TALK ON CORNERS
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El año 2005 sería clave para todo el mundo, tanto muggles como magos. Habíamos luchado durante siglos por que nuestras costumbres, nuestros secretos mejor guardados no salieran a la luz. Por qué aquellos cuyos ojos no veían la realidad, siguieran ciegos y con los ojos vendados ante la realidad de la magia, ante su mera existencia.

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#1.¿Cómo murió realmente Jeremy?
#2.El actual paradero de la pluma mágica. ¿La tienen los Brigadistas o sigue permaneciendo en Hogwarts?

Sigue la trama...

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 Rutinas
Tamara Lompard
Posted: Dec 30 2010, 09:40 PM


Desperate Housewife / Ama de casa / Nivel 6
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Los ojos color esmeralda de la mujer miraban vigilantes al pequeño animal que caminaba con lentitud hasta donde se encontraba ella. Los otros dos sin embargo ya llevaban unos minutos correteando cerca de ella. Era, lo que tenía que el pobre perro tuviese ya sus años. Le esperó unos segundos más antes de que se reuniera con ella y los demás para cerrar la puertecilla trasera y emprender camino. Eran apenas las doce y media del mediodía cuando emprendía camino hacía los Bosques cuyos lindes se encontraban a unos quince minutos andando de su casa.

No se había molestado en recogerse el pelo con demasiado esmero, haciéndose una simple coleta que no le llevo más de un minuto frente al espejo que tenían en el recibidor con la escasa luz que entraba por los cristales de la puerta principal, para luego dirigirse a la cocina para tomar la cesta, las llaves (pues había aprendido a base de bien a cerrar las puertas) y a salir por la puerta trasera, asegurándose de que estuviera bien cerrada antes de caminar hasta la verja donde había estado esperando a Bras.

Sentía la nieve crujir bajo sus botas y como sus pies se hundían en ella mientras caminaba hacia delante a la vez que se abrochaba el abrigo de piel que se había puesto por encima de la ropa y se colocaba bien la bufanda de aquel tono verdoso que poseía desde hacía años. A mucha gente el simple hecho de que hiciera tanto frío le habría hecho plantearse salir de casa, pero ella se veía incapaz de permanecer todo el día en casa a no ser que estuviese verdaderamente enferma.

En cuanto entraron en el bosque la capa de nieve disminuyo un poco en su grosor, aunque sus pies seguían hundiéndose. Se aseguró de que los tres animales le siguieran los pasos, pero los más jóvenes enseguida se encargaron de adelantarla por el camino del bosque mientras que Bras permanecía a unos pasos de ella. Levantó la mirada unos segundos hacia el cielo, completamente oscuro y por unos instantes temió que fuese a haber una tormenta, ya no solo por ella misma sino también por él. Nunca se le había dado bien interpretar las señales del cielo al contrario que a su hermana y su hijo que se había sentido atraído por la Astronomía y por la Numerología y las Runas, como su padre biológico. ¿Sería algo que estaba en los genes?

Siguió caminando por unos minutos más. Haberse criado en una casa donde tres personas eran Zoólogos y haberse casado además de todo con uno, tenía sus ventajas aunque no te fascinasen de la misma manera las Criaturas Mágicas. Recordaba que cuando eran pequeñas, Matt las había llevado junto a Aiden a la reserva donde trabajaba para ver nacer a un potro de unicornio. La ojiverde estaba segura de que aquella experiencia no se borraría jamás de su memoria.

Igual que el día en que su padre le había regalado aquella cría de su propia águila, Gianna. La cual aún a pesar de haber tenido que mudarse de Cardiff hasta Valgrange, seguía viviendo con ellos. Tamara no había sido capaz de deshacerse del animal, después de que llevase con ella veintinueve años.

De no ser tan cabezota como era, habría dado ya media vuelta de vuelta a casa, pues sabía que a Zeus nunca le había gustado que ni los chicos ni ella misma anduviesen por el bosque con mal tiempo. Según él podía llegar a ser peligroso, pero ella no sería la primera vez que lo había hecho y nunca había pasado nada, además podía presumir de tener conocimientos en Artes Oscuras y en que sus años en el Ministerio habían servido de algo. Además... ¿Por qué iba a temer una bruja a algo tan simple como el mal tiempo? Ni que no hubiese salido con vida de situaciones peores que esa...

