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Comunidad Mágica: Le Valgrange > Taberna Scarlett Moon > Pensamientos profundos


Posted by: Adrien Onfray Jan 6 2011, 04:51 AM
No estaba visitando a la competencia ni mucho menos. Que visitara otros bares no quería decir que no le hiciera honor a Planet Telex, pero le quedaba clarísimo que su local, más que un bar o una taberna, era un centro de apuestas y de vendimia de pociones ilícitas, el dinero fluía más por ese lado que por el del mismo bar. Además, aquél era un lugar agradable o al menos lo era para él pues generalmente la gente no solía molestarse entre sí y podía ponerle a sus bebidas gotas de poción revitalizante sin que nadie dijera nada.

Hacía frío, pero iba bien cubierto y además le encontraba cierto agrado a ese tipo de clima tan poco clemente y se loa atribuía a la sencilla razón de que simplemente se sentía más fresco, aunque le hubiera gustado encontrar razones mucho más metafísicas o poéticas que esa.

Había pedido un vaso de whisky de fuego, pero llevaba mucho tiempo simplemente pensando cosas, de tal forma que los hielos que le habían puesto ya se habían derretido incluso con ese frío y ahora parecía que no había tomado ni un sólo trago de la bebida. Le pasaba los dedos al borde del vaso y miraba hacia la nada como si esperara que algo sucediera de súbito, aunque hacía más de hora y media que no pasaba nada.

Estaba pensando seriamente en ir al mundo muggle y revisar la sucursal de su negocio, aunque más bien esa era sólamente una excusa para ir a indagar más en sus recientes sospechas sobre lo que les había pasado a sus padres. Muchos le habían dicho que dejara eso en paz de una vez, pero él estaba dispuesto a llegar al fondo de las cosas.

Dio por fin un sorbo a su trago, pero hizo una mueca cuando la sintió bastante aguado por los hielos derretidos. Lo volvió a dejar sobre la mesa y se giró completamente cuando escuchó que abrían la puerta del local. Él estaba sentado cerca de ella.


Posted by: Alexia C. Valentine Jan 7 2011, 12:37 PM


Alexia no perdía oportunidad para meterse en problemas y esta vez si que los estaba. Corría por la calle de Shiver Alley, mientras sentía que unos sujetos le seguían, pesándole los talones. A penas se daba vueltas para ver si no estaban detrás de ella. Todo había comenzado exactamente una hora antes, cuando, yendo al orfanato, uno de los niños se le acercó y le dijo que dos niños se habían escapado y se habían ido en dirección a la oscura calle. Alex, que no quería meter en lios a los niños, había salido tras de ellos, no logrando encontrarlos sino hasta media hora después, los dos niños, que no superaban los ochos años, se habían escondido en un callejón, así que le fue muy difícil llegar con ellos, pero al hacerlo, se sintió muy aliviada, cogiéndolos de las manos, los llevó al orfanato, reprendiéndolos por haberse salido de casa sin avisar ni nada. La niña sollozaba y el niño contenía las lágrimas, no era normal que Alex reprendiera a alguien, así que esta vez si se les había pasado la mano.

Al llegar al orfanato, la niña le dijo que había dejado su peluche en aquella calle, y que lo necesitaba, Alex la miró con pocas ganas de acceder a lo que le pedía, pero aquel peluche había sido el que la había acompañado cuando llegó al orfanato, la semiveela pegó un resoplón y le dijo que iría a buscar el juguete, que le dijera en donde estaba, pero la niña no sabía. Alex tendía que hacer el mismo recorrido que había hecho antes, al buscar a los niños.

Luego de dar algunas vueltas, había dado con el peluche, en un callejón, aún no sabía porqué los niños habían ido a ese oscuro sitio. Recogió el peluche, un oso café con pequeños ojos negros y un lazo olor azul en torno a su cuello. Así había empezado, al final del túnel, unos hombres de negro aparecieron cuando ella se iba, y Alex no los tomó en cuenta cuando ya comenzaba a caminar, y los hombres iban detrás de ella. La chica, asustada, siguió caminando, apretando el paso, girando en una esquina, y al mirar atrás de ella, los hombres veían. Un escalofrío la recorrió, no se iba a poner a preguntar que querían,

Ya cuando creyó que la atraparían, avanzó rápidamente a un local, sin darse cuenta cual era, y entró, abriendo de golpe la puerta, y cerrándola detrás de ella. Apretaba contra su pecho el osito, y miro hacía el frente. Había mucha gente y bebiendo, era un bar, Alex estaba pálida como una hoja de papel, y se quedó en un rincón, sin querer avanzar ni salir, mucho menos salir. Sus ojos estaban muy abiertos y Adrían, que la vería entrar, reconocería en ella una expresión de miedo. La semiveela se giró, y se apoyó en la puerta de vidrio, para ver pasar a aquellos hombres, no estaban, era como si se hubieran esfumado. ¿habrá sido su imaginación?. Su corazón aún acelerado comenzaba a doler, llevó su mano a su pecho y apretó la piel justo sobre él, como si así lograra calmarlo.

Al voltearse, se encontró con Adrian, aún en la mesa, y se apresuró a ir junto a él, (pondré que estabas de pie al verla llegar), lo abrazó con fuerza, en busca de una protección que al licano le recordaría a como ella lo abrazaba cuando era niña, y con miedo, buscaba sus brazos para sentirse más segura. El peluche se aplastó contra el gran pecho de Adrian, quien quizás no comprendería nada de lo que estaba pasando, sólo sentía los brazos delgados de la chica en torno a su torso, y el aroma envolviéndolo con violencia y dulzura, una mezcla que sólo en la joven ha encontrado.

- Adrian… – murmuró su nombre con un hilo de voz, aún apretada contra él, y con el peluche entre los dos.


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