TALK ON CORNERS
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El año 2005 sería clave para todo el mundo, tanto muggles como magos. Habíamos luchado durante siglos por que nuestras costumbres, nuestros secretos mejor guardados no salieran a la luz. Por qué aquellos cuyos ojos no veían la realidad, siguieran ciegos y con los ojos vendados ante la realidad de la magia, ante su mera existencia.

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Sigue la trama...

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 Infortunio
Marnie de Lancre
Posted: Apr 24 2011, 12:02 AM


Bruja por sorpresa / Estudiante / Nivel 1


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¡BOOM!

Una vez más Marnie había conseguido hacer explotar el caldero tratando de preparar el dichoso Filtro de los Muertos. ¿Cuántos intentos llevaba ya? ¿Trece, dieciséis? No, con esa iban ya dieciocho intentos fallidos. ¡Cómo odiaba la clase de Pociones! Y es que por más que lo intentara y se esforzara nunca le salían bien, su madre ya ni se había dignado a asomarse a la habitación a preguntar qué era lo que estaba sucediendo.

Tras pegar un grito de frustración la muchacha se acercó a su libro de Elaboración de Pociones Avanzadas que estaba abierto por la página diez. ¿Qué había hecho mal esta vez? Repasó todos y cada uno de los pasos sin entender cuál se había saltado. Dieciocho intentos era su nuevo récord, nunca una poción se le había resistido tanto. Tal vez es que necesitara salir de aquellas cuatro paredes y respirar aire puro pero todavía estaba castigada por su salida la noche del ataque al cuartel general de los Brigadistas. Ya llevaba una semana y todavía le quedaban otras dos por delante. Acabaría explotando igual que su caldero.

- Ya estoy harta -

La joven tomó su preciada varita y lanzó un conjuro al caldero para que quedara reluciente y luego cerró de un golpe el libro de pociones. Iba a salir de allí aunque fuese al menos una o dos horas, no soportaría estar más tiempo atrapada en casa. Le urgía salir pero, ¿cómo hacerlo? Se sentó sobre la cama con las piernas cruzadas ideando un plan para llevar a cabo la escapada. En casa solo estaba su madre pero aún así no podía arriesgarse a salir por la puerta principal, como tampoco por la trasera puesto que la pillaría enseguida. ¿Qué otra opción tenía?

Tras varios minutos rompiéndose la cabeza para encontrar una forma de salir sin que la vieran se le encendió una bombilla. La joven saltó de la cama y se aproximó a una de las ventanas de su habitación que casualmente daban con el pequeño jardín donde había también un cobertizo. ¡Era perfecto! Abrió la ventana y desde allí lanzó un Alohomora a la puerta del cobertizo, la cual se abrió al instante dejando ver un poco de su interior.

- Accio Nimbus 2000 – Sí, era una antigualla ¿y qué? la cuestión era que le sirviera como transporte. La joven sonrió orgullosa cuando la escoba se aproximaba a la ventana aunque el golpe que se dio contra ésta hizo que cerrara los ojos por unos segundos y temiera que su madre subiera a preguntar aunque después de tanta explosiones era algo poco probable. A continuación, se metió la varita en el bolsillo trasero del pantalón vaquero y se asomó por la puerta de su habitación para decirle a su madre que no la molestaran porque iba a estudiar. Ya claro, a estudiar. Volvió a la ventana, la cual al máximo y se agachó para poder atravesarla y finalmente sentarse sobre la escoba y echar a volar.

No se podía negar que tenía cierto talento. Quizás debió de apuntarse al equipo de Quidditch de la escuela como le había sugerido su padre tiempo atrás. Incluso se permitió soltar los brazos para extenderlos hacia el cielo mientras el aire le azotaba la cara revolviéndole el cabello. La muchacha siguió elevándose disfrutando de aquel momento de libertad. No le importaba si al volver su madre se había percatado de su ausencia, ni que le sumara una semana más de castigo. Creía que había valido la pena.

Y así fue hasta que una potente ráfaga de viento logró desestabilizarla de la escoba. La joven de Lancre acabó sujetándose al palo con una sola mano mientras el resto de su cuerpo pendía en el aire. Comenzó a balancearse para tratar de subirse a la escoba pero el viento que parecía haberse levantado se lo impedía y la escoba cada vez volaba a menor altura.