Finalmente llegó al lugar donde se reunían siempre y no pudo evitar echar un vistazo al reloj de pulsera que lucía en su muñeca derecha desde que tenía dieciséis años. ¿Para qué tirar algo y reemplazarlo por algo nuevo si aún funcionaba? Había llegado a la una en punto y eso no hizo más que alzara las cejas con cierta sorpresa. Zeus nunca había sido de esas personas que se retrasaban, Tamara a veces decía que era tan puntual que era capaz de llegar antes, así que no verle por ningún lugar cerca solo hizo que se sorprendiese... Preocuparse no, de momento. Sabía que con aquel trabajo a veces podían surgir imprevistos así que... se limitaría a esperar. No era algo que se le hubiese dado nunca mal. Tenía bastante paciencia.
^^
Zeus Lompard
Posted: Jan 3 2011, 06:25 PM


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Los dos pequeños corgis tardaron bastante menos que Tamara en encontrar al labrador negro que se había acurrucado a descansar entre las raíces de un árbol cercano; y es que con aquella apariencia, Zeus notaba mucho más su limitación de la mano derecha, es más, la gran cicatriz que la recorría se conservaba en la pata derecha delantera después de la transformación y saltaba a simple vista el extraño andar renqueante. Por eso misma razón, caminar por la nieve se le hacía algo más complicado en la forma de labrador pero sin duda ni todas las capas de ropa que llevaba se podían comparar con aquel pelaje negro. Le había costado años dominar aquella especialidad de la magia pero es esfuerzo había valido la pena. Los estudios tenían razón y los animales se sentían mucho más cómodos con la presencia del labrador y por lo tanto era mucho más fácil acercarse a ellos y controlarlos u observarlos.

Soltó un sonoro quejido cuando los animales se le lanzaron encima y apartó a uno de ellos con una pata consiguiendo que se mantuviera alejado tan solo un par de segundos pues enseguida volvió a saltar sobre él. Habían comenzado a montar un escándalo cuando el galés se decidió por fin a levantarse sacudiéndose también la nieve. Con un ladrido, instó a los pequeños a que lo siguieran antes de emprender la carrera en un principio sin rumbo fijo tan solo sorteándolos cuando se acercaban demasiado, hasta que tras unos instantes de juego se dirigió hacia la figura de Tamara que seguía inmóvil observándolos a unos metros de distancia.

Y es que ese era otro de los “cambios” que sufría Zeus cuando se transformaba usando la animagia y aunque en todo momento conservaban su personalidad y su capacidad de raciocinio, el labrador se mostraba mucho más efusivo e incluso cariñoso, quizá simplemente debido a desinhibición o al simple hecho de no poder expresarse de otra forma.

Al llegar a la altura de la francoitaliana, Zeus retomó por fin su apariencia y al instante un escalofrío recorrió su cuerpo provocando que lo primero que hiciera fuera subirse la cremallera de su abrigo hasta el cuello. Conservar la ropa era una proeza de la que se sentía orgulloso. – Me muero de hambre. – Le susurró a modo de saludo antes de acercarse y robarle un fugaz beso en los labios.

- Y no preguntes, prefiero no pensar en que he dejado a Demian y a Desmond a cargo de los aethonan que nacieron ayer… - Era bastante típico que Zeus se quejara de sus dos ayudantes y que constantemente pusiera en tela de juicio su trabajo, les exigía un poco más de lo máximo que podían darle, pero después de todo no podía estar más satisfecho con aquellos dos mendrugos.

- He tenido que montar la tienda un poco más abajo, donde había menos nieve. – Porque sino ¿quién en su sano juicio quedaría para comer con aquel tiempo? La tienda era un refugio muy útil para reserva, mucho más que una cabaña, pues en su interior disponían de las mismas comodidades y además podían trasladarla a cualquier sitio del bosque donde necesitaran montar un campamento improvisado. Aunque claro, ya que la tenían también servía para visitas y podía llegar a imaginar lo que aquel par había hecho ya allí dentro… - Vamos. – La animó con una fina sonrisa comenzando a caminar por el sendero que descendía entre los árboles.
^^
Tamara Lompard
Posted: Jan 5 2011, 07:43 PM


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Tamara observó divertida a Zeus desde su posición. En cuanto el animago había soltado aquel quejido la mujer siguió con la mirada las huellas que los más pequeños habían dejado en la nieve hasta distinguir al labrador. El color negro después de todo destacaba muchísimo en el blanco de la nieve. Rió por lo bajo ante aquel juego que parecía estar haciendo con los perros antes de dirigirse hasta ella. Tamara le miró con la sonrisa aún plasmada en el rostro que se mantuvo incluso cuando cuando Zeus tomó su apariencia.

“Me muero de hambre” Aquellas palabras siempre le hacían recordar un momento puntual de sus vidas – Cada vez que dices eso... Me acuerdo de la primera noche que pasamos juntos – Aquella tarde que había pasado de ser algo inocente a algo totalmente inesperado y posiblemente eso era lo que lo hacía especial, que no lo hubiera visto venir.

- No iba a preguntar, pero... deberías dejar de preocuparte tanto. A Des le fascinan las Criaturas Mágicas, lo sabes... No dejará que les pase en nada. Confía un poco – Respondió al comentario de Zeus. Siempre exigía tanto a aquellos dos..., aunque en el fondo Tamara intuía que lo hacía por su bien, igual que sobreprotegía a veces (por no decir casi siempre) a Caroline.

