- dijo con calma.
Ella lo miró, sabía que aquello era algo que lo tranquilizaba. Desde el primer momento, él había querido protegerla y ella no podía dejar de reconocerlo.
- No tardarán en hacerlo, Michael- respondió sonriendo con amargura.
- Estás a salvo aquí, Candie- él se extendió y tomó su mano. Era un gesto de ternura, sin embargo Lincoln que estaba en medio de ellos se sintió bastante incómodo con aquella situación. Comprendía la actitud de Michael, después de todo Candie había hecho tanto por ellos, pero temía que ella confundiera las cosas y creyera que su hermano todavía sentía algo por ella. Trató de imaginarse lo que pasaba por la cabeza de Candie en aquel momento pero no podía apartar la mirada de sus manos entrelazadas.
- Si me disculpan...- dijo de repente obligando a que Michael soltara la mano de Candie.
Michael se acostó contra el respaldo del sofá y se acarició la barbilla sin dejar de mirar a su hermano, quien ya se encontraba de pie junto a la ventana en el otro extremo de la sala. Una sonrisa perspicaz apareció en su rostro al descubrir que Lincoln, indudablemente, estaba celoso.
- ¿ Estás bien?- preguntó Michael a Candie.
- Si... es solo que todo este asunto me supera...-.
- Te pido perdón nuevamente, Candie- dijo él inclinándose hacia delante en el sofá.
Ella lo miró, moviendo su cabeza de un lado a otro.
- No me lo vuelvas a pedir, Michael... ya te he perdonado... -.
Se miraron a los ojos y él supo entonces que era así, Candie finalmente había dejado el pasado que habían compartido donde debía estar, guardado en algún lugar de su corazón.
Lincoln desde la ventana, miraba de soslayo a ambos. No podía escuchar lo que decían pero le molestaba demasiado la intimidad que Michael compartía con Candie. No soportaba más ser testigo de aquella situación y se largó sin pronunciar palabra.
- Parece que a Linc le molesta vernos juntos- comentó Michael observando atentamente a Candie.
Ella se asombró con sus palabras.
- No sabes lo que dices, Michael- respondió sonriendo nerviosa.
Él negó con la cabeza.
- Nunca estuve más seguro de algo en mi vida, Candie- le guiño un ojo y se levantó- Iré a ver como se encuentra Sara- dijo y se fue antes de que Candie pudiera contestarle.
Ella se quedó mirándolo mientras subía los peldaños de la escalera de dos en dos.
“ Si hubieras escuchado la conversación entre Lincoln y Verónica no opinarías lo mismo, Michael” pensó e inevitablemente Lincoln Burrows volvió a entrometerse en su mente.
- ¡ Basta, Candie... no seas tan estúpida como para volver a cometer el mismo error! ¡ Ya fue suficiente con Michael como para involucrarte ahora con su hermano!- se dijo en voz baja deseando que sus propias palabras fueran lo suficientemente convincentes.


#
-¡ Papá, papá... viniste!- la voz chillona de Cameron se mezclaba con la algarabía de los demás niños del equipo.
Alexander Mahone se arrodilló y abrazó fuertemente a su hijo. Hacía semanas que no se veían y cada encuentro entre ellos era especial.
- Me alegro que hayas podido venir finalmente, Alex- Pam apareció por detrás con un paquete enorme de palomitas de maíz y dos refrescos.
- Mamá no creía que vendrías, papá-.
Alex sacudió la oscura cabellera de su hijo y le sonrió.
- No podía perderme el juego, Cam-.
-¡ Mahone, ve a cambiarte que en menos de quince minutos comienza el partido!- gritó el entrenador desde la puerta del vestuario.
- Debo irme, papá-.
- Espera- sacó una moneda del bolsillo- Quiero que la lleves contigo como amuleto, mi padre me la regaló cuando tenía tu edad y quiero que tu la tengas ahora...-
Cameron tomó la moneda y su pequeño rostro se iluminó.
- ¡Gracias, papá... se la mostraré a los demás niños!-.
- No la pierdas, es una moneda muy antigua y tiene un valor muy especial- le pidió.
- La cuidaré como si fuera un tesoro, papá- prometió poniéndose serio.
- Sé que lo harás, hijo-.
Salió corriendo para reunirse con los demás niños y Pam lo condujo hasta las gradas desde donde disfrutarían del partido.
El equipo de Cameron, que era el local empezó perdiendo pero a veinte minutos del final uno de los niños logró anotar un jonrón y de esa manera pasar al frente.
Mahone seguía los movimientos de Cameron atentamente pero hubo algo que llamó poderosamente su atención. Las camisetas de los niños llevaban en su parte posterior estampados sus nombres, pero uno de los niños tenía su nombre escrito al revés.
- Es extraño, aquel niño no tiene su nombre en la camiseta como los demás- comentó.
- Si, es Lee Taylor... Cameron me dijo que lleva estampado su nombre al revés como cábala- respondió Pam con una sonrisa- Ya sabes como pueden ser los niños con esas cosas...-.
Mahone miraba aquel nombre invertido en la camiseta. LEE...entonces descubrió que podrían ser perfectamente números. Se podía leer 337 invirtiendo las letras...
Sacó el dibujo de Patoshik que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Lo desplegó y alisó las arrugas. Sí tan solo...
“ Hell’s Boss”... HELLS BOSS...
Una sonrisa optimista se dibujó en su rostro...
Si aplicaba la misma teoría a aquellas dos enigmáticas palabras también podrían surgir números. 43775 8055.
Guardó el papel nuevamente en el bolsillo de su pantalón y se levantó.
- Pam... debo irme-.
- ¡ Alex... el juego aún no ha terminado!- protestó Pam.
- Lo sé... pero surgió algo importante y no puedo demorar más en resolverlo- miró al campo de juego y divisó a su hijo en una de las bases.
- Dile que me llame y me cuente como terminó -.
Pamela asintió resignada, nuevamente el trabajo volvía a separarlos, nada había cambiado entre ellos y ya no estaba segura que algún día cambiase.

#

Michael entró en la habitación y Sara dormía placidamente bajo las sábanas, las mismas que minutos atrás se habían enredado a sus propios cuerpos entrelazados. Se acercó y recorrió con sus ojos profundamente azules la espalda desnuda de Sara. Se estremeció al recordar su piel blanca pegada a su piel tatuada. No quiso despertarla, necesitaba recobrar fuerzas aún y además dormía tan a gusto que sería un pecado hacerlo.
Se dirigió sigilosamente hacia la ventana y vio que Lincoln estaba en el patio trasero, sentado sobre un banco de piedra fumando un cigarrillo.
Lo conocía y sabía que estaba preocupado por toda aquella situación pero además su instinto no le fallaba y estaba completamente seguro que Lincoln se estaba muriendo de celos... celos de lo que Candie había sentido por él alguna vez.
De pronto recordó la sorpresa que le tenía preparada a su hermano mayor... esperaba no estar haciendo lo equivocado y que Lincoln entendiera sus razones para hacerlo.
- ¿ Qué haces allí?- preguntó Sara aún debajo de las sábanas.
Él caminó hasta ella y se inclinó hasta besar sus labios nuevamente.
- No quería despertarte... - le susurró al oído.
Ella lo miró con picardía..
- Tengo hambre... - dijo mientras posaba su mano en el dibujo de un demonio justo debajo de su ombligo.
Michael le sonrió al mismo tiempo que empezaba a quitar nuevamente las sábanas que ya empezaban a estorbar.
- Yo también muero de hambre, Sara... -.

#

Candie estaba en la que se había convertido en su nueva habitación. No había tenido tiempo de examinarla detenidamente. Ni siquiera había echado un vistazo al armario de madera. Finalmente lo abrió y se sorprendió al encontrar ropa femenina en su interior. Ella había pensado arreglarse con lo poco que había alcanzado a meter en su mochila antes de marcharse de su casa. Removió un poco las perchas y encontró varios vestidos, algunas camisas y un par de pantalones, parecían ser de su talle... no podía creer que Michael tuviera todo tan perfectamente organizado. ¡ Hasta había pensado en tener listo para ella su propio guardarropa!
No lo pensó dos veces y se probó uno de los vestidos que encontró. Se sentía diferente, después de usar aquellos pantalones vaqueros y la camisa azul por más de dos días, la delicada tela de aquel vestido de algodón parecía adaptarse perfectamente a las curvas de su cuerpo.
Se miró en el espejo y se quedó conforme con lo que vio. Soltó sus cabellos que estaban sujetos en lo alto de la cabeza y dejó que cayeran naturalmente sobre sus hombros y cintura. Su rostro había mejorado muchísimo después de haber descansado, las ojeras habían desaparecido y sus ojos verdes le daban una luz especial a su rostro redondo.
Bajó a la cocina y pensó que sería buena idea si ella preparaba al almuerzo, nadie había comido nada todavía y ella al menos estaba muriendo de hambre.
Michael y Sara fueron los primeros en aparecer. Candie percibía que las cosas entre ambos marchaban de maravillas y que las asperezas que habían existido al llegar allí se habían esfumado. Pensó que se sentiría incómoda con aquella situación pero al verlos allí, tan felices y tan enamorados no fue así. Tenía que acostumbrarse a presenciar aquellas escenas... tenía que acostumbrarse de una vez por todas a que Michael ya no le pertenecía.
Lincoln se les unió unos minutos después y Candie no pudo evitar ponerse nerviosa al verlo aparecer. Notó que él se había sorprendido gratamente con su cambio y podía sentir sus ojos subiendo y bajando por su cuerpo con cada movimiento suyo.
El almuerzo transcurrió tranquilamente aunque Candie y Lincoln se sentían un poco incómodos ante las muestras de cariño que Michael y Sara se prodigaban sin importarles su presencia.
Cuando terminaron de almorzar, Sara y Candie se encargaron de limpiar mientras Michael y Lincoln se tomaban unas cervezas en el patio trasero.
- Candie... no he tenido la oportunidad de agradecerte lo que has hecho por mí- dijo Sara mientras recogía los platos sucios de la mesa.
Candie se dio vuelta y le sonrió.
- No tienes nada que agradecerme...-.
- Michael me contó todo...la historia que tuvieron ustedes antes de su entrada en Fox River...-.
Candie la interrumpió.
- Eso quedó en el pasado, Sara... yo quedé en su pasado- hizo una pausa mientras ponía los platos en el fregadero- Tu eres su presente ahora- añadió.
- Michael no quiere que sufras... yo tampoco, aunque te confieso que desde la primera vez que te vi mil ideas se me cruzaron por la mente...-.
-¿ Si? ¿ Cómo cuales?- preguntó con interés.
- Sentía celos de ti... sabía que habías tenido algo que ver con Michael en su pasado y no entendía porque estabas todavía con él...-
- Lamentablemente, es algo que ni él ni yo pudimos prever... en cuanto a lo de los celos, puedes quedarte tranquila...-.
- Si, ahora lo entiendo y por eso quería decirte que veas en mi a una amiga... sé que suena extraño pero... cuentas conmigo para lo que sea-.
Candie sintió que Sara era sincera con ella.
- Gracias, Sara... yo... yo lo voy a intentar... ninguna de las dos es culpable de esta situación y no tenemos que vivir en guerra por eso...- dijo esbozando una sonrisa.
- ¿ Amigas?- preguntó Sara extendiendo su mano.
- Amigas- respondió Candie aceptando la mano que Sara le ofrecía.

#

- Tendremos que conseguir otro auto, Linc- dijo Michael terminando de beber el último sorbo de cerveza.
- Sí...- respondió Lincoln sin mirarlo. Su mente no estaba precisamente allí.
- Luego pondremos en marcha la segunda parte del plan- continuó Michael explicando.
Lincoln no decía nada.
- ¡ Linc!- exclamó Michael golpeando el hombro de su hermano- ¡ No estás escuchando nada de lo que te estoy diciendo!-.
Él lo miró, tenía razón, no había captado ni media palabra de lo que le había dicho. No podía quitarse la imagen de Candie y aquel vestido de algodón cayendo delicadamente sobre su cuerpo.
- Lo siento, hermanito- dijo mientras respiraba hondo y estiraba las piernas.
- Es increíble el efecto que puede tener alguien como Candie en un hombre como tú-.
Él lo miró contrariado.
- ¿ A qué te refieres, Michael?-.
-¡ Vamos, Linc! ¡No soy tonto! He notado la forma en que la mirabas durante el almuerzo... -.
- ¿ Soy demasiado evidente, verdad?- era inútil seguirle ocultando a su hermano lo que pedía a gritos salir de su corazón.
- Definitivamente- respondió sonriendo y moviendo la cabeza de un lado a otro- Pareces un adolescente con las hormonas en plena revolución-.
Lincoln sonrió con ironía.
- Es fácil para ti decirlo hermanito...no creas que no me he dado cuenta de que las cosas entre tu y Sara han “ mejorado” muchísimo-.
- Debes dejar de preocuparte, Linc... si tienes paciencia lograrás lo que te propones-.
Él negó con la cabeza.
- No lo sé, Michael... cada vez es más difícil tratar de acercarme a Candie, siempre está buscando la manera de apartarse y no pierde oportunidad de recordarme lo mucho que me detesta...- dijo Lincoln pensativo.
- ¡ Qué poco sabes de mujeres, hermanito!- expresó Michael arrojando la lata de cerveza ya vacía.
- No sé que demonios me sucede con ella, es solo que... esta situación se me escapa de las manos y... ¡ Maldición, hermano... esta niña me trae de cabeza!- exclamó mientras se ponía de pie.
Michael también se levantó.
- Linc... ¿ recuerdas cuando yo era niño y a los pocos meses de morir mamá tu te ibas cada tarde y regresabas en la noche?-.
Lincoln lo miró contrariado.
- Sí... claro-.
- Pasabas esas horas en “ Billie’s Corner”...-.
Lincoln seguía sin entender.
- ¿ A qué viene todo esto, Michael?-.
Él lo miró arqueando una ceja.
- ¿ Recuerdas lo que hacías allí? Quiero decir... ¿ no has perdido tus habilidades, no?-.
- No... sabes que eso es algo que no olvidas jamás... pero sigo sin entender...-.
- Tú deja todo en mis manos, ahora ve y date una ducha... realmente la necesitas, Linc- bromeó Michael mientras caminaban de regreso a la casa.
Lincoln siguió sus consejos, Michael estaba tramando algo y se moría de curiosidad por saber lo que era.

#

-¡ Donovan, necesito que ingreses estos números en la computadora, consígueme resultados lo antes posible!- Mahone entró en el lugar como una tromba, no había tiempo que perder y sentía que nuevamente estaba frente a una pista firme que le podría revelarle el próximo paso de Scofield o mejor aún, su paradero.
- Bien, señor...¿ qué buscamos exactamente?-.
- Tú dímelo... busca registros telefónicos, coordenadas geográficas... lo que sea... esos números simbolizan algo y es lo único que tenemos para atrapar a Scofield y a Burrows-.
Donovan asintió y se puso manos a la obra. Sabía que el agente Mahone no era uno de los hombres más pacientes y una orden suya debía siempre cumplirse a rajatabla.
Se encerró en su oficina a esperar por los resultados. No importaba cuanto esperara, no saldría de allí hasta haber logrado descifrar lo que se escondía detrás de aquellas letras que de forma casi casual terminaron por convertirse en números frente a sus ojos.
Unos golpes en la puerta le dieron esperanzas.
- Señor... Donovan tiene algo- informó la agente Lang sin entrar en su oficina.
Mahone se levantó de un salto y corrió hasta el escritorio del experto en informática.
- Donovan... dime que tienes-.
- Bien, señor... hay tan solo dos posibilidades... se trata de un número telefónico de la ciudad de Birmingham o de las coordenadas de un punto al sur de Kansas...-.
- ¿ Estás completamente seguro?-.
- Sí, señor, lo he chequeado más de cinco veces-
-¿ El número telefónico... has probado a llamar?-.
- Es el número de un convento en las afueras de Birmingham, señor- respondió la agente Lang quien estaba de pie detrás de él.
- ¿ El otro dato es al sur de Kansas... dónde exactamente?-.
- Topeka- respondió Donovan sin dejar de mirar la pantalla del monitor.
Dos datos... dos lugares; dos posibles respuestas a una sola pregunta...¿ dónde estaba Michael Scofield?.

