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El año 2005 sería clave para todo el mundo, tanto muggles como magos. Habíamos luchado durante siglos por que nuestras costumbres, nuestros secretos mejor guardados no salieran a la luz. Por qué aquellos cuyos ojos no veían la realidad, siguieran ciegos y con los ojos vendados ante la realidad de la magia, ante su mera existencia.

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#1.¿Cómo murió realmente Jeremy?
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 La rueda del deseo
Wendolyn Dawson
Posted: May 8 2011, 12:04 AM


Víctima #1 Squib artificial / Exalcaldesa de la CM de Londres
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El viento azotaba con fuerza contra mi rostro mientras caminaba detrás de mi padres, como cualquier muchacha bien educada. Llevaba un vestido de raso azul eléctrico que estaba cortado al bies y parecía ondular como el agua, era casi una segunda piel, y los tirantes que lo sujetaban sobre los hombros eran apenas más fuertes que hilos. Los pendientes de aguamarina y diamantes eran de mi madre, y habían pertenecido antes a mi abuela.

Cualquier chica de mi edad hubiese estado nerviosa, yo en cambio estaba totalmente relajada. Había pasado por aquello muchas veces. Aquellas fiestas y cenas ostentosas no eran ninguna novedad añadida en mi vida, siempre habían estado allí. Siempre supuse que era por el hecho de que mi familia tuviese una buena posición social, pero desde que mi padre empezó a ser ministro las cosas fueron a mayor. Más fiestas, más cenas, incluso más protocolo que el que ya conocía.

Cerca de la puerta mi padre me ofreció el brazo izquierdo que tenía libre. Esbozando una fina sonrisa me acerqué hasta él y le tomé del brazo mientras entrabamos en el salón donde se iba a llevar a cabo la cena. Desconocidos por doquier fue lo primero que me encontré para luego empezar a ver caras conocidas que se acercaban hasta nosotros y nos saludaban. Todos parecían bastante sorprendidos al verme, como si realmente no creyesen que tuviese dieciocho años o algo parecido.

En realidad no hacía muchos años que había empezado a asistir a aquellos actos. Antes de los diecisiete años me quedaba en casa o estaba en Hogwarts mientras mis padres me carteaban contándome las últimas novedades. Solo acudía a las cenas de Navidad y de Año Nuevo y aún así cuando era muy pequeña era la elfina doméstica la que se quedaba a mi cargo en casa. Mis padres no se fiaban de ninguna persona más que de ese pequeño ser que me miraba con sus enormes ojos verdes y me contaba historias cuando yo apenas tenía cinco años. Al día siguiente cuando me levantaba iba corriendo hasta el dormitorio de mis padres y los despertaba de un salto sobre la cama consiguiendo que en lugar de enfadarse rompieran a reír. Habían tardado muchos años en tenerme y siempre escuche de sus labios que había valido la pena esperar a pesar de mi carácter travieso y despierto. Me adoraban.

Clifford y María Dawson eran así, personas orgullosas de su única hija y de la que esperaban grandes cosas. Yo nunca me había quejado de que hubiesen establecido metas para mí, ni que mi madre empezara a decirme que tenía que buscarme un joven apuesto para formar más adelante una familia antes de que se me hiciera tarde. Lo que ella no entendía es que para mí en esos momentos el “formar una familia” quedaba relegado a un segundo plano. Lo que yo quería, lo que más deseaba en el mundo era seguir los pasos de mi padre y por eso mismo en cuanto había terminado mis estudios en Hogwarts entre a trabajar en el Ministerio a pesar de las quejas de mi madre como asistente del jefe del Departamento de Cooperación Internacional. No quería llegar a lo alto porque fuese mi padre el que moviese los hilos, quería llegar por mis propios méritos y era algo que para mi suerte él respetaba.

- ¿Así que tú eres Wendolyn? – Me preguntó un hombre que se había acercado junto a su esposa que en mi opinión parecía haberse echado todo el joyero al cuello, como si temiese que esa noche entraran en su casa y le robaran. Gente rara había en todos lados. Esbocé una sonrisa cortés mientras asentía ligeramente con la cabeza.

- Así es, señor – Todo en mí era educación, ni siquiera pestañeé ni una sola vez pero pude darme cuenta de que parecían esperar a que dijera algo más, como si algo en mí diera esa sensación o les invitara a pensar eso.