Si alguien le preguntaba a la ojiverde en esos momentos si echaba de menos su trabajo en el Ministerio habría sabido perfectamente que contestar. Sí, lo echaba de menos, pero el dejar el trabajo había sido un sacrificio mínimo al lado de lo que podría haber perdido de no haberlo hecho y es que Tamara no olvidaba que el haber sido ascendida a jefa, aunque al principio había sido una noticia y sabía que Zeus se había sentido orgulloso, con el paso del tiempo había sido algo que los había empezado a distanciar. Demasiadas horas de trabajo por ambas partes, no coincidían apenas y a ella le había entrado el pánico de acabar compartiendo techo con un extraño. Nunca se lo había confesado a Zeus (ni siquiera sabía si algún día lo haría) pero mucho antes de que el Ministerio cayese en manos de los muggles ya había estado pensando dejar su trabajo y dedicarse a lo verdaderamente importante: él y sus dos hijos.

Había hecho una lista de prioridades y dado que se podía permitir el lujo de quedarse en caso, la primera de todas paso de ser su trabajo a ser su familia. A ser Zeus. El traslado a Valgrange y el tener que volver a hacer un hogar los volvió a unir, sumado al hecho de que Tamara había dejado de trabajar. El miedo que había sentido durante cerca de seis meses se desvaneció y en lo que a ella concernía sabía que esas crisis matrimoniales existían. Podían sentirse orgullosos de haber salido de ella airosa...

Tamara incluso tenía la sensación de que se habían vuelto a descubrir mutuamente y que estaban más unidos que nunca. Posiblemente fuese más que una sensación y fuese verdad.

Después de la tormenta viene la calma.

- Entiendo – Mentó mientras seguía a su marido y lo tomaba de la mano. Para muchos podía ser un gesto típico adolescente, pero a ella le encantaba saber que estaba allí y que no la iba a soltar por nada del mundo. Lo que si le extrañó es que no le hubiese echado el sermón por ir hasta allí tal y como estaba el cielo, posiblemente porque para él aquellas visitas, aquellos momentos con ella (además de los que compartían en casa) eran igual de importantes que para ella. - ¿Sería mucho pedir que algún día me llevarás a ver a las crías? – Preguntó mirándole directamente con sus orbes verdes brillantes de emoción. Era lo que tenía haber sido hijastra de alguien que trabajaba en una reserva.

Siguieron caminando hasta llegar a la tienda donde Tamara entró detrás de Zeus. La temperatura del interior de la tienda no era en lo absoluto comparable con la del exterior. En cuanto entró un calor la embargó y hizo que la francoitaliana se quitara el abrigo que llevaba por encima de la ropa dejándolo a un lado antes de volver la mirada hacía Zeus aún con la bufanda alrededor del cuello. Dejó la cesta que llevaba en una de las manos encima de la mesa antes de echar un vistazo a los animales que habían entrado detrás de ellos y habían ido a tumbarse en algún rincón de la tienda. Tomó la bufanda entre sus manos y se la puso al galés alrededor del cuello sujetando ella aún los extremos y acercándole hasta ella lentamente. Sonrió de forma coqueta tan solo durante un par de segundos antes de soltar los extremos de la bufanda y rodear el cuello del galés con sus brazos.

- ¿Esta noche también te vas a quedar o vendrás a casa? – Le preguntó en un susurro. Se había acostumbrado a que Zeus no fuese a dormir el día del alumbramiento si este se hacía de noche y la madre podía tener ciertas complicaciones, pero... eso no quitaba otras muchas cosas. Acabó de acortar la distancia entre los dos antes de besarle suavemente – Te eche de menos ayer – Esbozó una fina sonrisa antes de abrazar por completo al galés y apoyar su cabeza en uno de los hombros de él. Echaba de menos su simple presencia y su compañía, aunque no intercambiasen palabras con saber que le tenía con ella le solía bastar. Además ahora daba muchísima más importancia a esos pequeños momentos.

Se separó suavemente después de unos minutos en los que permaneció en aquella posición sintiendo como le llegaba aquel aroma tan característico de Zeus y que tanto le gustaba.
^^
Zeus Lompard
Posted: Jan 15 2011, 11:21 PM


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Zeus arrugó la nariz mientras Tamara le pedía que confiará más, al menos en Desmond y su pasión por los animales; decían que los de Lancre siempre habían sido zoologos o medimagos, pero no por ello había dejado de incentivar la curiosidad de su sobrino por los animales. Quizá el problema residía en la sobreprotección y es que aún no había encontrado el punto en el que el galés debía de de soltarlos y “dejar que volaran fuera del nido”.

“¿Sería mucho pedir que algún día me llevarás a ver a las crías?”
- Claro. - Respondió Zeus girando la cabeza hacia ella para encontrarse con aquella mirada verde. ¿Cómo podía negarselo? - Si quieres vamos después. - La verdad es que aunque había sido una noche complicada, los dos tenían buen aspecto. Su pecho se hinchaba de orgullo cuando podía contar con la ayuda de sus hijos en situaciones como aquellas.