#

Candie salía de la cocina cuando los dos hermanos entraban en la casa. Lincoln siguió escaleras arriba y Michael se dirigía hacia ella.
- Sara acaba de subir a su cuarto- dijo antes de que Michael preguntara algo.
- En realidad no buscaba a Sara... te buscaba a ti- le respondió sonriendo.
Candie se sorprendió.
-¿ Sucede algo, Michael?-.
- No... solo quería mostrarte un lugar-.
-¿ Un lugar?- preguntó intrigada.
Michael asintió.
- Sígueme- le pidió.
Caminaron por la sala y luego siguieron por un pasillo, el cual terminaba en una puerta en el fondo.
- ¿ Qué hay allí?-.
Michael sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta.
- Entra- le indicó.
Candie ignoraba lo que sucedía pero su curiosidad era mayor.
Cuando entró y Michael encendió las luces se encontró con un enorme salón. En una de las paredes había una enorme biblioteca repleta de libros, una gran chimenea justo al frente y una mesa de billar en el centro.
- ¡ Michael! ¿ De dónde sacaste este lugar?- preguntó maravillada- ¡ Es perfecto!- exclamó yendo hacía la biblioteca.
- Uno tiene sus contactos, el hecho de estar encerrado no significa que uno se aísla del mundo exterior-.
- A propósito... te quería preguntar sobre la ropa en el armario de mi habitación...-.
- Veo que te ha sentado de maravillas- le dijo mientras le tomaba la mano y la hacía girarse en el lugar.
- Gracias- respondió empezando a sonrojarse- ¡Creo que de ahora en más este será mi lugar favorito en toda la casa!-.
-Sabía que te gustaría...- dijo Michael complacido por la forma en que ella se asombraba, no dejaba de ser una niña- ¿ Quieres jugar?- preguntó de repente.
Ella lo miró.
- Me encantaría... ¡pero no sé ni por que extremo debo tomar el taco!- explicó mientras acariciaba el paño verde aterciopelado de la mesa de billar.
- Eso tiene solución, Candie-.
- ¿ Me enseñarías?- el rostro de Candie se iluminó.
- Te pondrás en las manos del mejor jugador de billar de los últimos tiempos- dijo Michael sonriendo divertido.
- Me parece perfecto- respondió mientras intentaba sujetar con firmeza uno de los tacos.
- Regreso en un segundo, Candie-.
- Está bien, aquí te espero- lo vio salir e intentó dar un golpe a una de las bolas distribuidas sobre la mesa.
Experto en billar. Jamás se lo hubiera imaginado; era una faceta que desconocía de Michael. Probablemente había aprendido a jugarlo dentro de la prisión.

#

Mahone se había encargado en persona de llamar al convento en Birmingham. Parecía que no había nada sospechoso en aquel lugar. Tal vez debería ir hasta allí pero su instinto le decía que no había nada interesante allí.
Se enfocó entonces en el segundo dato. Un lugar al sur de Kansas, específicamente en Topeka. Si Scofield estaba allí o en algún lugar cercano quería decir que se estaba dirigiendo al oeste. De repente un dato que había leído en alguno de los expedientes vino a su memoria. D.B Cooper y los millones que había robado alguna vez. Él había sido encontrado y enviado a Fox River bajo otra identidad, la de Charles Westmoreland, el hombre que había muerto a tan solo un paso de lograr fugarse. En los registros se decía que antes de ser encarcelado Cooper había sido visto en Utah, justamente al oeste del país. Podía ser simplemente una casualidad, pero no dejaría que el azar lo decidiera.
Llamó a su asistente, quien entró de inmediato a su oficina.
- Agente Lang... consígame un boleto en el primer vuelo disponible a Topeka, Kansas, quiero partir hoy mismo si es posible-.

continuará..



































































































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Andrea Burrows
Posted: May 30 2007, 11:45 PM


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Aqui dejo el siguiente capi

Capítulo 15




Candie estaba hojeando uno de los libros de la biblioteca cuando la puerta se abrió.
- ¡Creí que no volverías más! – exclamó dejando el libro en su lugar- Pensaba que Sara te había... - se detuvo en seco al ver que no era Michael quien estaba parado junto a la puerta.
- Lamento no ser quien estabas esperando- dijo Lincoln acercándose a paso firme.
Candie no entendía que estaba sucediendo allí... al menos que... ¡Dios! ¡No podía creer que Michael le hubiera hecho una cosa así!
- Michael... Michael dijo que me enseñaría a jugar billar- titubeó Candie mientras lo observaba acercarse a la mesa.
- Pues, al parecer has entendido mal- Lincoln tomó uno de los tacos y empezó a acomodar las bolas en el centro del paño.
Candie continuaba de pie todavía junto a la biblioteca pero aún así podía percibir el olor a mentol de su loción de afeitar. Su rostro anguloso parecía diferente sin aquella barba desaliñada que traía desde hace días y la camisa azul marino que llevaba le sentaba de maravillas. Candie no pudo evitar que sus ojos bajaran hasta su pecho que asomaba detrás de los tres primeros botones que había dejado sin abrochar. Comenzó a sentirse inquieta cuando Lincoln se giró para poder mirarla. Había dejado el taco ya y se había sentado sobre la mesa.
Sentía que sus ojos la recorrían de arriba abajo y de inmediato sus mejillas se tiñeron de rojo. Él sonrió ante aquella reacción y se cruzó de brazos mirándola seriamente.
- ¿ Y bien... quieres que te enseñe o no?- preguntó arqueando las cejas.
Candie estaba sin reaccionar. “ Vamos... piensa una respuesta coherente...” pero ni una sola palabra salía de sus labios. Era increíble el efecto que Lincoln causaba en ella.
- Yo... yo acepté porque creí que sería Michael quien me enseñaría... - empezó a decir finalmente.
Lincoln soltó una carcajada.
- ¿ Michael? No, a él puedes pedirle que te enseñe a jugar al ajedrez o algún juego de estrategia pero no puedes pedirle que te enseñe las artes del billar... en eso, el experto soy yo- dijo enfatizando las últimas palabras.
- No creo que me interese aprender después de todo- dijo, sabía que no era una excusa válida pero en ese momento no podía pensar en una respuesta más acertada.
- ¡Candie... deja de actuar como una niña!- se levantó de su lugar- Si no quieres reconocer que tienes miedo...-.
Candie colocó sus brazos en jarra y lo miró incrédula.
- ¿ Miedo? ¡No te creas que eres tan importante como para que alguien como yo pueda temerte!- dijo sonriendo con ironía.
- Entonces demuéstrame que no es así- expresó Lincoln sin inmutarse.
- ¡Yo no tengo nada que demostrarte!- se defendió Candie roja de furia a esas alturas.
- Entonces... perdóname pero con tu actitud me demuestras que la única razón por la que me rechazas es porque me temes- lo dijo consciente de lo que su comentario provocaría en ella.
Candie respiró profundo y agachó la cabeza unos segundos, su orgullo herido era más grande que la rabia que sentía en su interior.
- De acuerdo... veamos si en verdad eres tan bueno como dices- inquirió levantando la cabeza y mirándolo desafiante.
Una sonrisa divertida se dibujó en el rostro de Lincoln, después de todo Michael tenía razón, Candie había reaccionado tal cual como él se lo había anticipado.
- Toma- le dijo arrojándole uno de los tacos, con la mala suerte que ella no logró atraparlo y fue a dar al suelo.
Candie le lanzó una mirada fulminante y se agachó para levantarlo; cuando lo hizo la abertura lateral de su vestido se movió dejando ver buena parte de uno de sus muslos. Ella de inmediato se levantó y volvió a poner la tela en su lugar, pero a juzgar por la mirada vivaz de Lincoln, su gesto no había servido de nada. Trató de ignorarlo y se colocó junto a la mesa de billar, justo en el lado opuesto en el que se encontraba él.
- Y bien... – dijo parándose en actitud desafiante con la mano derecha sosteniendo el taco.
- Lo primero es que conozcas las reglas...- se dirigió hacia ella rodeando la mesa- ... debes meter las bolas en los diferentes sacos evitando que la bola ocho caiga en alguno de ellos... esa será la última en entrar- se paró a su lado y la miró.
Candie asintió dando un paso al costado.
- ¿ Segura que has entendido?- insistió él.
- ¡No soy tonta!- le respondió ella inclinándose sobre la mesa.
- ¡ Nunca dije eso!- se defendió él levantando ambas manos.
Candie no le contestó, intentaba apoyar el taco de manera que pudiera abarcar su totalidad con ambos brazos pero no era tan fácil, se sentía torpe y cuando quiso dar el primer golpe, el taco se deslizó sobre la bola moviéndola apenas unos centímetros. Reacomodó la maldita bola para pegarle nuevamente pero fue inútil, volvió a fallar. Lanzó un soplido de fastidio mientras se incorporaba; temía enfrentarse a la mirada burlona de Lincoln pero no tenía salida.
Efectivamente Lincoln estaba parado detrás de ella, cruzado de brazos y con una risita insoportablemente socarrona que le llegaba de oreja a oreja.
- Buen intento- le dijo sin dejar de sonreír.
Candie lo miró arrojando el taco sobre la mesa.
- Me rindo- respondió-¡ Ni siquiera puedo sostener bien el maldito taco!-.
- Eso tiene solución- Lincoln tomó el taco- Solo debes dejar que yo te guíe... -.
Ella no entendía exactamente lo que aquellas palabras significaban pero en unos segundos Lincoln se encargó de hacérselo saber.
Él se había acercado lentamente y se hallaba ya a tan solo unos centímetros de ella.
- Es cuestión de que sepas como sostener el taco... – se pegó a su espalda apoyando el brazo izquierdo sobre el suyo para ayudarla a tomar correctamente el taco y buscó su otra mano para colocarla en el otro extremo del taco-... luego apoyas la punta contra la bola... -.
Candie intentaba concentrarse en lo que él le estaba explicando pero era imposible, solo podía pensar en la extraña intimidad que estaban compartiendo... sus dedos fuertes apretando los suyos, sus brazos rozando su cintura, su aliento caliente humedeciendo su cuello y el olor de su loción que la estaba embriagando sin piedad. Lincoln se movió para permitir que Candie pudiera dar el primer golpe con su ayuda y cuando ella sintió la tela áspera de sus pantalones vaqueros rozando la parte posterior de sus piernas dio un respingo.
- ¿ Estás lista?- susurró él a su oído.
Candie entornó los ojos cuando sintió su voz grave tan peligrosamente cerca.
Asintió sin pronunciar palabra.

#

Michael y Sara estaban sentados en la escalera de la parte delantera de la casa.
Sara ubicada un peldaño más abajo, apoyaba su cabeza en la pierna de Michael quien se dedicaba a peinar delicadamente su larga cabellera con sus manos.
- ¿ No crees que Candie pueda enfadarse?- preguntó Sara preocupada.
Él la miró e intentó tranquilizarla con una sonrisa.
- Conozco a Candie y créeme... si yo no les hubiese tendido esta pequeña trampa jamás se hubiera atrevido a dar el primer paso-.
- No lo sé, Michael... tal vez has hecho mal en entrometerte- se giró y lo miró a los ojos- Debes dejar esa manía de querer planear la vida de los demás...-.
Las dudas de Sara empezaban a hacerse evidentes también en él.
- ¿ Crees que me equivoqué?-.
- No lo sé...pero creo que tu hermano es lo suficientemente capaz de solucionar sus problemas amorosos sin tu ayuda- le respondió con un dejo de reproche en la voz.
- Sin embargo, hasta ahora no ha logrado nada y el rechazo de Candie lo estaba volviendo loco-.
- Tal vez es solo cuestión de tiempo, hasta que Candie se diera cuenta que su rechazo solo es una fachada para mantener a tu hermanito lejos de ella-.
Michael se quedó pensativo con la mirada perdida en el horizonte.
- ¿ En qué piensas ahora? Espero que no estés tramando alguna otra cosa...- le advirtió Sara.
Él la miró y le sonrió con picardía.
- ¿ Qué estará pasando allí adentro?-.
Sara comenzó a acariciar su brazo tatuado que asomaba debajo de la camiseta blanca que llevaba.
- No lo sé...pero si sé lo que tengo ganas que pase aquí afuera- le susurró mientras acercaba su rostro al de Michael.
Se estaban besando cuando el sonido de un motor acercándose los alarmó.
- Michael...- dijo Sara con el corazón en la boca.
Él le tomó ambas manos con fuerza.
-No te preocupes- dijo para calmarla.
La puerta del auto que se había estacionado a unos metros de la casa se abrió y una mujer joven y un adolescente se bajaron de él.
Michael caminó hacia ellos, mientras Sara seguía en su lugar sin moverse. Sin dudas, se conocían y eso la tranquilizó. Michael primero se fundió en un abrazo con el chico y luego con la mujer de cabello negro que lo acompañaba.
El muchacho recogió una mochila y una pequeña maleta del interior del auto y los tres se encaminaron hacia la casa en donde Sara los esperaba curiosa.
- Sara... ellos son Verónica y LJ, mi sobrino- dijo con orgullo.
Ella los saludó con un fuerte apretón de manos. Finalmente conocía al hijo de Lincoln y a la mujer que había luchado hasta último momento para probar su inocencia.
LJ se colgó la mochila al hombro y caminó hacia la puerta.
- ¿ Dónde está papá?- estaba ansioso por aquel reencuentro.
- Si... ¿ dónde está Lincoln?- Verónica preguntó dirigiendo una mirada interrogante a Michael.
Él sonrió y buscó de inmediato los ojos de Sara. Ambos se miraron con nerviosismo; parecía que la pequeña treta que Michael había ideado no iba a salir del todo bien.