- Voy a matarme, voy a matarme… ¡Basta! Nadie va a matarse ¿de acuerdo? Respira hondo y piensa, piensa

¡No podía pensar! Solo se imaginaba estrellándose contra el suelo, la escoba hecha pedazos y su madre hecha una furia. Aunque ciertamente, el enfado que se pillaría su madre era el menor de sus problemas en aquellos momentos.

Trató nuevamente de impulsarse sin lograr un mayor éxito a la vez anterior. Miró hacia abajo y tragó saliva. El suelo cada vez parecía estar más cerca. Tenía que hacer algo y ya. Pensó en su varita y mientras seguía sujetándose con fuerza con una mano, con la otra estuvo trasteando con los bolsillos de su pantalón hasta dar con la varita pero ese día no parecía ser su día de suerte, pues la varita se le resbaló de la mano y acabó precipitándose al vacío.

- ¡No! ¡No! ¡No!

La joven empezó a removerse histérica por volver a sentarse sobre la escoba y tomar el control y evitar una tragedia pero no lo conseguía y cuando puso la vista al frente después de que se le cayera la varita no pudo evitar pegar un grito con lo que venía a continuación: La copa de un árbol y ella estrellándose contra dicho árbol. En cuestión e segundos todo se volvió negro. Era el fin.

…..


Al abrir los ojos su visión estaba nublada pero tras parpadear un par de veces su vista se enfocó. ¿Qué había pasado? Marnie se incorporó con la ayuda de sus brazos quedándose sentada un tanto confusa durante unos segundos. ¡Ah! Ahora recordaba. La repentina ráfaga de viento, la escoba, el árbol, la caída. La muchacha miró a su alrededor y descubrió que la escoba yacía a unos pocos metros de ella. e puso en pie y en cuanto lo hizo su cuerpo magullado se quejó, debía de tener una pinta horrible. Las ramas del árbol le habían rasgado la ropa y en los brazos tenía algún que otro rasguño como también en la cara y su pelo estaba lleno de hojas y ramitas. Se sacudió la tierra de encima y recuperó la escoba que la había dejado allí tirada, literalmente.

¡Menudo desastre! ¿Por qué tenía que salirle todo mal? Tan sólo había querido salir un rato de casa y mira lo que había conseguido ¡Casi se había matado! Para colmo había perdido la varita. ¿Por qué? ¿Por qué ¿Por qué? La joven gimió llena de impotencia. No obstante, quedarse allí parada en medio del bosque maldiciéndolo todo, maldiciéndose a ella misma, no iba a ayudarla a recuperar su varita por lo que comenzó a andar con la intención de encontrarla y regresar a casa rezando para que nada más le fuese a suceder en ese día.
^^
Ajax Lincoln
Posted: Jun 20 2011, 03:55 PM


Espía Americano / Estudiante / Nivel 1
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Un paraguas roto, viejo y feo. Que tiene un mango de cuero marrón desgastado y varias hebras de alambre salidas. Un paraguas con horribles estampados florales parecidos a los que tenía el sofá del salón de la abuela Burke. Un paraguas que yace estratégicamente colocado en un punto de las intrincadas montañas californianas. Cualquier muggle que posara sus ojos sobre este paraguas no sospecharía que pudiera tratarse de un artilugio de la brujería, ¿verdad que no? Simplemente pensaría que fue arrastrado hasta aquí por alguna de las tempestuosas tormentas que azotan Los Ángeles cada primavera, o que alguna adorable viejecilla – nada que ver con la abuela Burke – lo hubiera extraviado en un despiste durante el feliz picnic de los domingos. Sin embargo, estas ideas se quedan bastante lejos de la realidad, porque el paraguas es ni más ni menos que el traslador que Gerhard Lincoln utilizó para ir hasta la Comunidad Mágica de Le Valgrange.

Ajax sonríe al encontrarlo justo donde la carta de su padre decía que estaría. Concretamente, oculto entre las raíces de un gran árbol jacarandá florecido. Se toma un minuto para inspeccionar los alrededores con la mirada. Tanto para comprobar que no hay nadie, como para fotografiar una última imagen mental de su amada California. No sabía cuánto tiempo iba a estar alejado de ella. Esperaba que no demasiado, aunque ya casi había asimilado que terminaría graduándose allí, en Escocia, y, quizás, volando a lomos de algún dragón que Olivia hubiera robado de su nido y domesticado en contra de las leyes mágicas. Frunce los labios antes de reajustarse las gafas de sol, deslizando su dedo índice por el puente de la nariz. Lo cierto es que no le importaría quedarse con Chispitas cuando Olivia termine calcinada. ¿Chispitas? No, no. Tendría que buscar otro nombre más masculino.