Al llegar a la tienda, apartó la tela de entrada para dejar pasar a su no-mujer primero, pasando después él al tiempo que comenzaba a bajar la cremallera de su abrigo. Respiró hondo disfrutando del calor de la estancia y estaba a punto de quitarse la prenda cuando ella se acercó rodeando su cuello con la bufanda. La sonrisa de Tamara se contagió con facilidad en el rostro del galés y mientras sus brazos rodeaban su cuello, sus manos se posaron a ambos lados de su cintura acercándola para sentir su cuerpo más pegado al suyo. - No. Esta noche estaré en casa. - Desde pequeño siempre había deseado trabajar en una reserva como de la que era responsable en Valgrange (aunque hubiera preferido que fuera en otras circunstancias), y por lo tanto le apasionaba su trabajo pero desde hacia unos años pasar largos días fuera de su casa se le hacía cada vez más pesado y prefería achacarlo a los tiempos que corrían que al hecho de que se estaba haciendo viejo y terriblemente hogareño.

- ¿En serio? - Preguntó con cierto tono de sorpresa en la voz. Obvio que él mismo también la había echado de menos por la noche, llevaban demasiados años durmiendo juntos, pero aún así decidió bromear: - No me esperaba eso de usted, Mrs Lompard. - Aquel pequeño detalle era algo que jamás hubiera imaginado que le encantara tanto. Nunca habría obligado a Tamara (y bien sabía que ella jamás se hubiera dejado forzar a semejante cosa) a hacer el cambio de apellido cuando se casaron; pero tenía que reconocer que cuando oía que la llamaban por Lompard, algo en su interior se removía, no por un sentimiento de posesión como muchos otros entenderían sino por la certeza de que tanto en esa como en otras tantas cosas estaban unidos, habiendo logrado crear juntos algo tan inquebrantable.

Absorbido por aquellos pensamientos, el tiempo pareció detenerse mientras permanecían abrazados y aunque Tamara hizo el movimiento de quererse separar, Zeus siguió su rostro unos centímetros logrando alcanzar por fin sus labios dejando en ellos incontables besos que aunque superficiales iban cargados de sentimiento. - Me muero de hambre. - Repitió de nuevo a sabiendas de que ella entendía el mensaje ya que aquella vez como tantas otras no era precisamente alimento lo que necesitaba.
^^
Tamara Lompard
Posted: Jan 23 2011, 08:08 PM


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- Muy seguro estás tú de querer aguantarme más de una hora – Bromeó a las palabras del galés aunque no logró ocultar la emoción (y también alegría) que le producía la idea de ir a ver las crías. Le recordaba a su infancia y aquellos años en los que aprendieron todos en su familia tanto sobre las Criaturas. Raro era, que ninguno hubiese tenido un interés más allá y se hubiese metido de lleno en el mundo de la Zoología.

La sonrisa que apareció en el rostro de la francoitaliana se amplió inconscientemente ante la confirmación de Zeus de que aquella noche estaría en casa con ellos. ¿Acaso después de tantos años le extrañaba que lo echase de menos? Lo más curioso es que echaba de menos pequeñas cosas, detalles... El más insignificante detalle para alguien para ella eran realmente importante y eran precisamente esas cosas las que le demostraban que el largo camino había valido la pena. Se había desviado, sí, pero había vuelto a él. Había recorrido aquel largo camino hasta casa y la había encontrado – En serio – Respondió a sabiendas de que no había hecho falta que lo hiciese. – Nunca te acostumbras a levantarte sola... – Un escalofrío la recorrió cuando dijo aquella frase. Era algo que había oído decir a su madre incontables veces, pero ella de verdad esperaba que en algún momento de la vida pudiera llegar a acostumbrarse si se diera el caso, los magos no lo quisieran así.

Solo ese pensamiento. Que se le cruzara por la cabeza, hizo que abrazase al gales con más fuerza. Como si tan sólo por pensarlo se fuese a abrir un agujero bajo los pies del hombre y fuese a desaparecer a través del mismo. No. Tenía tantas cosas que decirle y que compartir aún con él, aunque pareciese totalmente imposible debido al tiempo que llevaban juntos. A veces se le antojaba una eternidad junto al gales, otras veces en cambio tenía la sensación de que todo se le había pasado en un suspiro. Era capaz de evocar perfectamente el recuerdo de aquella tarde tan lejana y cuando lo hacía, el olor a cerrado de aquel lugar acudía a ella como si acabase de entrar en el lugar y sus tacones repiqueteasen contra el suelo de mármol de la cocina de los Lompard en Liverpool.