#

Con la ayuda de Lincoln, Candie finalmente pudo atestar un buen golpe, al menos uno que dejara atrás sus dos intentos fallidos. Había logrado que una de las bolas cayera en el saco más cercano y aquello significó un logro para ella.
Una sonrisa de orgullo iluminó su rostro y no fue capaz de reprimir el impulso de girarse y mirar a Lincoln.
Él también sonreía y por primera vez, un atisbo de complicidad los sorprendió. Entonces sus ojos finalmente se encontraron y se quedaron en silencio un momento, ninguno de los dos se atrevió a decir nada, como si una palabra pudiese romper la magia que los rodeaba.
Lincoln seguía pegado a ella, no había espacio entre sus cuerpos y sus brazos seguían sujetando los suyos. Él la obligó a soltar el taco y la giró lentamente. Candie se sintió atrapada entre el cuerpo poderoso de Lincoln y la mesa de billar; pero enseguida comprendió que había algo mucho peor para ella... sentirse atrapada por sus propios deseos. Se estremeció bajo la mirada penetrante de Lincoln... sentía que podía invadir los rincones más recónditos de su mente, era como si él pudiera comprender lo que pasaba dentro suyo, algo que ni ella misma alcanzaba todavía a descubrir.
Candie pudo sentir la respiración contenida en su pecho cuando él colocó ambas manos en su cintura, su piel ardía debajo de la fina tela del vestido y descubrió que, cuando sus manos se apoyaron tímidamente en su pecho la piel tostada de Lincoln también ardía debajo de las yemas de sus dedos.
Lincoln empezó a deslizar una mano por una de sus piernas hasta apoyarla en su muslo para luego comenzar a subirla lentamente por debajo de la tela de algodón de su vestido. Aquel contacto desató un torbellino de sensaciones en su interior y comprendió que no se detendría, no tenía fuerzas ya para luchar contra sus propios sentimientos.
Respiraba con dificultad y sin darse cuenta se humedeció los labios con la punta de la lengua, y cuando vio que la atención de Lincoln estaba centrada en sus labios húmedos se estremeció por lo que vendría a continuación. Los ojos de Lincoln devoraban su boca y poco a poco su cabeza bajó lentamente hacia su meta. Candie sintió el aliento tibio en sus labios y su respiración se aceleró. Sus bocas se unieron finalmente, en un beso tierno primero que terminó luego dando paso a sus deseos irrefrenables cuando sus lenguas se buscaron con furia. Candie se sorprendió por la violenta llamarada de placer que la recorrió y no pudo disimular su respuesta, sintió tensarse los músculos masculinos cuando sus manos subían y bajaban acariciando el pecho de Lincoln. Se dio cuenta que él temblaba tanto como ella. Luego él perdió el control y con un gemido aumentó la presión de sus labios. Lincoln jadeó de deseo cuando Candie se arqueó contra él dejando que su cuerpo se amoldara al suyo.
Él abandonó aquellos labios que había deseado desde el primer momento en que la había visto y comenzó a bajar lentamente por su cuello; hundió su rostro en la espesa cabellera de Candie dejando que el aroma a caramelo lo volviera a embriagar. Se separó un poco y volvió a mirarla a los ojos, esos ojos verdes que tantas veces lo habían mirado con desdén y que hoy estaban humedecidos por la pasión. De repente y sin previo aviso él la tomó por la cintura, la levantó y la sentó en la orilla de la mesa. Candie separó las piernas para que Lincoln se acercara nuevamente, él así lo hizo siguiendo con lo que había dejado pendiente... siguió recorriendo el cuello de Candie con su lengua tibia mientras ella volvía a arremeter con sus manos temblorosas por debajo de su camisa, esta vez acariciando su abdomen firme. Su respuesta fue inmediata y Lincoln empezó a desabrochar los botones de su vestido sin dejar de besar el hueco de su hombro. Un brusco escalofrío de placer la recorrió cuando la cabeza de Lincoln se inclinó sobre su pecho y su boca empezaba a humedecer la seda de su brasier. Candie se agitó convulsivamente y sus manos empezaron a buscar impetuosamente el cierre de sus pantalones vaqueros. Deseaba aquello más de lo que nunca había deseado ninguna otra cosa y su respuesta fue más violenta de lo que había creído posible. Comprendió que lo necesitaba, que lo deseaba con una intensidad que la asustaba... nunca antes se había sentido así, angustiada por su brusco despertar a una pasión que no conocía, logró recuperar el control y trató de apartarlo.
- Lincoln... detente- murmuró todavía con la respiración acelerada.
- Candie... no...- le imploró él levantando la cabeza- No... no puedes dejarme así-.
Ella hizo caso omiso a sus suplicas y lo empujó.
Lincoln se apartó de ella musitando una maldición. Agachó la cabeza intentando respirar con calma y ella vio el temblor de sus manos.
- ¡ Maldita sea, Candie!- exclamó moviendo la cabeza con un gesto de pesar- Sabes que... que no he estado con una mujer desde que me encerraron en Fox River y estoy harto de tomar duchas frías...-.
Candie sintió un fuerte deseo de salir corriendo, tenía la boca seca y el corazón le latía frenéticamente en el pecho. Sus palabras fueron como un golpe para ella... ahora lo entendía todo perfectamente... Lincoln solo buscaba con quien sacarse las ganas y ella estaba allí, disponible y al alcance de su mano. Incluso había tenido el descaro de involucrar a Michael en su intento por llevársela a la cama.
- ¡Déjame ir, Lincoln!- le ordenó mientras intentaba liberarse de sus brazos.
- Candie... no niegues lo que sientes- su voz era ronca- Sólo déjate llevar...-.
- ¡No!- respondió mientras se retorcía entre sus brazos.
- ¡Maldición!¡ Deja de luchar contra mí!- demandó él, obligándola a levantar la cabeza para mirarlo a los ojos.
Estaba furioso por su reacción y ella lo sabía.
-¡Deja de comportarte como una niña de una buena vez! ¿ O crees que soy la clase de hombre al que puedes provocar y excitar para retirarte en el último momento?-.
- Yo... yo no tenía intención de que ocurriera esto...- dijo bajando la mirada.
- ¡Pues no parecía! ¡ Sobre todo cuando temblabas entre mis brazos!- le recordó él- Deseabas lo mismo que yo, Candie...- susurró con más calma.
-¡ Déjame ir, Lincoln... esto nunca debió haber pasado!- logró bajarse de la mesa mientras luchaba contra las lágrimas que amenazaban con salir.
Él la miraba todavía contrariado, no podía creer que aquello estuviera pasando. Se moría por volver a estrecharla entre sus brazos y dejar que la pasión los devorara nuevamente.
Candie intentó alejarse pero él la tomó del brazo.
- No puedes negar lo que sientes... no después de lo que acaba de pasar-.
Ella se quedó sin respiración al oírle y retrocedió nerviosamente cuando él se acercaba. Se puso rígida cuando él intentó rodearla con sus brazos. Sabía que si él se acercaba más, ella se vendría abajo. Se puso pálida de solo pensarlo.
Unos golpes en la puerta vinieron a socorrerla.
- Linc... ¿puedo entrar?- la voz de Michael desde el otro lado de la puerta fue la excusa perfecta para acabar con aquella situación.
Candie se alejó y le abrió. Michael estaba de pie y nervioso por tener que presentarse ante ellos.
- Pasa- dijo Candie mientras se acomodaba el cabello, todavía estaba aturdida y lo único en que podía pensar era en salir corriendo de allí.
- ¿ Michael, qué quieres?- preguntó Lincoln enfadado.
Michael se rascó a la cabeza y no sabía si decir aquello o no delante de Candie.
- Linc... Verónica acaba de llegar-.
Sus palabras cayeron como un balde de agua helada, no solo para Candie sino también para Lincoln que estaba sorprendido.
- ¿Verónica... aquí?-.
Michael asintió sin dejar de observar a Candie que estaba junto a él escuchando sus palabras. Notó entonces que llevaba el vestido desprendido y comprendió que los había pillado en medio de algo importante.
- Te esperamos abajo, Linc- dijo retrocediendo, se sentía un poco incómodo, había un clima de tensión y lo mejor era dejarlos solos.
Ambos lo miraron marcharse y Candie se dispuso a hacer lo mismo. Lincoln la detuvo.
- Espera...-le pidió intentando frenarla.
Ella le daba la espalda y sin voltearse le respondió.
- Olvida lo que pasó... porque no se va a volver a repetir-.
- Olvidar...¿ Cómo hago?- le preguntó él con la voz casi quebrada.
Candie finalmente se giró y lo miró a los ojos.
- No va a ser muy difícil... ahora tienes a Verónica para que te ayude a hacerlo- dio media vuelta y se fue dando pasos firmes.
Lincoln se quedó unos segundos de pie, sin reaccionar, pero no tardó mucho tiempo en hacerlo... una feroz patada a la puerta fue su manera de exteriorizar la furia y la impotencia que llevaba dentro.

#

No sabía el tiempo que llevaba conduciendo, solo era consciente de que su mano no estaba respondiendo como se esperaba. Ya no sentía dolor, debido a los calmantes que ingería pero sabía que no era nada bueno que no tuviera sensibilidad en las puntas de los dedos. Echó un vistazo al GPS para saber exactamente donde estaba. Leadville, Colorado... unas cuantas millas más y estaría entrando finalmente en Utah. Estaba anocheciendo y necesitaba una pausa, un lugar en donde detenerse a beber algo, un lugar perdido en la nada en donde nadie pudiera reconocerlo. En el pueblo anterior había entrado en una pequeña tienda y en el baño del mismo lugar se había cambiado el color del pelo. Sonrió divertido al contemplar su nuevo look en el espejo. Su cabello era ahora de un tono casi patinado y aunque no había quedado muy conforme con los resultados al principio, ya se estaba acostumbrando a formar parte del club de los “blondies”.
Aparcó la camioneta a un costado de la carretera, junto a una cafetería. Aquel lugar sería el apropiado, un lugar tranquilo en donde beber una taza de café y comer un pedazo de pastel.
Se bajó, se acomodó la gorra, metió la mano dentro del bolsillo y subió el cuello de su chaqueta hasta cubrirse la mitad del rostro. Entró al lugar y solo había cuatro locos. “Perfecto” pensó mientras se deslizaba en la banqueta de una de las mesas que daba a la ventana. Una camarera gorda se le acercó.
- ¿ Qué desea?-.
T-Bag la miró de arriba abajo y esbozó una sonrisa socarrona.
- Una taza de café y... - leyó el menú- una porción de pastel de limón-.
La mujer anotó el pedido y se alejó.
Un hombre sentado en la mesa continua llamó su atención. Estaba leyendo un periódico mientras bebía su café.
Una chispa iluminó la mirada de T-Bag... no podía tener mejor suerte... aquel lugar finalmente sería una bendición para él.
Bebió y comió su pastel con ganas, como si fuera la última vez que lo hacía. Mientras tanto no apartaba la mirada del hombre sentado a unos metros de él. Cuando vio que éste se disponía a marcharse, sacó dinero de su bolsillo y lo puso junto a la taza de café. No podía perderle pisada. Lo siguió hasta su auto, detrás de la cafetería y antes de que se subiera, lo llamó.
- Señor... disculpe...- dijo aproximándose por detrás.
El desconocido se dio vuelta para ver el rostro del hombre que requería su atención... pero lo primero que vio fue el brillo de una navaja acercándose a su rostro.
Fue más sencillo de lo que pensaba, un corte neto y la garganta de aquel hombre se desangró en unos minutos. Se agachó y buscó con afán su premio...
- Gracias, amigo- le dijo al oído mientras le quitaba la mano ortopédica.
Se levantó y caminó a toda prisa hacia su camioneta, una vez allí intentó calmarse. Estaba excitado, no sabía si era por haber visto correr sangre nuevamente o por haber encontrado una solución a su problema.
Miró su mano, mal cosida, que ya no le respondía... tendría que deshacerse de ella para usar su nueva adquisición. Hubiera deseado que Abruzzi y su hacha estuvieran allí en ese momento, pero eso no era posible y sabía que no había otra manera.
Respiró profundo varias veces, intentando tomar valor, trató de que su mente quedara en blanco y ya no pensar en nada más... ni siquiera en el dolor que estaba por experimentar. Abrió la puerta de la camioneta y colocó su mano inservible a la altura de la muñeca, en la zona de la sutura. Un golpe y todo terminaría... tragó saliva y cerró los ojos.
El fuerte portazo fue certero y T-Bag ahogó sus gritos en medio de la noche, aguantando el dolor que lo doblegaba, mientras observaba con lágrimas en los ojos como su mano caía fuera de la camioneta. Se recostó en el asiento mientras apretaba su brazo contra su pecho. No importaba cuanto más tuviese que sufrir, encontrar a Susan y a los millones de Westmoreland serían su mejor recompensa...

#


Candie estaba en su habitación, todavía conmocionada por lo que había pasado con Lincoln. Jamás pensó que podría llegar a tanto... nunca se perdonaría por haber flaqueado de aquella manera ante él. Se odiaba a sí misma por haberse permitido llegar tan lejos. Corrió hacia el baño y abrió el grifo de la ducha. Se quitó el vestido rápidamente y cuando quedó finalmente desnuda se metió, dejando que el agua tibia se deslizara por su piel que todavía conservaba su olor. Con movimientos enérgicos trataba de quitárselo... quería borrar todas las huellas que él había dejado en ella, tal vez así lograría apartarlo de su mente para siempre... cerró los ojos y apretó los dientes, sabía que eso era imposible... el agua no se llevaría lo que sentía por dentro, el fuego que él había logrado encender en sus entrañas sería difícil de apagar... abrió los ojos nuevamente y unas lágrimas de impotencia se mezclaron con el agua que caía por su rostro. Se maldijo una y mil veces por haber sido tan estúpida. No podía volver a cometer el mismo error, no podía volver a enamorarse del hombre equivocado... no se lo permitiría, esta vez había aprendido la lección. Solo había una cosa por hacer, y ella estaba más que dispuesta a intentarlo. Lincoln Burrows no tendría ni siquiera la oportunidad de lastimarla...