- Tu padre siempre dice lo orgulloso que esta de ti – Noté que viraba unos segundos los ojos hacía mi padre antes de volver a posarlos en mí, como si esperase su aprobación o algo. - ¿Aún eres la asistenta de Jamison?

- Sí y he de decir que pese a las malas lenguas es una persona encantadora. Nos trata muy bien a todos – No como había oído que hacían otros jefes de los diferentes departamentos, aunque lo cierto es que del Sr. Jamison también echaban pestes, así no sabía muy bien que creerme. Fruncí ligeramente el ceño unos segundos antes de volver a enfocar toda mi atención en el hombre y en su mujer que me miraba con una sonrisa que parecía que le hubiesen aplicado mediante magia en el rostro. ¿De verdad no era capaz de dejar de sonreír ni un segundo?

- Disculpa mi educación. Gaspard Lincoln y esta es mi esposa Eleonor – Pasé mi mirada del hombre a la mujer mostrándole mi sonrisa más encantadora. Mi madre siempre decía que a las mujeres solías caerles mal nada más mirarte. Eran como víboras que estaban pendiente de cada detalle de tu vestimenta, tu peinado e incluso de la forma en cómo te movías. Yo ya me había dado cuenta de que esa noche desde que habíamos cruzado las puertas hasta el salón varias miradas habían estado puestas sobre mí. La mayoría femeninas.

- No es un apellido muy común de la zona – No pude evitar decir sonriendo segundos después intentando corregir de aquella manera mi metedura de pata. Mi madre me miró con severidad antes de llevarse a parte a Eleonor y empezar a hablar con ella, dejándome allí con mi padre. Raro, ¿verdad? Para mí no era extraño. Había sido siempre “su niña” y me sentía mucho más unida a él que a mi madre, quizá influenciado por el hecho de que el apoyaba mis sueños.

- Son americanos – Me explicó mi padre adelantándose a la respuesta que de seguro me hubiese dado el hombre.

- Exacto, aunque llevamos unos cuantos años viviendo aquí. De todos modos dentro de unos meses tenemos que volver. Asuntos familiares – Explicó sin entrar en detalles (que me hubiesen ahorrado mucho) mientras esbozaba una sonrisa. - ¿Sabes? Deberías de conocer a mi hijo, así a lo mejor se anima. No es que tuviese muchas ganas de venir y en cuanto ha entrado se ha despegado de nosotros y se ha perdido entre la multitud – Genial. ¿Entonces como pretendía que lo conociera? Alcé una ceja divertida ante aquel pensamiento aguantándome un amago de risa que luchaba por salir. A veces comportarse en público en ciertas situaciones podía llegar a ser complicado. Vi como se miraba por encima de la gente hasta que sonrió. ¿Lo habría localizado? Por la señal que hizo en el aire se diría que sí. No estaba equivocada, pocos segundos después apareció un chico de cabellos castaños bastante apuesto y de unos ojos azules que enseguida atrajeron mi atención. Escondían algo... – Quiero presentarte a alguien hijo – Le comentó mientras le daba una palmada en el hombro manteniendo la mano sobre aquella parte del cuerpo del chico – Esta es la señorita Wendolyn Dawson. Mi hijo Gerhard.

- Encantada – Extendí una mano hacia él que no tardó en estrecharme mientras parecía examinarme de arriba abajo. Algo que curiosamente no me molestó como hubiese pasado en otras ocasiones. Le dediqué una sonrisa que no tardó en devolverme antes de soltarme definitivamente la mano. Tuve la sensación de que el contacto duró más de lo necesario pero en ese momento era lo que menos me importaba.

- Es la asistenta de Jamison. El jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional – Explicó su padre mientras me miraba con aquella deslumbrante sonrisa que tenía plasmada en el rostro.

- Sé quién es Jamison, padre. No hacía falta que me lo aclararas. – Noté en su voz un cierto tono cansino y como parecía mirar con fastidio a su padre, pero su expresión cambió por completo cuando se volvió hacía mí – He oído que es un tipo desagradable. – Negué con la cabeza. ¡Por Merlín! Lo que podía llegar a inventarse la gente.

- Son solo habladurías. Es un buen hombre... – Comenté sin saber muy bien por donde llevar aquella conversación, cosa que empezó a frustrarme y más me frustró cuando nuestros padres se disculparon y se fueron juntos... ¿Y ahora qué? Pensé en mil preguntas que se podían hacer pero ninguna me parecía la adecuada.