Se aproxima al traslador con paso decidido. Se acuclilla sobre él, le susurra un “adiós” al viento y extiende finalmente la mano para tocarlo. Se produce un destello. Luego, el joven mago siente como si un gancho le pinzara por algún lugar detrás del ombligo, arrastrándolo a una velocidad vertiginosa hasta que su cara queda aplastada contra un montón de tierra húmeda, al otro lado del océano.

«¿Ya está?» Inseguro, abre un único ojo. Al parecer, sí. El árbol de flores moradas había desaparecido. En su lugar, se extendía un paisaje bastante uniforme de verde y frondosa vegetación. Se medio incorpora en el suelo, queda sentado. Se lleva instintivamente una mano a la tripa, como comprobando que el gancho no le hubiera arrancado las tripas o algo por el estilo. «Vale, ¿dónde se ha metido mi séquito de bienvenida?», se queja. No esperaba pancartas y una orquesta, qué va. Tan sólo aspiraba a que el despistado de su padre lograra recordar que tenía un hijo alguna vez. Compone una mueca de fastidio al verse perdido y con la única compañía del paraguas y la atenta supervisión de las ardillas, escondidas en la seguridad de las copas de los árboles. Se pone en pie, todavía un poco mareado, sacudiéndose la tierra de la ropa. Comprueba también que su mochila haya pasado intacta todo el trayecto. Entonces, empieza la canción dentro de su cabeza. Le anima. Siempre ha pensado que las cosas salen mejor con música, y desafortunadamente debe reconocer que le encanta la muggle.

Echa a andar, olvidando el paraguas atrás. Tararea la letra de la canción en todo grave, balanceando la cabeza de un lado a otro. De pronto, algo le detiene. Se para en seco y mira en derredor en busca de lo que acababa de caer del cielo. Se quita las gafas y se las pone a modo de diadema. «Pero, ¿qué...?» Ahora lo ve con claridad. Se trata de una varita. Enarca una ceja, extrañado. Luego, se acerca lentamente hasta la varita, agachándose, de nuevo, con el fin de inspeccionarla. No la había visto antes, de eso no le cabía duda. La agarra con delicadeza. La mueve entre sus manos sopesando su peso y flexibilidad, luego dirige la vista hacia arriba intentando comprender cómo ha llegado la varita hasta sus manos. ¿Habría alguien más, aparte de las ardillas, espiándole escondido entre el follaje de los árboles? De ser así, Ajax ya no tenía nada que temer. El susodicho había perdido su varita por ineptitud, así que si la quería tendría que venir a por ella.

Baja las ray-ban. Sin más, reanuda la marcha. Pronto encuentra un camino con marcas de ruedas de carruaje, lo que le indica que debían de llevar hacia alguna parte, y esa parte esperaba que fuera Le Valgrange. O al menos, sabiendo que estaba transitado, podría dar con alguien que le mostrara la dirección correcta. La música regresa, pues, a su cabeza. Esta vez, a todo volumen. Ha sacado su propia varita, y ahora se dedica a hacer una exhibición de 'air drumming' utilizándolas como si fueran baquetas. No puede evitar que la canción le recuerde a los magos, escondidos de la sociedad muggle. La letra le inunda, poco a poco, y de vez en cuando entreabre los labios y canta:

-Is your secret safe tonight?And are we out of sight? Or will our world come tumbling dooown? Will they find our hiding place? Is this our laast embrace? Or will the walls start caaving in?* ...