#

Michael y Sara estaban atareados en la cocina preparando la cena mientras Lincoln, Verónica y LJ conversaban animadamente en la sala.
- Alguien debe ir a buscar a Candie para que venga a cenar...- dijo Sara mientras cortaba con cuidado un pedazo de queso.
Michael la miró y una mueca se dibujó en su rostro.
- Tienes razón...- limpió una mancha de salsa de tomates de la comisura de sus labios- Yo iré...-.
Sara asintió regalándole una sonrisa cómplice.
- No deberías sonreírme de esa manera... es un atentado contra mi integridad física y mental- le advirtió él mientras se alejaba.
- Lo siento, Scofield- respondió ella divertida.
Pasó por la sala y notó que el clima allí era sereno, no se podía negar que aquella reunión les había hecho bien. LJ estaba feliz por el reencuentro con su padre, Verónica podía finalmente reunirse con Linc fuera de la prisión... y su hermano... algo le preocupaba, obviamente estaba contento de tener a su hijo y a Verónica a su lado, pero él notó que estaba inquieto y sabía perfectamente el motivo... Candie.
Tuvo que aceptar que tener a Verónica allí en aquel momento no era lo más acertado, pero él no podía hacer nada... después de todo si estaban en aquel lugar tranquilo, lejos de todo, era gracias a ella.
Subió las escaleras casi corriendo y se detuvo frente a la puerta de la habitación de Candie. Dio unos golpecitos y ella le abrió.
- Candie... la cena estará lista en unos momentos- hizo una pausa- además... LJ y Verónica quieren conocerte...-.
Ella lo miró y sus enormes ojos verdes parecían suplicarle que no la hiciera pasar por semejante situación.
- Michael... en realidad no tengo hambre, discúlpame con los demás- estaba a punto de cerrar la puerta cuando un muchacho de unos quince años apareció detrás de Michael.
- Hola... tu debes ser Candie- extendió su mano- Yo soy LJ... hijo de Lincoln- le informó con una sonrisa de oreja a oreja.
Candie se quedó mirándolo y se descubrió buscando en su rostro los rasgos de su padre.
- Hola, LJ- respondió estrechando finalmente su mano- Es un placer conocerte-.
Él se rascó la cabeza y la miró de arriba abajo sin reparos.
- El placer es mío, Candie-.
No había dudas que se parecía a su padre, tenían la misma mirada intensa, salvo que solamente la de Lincoln lograba inquietarla.
Michael le dio un golpe a su sobrino.
- ¡LJ, compórtate! -.
- ¡Tío Mike… no estaba haciendo nada malo!-.
Candie no pudo evitar sonreír con las reprimendas que Michael le hacía a su sobrino.
- Entonces, Candie... ¿ vienes a cenar?- preguntó Michael nuevamente.
Ella intentó negarse pero la insistencia de LJ para que baje con él fue imposible de ignorar y terminó por convencerla.
Lo primero que llamó su atención cuando entró en la cocina fue una mujer de cabellos negros y grandes ojos verdes sentada junto a Lincoln. Él tenía un brazo sobre la mesa y ella lo rodeaba con los suyos.
Apartó la mirada de inmediato, y ni siquiera lo miró. LJ la tomó de la mano y la llevó a sentarse a su lado.
- Vee... ella es Candie- dijo haciendo las presentaciones pertinentes mientras corría la silla para que ella se sentara.
Verónica la miró y le sonrió.
- Hola, Candie... finalmente te conozco- le dio la mano- Me han hablado mucho de ti últimamente- añadió.
Candie estrechó su mano e intentó sonreírle, no quería que nadie notara su incomodidad.
Se sentó y a partir de ese momento fue el centro de atención de LJ quien no dejaba de hablarle, contándole sobre sus aventuras y de la vez en que le había disparado al hombre que había matado a su madre y a su novio. Candie intentaba centrarse en él y prestarle toda su atención pero todo su cuerpo era consciente de que Lincoln estaba a tan solo un par de metros y que no perdía la ocasión de lanzarle miradas intensas que solo lograban ponerla nerviosa.
- Mañana temprano Lincoln y yo nos iremos- informó de repente Michael.
Todos, excepto Lincoln lo miraron asombrados.
- ¿ Te irás?- preguntó Sara sin ocultar que aquello no le agradaba.
- Si, Sara... debemos ir en busca de algo que está esperando por nosotros-.
- Los 5 millones que el viejo Charles enterró en algún lugar de Utah- comentó Lincoln y todos lo miraron más asombrados aún.
Michael no tuvo más remedio que contarles todo lo relacionado con el dinero.
-¿ Puedo ir con ustedes, papá?-.
Lincoln sacudió la cabeza.
- De ninguna manera, LJ... tu debes quedarte y cuidar de Sara, Verónica y Candie...-.
Una extraña sensación subió por la espalda de Candie al oírlo pronunciar su nombre. Deseaba desaparecer de allí...
Sara pareció darse cuenta de la situación y le pidió a Candie que le ayudara a recoger la mesa. Una vez en la cocina, Candie lavaba los platos en silencio mientras Sara los secaba.
- ¿ Estas bien?- preguntó Sara.
Candie asintió sin mirarla.
- Pues no parece...- aseguró Sara.
- ¿ Se nota demasiado, no?- preguntó Candie volteándose.
- Demasiado- dijo Sara mirándola con preocupación.
- A veces no entiendo como puedo ser tan tonta... creí que había aprendido después de lo que pasó con Michael- buscó en los ojos de Sara un poco de comprensión.
- No te preocupes, sabes que todo eso quedó atrás- respondió Sara demostrando que aquel tema ya no le molestaba.
Candie se pasó una mano por los cabellos y trató de calmarse.
- No puedo creer que no lo haya visto venir... Lincoln solo buscaba una cosa... ¡y hasta tuvo la osadía de involucrar a Michael en su plan!- exclamó indignada.
- Candie... Lincoln no...-.
- ¿ Necesitan ayuda?- preguntó Verónica desde la puerta interrumpiendo su conversación.
Ambas iban a responder que no era necesario pero Verónica ya estaba parada junto a ellas dispuesta a secar los platos que faltaban. Candie le entregó el paño y les informó que se iba a dormir porque estaba cansada.
- Me gustó conocerte- le dijo Verónica antes de que se fuera.
Candie trató de ser simpática con ella.
- A mí también, Verónica- respondió sabiendo perfectamente que sus palabras carecían de honestidad.

#

Intentó dormirse de mil maneras posibles, pero no lograba cerrar un ojo. Un torbellino de pensamientos se lo impedía. Lincoln se iría a la mañana siguiente... era lo mejor, sin embargo una sensación ambigua le quemaba el pecho. Necesitaba tenerlo lejos para aclarar lo que le estaba pasando con él pero a su vez el hecho de no verlo la angustiaba. Era casi las once de la noche y no se oía ya el bullicio de los demás en la sala, se habrían ido todos a dormir. Entonces una imagen apareció en su mente... Lincoln y Verónica en la misma habitación... en la misma cama... Movió la cabeza de un lado a otro tratando de apartar aquellos pensamientos.
El ruido de pasos la alarmó y contuvo la respiración cuando alguien se detuvo frente a su puerta. No dudó ni un segundo quien era, su corazón que latía aceleradamente sabía perfectamente que era él. Se levantó de un salto y se apoyó contra la puerta. No se oía nada, pero Lincoln estaba allí. De pronto escuchó la voz de Verónica.
- ¿ Vienes, Linc?-.
Unos instantes de silencio que a Candie le parecieron eternos.
- Si, Vee... vamos- respondió finalmente él.
Sus pasos alejándose confirmaron lo que ella temía.
“¿ Qué creías, tonta?” Se dijo sonriendo con tristeza... Lincoln conseguiría con Verónica lo que no había logrado con ella. Se dejó caer en la cama y en la oscuridad de su habitación lloró de rabia, de impotencia y aunque le costara reconocerlo, aquellas lágrimas solo significaban una cosa... celos... celos de saberlo entre los brazos de otra.
No supo cuanto tiempo estuvo tumbada allí llorando, se enjugó las lágrimas y miró al frente con firmeza... había tomado una decisión. Mañana todo aquello terminaría y Lincoln Burrows desaparecería de su vida para siempre.

#

Mahone había salido del aeropuerto de Topeka hacía una hora y conducía por la carretera que lo llevaría a la dirección descifrada a través del tatuaje de Michael Scofield.
No había pedido refuerzos, era una labor que podría llevar a cabo perfectamente él solo... además no quería testigos, nadie debía saber que su verdadera misión no era capturar a los prófugos... nadie debía sospechar siquiera que su misión final era eliminarlos uno a uno; y que las últimas piezas del rompecabezas eran las muertes de Michael Scofield y Lincoln Burrows.
Se estaba acercando a una casa que se encontraba perdida en el medio de la nada. La oscuridad de la noche sería su mejor compañera, junto a la 9 milímetros que portaba con él. Se detuvo a unos metros y notó que había un par de autos estacionados en la parte lateral de la casa.
Se bajó y sacó su arma. La empuñó fuertemente con ambas manos y empezó a acercarse con cautela. Las luces estaban apagadas y el porche estaba en penumbras. No se oía nada desde allí y entonces subió las escaleras y se apoyó contra la puerta de entrada. De repente alguien encendió las luces de la casa y su corazón empezó a bombear cada más fuerte, la adrenalina fluía por sus venas y gotas de sudor mojaban su frente.
Una puerta... solo una puerta lo separaba de Michael Scofield, unos momentos más y estaría finalmente frente a él...el hombre que lo había desafiado como nunca antes nadie lo había hecho.

continuará.......

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Andrea Burrows
Posted: Jun 11 2007, 09:04 PM


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Aqui dejo el capi 16


Capítulo 16



- Peter... ¿ has sacado la basura o el maldito juego te ha entretenido de nuevo?-.
Aquella voz femenina le indicó que algo no andaba bien, y cuando la puerta finalmente se abrió, sus sospechas se confirmaron.
Los gritos de la mujer retumbaron en la noche al ver frente a su puerta a un extraño portando una pistola y que la miraba disgustado.
- ¡ Señora... cálmese!- guardó la pistola y en su lugar sacó su placa- Soy el Agente Federal Alexander Mahone- le informó intentando calmarla.
Su marido apareció al oír los gritos de terror de su mujer.
- Cariño... ¿ qué sucede?- la abrazó para calmarla- ¿ Quién es este hombre?-.
Mahone volvió a mostrar su placa y el matrimonio lo invitó a pasar.
Aquel lugar definitivamente no era el sitio en donde Scofield y Burrows se ocultaban. Les explicó que estaba en una misión importante y que por error, había terminado en su casa.
Dejó el lugar a toda prisa, estaba furioso... algo había fallado y aquel error significaba tiempo perdido, tiempo que Scofield ganaba y que él perdía.
Se subió al auto y tomó el móvil.
- Agente Lang... dígale al experto que revise nuevamente los resultados que dio “Hell’s Boss”... evidentemente hay un error en las coordenadas y los prófugos no están aquí- ordenó en voz alta.
- Bien, señor...-.
- ¡Comuníqueme que es lo que encuentra de inmediato... no debemos perder más tiempo!-.
- Así lo haré, señor- respondió la mujer consciente del enfado de su superior.
Se secó el sudor de la frente y se quedó allí unos minutos. Creyó estar cerca esta vez... y de nuevo Michael Scofield se había salido con la suya.
- ¡ Maldición!- dio un golpe al volante y dejó caer la cabeza sobre él.


#

Michael y Sara bajaron a la sala, en donde Lincoln, Verónica y LJ estaban desayunando. Hacía dos horas que había amanecido y debían partir en unos momentos.
- Debemos irnos, Linc- informó Michael mientras se acercaba a su hermano que bebía una taza de café.
Lincoln se puso de pie de inmediato y se puso su chaqueta.
Michael ya había regresado al lado de Sara, quien lo miraba con mirada melancólica. Odiaba separarse nuevamente de ella, pero no era seguro que los acompañara. Esa parte del plan debían llevarla a cabo solo ellos dos... no la pondrían en peligro ni a ella, ni a los demás.
- Llevaremos un teléfono móvil- explicó- Nosotros nos comunicaremos solo en caso de emergencia... no sabemos hasta donde pueden rastrearnos... por seguridad no les dejaremos el número, Linc o yo nos pondremos en contacto-.
Sara se abrazó a él, como si fuera la última vez que lo haría.
- Prométeme que volverás...- le pidió acercándose a su oído.
Él la miró y le sonrió.
- Si todo sale bien, estaremos de regreso en cuatro días...-.
- Todo va a salir bien, hermanito-dijo Lincoln abrazando a su hijo y sonriéndole con confianza.
Verónica estaba a su lado, esperando despedirse de él, no hacía más de veinticuatro horas que se habían reencontrado y ya debían volver a separarse. Solo se abrazó a él y cerró fuertemente los ojos.
- Cuídate, Linc...- acarició su mejilla- Estaré aquí, esperándote...-.
Él asintió depositando un beso tierno en su frente.
- ¿ Dónde está Candie?- preguntó LJ inquieto.
Lincoln miró a su hijo, quien había formulado la pregunta que él no se había atrevido a hacer.
- Michael y yo acabamos de pasar por su cuarto y estaba profundamente dormida- dijo Sara- Nos dio pena despertarla...-.
Una sensación de vacío se apoderó de Lincoln, hubiese querido verla antes de marcharse, necesitaban hablar y aclarar lo que había pasado en la sala de juegos. No sabía si era capaz de aguantarse hasta su regreso para hacerlo.
- ¿ Me disculpan un momento? Creo que olvidé algo en mi cuarto...- dijo de repente.
- Si quieres, yo puedo ir, papá- se ofreció LJ.
- Deja, LJ... no hace falta- intervino Michael ayudando a su hermano quien ya subía corriendo las escaleras.
Sara le lanzó una mirada fugaz a Verónica, quien parecía estar un poco molesta. No había dudas que se había dado cuenta del verdadero motivo por el cual Lincoln los había dejado esperando.

#

Lincoln estaba de pie junto a la puerta del cuarto de Candie. Se apoyó contra ella y ningún sonido provenía del interior.
Tomó el picaporte y lo giró lentamente, con la esperanza de que no estuviera cerrada con llave. Cuando escuchó el clic de la cerradura cediendo, respiró aliviado. Primer obstáculo salvado.
Entró sigilosamente y distinguió, en la oscuridad solo un bulto en la cama. Candie dormía tranquilamente y estaba cubierta hasta la cabeza.
Se acercó pero no tuvo el valor para despertarla. Hubiese querido abrazarla antes de irse pero el miedo a que lo rechazara nuevamente lo detuvo. Dio media vuelta y caminó hacia la puerta y antes de marcharse le lanzó una última mirada.
Bajó las escaleras y todos estaban esperándolo todavía en la sala.
- ¿Nos vamos?- preguntó al pasar al lado de Michael.
Él se dio cuenta que Lincoln no había podido despedirse de Candie, lo supo cuando lo vio a los ojos.
Los cinco salieron de la casa por fin. Ya había amanecido y había un sol radiante.
Se irían en el auto con el que habían llegado Verónica y LJ. Era más seguro, ya que después de la huída de Sara del hospital, el sedán blanco era seguramente tan buscado como ellos.
- Yo conduzco- se apresuró a decir Lincoln antes de que su hermano ocupase el asiento del conductor.
Michael sonrió mientras se colocaba las gafas oscuras.
- Cuídate, Michael... recuerda que prometiste volver por mí- Sara apretaba sus manos con firmeza.
- Sabes que cumplo mis promesas, Sara- respondió y con un beso se despidió de ella.
- ¡Michael, vamos... no tenemos todo el día!- exclamó Lincoln ya dentro del auto dando unos bocinazos.
Michael se subió y al cerrar la puerta volvió a mirar a Sara. Le lanzó un beso y pronunció dos palabras en silencio.
“ Te amo”
Sara le devolvió el beso y una respuesta.
“ Yo también te amo”.
Lincoln arrancó inmediatamente y una nube de polvo cubrió el camino.
- Regresarán- dijo LJ confiado.
Sara y Verónica lo miraron, querían estar tan seguras como él.


Llevaban dos horas conduciendo y ya habían salido de Kansas; aquella misma tarde finalmente estarían en Utah. Una vez allí debían dirigirse a Tooele y seguir las instrucciones que Charles Westmoreland había dejado antes de morir. Michael tenía aquella parte del plan perfectamente prevista. Jamás había hecho algo de manera apresurada y esta vez no sería la primera. Miró a su hermano, quien conducía sin prestarle atención, como perdido en sus propios pensamientos.
No le había dado los detalles de su plan, pero eso no le preocupaba. Lo que le estaba molestando era no haberle dicho a Lincoln que ellos dos no eran los únicos que sabían del dinero. Sucre lo sabía porque él mismo se lo había dicho en Fox River, pero no era él quien le preocupaba, sino los demás... T-Bag, C-Note y Tweener también habían oído las últimas palabras de Charles en la enfermería de la prisión. Temía que una vez en Tooele, las cosas se complicaran. Por eso no le había dicho nada a su hermano, prefería que él ignorara toda la verdad.
- ¿ No lograste despedirte de Candie, verdad?- preguntó Michael mientras se quitaba las gafas.
Lincoln pareció reaccionar al escuchar su nombre.
- No... no me atreví a despertarla...-.
- Tal vez es mejor así, Linc... estos días sin verte pueden ayudarla...-.
- ¿ Ayudarle a qué, Michael?- lo miró furioso- ¿ A darse cuenta de que todavía te ama?-.
Michael no podía creer lo que su hermano le estaba diciendo.
- ¡Eso no es verdad, Linc!- le increpó.
Lincoln soltó una carcajada irónica.
- ¡ Vamos, hermanito... ambos sabemos lo que hubo entre ustedes!-.
- Eso pasó hace mucho tiempo, Linc... además tu sabes que yo amo a Sara...- explicó más calmado.
- ¡ Eso no significa que Candie no sienta algo por ti todavía!- espetó todavía enfadado.
- ¡ No sabes de lo que estás hablando, Linc!-.
Lincoln frenó el auto bruscamente.
- ¡ Entonces quieres explicarme por qué demonios hizo lo que hizo!-.
Michael lo miraba sin entender.
- Estábamos... estábamos a punto de...- hizo una pausa- ¡ y de repente, sin ninguna razón me rechazó!-.
-¿ Y tú crees que yo soy el culpable de que haya reaccionado así contigo?-.
- Todavía te ama, Michael...- afirmó apretando con fuerza el volante.
Michael movía la cabeza de un lado a otro.
- Estas equivocado, Linc... - le tocó el hombro tratando de calmarlo- No sé lo que pudo haber sucedido para que Candie te rechazara pero no tiene nada que ver conmigo-.
Lincoln lo miró no muy confiado de lo que su hermano decía.
- No sé, Michael... yo no estaría muy seguro de ello... yo creo que Candie todavía siente algo por ti- sentenció.
- Olvídate de eso, Linc... verás que cuando regresemos podrás aclarar finalmente las cosas con ella- le aseguró- Ahora sigue conduciendo... ¡Tooele espera por nosotros!-dijo sonriendo.
Lincoln hubiera querido que el optimismo de su hermano lo contagiara pero no podía sacarse a Candie de la cabeza. Le atormentaba pensar que Michael fuera de algún modo el culpable de lo que había sucedido entre ellos la tarde anterior.


