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Title: Epitafio


Midna O'Hara - September 16, 2011 10:27 PM (GMT)
*Ambientado 2 días después de la trama ocurrida en Hogwarts

En realidad quería creer que entendía como se sentía en esos momentos Danielle Castaño al igual que sus hijos entendían como se sentían Andrea y Jose. La directora de la Escuela de magia caminaba de la mano de la pequeña Sierra que miraba a su alrededor. En realidad había estado alborotando toda la mañana sin entender a que venían las caras largas del resto de su familia. Sin entender porque esa insistencia de su madre en vestir de negro. Sin comprender aún porque se había enfadado tanto con Savannah y porque la misma iba con la cabeza agachada todo el día a pesar de que sus hermanos mayores le habían dicho que ella no tenía la culpa de nada. Claro, para una niña de seis años era muy difícil entender todas aquellas cosas.

- ¿Vamos a dar un paseo todos? – En ese momento Topher tomó la otra mano de la pequeña pelirroja. Él entendía un poco mejor toda aquella situación, aunque al contrario que el resto de la familia no recordaba el período en que ellos pasaron por algo similar. Posiblemente fuese una suerte.

El pequeño volteó la cabeza para sonreír ligeramente a sus hermanas, Bethany y Savannah que caminaban justo detrás de él. La segunda aún con la mirada puesta en el suelo como si sintiera vergüenza. Él sí que había entendido algo: su hermana había tenido una de esas visiones de aquellas que a él tanto miedo le daban y gracias a ello el malo había conseguido llegar a una habitación mágica. Algo así.

Justo detrás de Savannah y Beth caminaban Vincent, Chloe y Avery junto a su prometido. Había aparecido aquella mañana en la cocina consiguiendo que diera un brinco en la silla y lo mirase con sus ojos azules abiertos de par en par. Su madre había dicho que le parecía un gesto precioso a lo que Topher hizo una mueca que ocultó a su madre. A veces producía verdadero miedo aunque aquella mañana pareciera apagada. En realidad estaba apagada desde que Savannah había vuelto dos días atrás asustada y hablando muy rápido... Cosa que fue seguida de gritos por parte de su madre.

- Algo así, cielo – Contestó Midna intentando esbozar una sonrisa a la pequeña. Llegaron a su primer destino aquella mañana y una sonrisa cortés apareció en el rostro de la mujer cuando Freya de Lancre abrió la puerta de los de Lancre. Midna volvió a darles las gracias antes de agacharse frente a sus dos hijos – Quiero que seáis buenos y no le deis muchos quebraderos de cabeza a la Señora de Lancre porque me enteraré y entonces... – Los pequeños se encogieron un segundo antes de que su madre esbozara una sonrisa que ellos imitaron. La pelirroja se acercó para darles un último abrazo antes de partir con el resto de la familia no sin antes volver a dar las gracias. Lo último que oyeron fue a Topher gritar un “Ilhan”.

Después de unos minutos más caminando llegaron finalmente a la iglesia de Saint Maynard donde tomaron todos asiento en el primer banco a excepción de ella. En realidad no sabía si sería capaz de hacer lo que otras personas habían hecho hacía años por ella cuando estaba en esa situación pero de alguna manera sentía que era su obligación, aunque fuese por el simple hecho de que Javier Castaño había sido parte de su profesorado y porque no, también un amigo.



Zeus Lompard - September 22, 2011 06:39 PM (GMT)
- Ayudame con esto. - Corbata en mano, Zeus se acercó a su no mujer que esperaba sentada en la silla del comedor. Ella ya estaba lista, como no. Era la que más tardaba en vestirse y sobretodo la que necesitaba más ayuda. Mientras ella le ayudaba con el nudo, no le importó puntualizar por enésima vez. - Que ya sabes que Javier y yo no eramos los mejores amigos... - ¿Amigos? ¡Ja!

- Lo sé – Se limitó a contestarle Tamara mientras le hacía el nudo de la corbata, algo que en esos momentos hizo de forma prácticamente automática. La verdad no es que estuviera muy atenta a lo que estaba haciendo, tenía la cabeza en otro sitio. Lamentablemente, Zeus estaba empeñado en que era el momento de decir cuanto lo sentía, de expresar que después de todo le había acabado cogiendo cierto “cariño” a aquel gilipollas, tantos años discutiendo... - … Pero no voy solo por acompañarte, ¿eh? - Lástima que no se le diera demasiado bien.

Lo sé – Volvió a decir y es que había estado los últimos dos días bastante apagada. – Ya está – Intentó sonreír pero se quedó en un intento. Se levantó de la silla donde había estado esperando a que todos estuvieran listos cuando oyó que Caroline y Jacques bajaban por la escalera.

El joven se dispuso a ponerse la chaqueta que colgaba del perchero del recibidor. - ¿Sabes qué? Ahora me sabe mal haberle maldecido cuando me negó el magnifico en encantamientos en mi último curso. - Hizo una pequeña mueca cuando dobló el brazo en el que tenía la herida. Habían pasado un par de días y unas cuantas pociones pero a veces aún le tiraba. - ¡Pero me lo merecía!

- ¿Ahora va a empezar a saberte mal todo? ¿También que no soportemos a su hijo? – Aquel comentario se ganó una mirada asesina de su hermano, aunque ese hecho parecía ser algo generalizado en la familia. Nadie (o prácticamente) nadie lo soportaba. Era tan... retorcido a ojos de Caroline. La muchacha llegó al pie de las escaleras en el preciso instante en que llegaba su madre.