Siempre le asaltaban aquellas típicas preguntas de que hubiese pasado si las circunstancias no hubiesen llevado a Melinda a enfermar y que ella tuviese que remplazarla aquella tarde que había pasado de ser una simple tarde a ser algo más que eso.

- Sabes de sobras que me encanta que hagas eso... – De haber estado en otra posición le habría dado un cariñoso golpecito en el hombro, pero tal y como estaban dejo aquella idea a un lado. Se mordió el labio inferior sin apartar sus ojos verdes de Zeus ante aquellas últimas palabras. Entendía el mensaje a la perfección y posiblemente por ese mismo motivo había hecho aquel gesto - ¿Ah sí? Bueno entonces tienes suerte de tenerme aquí, ¿no? – Sonrió divertida unos segundos antes de volver a acortar la distancia, volviendo a sentir su cuerpo pegado al suyo. Aprovechando que tenía aún las manos entrelazadas detrás de su cuello las movió para ayudarle a desprenderse del abrigo - ¿No crees que empieza a hacer mucho calor aquí? – ¿Dobles intenciones? ¿Y por qué no? Además la forma en la que sonrió tampoco dejaba lugar a las dudas.
^^
Zeus Lompard
Posted: Jan 31 2011, 12:44 AM


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¿Hacer? - ¿El qué? - Podía deducirlo pero prefería oírlo de sus labios. Mientras Tamara pasaba la mano por su espalda ayudándolo a desprenderse de la chaqueta, agachó la cabeza escondiendo la sonrisa que espontáneamente había aparecido en su rostro, haciendo ver que observaba como la prenda había quedado esparcida en el suelo, justo detrás de sus pies.

¿Calor? Aquella cabaña parecía haberse convertido en el mismisimo infierno y eso que aún no había encendido la chimenea. (¡Aquella tienda estaba preparada para todo! Y ya podía estarlo con lo que costaba montarla...) Sin ningún pudor pero con cierta dificultad, coló las manos entre el agarre de Tamara y se entretuvo a desabrochar los primeros tres botones de su blusa, separando con el dedo índice ambas partes de la tela dejando a la vista una sugerente visión.
- ¿Mejor? - Era en aquellos momentos de intimidad cuando se libraban de todo peso, cuando mejor que nunca podían ser ellos mismos. En público podían parecer extraños y levantar alguna que otra murmuración pero cuando estaban solos eran como cualquier otra pareja... Más o menos.

Entonces Zeus agachó el rostro hasta que sus frentes se tocaron, después colocó ambas manos sobre la espalda de Tamara recorriendola con pausados movimientos, jugando con la punta de los dedos sobre los huesos de la columna trazando círculos a su alrededor.- Solo tengo una hora de descanso. - … ¿Iba a dejarlo todo ahí? ¿Tanto pesaba el trabajo en la vida del galés? - Habrá que decidir cuales son nuestras prioridades, ¿no crees? - Preguntó acercándose de nuevo a sus labios para robarle un nuevo beso, mucho más profundo que los anteriores en el que se demoró todo lo que creyó oportuno. Dudaba ser capaz de saciarse alguna vez de ellos.

- Por Merlín, tengo que ir menos a dormir a casa para que me recibas así... - Susurró con la voz ligeramente tomada. Aunque tampoco es que se pudiera quejar del recibimiento pero aquella superaba las expectativas. Aún así, no compensaba. A ella le costaba despertarse sola, a él simplemente dormirse: era difícil conciliar el sueño al no encontrar sus pies helados cuando los buscaba debajo de las sábanas. Y es que era complicado cuando llevaba más de la mitad de su vida compartiendo lecho con la misma persona. Aún conseguía arrancarle una sonrisa el recuerdo de Melinda en que le aseguraba que daría un premio a aquel que fuera capaz de soportar a Tamara más de cinco años. ¿Entonces que se merecía él? Tenía más que suficiente... No podía quejarse.

Su sonrisa pareció congelarse unos segundos mientras en silencio encuadraba el rostro de la francoitaliana entre sus manos apartando con una dulzura infinita cada uno de los mechones de cabello, perdiendose después en la profundidad de sus ojos verdes con la misma facilidad que la primera vez. Tragó saliva. - ¿Te acuerdas de lo que hablamos? - Quizá no era el momento más idoneo para sacar el tema pero ambos sabían lo que sucedería a continuación entre ambos. Era inminente.
^^
Tamara Lompard
Posted: Feb 2 2011, 06:43 PM


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- Si ya lo sabes, no sé para que me preguntas – Le respondió con una pequeña sonrisa plasmada en el rostro. Se conocían tan bien que a veces contestar a preguntas tan obvias era imprescindible y aún así Tamara sabía que oírlo de sus labios le arrancaría una sonrisa o cuanto menos tendría algún efecto en él. Aprovechó que él agachó la cabeza para acercar sus labios hasta uno de sus oídos – Que me beses... – Le susurró justo segundos antes de que el colase sus manos entre su agarre. “¿Mejor?” Asintió en silencio antes de reír por lo bajo. Le había parecido gracioso, sin más, la forma en como lo había dicho y hecho.