#


T-Bag conducía por la carretera que lo llevaría hasta Tooele y hasta los 5 millones de dólares, enterrados en aquel lugar.
Encendió la radio y sintonizó una estación de música. Empezó a tararear una vieja melodía; observó la mano de plástico y sonrió complacido. Ya no sentía dolor y aquella nueva adquisición había valido realmente la pena. Golpeaba el volante con sus dedos al compás de la música y no pudo evitar fastidiarse cuando el locutor interrumpió la canción para dar un anuncio importante.
“ Hay novedades sobre el atroz crimen cometido anoche en las afueras de Leadville, Colorado. Según parece un hombre fue visto saliendo de la cafetería al mismo tiempo que la víctima, que recordamos se trataba de un ex soldado que había servido en Vietnam.”
T-Bag se quedó en silencio y prestó atención a las palabras de aquel hombre.
“ Según fuentes policiales, el sospechoso, un hombre caucásico de unos cuarenta años, de contextura mediana y de cabellos rubios se subió a una camioneta Land Rover negra, con la matrícula RKB 656. Recordamos que este homicidio en particular ha despertado el interés de la prensa por un detalle aterrador... el asesino se llevó consigo la mano ortopédica de la víctima... si surgen novedades estaremos informando... esto fue WXRT con las noticias al instante...”
T-Bag empezó a ponerse nervioso, ya no sería difícil que alguien diera con él... ya no era invisible ante los demás, se había convertido en un blanco más vulnerable después de lo que había hecho la noche anterior.
Echo un vistazo a la carretera, unos carteles indicaban que faltaban unas 6 millas para llegar a Tooele. El sol parecía estar ardiendo allí afuera pero debería soportarlo, como otras tantas cosas que había soportado ya. Condujo hasta una gasolinera y se estacionó en la parte trasera. Se quedó sentado dentro de la camioneta unos minutos, se puso unas gafas, se colocó la gorra y se bajó. Debería tener más cuidado a partir de ahora, sería muy estúpido de su parte si se dejara atrapar justo ahora, cuando estaba tan cerca de los millones de Westmoreland.

#


- LJ... ¿ por qué no subes y le avisas a Candie que el almuerzo está listo?- sugirió Sara mientras colocaba los platos en la mesa.
El rostro de LJ se iluminó. No había visto a Candie todavía esa mañana y se moría de ganas de hablar con ella. Le había caído bien desde el primer momento y sentía una conexión especial con ella.
Subió corriendo de dos en dos las escaleras y se paró frente a su puerta. Golpeó un par de veces pero ella no respondió. Golpeó más fuerte la segunda vez y seguía sin recibir respuesta. Aquello no le estaba gustando y sin pensarlo demasiado entró a la habitación. Estaba en penumbras pues las cortinas no habían sido abiertas todavía.
- ¿ Candie... estás despierta?- preguntó acercándose a su cama.
El bulto en su cama ni siquiera se movió.
- Candie... despierta- llamó dándole unos golpecitos suaves.
Entonces se dio cuenta que no había nadie allí, levantó las mantas y se encontró solo con un par de almohadas acomodadas de tal forma que sugirieran que una figura humana yacía debajo de las frazadas.
LJ abrió sus ojos verdes asombrado.

Salió a toda prisa de la habitación y bajó las escaleras más rápido de lo que las había subido.
- ¡ Sara! ¡ Candie no está!- exclamó agitado ya en la cocina.
Sara lo miró intentando entender lo que significaban sus palabras.
- ¿ Cómo que Candie no está?- preguntó abandonando ya la cocina- ¿ Estás seguro? ¿ Te has fijado en el baño?-.
LJ seguía a Sara hasta la planta superior.
- No... además creo que se ha ido... colocó unas almohadas para que creyéramos que era ella la que dormía en su cama- le informó aunque Sara ya estaba dentro de la habitación y confirmaba con sus propios ojos lo que LJ le estaba diciendo.
Sara miró a su alrededor buscando alguna señal que explicara porque Candie había hecho aquello. Notó que faltaba su mochila y algo de ropa. Buscó algún papel, alguna nota pero no encontró nada. Candie había desaparecido sin dejar ningún rastro.
- ¿ Por qué crees que se haya ido?- preguntó LJ mirando por la ventana preocupado.
Sara tenía una idea de sus razones pero no las comentaría con LJ.
- ¿ Qué sucede? ¿ Por qué tanto alboroto?- Verónica preguntó asomándose a la puerta.
- Candie se fue... – respondió LJ caminando hacia ella.
El rostro de Verónica se tensó al oír aquello.
- ¿ Se fue? ¿ Adónde?-.
Sara sabía perfectamente lo que pasaba por su cabeza en aquel instante.
- No lo sabemos, Verónica... simplemente desapareció- dijo Sara encogiéndose de hombros y saliendo de la habitación.
- Deberíamos avisarle a Michael- dijo de repente Verónica.
Sara se giró y la miró.
- No tenemos su número... sólo nos queda esperar a que él se comunique con nosotros-.
- Ella tiene razón, Vee... el tío Mike fue muy cauteloso con el asunto de las llamadas... - le recordó LJ uniéndose a ellas en el pasillo.
Verónica asintió en silencio. Aquella situación no le gustaba para nada... presentía que la huída de Candie tenía mucho que ver con la partida de Lincoln y de Michael.

#

Su teléfono móvil empezó a sonar y el rostro de Mahone se relajó, al comprobar que la llamada provenía de su oficina.
- Agente Lang... ¿ qué novedades me tiene?- preguntó lanzando una mirada a su alrededor. Había conducido unas millas y se había estacionado a un costado del camino a descansar.
- Señor... revisamos las coordenadas nuevamente y cabe la posibilidad de que hayamos confundido los números... - informó la mujer seriamente.
- ¿ A qué se refiere?-.
- No eran dos sietes en la palabra “Hell’s”, señor... -.
- ¿Eran dos unos, verdad?- preguntó sabiendo de antemano la respuesta-.
- Exacto, señor... las coordenadas resultantes nos condujeron a otro lugar-.
- ¿Esta vez es el correcto, Agente Lang?- se notaba el fastidio en su voz.
- Se lo puedo asegurar... -.
- ¿ Cómo puede estar tan segura al respecto? No podemos volver a cometer el mismo error... - le advirtió.
- Porque esta vez contamos con un dato relevante... la nueva dirección sigue siendo Topeka, Kansas solo que en la parte norte y lo más importante, señor... se trata de una propiedad registrada a nombre de Verónica Donovan - dijo finalmente.
- ¿ Verónica Donovan... la abogada de Lincoln Burrows?- aquellas palabras volvieron a darle esperanzas firmes.
- La misma, señor-.
- Muy bien, Agente Lang, mándeme los datos exactos del lugar... saldré ahora mismo para allá- no le dio tiempo a decir nada más, colgó el teléfono, encendió el motor y se marchó a toda velocidad.

#


Finalmente Lincoln y Michael habían entrado a la autopista estatal 150 que los llevaría directamente a Tooele. Era una ciudad pequeña y pintoresca, ideal para que dos prófugos como ellos intensamente buscados pasaran desapercibidos... al menos era lo que ellos creían.
- ¿ Recuerdas todo lo que te dijo Westmoreland, Michael?- preguntó Lincoln estacionando el auto frente a una plaza en el centro de la ciudad.
Michael lo miró muy seguro de sí mismo.
- Según el viejo, el dinero está enterrado en el rancho Doble K, propiedad de Karl Kokosing... solo debemos encontrar el lugar...- dijo colocándose una gorra de béisbol antes de bajarse del auto.
-¡ Espera, Michael!- Lincoln lo había tomado del brazo impidiendo que abandonara el vehículo.
- ¡ Linc! ¿¡ Qué haces?- preguntó cayendo nuevamente sobre el asiento.
Lincoln le hizo señas de que mirara hacia la izquierda.
Cruzando la calle vieron a T-Bag, quien caminaba a toda prisa en dirección contraria a donde se encontraban ellos. Llevaba una gorra y cabellos rubios asomaban debajo de ella pero lo reconocieron de inmediato.
- ¿ Qué demonios hace Bagwell aquí?- preguntó Lincoln no dando crédito a lo que veían sus ojos.
Michael temió enfrentarse a la posible mirada de reproche de su hermano.
- No pareces sorprendido, hermanito-.
- T- Bag busca lo mismo que nosotros, Lincoln- soltó finalmente.
- ¿ Ese bastardo sabe de los 5 millones?- inquirió Lincoln furioso.
Michael asintió.
- Lo oyó en la enfermería... junto a los demás... -.
- ¿ Quién más lo sabe, Michael?-.
- Sucre, Tweener y C-Note... – respondió sin dejar de observar a T-Bag que se alejaba por la calle principal.
- ¿ Por qué demonios no me lo habías mencionado antes?- le recriminó con voz áspera.
- Lo siento, Linc... creí conveniente que no lo supieras... al menos al principio...-.
- ¿ Y cuándo pensabas decírmelo? ¿ Cuándo encontráramos el dinero y cayeran como buitres sobre nosotros?-.
Estaba enfadado, y con razón. No había justificación para su actitud.
- Te pido disculpas de nuevo, Linc... peor creí que era lo mejor-.
- Deja de creer lo que es mejor para los demás, Michael... – respiró hondo tratando de calmarse, sería inútil seguir discutiendo sobre el asunto.
- Lo intentaré, Linc... -.
Michael se sintió herido con las palabras de su hermano pero intentó manejar la situación lo mejor posible.
- ¿ Qué haremos ahora?- miró a T-Bag que aún seguía caminando alejándose cada vez más de ellos- ¿ Qué haremos con él?-.
- Por lo pronto, enciende el motor... veamos hacia donde se dirige-.
Lincoln lo obedeció y lentamente fueron acercándose a su objetivo.
Seguían a T-Bag de cerca pero sin que él se diera cuenta de su presencia. Lo vieron entrar al edificio municipal y perderse detrás de una gran puerta de cristal.
- ¿ Qué crees que busque allí?- preguntó Lincoln a Michael acomodándose las gafas de sol sobre la cabeza.
- No lo sé... pero apuesto que tiene que ver con el rancho Doble K- afirmó Michael- Da la vuelta y estaciona allí atrás, en el callejón- indicó.
Estacionaron el auto en un callejón lateral pero de manera que pudieran observar el momento en que T-Bag abandonara el edificio.
Se bajaron y se quedaron un momento allí, apoyados contra el auto esperando por él. Lincoln fue el primero en verlo y hacerle señas a su hermano.
Echaron a andar y cuando se acercaron a él, T-Bag intentó huir en dirección contraria. Corrió solo unos metros hasta que Lincoln logró atraparlo por detrás.
- ¡ Quédate quieto! No creo que quieras que llamemos la atención... - le dijo apretándole el brazo con fuerza contra su espalda.
T-Bag farfulló unas maldiciones a medida que Lincoln lo arrastraba sutilmente hacia el callejón. Michael caminaba por detrás cuidando que nadie les prestara demasiada atención.
Cuando finalmente llegaron al callejón, Lincoln arrojó a T-Bag contra el auto.
- Hey... Burrows... ¿ esa es tu manera de saludar a un viejo amigo?- preguntó T-Bag con la cara aplastada contra el capó.
- ¿ Qué hacías allí adentro?- preguntó Michael parado a un costado del vehículo.
T-Bag giró la cabeza y lo miró.
- ¡Hola, bonito¡- saludó esbozando su particular sonrisa sádica.
Lincoln volvió a arremeter contra él, golpeando nuevamente su rostro contra el metal caliente.
- Será mejor que respondas, T-Bag- dijo Michael sonriendo divertido- Sabes que mi hermano es difícil de controlar... -.
- ¡Está bien, está bien!- respondió levantando ambos brazos- ¡ Me rindo!-.
Lincoln lo tomó de los hombros y lo giró levantándolo unos centímetros y golpeándolo contra el auto nuevamente.
- Eso... eso no era necesario, Burrows... - advirtió lanzándole una mirada irascible.
Lincoln le sonrió irónicamente, sin decirle nada.
-¡ Responde, T-Bag!- ordenó Michael acercándose más a él.
T-Bag se incorporó y trató de recuperar el aliento antes de hablar.
- Buscaba lo mismo que tú, bonito... el mapa para encontrar el maldito rancho Doble K en donde el viejo escondió los millones-.
- Y supongo que lo habrás encontrado... -.
- Supones mal... - respondió arqueando las cejas.
- ¿ Qué quieres decir?-.
T-Bag respiró hondo y sonrió resignado.
- Llegamos tarde, bonito-.
Lincoln y Michael se miraron. No podían confiar en T-Bag, su palabra valía menos que la mano que había perdido.
- ¿ Cómo sabemos que no nos estas engañando?- increpó Michael.
- No puedes saberlo... deberás confiar en mí o comprobarlo con tus propios ojos, guapo-.
Lincoln miró a su hermano.
- Tiene razón, Michael... debemos comprobar si el mapa desapareció como él dice-.
- Si... ¿pero que hacemos con él mientras tanto?-.
- Tengo una idea, hermanito- respondió agarrando de nuevo a T-Bag por la camisa y empujándolo hacia la parte trasera del automóvil.
- ¡Hey! ¿ Qué demonios tienes en mente, Burrows?- gritó T-Bag intentando liberarse de las manos de Lincoln.
- Lo sabrás de inmediato, Bagwell- respondió Lincoln sonriendo divertido.
Michael estaba ya de pie detrás de ambos, adivinando las intenciones de su hermano.
- Ábrela, Michael- le indicó sin soltar a T-Bag.
Él hizo una mueca de aprobación y lentamente levantó la cajuela del automóvil.
- ¡Vaya, vaya... si hubiera sabido la sorpresa que tenían aquí atrás para mí no hubiera protestado tanto, chicos!- señaló T-Bag sin dejar de mirar a la jovencita que yacía recostada dentro de la cajuela y que los miraba asustada con sus enormes ojos verdes.
- ¡ Candie! ¿ Qué demonios haces aquí?- exclamaron enfadados al unísono los dos hermanos.
Candie no respondió, aquello no era lo que tenía en mente. Su plan había fallado... ahora, y por desgracia, no le quedaba más remedio que enfrentarse a la ira y a los reproches de Michael y de Lincoln.

continuará....






































































































































































































































































































































































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Andrea Burrows
Posted: Jul 4 2007, 08:56 PM


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Dejo el capi 17!!