---
*: ¿Tu secreto está a salvo esta noche? ¿Estamos fuera de vista? ¿O se vendrá derrumbando nuestro mundo? ¿Encontrarán ellos nuestro escondite? ¿Es éste, nuestro último abrazo? ¿O las paredes empiezan a desmoronarse?
^^
Marnie de Lancre
Posted: Jun 24 2011, 09:04 PM


Bruja por sorpresa / Estudiante / Nivel 1


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El pequeño tramo que había recorrido en quince minutos lo hubiese realizado en menos de cinco minutos si no fuese porque el tobillo le dolía horrores. ¡Maldita sea! Seguramente se lo había torcido tras caerse de su querida escoba y para colmo aún tenía que encontrar su varita, con la que posiblemente pudiese lanzarse algo a ese tobillo dolorido. La muchacha se detuvo a mitad de camino con los puños cerrados y con unas ganas tremendas de gritar y quedarse sin aire en los pulmones porque aquello no podía estar sucediéndole a ella.

- ¡Esto es un completo desastre! - exclamó apoyándose en el tronco de un árbol y dejándose caer al suelo.

¿Qué iba a hacer si no encontraba su varita? ¿Y si la había perdido para siempre? Si regresaba a casa sin su varita sus padres la mandarían derechita al más allá. ¿Cuántos magos y brujas había conocido ella que hubiesen perdido sus respectivas varitas? Ninguno. Perder el instrumento por el cual se canalizaba la magia que corría por sus venas era algo que a ninguno se le pasaría por la cabeza. Había que ser muy estúpido para que eso ocurriera. Sí, se estaba llamando estúpida porque es lo que era. ¿En qué estaría pensando eh?

Permaneció allí sentada durante un rato recreando el sermón que se llevaría en casa cuando se enteraran de lo ocurrido mientras de paso descansaba un poco su pierna mala hasta que decidió que era hora de reemprender la marcha. Con la ayuda de sus brazos se incorporó del suelo y siguió cojeando por el bosque escudriñando la hierba en busca de un palo de madera, pero el bosque estaba lleno de ramitas y eso complicaba más la búsqueda y eso sin añadir que Marnie desconocía a donde había ido a parar ésta. Por eso mismo no podía utilizar el hechizo convocador Accio. El bosque era demasiado grande y no sabía en que punto exacto estaba la varita perdida por lo que no podía visualizar dicha zona en su mente, si no fuera por eso ya la tendría en sus manos por muy lejos que estuviese, ya que los hechizos no se le daban del todo mal. Pero estaba claro que aquel no era su día de suerte.

Al ritmo que iba tardaría un siglo en salir del bosque pero no sabía cómo ir más rápido ¿o sí? La muchacha se quedó mirando la escoba con recelo, como si ésta fuera a atacarla de un momento a otro. Tal vez si volaba casi rozando el suelo y a una velocidad moderada lograra recorrer el bosque en menos tiempo y dar antes con su varita. Sin pensárselo dos veces la joven volvió a montar en la escoba y se alzó a escasos centímetros. No quería volver a caer y fastidiarse otro miembro de su cuerpo.
El invento le duró más de lo que imaginó y es que tal y como pintaba el día, Marnie ya se veía de nuevo espatarrada en la hierba y con una colección de moretones.

De pronto oyó algo por los alrededores que la alarmó y provocó que se desestabilizara de su Nimbus, pero finalmente la joven consiguió mantener el equilibrio. No obstante, decidió bajarse de la escoba e indagar dejándose guiar por el sonido.
A cada paso que daba el sonido se hacía cada vez más audible, hasta el punto en que pudo apreciar que se trataba de una persona cantando, concretamente un varón.

Tras caminar un par de minutos más llegó al lugar donde se encontraba la persona que cantaba en mitad del bosque pero sus ojos se clavaron de inmediato en una de las dos varitas que el joven blandía en el aire. Se trataba de SU varita. Sin cortarse un pelo la joven de Lancre se acercó con paso decidido (aunque coja) hasta el chico.

- Disculpa que interrumpa tu momento musical pero creo que tienes algo que me pertenece – dijo mostrando la palma de su mano libre para que le devolviera lo que era suyo. Fue entonces, cuando ya estaba justo enfrente de él y le miró a la cara, que se dio cuenta de que aquel chico no era nadie a quien conociese. Marnie lo examinó detenidamente con desconfianza pero también con algo de curiosidad y debía admitir que el color de sus ojos, de un tono celeste, era bastante bonito – No eres de por aquí – No era una pregunta, era una afirmación. A pesar de que no conocía a todos los habitantes de Valgrange sí que le sonaban las caras y aquella no la había visto nunca antes.
^^
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