Ante el contacto de sus frentes, la mujer cerró los ojos a la vez que notaba como él colocaba sus manos en su espalda, recorriéndola y trazando círculos alrededor de los huesos de su columna, que consiguieron arrancarle otra sonrisa, escondida debido a la posición en la que se encontraban. Su respuesta a la pregunta del galés quedó en el aire ante aquel beso que no dudo un solo segundo en responder como si de verdad se le fuese la vida en ello – Creo que ya hemos decidido hace tiempo cuáles son nuestras prioridades... Además..., una hora da para mucho... Hace muchos años que te enseñe lo que se puede hacer con tanto tiempo – Esbozó una sonrisa pícara mientras levantaba la mirada hasta encontrarse con los ojos marrones de Zeus.

Había sido al principio. Veintitrés años atrás y aún recordaba aquel momento como si hubiese ocurrido en aquel instante. Recordaba los dedos de su mano acariciando su rodilla, su piel lentamente y como la buscó... Tenía una hora antes de partir a un encuentro al que no querría haber asistido. Aún recordaba la pregunta de Zeus “¿Y qué vamos a hacer con tanto tiempo?”, aún conseguía arrancarle una sonrisa.

- ¡Ni se te ocurra! – Le espetó ante sus palabras mientras le acercaba un poco más hacía ella – No me hagas pasar todas las noches sola, no podría soportarlo – Era difícil, más de lo que hubiese imaginado en un principio. Más de lo que hubiese imaginado nunca – Hablo en serio – Añadió poniéndose incluso seria durante unos segundos. Si alguien le hubiese dicho cuando tenía apenas quince años que algún día echaría de menos la compañía de su pareja por las noches y por la mañana al dormirse y levantarse, se habría reído. ¿Ella? Ella nunca... Y la vida había dado tal giro que si ahora volviese a tener quince años y le dijeran eso lo habría afirmado. Se echaba de menos la simple presencia de la persona en la misma habitación.

E igual que la vida había dado aquel giro, la conversación dio uno que hizo que se quedase totalmente seria. Había pasado de estar disfrutando de la manera en cómo le apartaba cada uno de los mechones castaños del rostro a quedarse congelada. Sus ojos verdes pasaron de brillar ansiosos a oscurecerse y posteriormente tornarse vidriosos, como si estuviese a punto de echarse a llorar. Asintió, sintiendo que las palabras se habían quedado en algún lugar pero no querían salir. ¡Claro que se acordaba! ¿Cómo no iba a acordarse? Pero... – Me es muy difícil – Murmuró bajando la mirada. Respiró hondo antes de volver a levantarla y buscar ahora ella los labios del galés con vehemencia, dándose el lujo de dejar que unas pocas lágrimas resbalaran por sus mejillas, alargando aquel beso todo lo que le fue posible.

- Me vuelves loca, ¿lo sabías? – Susurró con la voz ligeramente ronca a la vez que desprendía a Zeus de la parte de arriba de la ropa, pasando luego sus manos por el torso desnudo de su marido - ¿Mejor? – Preguntó, repitiendo adrede la misma pregunta que le había hecho él antes, para luego llevarse una de manos al cabello, buscando la goma que mantenía su pelo sujeto y tirando de la misma para que su cabello castaño se soltase y cayese como una cascada sobre sus hombros – Creo que... Te dejaste bastantes botones sin desabrochar – Apuntó mirándose a sí misma y clavando luego sus ojos verdes en él.


Bendita sea... When I look at you
^^
Zeus Lompard
Posted: Feb 6 2011, 07:28 PM


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- No va a cambiar nada. - Murmuró cuando perdió todo contacto con los ojos verdes de Tamara justo antes de que con aquel beso ella le explicará (de una forma que sabía que él entendería) que no era el momento para sacar el tema. Como bien había dicho segundos atrás, tenían que poner en orden las prioridades y tal como se habían dado las circunstancias volvían a ser como dos adolescentes. Cuando no había nada mas importante que la urgencia de sentir sus cuerpos uno contra el otro.

Al separarse completamente comprobó la humedad de sus mejillas e intentó limpiarla con las yemas de sus dedos pulgares siguiendo el trazo que las lágrimas habían dejado en su rostro, como si con aquel simple gesto pudiera borrar la angustia que la embargaba. Por supuesto que él también se sentía frustrado pues suya también era parte de la “culpa”. Pero no, nadie tenía la culpa en esa situación. A veces las cosas simplemente pasaban. Y otras, pues no por mucho que ambos llevaran tiempo convencidos de que aquel era quizá el momento más propicio en sus vidas para ello.