Capítulo 17



- ¡ No puedes pedirme eso... no precisamente ahora!- Mahone hablaba por teléfono sin disimular su enojo.
- Alex... sabes que nosotros no estamos hechos para pedir- respondió una voz masculina desde el otro lado de la línea- Es una orden... y ambos sabemos lo que pasa cuando una orden no es obedecida-.
Mahone era perfectamente consciente de ello.
- ¡ Pero, tengo una pista importante sobre el paradero de Scofield y Burrows! ¡Creí que nada era más importante que encontrarlos!- sus protestas fueron en vano.
- Parece que no entiendes lo que te digo, Alex- la voz hizo una pausa- Primero ocúpate de este asunto... luego podrás ir en busca de los hermanos-.
Mahone ni siquiera respondió; apagó el teléfono móvil y se quedó rumiando su propia bronca sentado en el asiento de su auto.
Debía desviarse de su camino al menos unas 30 millas para poder llevar a cabo su encargo. Hubiese querido mandar todo al diablo e ir en busca de Scofield y de Burrows pero sabía que la gente con la que trataba no se detendría ante nada para que él realizara su trabajo. No podía poner en juego la vida de su mujer y de su hijo. Ellos estaban antes que nada y jamás se perdonaría si ellos terminaban pagando por sus errores.
Llamó a la Agente Lang para pedirle los datos que tenían de John Abruzzi. Lo que menos quería ahora era ocuparse de aquel mafioso, pero lamentablemente pertenecía a su lista de hombres y los de arriba habían sido muy claros con él. Encendió el motor y se puso en camino.

#

El autobús se estacionó y C-Note se bajó a un lado del camino. La carretera en aquel tramo estaba casi desierta y el cartel indicaba que Tooele se encontraba a unas pocas millas de allí.
Estiró un poco las piernas y se quedó parado por unos segundos. Se acomodó la gorra, que cubría casi toda la parte superior de su cara y empezó a caminar.
Iba silbando una vieja canción de Smokey Robinson y de vez en cuando lanzaba una mirada al camino que iba dejando atrás. Pasaban autos pero ni siquiera se atrevió a pedir un aventón. No quería arriesgarse a que alguien pudiera reconocerlo.
El sonido de una motocicleta acercándose lo inquietó. No distinguió a su conductor pero sí se dio cuenta que venía hacia él. Apresuró la marcha y no volvió a mirar atrás. Su corazón empezó a latir deprisa a medida que el extraño se acercaba.
-¡Hey... Franklin!- gritó el motociclista intentando llamar su atención.
Entonces C-Note se dio vuelta y descubrió que el hombre que lo llamaba era nada más y nada menos que Fernando Sucre.
C-Note se detuvo y esbozó una sonrisa.
- ¡ Sucre! ¿ Eres tú?- preguntó sin dar crédito a lo que sus ojos veían.
- ¡ El mismo!- respondió él apagando el motor de la motocicleta.
Ambos se dieron la mano en un fuerte apretón.
-¿ Qué haces aquí? ¡Creí que estarías en algún lugar con tu chica!- comentó C-Note cruzándose de brazos.
Sucre negó con la cabeza.
- Hablé con Teresa, la hermana de Maricruz... se casa en cuatro días con el desgraciado de Héctor en Las Vegas... – dijo fastidiado.
- ¿ Las Vegas, man? Eso queda muy lejos de aquí... has tomado el camino equivocado-.
Sucre se rascó la cabeza.
- Pues... he decidido desviarme un poco- lo miró con curiosidad- Creí que estarías con tu esposa y tu hija... -.
C-Note dudó un momento en responder, no estaba seguro si él sabría también lo del dinero pero su presencia allí no se debía seguramente a una simple casualidad.
- ¿ Lo sabes, verdad?- preguntó finalmente Sucre.
- ¿ A qué te refieres?-.
- Vamos, fish... ¿ Utah?... ¿ el dinero?- dijo sonriendo con ironía.
C-Note lo miró serio. Por primera vez empezó a preguntarse cuantos más sabían de los millones escondidos en Tooele.
- Veo que Scofield anduvo regando el chisme por ahí- comentó sin disimular su fastidio.
Sucre volvió a encender la motocicleta.
- Según parece vamos en la misma dirección... ¿ quieres que te lleve o prefieres seguir caminando?- preguntó ya dispuesto a partir.
C-Note lo miró y no lo dudó un segundo, Sucre era a esas alturas el modo más rápido de llegar a su destino, después una vez que encontraran el dinero podría olvidarse de él y de todo lo demás para empezar una vida nueva junto a Kacee y DeDe.
- Está bien, Sucre... – se subió en la parte trasera y tuvo que sostenerse con fuerza cuando la moto salió a toda velocidad- ¿ Sabes como manejar una de estas, verdad?-.
Una carcajada estridente fue toda la respuesta que Sucre le dio.


#


Abrió los ojos y entonces recordó en donde se hallaba. Dio media vuelta, debajo de las sábanas, pero ella no estaba allí. Echó un vistazo al resto de la habitación pero no había rastros de ella.
- ¡ Debra Jean! ¿ Dónde estás?- llamó Tweener levantándose de la cama.
No recibió respuesta alguna. Caminó hasta la ventana envuelto con la sábana y entonces la vio venir cargando unas bolsas.
- ¡ Te has levantado por fin!- exclamó ella mientras entraba y colocaba las bolsas en una mesa- Será mejor que te des un baño... luego desayunaremos antes de continuar el viaje-.
Él se acercó por detrás y le besó el cuello.
- Hueles deliciosamente bien, Debra Jean- susurró mientras la abrazaba por la cintura.
- Perdona si no digo lo mismo de ti, Scott- dijo ella sonriendo.
Él le devolvió la sonrisa y tomó en cuenta su consejo, arrojó la sábana en la cama y entró al cuarto de baño.
Ella empezó a sacar de una de las bolsas unos refrescos y un par de emparedados, no seria el mejor de los desayunos pero al menos comerían algo antes de partir. Colocó todo sobre la mesa y decidió entretenerse con el periódico mientras Scott terminaba de ducharse.
Una noticia en primera plana captó su atención de inmediato. No había leído los periódicos en los últimos días y la fuga de Fox River era una novedad para ella.
Entonces lo vio. La imagen de Scott parecía mirarla desde la página de papel. Leyó lo que decía debajo y descubrió que su nombre ni siquiera era Scott... el hombre con el que había pasado la noche se llamaba en realidad David “Tweener” Apolskis...
Se sobresaltó con los ruidos que provenían del baño y logró esconder el periódico nuevamente en la bolsa antes de que él regresara.
- Tenías razón... ¡realmente me hacía falta!- fue lo primero que él dijo al salir.
Ella lo miró, ya ni siquiera sabía como enfrentarlo después de lo que había descubierto. Aparentaba ser encantador pero no podía pasar por alto que era uno de los hombres más buscados del país.
- Siéntate... – le dijo- Comamos algo antes de irnos-.
Él pasó por su lado y cuando intentó darle un beso ella hizo la cabeza hacia atrás.
- ¿ Sucede algo?- preguntó el contrariado por su actitud.
- No... nada, es solo que debemos darnos prisa y... -.
Tweener ni siquiera permitió que terminara la frase.
- ¡ Estoy hambriento!- dijo dejándose caer en la silla.
Debra Jean lo contemplaba mientras él devoraba su emparedado. Ni siquiera parecía peligroso... su mente se debatía entre lo que debía hacer y lo que sentía por él. Se habían conocido tan solo un par de días atrás pero había algo en él que le inspiraba ternura... había tenido actitudes sospechosas durante el viaje que habían iniciado en St. Louis, pero debía reconocer que se había ganado su simpatía casi desde el primer momento.
- ¿ En qué piensas?-.
La voz de Tweener la apartó de sus pensamientos.
- Nada en especial... – respondió bebiendo un sorbo de su refresco de uva.
De repente unos golpes en la puerta los alarmó.
- ¿ Quién será?- preguntó Tweener levantándose de un salto de su silla.
- No lo sé... tal vez es el conserje- dijo Debra Jean poniéndose de pie también- Iré a ver quien es-.
Antes de abrir la puerta, miró a través de la mirilla. El corazón le dio un vuelco en el pecho cuando divisó a un oficial de policía. Miró a Tweener y le hizo señas de que se ocultara en el baño.
Una vez que él desapareció, respiró hondo y abrió la puerta.
- Disculpe, señorita- saludó el oficial quitándose la gorra- Soy el oficial Daniels y estamos recorriendo diferentes hoteles de la zona en busca de los presos que lograron escapar de Fox River hace unos días-.
Ella sonrió, tratando de ocultar su nerviosismo.
- ¿ En qué puedo ayudarlo, oficial Daniels?-.
El policía sacó un papel de sus bolsillos, lo desplegó y se lo mostró.
- ¿ Ha visto a alguno de estos hombres?-.
Ella fingió prestar atención al póster que exponía frente a su rostro.
- No lo creo... -.
- Observe con cuidado- insistió.
Debra Jean negó con la cabeza.
- Lo siento, oficial... quisiera ayudarlo pero... -.
- Está bien, señorita- volvió a guardar el papel en su lugar- Si en algún momento ve o escucha algo póngase en contacto con la estación de policía más cercana-.
- Así lo haré... no se preocupe- le respondió.
- Que tenga un buen día- saludó antes de marcharse.
- Usted también-.
Se apoyó contra la puerta, cerró los ojos y suspiró aliviada. Cuando los volvió a abrir Tweener ya estaba junto a ella.
Ambos se miraron y en aquel momento las palabras estaban de más. Cualquier cosa que él pudiera decir no cambiaría las cosas.
- Solo... solo vete- le suplicó ella sin mirarlo a los ojos.
- Debra Jean... yo... yo – balbuceó él intentando explicarle todo.
- ¡ No... Sco...! – se detuvo un segundo- ¡ había olvidado que ni siquiera te llamas así!- dijo enojada.
- Soy David... – le dijo él como si aquello lograra solucionar las cosas.
Ella caminó hacia el centro de la habitación y le dio la espalda, no quería que él viera las lágrimas que empezaban a rodar por su rostro.
- ¡Scott... o David o como quieras llamarte... solo vete¡- se cruzó de brazos- Hazlo antes de que me arrepienta de no haberte delatado-.
Tweener comprendió que nada de lo que hiciera o dijera podría hacer que ella se sintiera menos traicionada. Le dolía tener que dejarla, pero era lo mejor. Ella no se merecía verse involucrada con alguien como él. Había comprendido tiempo atrás que él no valía la pena, menos para estar al lado de una mujer como ella.
Se quedó unos segundos contemplando su imagen de espaldas y mordiéndose los labios se marchó sin mirar atrás.
Cuando Debra Jean sintió el portazo corrió hacia la ventana para verlo partir. Posó su mano en el cristal mientras lo veía alejarse. Había tomado la decisión correcta sin embargo no comprendía porque le dolía tanto haberlo hecho.


#


Mahone se bajó del auto y caminó cautelosamente hacia una de las habitaciones de aquel motel. Sabía que John Abruzzi se hallaba dentro y aquella sería la oportunidad perfecta para ponerle punto final a la tarea que le había sido encomendada.
Le habían tendido una trampa. Alguien lo había llamado haciéndole creer que Fibonacci se encontraba hospedado en aquel motel de mala muerte. Conociendo su necesidad de dar con el paradero del hombre que lo había enviado a prisión, sabían que no tardaría en morder el anzuelo.
Era un asunto extra oficial y se había asegurado que los refuerzos llegaran cuando ya no habría nada que hacer por Abruzzi. Era la única forma de cumplir con las órdenes que tenía. Luego explicaría que todo había terminado en desgracia y que tuvo que dispararle en defensa propia.
Sabía también que se encontraba solo allí adentro, los demás socios de la mafia habían sido parte de aquella trampa mortal y habían cumplido su parte del plan.
Se detuvo frente a la puerta y de una patada logró derribarla.
John Abruzzi se encontraba en la habitación de pie junto a la cama cuando Mahone irrumpió. Atinó a sacar el arma que llevaba en la cintura pero tardó en reaccionar.
- ¡ Ni siquiera lo intentes, Abruzzi!- advirtió Mahone volviendo a cerrar la puerta de un portazo.
Abruzzi levantó las manos lentamente.
- ¡ Mucho mejor!- dijo Mahone sonriendo complacido.
Abruzzi sonrió también.
- No sé quien eres, amigo... pero podemos llegar a un acuerdo- balbuceó sin dejar de mirar el cañón de la nueve milímetros que aquel sujeto empuñaba con fuerza.
- Ni siquiera lo sabrás, John... – se acercó un poco más- ¡Arrodíllate!- ordenó.
Él negó con la cabeza.
- Solo me arrodillo ante Dios... – miró alrededor- Y no veo a Dios aquí, amigo-.
Mahone lo miró y esbozó una sonrisa irónica mientras Abruzzi sostenía en su mano derecha un crucifijo; el mismo que le había dado su mujer horas antes.
- ¡ Vamos... John! ¿ No creerás que a mí vas a convencerme de tu conversión? Un sujeto como tú no cambia, John...-.
Abruzzi apretó los ojos con fuerza y empezó a rezar en voz baja, haciendo caso omiso a las palabras de burla del agente del FBI que continuaba apuntándole con su arma.
Un segundo más tarde, dos disparos en el pecho acabaron con su vida. El cuerpo inerte de John Abruzzi se desplomó en el piso de la habitación y la cruz que pendía de su mano se mojó con su propia sangre.
Mahone hizo lo que tenía que hacer sin remordimientos y sin ni siquiera alterarse. Sacó un revólver de su chaqueta, disparó un par de tiros al aire y colocó el arma en la mano aún tibia del que alguna vez había sido uno de los mafiosos más temidos de Chicago.