Tuve suerte de que fuese él el que tomase la iniciativa.
^^
Gerry Lincoln
Posted: May 27 2011, 11:43 PM


Ex residente de la CM de L.A / Auror / Nivel 5
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Cuando había oído de boca de mis padres que nos íbamos a una cena de sociedad, lo único que pude hacer fue dibujar una mueca de disgusto en el rostro. Estaba realmente harto de aquel tipo de acontecimientos, siempre rodeado de carcamales que hablaban de lo mismo. ¿No tenían más temas de conversación? Aunque claro, yo sabía perfectamente que ellos pensaban lo mismo de los adolescentes, siempre con el mismo tema en la boca. Por los motivos indicados y otros muchos cuando vi el gesto de mi padre en la distancia pensaba que me iba a presentar a uno de sus aburridos amigos que solo tenían el maldito tema del que más odiaba escuchar hablar (de tanto oírlo, por supuesto).

Cuando llegué hasta la posición reconocí casi de inmediato al Ministro de Magía y por un momento casi estúpido pensé que la joven rubia a su lado era su esposa o algo parecido. En ese mundo todo era posible. No sería la primera vez que una persona de esa edad estaba casado con una jovencita. Por eso cuando mi padre me la presentó como “señorita Wendolyn Dawson” no pude evitar alzar sorprendido una ceja. Visto de esa manera tampoco debería extrañarme tanto que se tratase de la hija del Ministro.

Sabiendo ese detalle no pude evitar examinarla de arriba abajo mientras le estrechaba la mano y esbozaba una encantadora sonrisa. Tardé unos segundos más de los necesarios en romper el contacto debido a que me había quedado mirando esos ojos azules que poseía la muchacha antes de que mi padre volviese a hablar. ¿La asistenta de Jamison? Vaya, así que después de todo estaba metida en el Ministerio como su padre. De entrada me sorprendió que no fuese su secretaria o algo.

- Supongo que deberé fiarme de usted. Después de todo es la persona que trabaja para él – Respondí a su comentario sobre Jamison aún no demasiado convencido al respecto pero dispuesto a no contradecir a una dama. Y menos a una dama como aquella. Miré de soslayo a mi padre empezaba a hablar animadamente con Dawson y mi madre. ¿Dónde se había metido mi madre? ¡Por las calzas de Merlín! Seguro que ya estaba cotorreando en algún corro formado solo por mujeres y enterándose de los últimos cotilleos de la alta sociedad mágica. Típico de mujeres. Claro que seguro que no todas las madres luego te contaban durante todas las semanas los chismorreos de los que se habían enterado durante aquellas reuniones.

Decidí tomar la iniciativa y extendí uno de mis brazos hacía la muchacha invitándola a tomarlo. Noté que dudaba unos segundos antes de tomarlo con uno de los suyos y sonreírme, gesto que provocó que yo sonriese de vuelta - ¿No cree que aquí está demasiado cargado el ambiente? – Sí, una técnica algo sutil para conseguir que me dijera que sí a salir de aquella habitación donde todo el mundo hablaba como loco.

- Sí, la verdad es que sí – Respondió sin apenas dudar lo cual me hizo sentirme seguro de la situación durante unos segundos mientras caminábamos entre la gente hasta llegar a la puerta que llevaba a los jardines que no tardé en abrir dejándola pasar a ella primero.

- Debe de estar muy acostumbrada a este tipo de celebraciones, ¿no? Yo llego a encontrarlas... – Me quedé pensativo unos segundos mientras la veía observar con sus ojos azules toda la extensión que había ante nosotros y antes de que pudiese decir algo ella terminó la frase por mí.

- ¿Aburridas?

- ¡Exacto! No sé, tengo la sensación de que siempre es lo mismo. Incluidos los temas de conversación. – La muchacha rió unos segundos antes de disculparse lo que no dejó de sorprenderme – No hace falta que se disculpe. Es bonito ver a una persona responder de una forma natural a una frase, sobretodo en este mundo. – La muchacha sonrió ante ese comentario.

- Puedes tutearme. Prefiero que me llamen Wendolyn que no señorita Dawson – Eso fue toda una sorpresa para mí. Normalmente la gente de aquel mundo era bastante dado a preferir que se le tratase de aquella manera tan cortés. Parecía que me había encontrado con una de las excepciones.

- Me parece bien, aunque creo que voy a preferir llamarte Wendy... Tú puedes llamarme Gerhard o Gerry como desees.
^^
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