¿Mejor? - Pasable. - Aunque la sonrisa en su rostro era amplía y torcida. Muchos años, una buena maestra y una gran determinación habían hecho sus frutos en el galés. ¿Jugar? ¡JA! Aquello era ya otro nivel. - Puedes hacerlo mejor. - Murmuró sintiendo como el tacto de Tamara sobre su torso desnudo dejaba a su paso un placentero cosquilleo.

- Es un “error” que puedo enmendar. - Pero no por ello iba a hacerlo como ella deseaba pues sabía perfectamente que aquella lentitud con la que comenzó a desabrochar uno a uno los botones restantes estaba siendo una pequeña tortura para la francoitaliana.

Y se volvieron a besar antes de entregarse el uno al otro para fundir sus pieles y susurrar sus nombres, consiguiendo que de nuevo el mundo se detuviera para ellos.

Sin tener en cuenta su cuerpo perlado por el sudor, Tamara apoyó la cabeza sobre su pecho mientras él jugaba con los mechones castaños entre sus dedos, hipnotizado aún por el éxtasis que había recorrido todo su ser. Notaba la respiración agitada de su mujer al igual que ella debía de escuchar el rápido repicar de su corazón. Eran momentos sagrados para ambos donde reinaba un silencio cálido y significativo.

A duras penas y con un esfuerzo que le resulto sobrehumano, levantó el brazo izquierdo sobre su cabeza para consultar la hora en el reloj de pulsera.

Definitivamente, una hora daba para mucho.

Pero por desgracia el tiempo en su pequeña burbuja se agotaba. El galés buscó a tientas la barbilla de Tamara, tomándola con sumo cuidado y ejerciendo una mínima fuerza hacia arriba simplemente marcando el recorrido que quería que siguiera para que sus miradas volvieran a encontrarse de nuevo; mientras al mismo tiempo él giraba su cuerpo un poco más para cerrar la distancia que los separaba en un beso cargado de necesidad.

Eran contados momentos los que Zeus escogía para dar rienda suelta a sus sentimientos y precisamente escogió en que el beso había cesado pero sus labios aún se rozaban para expresarle con simpleza: - Yo te amo como siempre. - Era un “te amo” desinteresado, de aquellos que no esperaban nada de regreso. - Quizá como nunca. - Agregó en última instancia.

¿Había sonado tan cursi como a él le había parecido?

¡BAH! Solo ella iba a escucharlo.
^^
Tamara Lompard
Posted: Feb 10 2011, 10:07 PM


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Si que oía el repicar del corazón de Zeus dentro de su pecho y como años atrás, era algo que le encantaba. Al igual que le encantaba que jugase de aquella manera con sus cabellos castaños mientras aquel silencio apacible y confortante los envolvía. Notó como levantaba el brazo izquierdo y supo enseguida que estaba comprobando la hora en su reloj de pulsera. Se mordió ligeramente el labio inferior. En esos momentos siempre deseaba tener el poder de parar el tiempo y que aquel momento no terminase nunca, pero siempre terminaba.

- Yo también te amo a ti – Respondió aunque sabía que aquel “te amo” por parte de su marido había sido totalmente desinteresado y aunque habría podido volver a besarle prefirió separarse lo justo para poder bajar la mirada hasta el cuello de Zeus. Levantó una de sus manos tomando entre la misma aquella cadena que llevaba colgada al cuello desde que le conocía, recorriéndola hasta llegar a aquel anillo de oro con el rubí. El mismo rubí del cual ella llevaba una pequeña parte en un colgante colgado al cuello desde que él se lo había puesto cuando cumplió los veintitrés años. Se lo había quitado en contadas ocasiones y aún cuando no lo llevase al cuello, lo llevaba encima, ya fuese en el bolso en cualquier otro sitio donde por supuesto, no se pudiera perder. Pasó uno de sus dedos por encima del rubí acariciándolo antes de volver a poner su mirada en Zeus – A saber qué pensarían nuestros hijos de saber esto. – Soltó una pequeña carcajada al tiempo que se incorporaba quedando sentada y echando hacía atrás su larga melena castaña. Estaba prácticamente al borde y con un pequeño golpecito acabaría en el suelo pero no le importaba. No le importaba si estaba con él.

Le miró unos segundos por encima del hombro esbozando una fina sonrisa antes de volver la mirada al frente y tomar entre sus dedos el colgante que llevaba colgado al cuello. Juraría que él se estaba moviendo, pero lejos de volverse a comprobarlo alargó uno de los brazos para recoger su ropa interior y ponérsela, además de la blusa que había llevado puesta, dejando solamente sus largas piernas desnudas. Se levantó caminando hasta donde se encontraba la chimenea que Zeus había encendido (aún no recordaba en qué momento, pero la cuestión es que lo había hecho) extendiendo ambas manos hacia el hogar, a la vez que notaba como él se acercaba hasta donde estaba ella.