#

Candie respiró profundamente y cerró los ojos por un instante. La situación se le había escapado de las manos. Su idea había sido ocultarse en la parte trasera del automóvil y bajarse sin ser vista en la primera oportunidad. Jamás se le cruzó por la cabeza que Lincoln o Michael abrieran el maletero antes de que ella se alejara definitivamente. Aquel espacio reducido estaba vacío, no había nada allí que ellos pudieran necesitar y sin embargo lograron descubrirla... no podía tener tan mala suerte.
Abrió sus ojos y se enfrentó nuevamente a las miradas interrogantes de Lincoln y Michael para luego posarse en el extraño sujeto que se encontraba bajo el dominio de la fuerza bruta del mayor de los hermanos.
Candie lo estudió durante unos segundos, había algo en aquel hombre que le era familiar... estaba segura de que lo había visto en alguna parte anteriormente. Tuvo que poner fin a su inspección porque la forma en que él la miraba le helaba la sangre. Había algo sádico en sus ojos y cuando le sonrió supo que detrás de aquella sonrisa solo había maldad.
- ¿ Y bien?- inquirió Michael demandando una respuesta- ¿ No vas a decirnos que haces aquí?-.
Candie no respondió de inmediato, no estaba segura si mencionarles cual había sido su plan fuese lo más adecuado; pero por otro lado ninguna excusa coherente le venía a la mente. Se sentía presionada y no actuaba con sensatez.
- Yo... yo...- titubeó- Yo no quería quedarme en aquella casa- dijo finalmente.
No era la mejor de las excusas sin embargo fue lo primero que se le ocurrió.
- Candie... en aquella casa estabas a salvo- dijo Michael en tono de reprimenda.
- Lo siento, Michael- se disculpó sin prestar atención a Lincoln ni al sujeto que estaba con él- Sé que tu solo te preocupas por mí y por mi seguridad pero...-.
- ¿ Por qué no nos dices la verdad?- preguntó Lincoln de repente interviniendo por primera vez en la conversación.
Candie lo miró confundida... ¡ él no podía conocerla tan bien!.
- No... no sé a que te refieres- respondió mientras se bajaba del maletero con ayuda de Michael.
Lincoln se olvidó por un momento de T-Bag, arrojándolo al suelo.
- ¡ Me refiero a esto!-exclamó sacando la mochila y revisando su interior- Aquí hay ropa... comida y hasta un poco de dinero-.
Candie se quedó boquiabierta.
- Pensabas huir en la primera oportunidad...- afirmó Lincoln desconcertado por lo que acababa de descubrir.
- ¿ Es eso verdad, Candie?- Michael lo miró sin entender.
- ¿ Y qué si lo fuera?- rebatió alzando la voz- Tengo derecho a decidir lo que quiero hacer con mi vida y... lo único que quiero ahora es seguir mi propio camino lejos de... ustedes- agregó con firmeza.
Lincoln la miró, sabía que aquellas palabras solo se referían a él. Candie quería alejarse de su lado, pero él no se lo permitiría; primero tendría que escucharlo, además él necesitaba que le explicara porque había reaccionado de aquella manera el día anterior.
- Candie... deberías pensarlo mejor- insistió Michael- Tal vez...-.
Lincoln interrumpió a su hermano.
- No puedes marcharte, Candie- aseguró seriamente.
- ¿ Y quién eres tú para decirme lo que puedo o no puedo hacer?- Candie lo miró desafiante quitándole la mochila de las manos.
- Mmmm... ¡ cómo me gustan las mujeres con carácter!- comentó T-Bag desde el suelo.
Lincoln apoyó su pie en el tobillo de T-Bag y el taco de su bota se incrustó dolorosamente en su piel.
- ¡ Cállate, maldito!-.
T-Bag esbozó una mueca de dolor que de inmediato dio paso a una risilla irónica.
- Deberías ser menos rudo delante de la muñeca, Burrows- dijo divertido dándose cuenta que la muchacha lo ponía nervioso. No pudo dejar de pensar que aquello podía jugar a su favor... la tal Candie parecía ser el punto débil de Lincoln Burrows y él no lo desaprovecharía.
Lincoln volvió a centrar su atención en Candie.
- Las cosas han cambiado...- empezó a decir mientras apoyaba ambas manos en al cintura-... todos en los medios ya hablan de ti- soltó finalmente lanzando una mirada fugaz a Michael, vio el reproche en sus ojos azules, solo deseaba que no echara a perder todo.
- ¿ Quiere decir que todos conocen mi identidad ahora?- aquella noticia la había conmocionado.
Lincoln asintió fingiendo pesar.
- ¿ Es verdad?- preguntó dirigiéndose a Michael.
Michael buscó sus manos para reconfortarla sin dejar de mirar a su hermano. No aprobaba lo que Lincoln acababa de hacer pero conocía sus motivos y no tuvo el valor de desenmascararlo frente a ella.
- Sí... Candie... por desgracia así es- respondió siguiendo con la mentira que Lincoln había comenzado.
- Sería muy arriesgado si te marchas ahora- dijo Lincoln temiendo que Michael no pudiera sostener su mentira por mucho más.
Candie lo miró y de nuevo sintió que todo su mundo se venía abajo, pero lo que más le molestaba en aquel momento era tener que darle la razón a Lincoln, quería alejarse de él y nuevamente el destino se empeñaba en lo contrario. La idea de huir de él y seguir su camino sola ya no era segura y era completamente consciente de ello.
- Creo que cometí el error más grande de mi vida...- reconoció con pesar.
- Es bueno que al menos lo reconozcas- dijo Lincoln en tono burlón.
Candie ni siquiera lo miró; trató de dirigir toda su atención a Michael. Si se veía ahora obligada a continuar con ellos, al menos haría lo imposible para evitar a Lincoln y sus estúpidas ironías.
- Hey... bonito... perdón por interrumpir pero... – T-Bag dijo desde el suelo- recuerden que tenemos otro asunto entre manos... aunque debo reconocer que no tan “ interesante” como el que tenemos aquí- añadió mientras recorría a Candie de arriba abajo.
Candie retrocedió, inquieta, aquel sujeto solo lograba ponerla nerviosa.
Lincoln lo levantó con violencia y lo lanzó dentro del maletero.
- ¡Burrows... al menos podrías presentarme con la señorita!- exclamó sonriendo divertido.
Lincoln se inclinó y tomó a T-Bag por el cuello.
- ¡ Ni siquiera te atrevas a mirarla, bastardo!- advirtió con su rostro encendido de furia a tan solo un par de centímetros de la cara de T-Bag que permanecía impasible.
- Ya es tarde para eso, Burrows- respondió burlón.
Lincoln se incorporó y cerró con fuerza el capó haciendo caso omiso a los gritos de Bagwell demandando ser liberado.
- ¿ Michael... quién es ese hombre?- preguntó entonces Candie.
Él no respondió, solo se limitó a mirarla.
- Creo que lo he visto en alguna parte...- comentó intentando recordar.
- Probablemente lo hayas visto en las noticias, Candie- respondió por fin- Es uno de los que huyó con nosotros de Fox River-.
Candie lo miraba, aturdida, no entendía lo que estaba pasando allí.
- Pero... ¿ qué hace él aquí?-.
- También está detrás del dinero- respondió Lincoln acercándose a ella por detrás.
Candie se llevó una mano a la garganta nerviosa.
- Sentí algo extraño desde el primer momento en que lo vi-.
- Bagwell suele causar ese efecto en la gente- dijo Lincoln seriamente.
Candie se quedó pensativa unos segundos tratando de adivinar cual de los prófugos sería. Recordaba que había dos ladrones, un contrabandista y dos asesinos; uno de los cuales había sido ya atrapado.
Se sintió aterrada solo de pensarlo.
- Michael... ¿ él es uno de los asesinos, verdad?- preguntó y cuando vio la expresión de inquietud en sus ojos supo cual sería su respuesta.
Él asintió en silencio y se volvió hacia su hermano.
- Linc... debemos hablar- lo tomó del hombro y dieron unos pasos hasta alejarse de ella lo suficiente para que ella no oyera su conversación.
Candie se apoyó contra el auto mientras los observaba.
- Linc... no creo que sea buena idea que Candie esté aquí... sobre todo tan cerca de T-Bag-.
Lincoln lanzó un soplido.
- Lo sé, Michael, lo sé... no puedo creer que se le haya metido en la cabeza la estúpida idea de escaparse- estaba enojado pero al mismo tiempo le gustaba tenerla cerca.
- No podemos llevarla y regresar-.
- No- acordó Linc.
- Tampoco podemos dejar que se marche... aunque ambos sabemos que es mentira que ya la hayan identificado...-.
Lincoln miró al suelo y sonrió.
- No deberías reírte, Linc... esa fue una mala jugada-.
- Lo siento, hermanito... pero fue lo único que se me ocurrió para retenerla- respondió buscando comprensión en los ojos de Michael.
- ¿ Qué hacemos con ella entonces, Linc?- preguntó Michael mientas ambos la observaban a la distancia.
Candie desvió la mirada, indudablemente estaban hablando de ella y decidiendo que hacer de ahora en más.
- Ya tuvimos este dilema antes- recordó Lincoln- Yo voto para que se quede con nosotros-.
- ¿ Por qué no me sorprende?- dijo Michael sonriendo mientras se colocaba las gafas nuevamente- Debemos tener cuidado con T-Bag, Linc... no contábamos con su presencia, mucho menos que estuviera tan cerca de Candie-.
- No te preocupes, Michael... no permitiré que nada malo le suceda... me convertiré en su sombra y no me separaré de ella ni un solo instante- aseguró.
- No quiero desilusionarte, Linc... pero no creo que a Candie le parezca una buena idea-.
Lincoln lanzó una mirada a Candie.
- Tú déjamela a mí- volvió a mirar a su hermano- Ya es hora de que alguien dome a esa niña-.
Michael esbozó una sonrisa, en aquel momento supo que Lincoln estaba en lo cierto; solo alguien como él podría derribar las murallas que Candie había levantado a su alrededor... y cuando lo lograra ambos descubrirían lo que él ya sabía.
Volvieron al auto, Candie todavía permanecía recostada contra la puerta trasera y con la mochila colgando de una de sus manos.
Lincoln y Michael se pararon frente a ella y la miraron seriamente. Ella presintió que lo que estaba a punto de escuchar no le gustaría demasiado y cuando Michael terminó de exponer lo que habían decidido, todos sus presentimientos se hicieron realidad.
- ¿ Estás de acuerdo?-.
Candie hubiese querido gritar que no y dar patadas al suelo en señal de fastidio pero se tragó cada una de las palabras que pasaban por su mente en aquellos instantes. No podía contradecirlos y se limitó a un tímido sí como única respuesta.
- Parece que vamos a entendernos finalmente- le dijo Lincoln con las manos en al cintura y una sonrisita triunfadora en su rostro.
Candie no dijo nada, pero la mirada de rabia que le lanzó dejó ver a Lincoln que ella no le haría las cosas fáciles. Él le devolvió la mirada y sus ojos se encontraron por un segundo.
“ Va a ser un reto interesante” pensó Lincoln mientras disfrutaba de la expresión en el rostro de Candie.
Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.
“ No sabes lo que te espera, Lincoln Burrows”.


continuará........

































































































































































































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Andrea Burrows
Posted: Aug 8 2007, 07:58 PM


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Gente he vuelto luego de unos días de descanso aqui va el capi 18, que lo disfruten!!!!!

Capítulo 18



- ¡ LJ, será mejor que entres a la casa!- gritó Verónica desde la cocina-¡ Esta vez no te salvarás de ayudarme con el almuerzo!- le advirtió con una sonrisa.
LJ miró hacia la casa de mala gana, había pasado casi toda la mañana en el patio, disfrutando del aire libre y lo que menos deseaba en aquel momento era entrar. Pateó unas piedras y resopló fastidiado, comenzó a caminar lentamente hacia la puerta trasera y una sensación extraña empezó a recorrerle la espalda. Sentía que alguien lo estaba observando. Miró hacia todos lados, pero no alcanzó a ver a nadie; tal vez era solo su imaginación. Todo aquel tiempo había vivido con la sensación de que alguien siempre estaba respirándole en la nuca y todavía no se había acostumbrado a ello. Sonrió y se calmó diciéndose que se estaba convirtiendo en un paranoico. Subió corriendo los escalones y la puerta mosquitera se cerró de un golpe detrás de él.

A unos cuantos metros, un auto estacionado hacía un par de horas permanecía con el motor apagado y oculto detrás de un enorme cartel de publicidad.
Lo había visto. Lo reconoció de inmediato. LJ, el hijo de Lincoln Burrows.
Mahone respiró profundo y se secó el sudor de la frente con la mano. La temperatura estaba subiendo y aquella espera lo estaba matando. Miró su reloj por enésima vez, ya hacía más de dos horas que había llegado y desde el primer momento que llegó, no había apartado los ojos de la propiedad.
Esta vez no había error. Esta vez sí era el lugar correcto. En todo ese tiempo solo había visto al muchacho, no sabía quien más podría estar dentro de la casa.
Se levantó la chaqueta y se cercioró de que el arma estaba en condiciones. Carga completa y seguro destrabado. Perfecto. La sacó del cinturón y la colocó sobre la guantera del auto. Había llegado finalmente la hora de actuar, su impaciencia sería finalmente recompensada. Se metió una de las últimas píldoras que le quedaban en la boca y la saboreó lentamente. No necesitaba nada más para enfrentarlos. Tomó la nueve milímetros y sin más preámbulos se bajo del auto.

Recorrió la distancia que lo separaba de la casa con mucho cuidado, ocultándose detrás de los árboles que rodeaban la carretera. Un movimiento en falso, y todo podría irse al demonio. Tendría que llegar por la parte delantera, allí parecía haber menos movimiento. Se detuvo unos instantes al escuchar voces en el interior de la casa. Tal vez se estaba precipitando y lo mejor sería atacar por la noche, pero no estaba dispuesto a esperar hasta entonces. Se aproximó sigilosamente a la casa y se apoyó contra la pared, tan solo unos metros lo separaban de su objetivo. Se agachó para pasar por debajo de una de las ventanas que estaban abiertas y en un segundo llegó hasta la puerta. Buscó afanosamente el picaporte, deseando que estuviese sin seguro. Sonrió cuando la puerta cedió finalmente. La abrió lentamente mientras sostenía la pistola con ambas manos, apuntando siempre hacia el frente. Entró en la sala; estaba vacía. Unos rumores que provenían de lo que parecía ser la cocina atrajeron su atención. Siguió el sonido de aquellas voces, desplazándose lentamente por la casa como un gato buscando a su presa. Agradeció los años de entrenamiento en la agencia y en el ejército, que le permitían ahora escabullirse sin ser notado.
Se detuvo frente a la puerta que estaba apenas entreabierta y logró ver a LJ, a Sara Tancredi y a una mujer joven de cabello oscuro, quien no sería otra que la propietaria de la casa, Verónica Donovan.
Estaban sentados alrededor de la mesa compartiendo el almuerzo. Empujó un poco la puerta para aumentar el rango de su visión; nadie más se hallaba allí y el resto de la casa permanecía en silencio. Definitivamente ni Michael Scofield ni Lincoln Burrows estaban allí. Miró al suelo por un segundo mientras la frustración nublaba su cara.
Cuando levantó la vista se enfrentó entonces a los ojos azules de LJ Burrows que lo miraba desde la mesa, inmóvil. Sin perder más tiempo, irrumpió en la cocina y les apuntó con su arma.
- Lamento interrumpir su almuerzo...- dijo en tono irónico.
Verónica se levantó de un salto, nerviosa.
- ¿ Quién es usted?-.
Mahone se acercó a ella.
- Será mejor que se siente y se tranquilice- la tomó del brazo obligándola a sentarse nuevamente.
Sara permanecía en silencio, conocía perfectamente a aquel sujeto, lo había visto en las noticias unos días atrás.
-¿ Qué es lo que quiere?- inquirió Verónica.
Mahone le sonrió.
- Vine hasta aquí esperando encontrar a Scofield y a Burrows...-.
- Lamento decepcionarlo...-.
- Se equivoca, señorita Donovan...- miró a cada uno de ellos- ... ellos no están aquí pero sin embargo encontré el señuelo perfecto para atraerlos hacia mí-.

#

Tweener se metió en uno de los primeros callejones que encontró. Dos calles antes una patrulla había pasado a pocos metros de él y no quería correr el riesgo de volver a cruzarse con la policía nuevamente. Se dejó caer sobre unos cajones y estiró las piernas. Había perdido la cuenta de las millas que había caminado desde que había abandonado el motel en Mack, Colorado y en donde había dejado a Debra Jean. No pudo evitar ponerse triste al recordarla, aún resonaba en sus oídos la melodía de la canción que habían escuchado mientras hacían el amor... jamás la olvidaría... “ Under the Milky way” de The Church, hubiese querido conocerla en otras circunstancias, en otro momento de su vida, entonces quizá no habría terminado sus días tras los muros de aquella prisión.
Levantó la mirada y los fuertes rayos de sol lo obligaron a cerrar los ojos. Debían ser más de las doce del mediodía y moría por un vaso de agua. Pero eso ya no le importaba, se encontraba finalmente en Tooele y si encontraba el dinero ya no tendría que preocuparse por eso. Se sacó la gorra y pasó la mano por su cabeza sudada, se mojó los labios secos y se levantó.
Sabía exactamente cual sería su siguiente paso. Se colocó nuevamente la gorra y abandonó el callejón dirigiéndose al centro de la ciudad.
No había recorrido todavía ni un par de calles cuando los vio. Se restregó los ojos para cerciorarse de que el pesado calor no estuviese jugando con sus ojos y volvió a mirar, esta vez escondido detrás de una columna. No había dudas, Michael Scofield y Lincoln Burrows estaban también allí. Pero no estaban solos, una mujer los acompañaba. Se quedó allí observándolos mientras ellos conversaban parados junto a un auto.
Tweener no supo que hacer, aún recordaba las palabras de Michael luego de fugarse de Fox River. Sabía que su presencia no era muy grata para él, nunca le perdonaría las charlas que había mantenido con Bellick, tan solo para obtener un par de hamburguesas. No lo culpaba, él tampoco se había perdonado por aquel episodio. Se detuvo en seco, no sabía si lo que estaba a punto de hacer sería lo mejor, pero no tenía alternativa...