Era capaz de notar su respiración contra su nuca y su cuerpo contra el de ella. Esbozó una nueva sonrisa aunque en ningún momento se volvió a mirarle. Sabía que estaba allí. Notaba su cercanía y aquel aroma tan particular que emanaba de la piel del galés - ¿Recuerdas lo qué te dije cuando decidimos hacer esto? – Preguntó sin apartar sus ojos verdes del fuego. Había sido hacía ya casi dos años, pero el recuerdo de aquella tarde en la que decidieron que era el momento idóneo en sus vidas para ello, en la que por primera vez decidieron por voluntad propia aquello, seguía fresco en la memoria de Tamara. Últimamente lo recordaba quizá demasiado, como si el solo hecho de recordarlo fuese a hacer que se cumpliese lo que habían dicho – Si lo conseguimos, quiero que vivas la experiencia conmigo. Necesito que lo sientas tanto como yo y que no tengas ese miedo... Necesito que estés conmigo en todos los sentidos – Murmuró sin apartar la mirada de donde la tenía puesta desde que había empezado a hablar - ¿Decías en serio lo de ir a ver las crías luego? Lo digo porque no tengo nada que hacer en toda la tarde así que... Si no te molesta que me quede contigo, puedo quedarme y ya volvemos luego juntos a casa, ¿qué te parece?

Tras esas palabras, fue la primera vez desde que se había levantado que volvió el rostro para buscar los ojos del galés a la vez que esbozaba una fina sonrisa.
^^
Zeus Lompard
Posted: Feb 25 2011, 12:10 AM


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Aunque la cama de la que disponía la tienda no se caracterizaba precisamente por su gran comodidad y espacio, siempre habían sabido apañárselas (obviamente no era la primera vez que ambos se perdían en el bosque). Cuando compartían aquel escasos noventa centímetros, Zeus siempre recordaba la primera noche que pasaron juntos y como a él le había resultado casi imposible conseguir dormir abrazado a ella. Tardó bastante tiempo en acostumbrarse a no dormir solo y ahora le costaba conciliar el sueño sin pasar el brazo sobre su cintura o tocar bajo las sábanas su pie con los suyos.

Cuando Tamara se dispuso a levantarse, Zeus apoyó el antebrazo sobre el camastro cogiendo apoyo para levantar ligeramente su cuerpo y poder deleitarse de la visión de la característica cascada de cabello castaño que caía sobre la blanca piel de la espalda de Tamara. Una misteriosa sonrisa apareció automáticamente en su rostro mientras seguía en silencio sus movimientos. En cambio, él remoloneó unos minutos más en la cama disfrutando del momento. A pesar de los tiempos que corrían y de que llevaban casi dos años de intentos infructíferos, jamás antes había sentido una sensación de paz como aquella y parecía sentirse capaz de enfrentarse a cualquier obstáculo. Todos juntos podrían.

Cuando por fin decidió levantarse, simplemente cubrió su cuerpo con la ropa interior y se acercó hasta la mesa, rebuscando en la bolsa que había traído Tamara para coger una botella de agua y calmar su sed. Después se acercó hacia ella, dejando escasos centímetros entre ellos para que sus cuerpos ni se rozaran ni siquiera sus manos sobre su cintura, hasta que en un movimiento meditado le apartó con cuidado el cabello y parte de la blusa dejando al aire y totalmente indefensa la suficiente zona de piel del cuello para poder dejar allí un par de cálidos besos, ascendiendo después hasta la mejilla que también colmó de mimos y caricias.

¿Ese miedo? ¡Vamos! Seguro que las otras veces él lo había pasado mucho peor que ella. Jamás antes había explorado tanto los límites de su paciencia. - Tienes mi palabra. - Aquella decisión la habían tomado desde la madurez y por lo tanto no iba a arrepentirse así como así. Zeus entendía mejor que nunca las responsabilidades que conllevaría y no le importaba hacerse cargo y es que al fin y al cabo las dos experiencias anteriores habían sido las mejores de su vida.

Ambas.

Y no lo habían hecho tan mal después de todo, ¿cierto? Caroline siempre sería la niña de sus ojos (aunque era un punto a su favor, no era exclusivamente por el azul que había heredado de su familia) que se había convertido en su debilidad desde el momento en que horas después de nacer había envuelto su dedo pulgar con su manita; y aunque siempre tuviera algún 'pero' para Jacques y fuera en muchos aspectos tan opuesto a él, en secreto no tenía más que elogios para su hijo y después de todo sabía que siempre se sentiría orgulloso de él.

Pero sobre las palabras de Tamara tenía una duda: - ¿Qué significa “en todos los sentidos”? - Frunció ligeramente el ceño. ¿No lo había estado las otras veces?

“¿Decías en serio lo de ir a ver las crías luego?” - Sí, lo decía en serio. - Dijo correspondiendo con una fina sonrisa. Era una suerte para el galés que Tamara compartiera con él su pasión por las criaturas mágicas. - ¿Cómo va a molestarme? … Así te aseguras que hoy no me escaqueó, ¿no?
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