#

- ¿ Cuál es el próximo paso, Mike?- Linc lo sabía pero quería cerciorarse que el plan seguía siendo el mismo, y sobre todo que ni la presencia de Candie ni la de T-Bag había cambiado las cosas.
Lanzó una mirada fugaz a Candie, quien seguía recostada contra el auto, cruzada de brazos y con una expresión de indiferencia en su mirada. No pudo evitar clavar sus ojos en los labios de Candie, aún sentía el sabor de aquella boca en la suya. Apartó la mirada, debía concentrarse en otro asunto ahora, ya tendría tiempo para estar a solas con ella.
- Tal como lo teníamos pensado, Linc- respondió Michael consciente de que su hermano mayor estaba entretenido con otra cosa.
- Michael... el lugar es el edificio municipal, no dudo que esté atestado de policías...- comentó Lincoln preocupado.
Michael lanzó un suspiro. Su hermano tenía razón, si entraban allí había muchas posibilidades de ser vistos.
- Debemos buscar ese mapa, de lo contrario nunca daremos con el lugar exacto...-.
- Yo iré-.
Ninguno de los dos se había percatado de que Candie se había acercado, lo suficiente como para oír la conversación.
Antes de que ellos pudieran decir algo Candie abrió la boca nuevamente.
- Si voy yo correré menos peligro, ustedes dos serían un blanco más fácil...- dijo convencida de sus palabras.
Ambos se miraron por un instante.
- No podemos dejar que vayas sola...- adujo Michael negando con la cabeza.
Candie levantó la cabeza y los miró seriamente.
- ¿ Se les ocurre otra manera de conseguir el maldito mapa?-.
- Yo la acompañaré-.
Los tres se dieron vuelta al escuchar la voz masculina que se había acercado sin hacer el menor ruido.
- Tweener... ¿ qué haces aquí?- inquirió Michael aunque sabía con anticipación su respuesta. Él, como los demás había oído al viejo Charles hablar del dinero antes de morir.
- ¡Contesta, muchacho!- Lincoln se acercó a él dispuesto a darle una bienvenida de la que nunca se olvidaría.
Tweener se echó para atrás cuando vio venir al mayor de los hermanos.
- ¡ Lincoln! ¡Tranquilo, fish!- levantó ambas manos intentando detenerlo.
Michael fue quien intervino.
- ¡Linc, detente!- ordenó poniéndose en medio de los dos.
- Michael... él no tiene nada que hacer aquí- respondió Lincoln enfadado.
- Lo sé... esto no es lo que teníamos en mente, pero no podemos hacer nada para evitarlo, sabíamos que esto podía suceder...-.
- Oigan... yo no quiero perjudicar a nadie con mi presencia... solo déjenme ayudarlos-.
-Y supongo que tu “ ayuda” no es desinteresada, ¿ verdad?- Lincoln sonrió con ironía.
- Una parte del botín... creo que es lo más justo, sobre todo si voy a conseguirles el mapa- retrucó sabiendo que terminarían por ceder.
Miró a Michael buscando su aprobación y respiró aliviado cuando éste le puso la mano en el hombro.
- David... espero que esta vez podamos confiar en ti-.
-¿ A qué te refieres, Michael?- Lincoln sentía que había algo que no le estaban diciendo.
Tweener miró con ojos suplicantes a Michael, lo último que necesitaba en ese momento era que Lincoln Burrows supiera de sus “ charlas” con Bellick en Fox River.
- Solo es una forma de decir, Linc- Michael sonrió a su hermano- Su idea de acompañar a Candie no es tan mala-.
- ¡ No dejarás que Candie vaya con él, a solas!-
Candie apareció por detrás de Michael y lo miró fijo a los ojos.
- ¡ Sé cuidarme perfectamente, Lincoln!- exclamó. Se acercó entonces al desconocido y extendió su mano, sabía que era un ex convicto pero había algo en él que le decía que no debía sentir temor. – Hola... me llamo Candie- le sonrió.
Tweener estrechó su mano y le devolvió la sonrisa.
- Soy... soy Tweener- se rascó la cabeza- Bueno... en realidad mi nombre es David, David Apolskis- aclaró.
- Es un placer, David-.
Era evidente que se habían caído en simpatía y esto a Lincoln no le agradaba demasiado. No confiaba en Tweener y mucho menos confiaba en Tweener tan cerca de Candie.
Candie miró de reojo a Lincoln, quien no le quitaba los ojos de encima y tenía que confesar que aquella situación le divertía. Se quedaría con ellos y dejaría que él se encargara de su seguridad como habían acordado, pero eso no significaba que no pudiera sacar provecho de cualquier situación que elevara la furia de Lincoln Burrows. Él aprendería a no meterse nuevamente con ella.
- ¿ Y bien?- preguntó dirigiéndose a Michael.
- Está bien... ustedes ganan- dijo- Pero si algo sale mal allá adentro, solo corran y no miren hacia atrás-.
Candie y Tweener asintieron al unísono. Michael les indicó que mapa debían buscar, sin dejar de hacerles todas las recomendaciones pertinentes. Odiaba no ser él quien fuera por el mapa, odiaba estar fuera de aquella parte del plan.
- Vamos, Candie- indicó Tweener tomándola del brazo.
Lincoln se acercó a toda prisa y lo tomó de la camiseta.
- Recuerda que estaré esperando por ti...- lanzó una mirada a Candie- No dejes que nada malo le suceda...- pidió.
Candie tragó saliva, sabía que él se moría por tomar el lugar de Tweener y acompañarla. Pero era mejor así, sería un riesgo enorme e innecesario que él fuera con ella. Esperaba que Lincoln así lo entendiera. Lo miró antes de marcharse y en su mirada descubrió que estaba verdaderamente preocupado. Jamás nadie la había mirado de aquella manera, jamás nadie la había cuidado así antes...

#

- Se equivoca si cree que le diremos donde se encuentran mi padre y mi tío...- LJ dijo moviéndose inquieto en su asiento.
Mahone se sentó en una silla frente a él, sin dejar de empuñar su arma.
- Es solo cuestión de tiempo, muchacho- sonrió levantando las cejas- Tarde o temprano daré con ellos y entonces todo habrá acabado finalmente-.
- ¡ Lincoln es inocente!- gritó Verónica atrayendo su atención nuevamente- ¡ Y usted forma parte de la trampa que le tendieron!-.
- Típicas palabras de una mujer enamorada...- miró a Sara- ¿ Qué me dices tú, Sara? ¿Piensas lo mismo de Michael?-.
Ella clavó sus ojos marrones en los fríos ojos azules de Mahone.
- Usted no se saldrá con la suya... la verdad, tarde o temprano saldrá a la luz-.
Mahone soltó una carcajada.
- ¡ Bonita frase, doctora, pero demasiado trillada!- se levantó y sacó su teléfono móvil, estaba perdiendo la paciencia.- ¿ Quién de ustedes me hará el honor de realizar la llamada?-.
Los tres se quedaron en silencio.
Mahone se acercó entonces a Verónica y le entregó el teléfono.
- ¡ Vamos! No perdamos más tiempo... comunícame con Scofield- ordenó mientras apoyaba el caño frío de la pistola en la mejilla de Verónica.
Verónica se estremeció al sentir el metal sobre su rostro.
- Es imposible... no puedo hablar con él...- balbuceó.
Mahone se agachó y se mantuvo por unos segundos a tan solo unos milímetros de su cara.
- No quiero volverme violento, señorita Donovan- advirtió.
La tomó de la muñeca y la sacudió en la silla, haciendo que cayera al suelo.
- ¡ Déjela!- saltó LJ- ¡ Lo que dice es verdad¡- LJ se quedó parado en su lugar al ver que Mahone le apuntaba a él ahora- El tío Mike no nos dejó su número... él se comunicaría con nosotros si fuera necesario- indicó.
Mahone se pasó la mano por la nuca y movió la cabeza de un lado a otro; no sabía si le estaban diciendo la verdad pero todo aquello sonaba sin lugar a dudas a uno de los planes de Michael Scofield.
LJ volvió a sentarse y segundos después algo tocó su pierna por debajo de la mesa. Sara lo miró mientras él tomaba el tenedor entre sus manos. Los ojos azules de LJ se iluminaron.
- Nunca los atrapará- dijo Sara de repente intentando atraer su atención.
LJ comprendió entonces lo que intentaba hacer.
- Michael es mucho más inteligente que usted...-
- ¡ Cállate!- gritó Mahone mientras volvía a sentar a Verónica en su silla.
- No ganará nada con todo esto... usted y todos los que están detrás suyo pagarán un día...-.
Mahone caminó hacia ella, por un segundo se olvidó de Verónica y de LJ.
- ¿ Qué sabes tú de mi vida, Sara?- dio un puñetazo a la mesa- ¡ Ni siquiera sabes por lo que he pasado!-.
Fue solo cuestión de segundos, un instante en el que se había descuidado. Los dientes del tenedor se clavaron en su mano como afilados colmillos y ahogó todo su dolor con un grito.
Sara se levantó de inmediato y corrió hasta LJ.
- ¡ Sara, LJ... corran hacia el escondite!- gritó Verónica acercándose por detrás a Mahone.
Sara la miró desconcertada pero cuando LJ la tomó de la mano, corrió detrás de él.
Verónica se abalanzó sobre Mahone haciéndole perder el equilibrio. El arma cayó de su mano y ella alcanzó a patearla lo más lejos posible.
Su mano sangraba pero el dolor estaba disminuyendo. Lo que urgía ahora era deshacerse de Verónica Donovan, quien no dejaba de golpearlo en la cabeza con sus manos mientras le profería patadas en las piernas. En un momento ella perdió el equilibrio y entonces él logró sujetarla de un brazo y reducirla, arrojándola al piso.
-¡Debo reconocer que sabes pelear!- dijo él entre jadeos.
- Lincoln me enseñó cuando éramos niños- respondió con la cara contra el suelo. Había logrado dominarla pero al menos Sara y LJ habían logrado huir.
Mahone la levantó y la sacó a empujones de la cocina. Llegaron a la sala y la arrojó sobre el sofá.
- ¡Bien, Verónica... será mejor que me digas en este mismo instante donde demonios se metieron la doctora y el muchacho!-.
Verónica lo miró desafiante.
- ¿ Qué hará si no se lo digo? ¿ Matarme? Creo que le soy más útil si sigo con vida...-.
- No me subestimes, Verónica... tu misma me has dicho que no puedes comunicarte con Burrows o Scofield...-.
-Pero estoy segura que le interesaría escuchar lo que sé...-.
Mahone se dejó caer en el sofá junto a ella. La miró y sonrió complacido.
- ¿Estarías dispuesta a hablar, Verónica?- pregunto incrédulo.
-Solo si deja ir a Sara y a LJ, no tienen nada que ver con esto... usted no los quiere a ellos...-.
- Eso es verdad, pero tal vez sean mi única oportunidad de que los hermanos se decidan a regresar-.
- No volverán... mucho menos sabiendo que usted está aquí- le dijo esbozando una sonrisita de triunfo.
Mahone negó con la cabeza.
- Te equivocas...- se levantó- ¡Dime ahora mismo en donde se metieron!-.
- ¡ Déjelos ir y hablaremos!- insistió.
- ¿ Sabes... me cansé de tu juego- la levantó, fueron hasta la cocina y recogió el arma- Me llevarás ahora mismo al escondite que mencionaste...-.
- ¡ Suélteme!- gritó Verónica.
La empujó por las escaleras, con la pistola apoyada sobre su espalda.
- ¡ LJ... Sara, será mejor que salgan... no querrán que su amiga pague por su insensatez!-.
Sara y LJ oyeron claramente las palabras de Mahone desde donde se encontraban. Ella se había dejado guiar por LJ, quien la condujo hasta la sala de juegos y allí, le mostró una puerta secreta oculta detrás de la biblioteca.
- Tiene a Verónica- Sara dijo. En la semipenumbra de aquel lugar no lograba ver la expresión en el rostro de LJ, pero sospechaba que estaba tan asustado como ella.
De repente las voces se sintieron más cerca, habían entrado en la sala de juegos.
- ¡ Sé que están en algún lugar! Salgan y arreglemos esto de una buena vez!- miró a Verónica mientras la sujetaba del brazo- Si no lo hacen... Verónica pagará las consecuencias...-.
LJ y Sara se tomaron de las manos. No tenían opción y cuando se dispusieron a empujar la pesada puerta de madera escucharon un forcejeo.
Verónica había logrado darle un puntapié en la zona baja a Mahone y se había hecho con el arma.
- ¡ Maldita perra!- le gritó.
- ¡ Cállate!- los ojos verdes e intensos de Verónica parecían despedir ráfagas de furia.
Mahone, quien había caído al suelo, preso del dolor, levantó la cabeza y la miró.
- No te saldrás con la tuya, Verónica-.
- ¡ Yo soy la que tiene el arma ahora!- refutó.
Un segundo después Mahone se arrojó sobre ella, y ambos rodaron por el suelo, ella trató de deshacerse de él e intentar dispararle pero Mahone fue más rápido y logró arrebatarle el arma. Ella arremetió nuevamente contra él y en ese momento, el eco sordo de un disparo resonó en el lugar.
LJ y Sara se abrazaron, presos del temor y de la incertidumbre de no saber lo que había ocurrido a tan solo unos metros de distancia, detrás de aquella puerta.
Mahone se levantó y la sangre había manchado sus manos. Verónica ni siquiera se movió. Su impecable camisa blanca se había teñido de rojo, el disparo no pudo ser más certero, la bala había penetrado en su estómago y borbotones de sangre emanaban de su boca.
Mahone se agachó y la tomó de la cabeza.
- ¡ Dime donde están!- le suplicó.
Verónica entreabrió los ojos, respiraba lentamente y sentía que la vida se le iba con cada suspiro.
- ¡ Responde!-.
Ella esbozó una sonrisa ligera y clavó sus enormes ojos verdes en él hombre que se había convertido en su verdugo.
- Linc... Linc...- murmuró.
- ¡Dime donde está Burrows!- ordenó.
- Lincoln... te amo- ningún sonido salió de sus labios después de decir aquello. Su pecho había dejado de latir y hasta el último minuto, su corazón solo guardaba el nombre del hombre que había amado toda su vida.
Mahone agachó la cabeza y respiró profundo. Apoyó el cuerpo ya sin vida de Verónica y en un gesto de piedad tardío cerró sus ojos. Guardó su arma, sin limpiarla siquiera y se levantó.
El sonido del teléfono que provenía de la sala lo trajo de nuevo a la realidad. Corrió escaleras abajo y tomó el auricular... tal vez ahora si la suerte volvía a estar de su lado.
Le temblaban las manos y su garganta estaba seca. No reconoció la voz del otro lado de la línea pero sabía perfectamente quien era.
- Hola Michael- dijo finalmente.

continuará.......









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