- ¿Ya estáis? – ¡Más le valía a ninguno decirle que era una tortuga andando y que además asemejaba a un pato!

- Sí, ya estamos. ¿A qué hora se supone que tenemos que estar?

Zeus consultó la hora en su reloj y miró a su hija con el ceño ligeramente fruncido. Habían arreglado algunas diferencias pero la visita de Ethan (que Caroline aún desconocía) había vuelto a poner al galés en pie de guerra. - Dentro de veinte minutos. - Él no iba a decirle a su mujer que era una tortuga pero saliendo tan pronto era obvio que sabía que iban a tardar en llegar. ¡Por toda la magia! ¡Estaba enorme!

Los cuatro salieron a la calle y lentamente emprendieron el camino calle abajo hacia la vieja ermita. Como la mayoría de los que hacia allí se dirigían, lo hicieron en silencio y algunos de ellos cabizbajos contagiados por el ambiente que llevaba un par de días rodeando Valgrange, era lo que tenía vivir en un pueblo pequeño: todos en mayor o menor medida conocían a Javier.

Una vez allí, encontraron sitio para los cuatro en uno de los bancos del final. Ya se acercarían a hablar con Danielle más tarde. Aunque Tamara aseguró no necesitar ayuda, Zeus la estuvo vigilando de cerca. Jacques se frotó las manos y levantó la cabeza hacia las primeras filas, pareció no encontrar lo que fuera que estaba buscando y se giró hacia su hermana. - Carol, ¿va a venir Ethan? ¿Le guardo sitio? - Al mismo tiempo, puso una mano sobre el pequeño trozo de banco que quedaba libre a su derecha. Su hermana lo miró de reojo y simplemente se encogió de hombros; fue entonces cuando los ojos del muchacho se cruzaron con lo de su padre, cuya mueca en el rostro hizo que él fingiera haber encontrado una mancha realmente curiosa en la manga de su chaqueta.

Sunday Dawson - October 4, 2011 09:33 PM (GMT)
A nadie le hacían gracia esas cosas, pero Wendolyn aún recordaba cuando ella era responsable de una Comunidad como aquella. Las veces que ella misma había tenido que hacer lo que aquella tarde estaba en manos de la directora del colegio y las veces que había acudido a aquel tipo de actos desde hacía muchos años. Las veces que había acudido a actos como aquellos hacían que pareciese que no le afectaba.

- Te ayudo – Entró en el dormitorio de su hija y se acercó hasta ella y le subió la cremallera – ¿Estás segura de que te sientes con fuerzas para ir? – Preguntó. Quizá por enésima vez aquel día, pero no quería que se sintiese obligada a ir y fuese a pesar de no estar del todo recuperada. Sabía lo cabezota que era para algunas cosas.

- Me siento bien mamá. Cansada, pero bien – La joven esbozó una sonrisa al tiempo que se volvía hacía su madre. – En serio – Le parecía una tontería quedarse en casa cuando ya podía caminar por su propio pie. Aquellas pociones hacían milagros desde luego. La miró unos segundos más antes de que tocasen a la puerta.

- Ya voy yo – Dijo Wendolyn en el momento saliendo por la puerta y dejando que la muchacha terminase de vestirse. Nada más abrir la puerta principal esbozó una fina sonrisa.

- Buenas noches.

- Vaya, hay cosas que no cambian – Y es que aún recordaba como cuando ella era alcaldesa en Londres y él teniente la puntualidad era algo que nunca había dado problemas – Ahora...

- ¡Ya estoy! – La cortó Sunday apareciendo por detrás de su madre. Se acercó hasta Mihjail y le robó un suave beso de los labios. Una sonrisa apareció en el rostro del ruso antes de volver a recuperar la compostura. – Podrías haberte quedado aquí anoche... – Aunque suponía que no le hacía demasiada gracia estando su madre allí – De todas formas nos vamos los tres juntos. - Y no tardó en buscar una de las manos de él para cogerla entre la suya. Por primera vez en tantos meses iba a poder hacer eso incluso yendo por la calle. Ya no hacía falta que se escondieran o disimularan en público.

- ¿Cómo está Wendolyn? - Preguntó Mihjail cuando salieron de la casa, cambiando la mano de Sunday hacia su brazo, no por vergüenza (que intentó demostrárselo con una suave caricia), sino porque así ella podía apoyarse mejor en él. Era un camino largo y era la primera vez que salía a la calle después de lo sucedido en Hogwarts.

- Mejor. Mucho mejor la verdad – Aunque como todas las cosas tenía sus buenos días y sus días no tan buenos, pero suponía que eso Mihjail ya se lo imaginaba – Al principio la verdad que... – Sí, era cuando más le había costado – Pero haber tenido que criar a Sunday me enseñó muchas cosas y eso ayuda bastante – En el fondo (muy en el fondo) no se podía quejar – ¿Qué tal llevas la vida en un pueblo?

- A ratos se me hace algo agobiante, la verdad. - No iba a mentir. – Ya sabe que no me acabo de acostumbrar a todo esto. - No era la primera vez que hablaban al respecto. Wendolyn y Sunday estaban acostumbradas a levantar miradas a su paso, Mihjail en cambio seguía deseando pasar desapercibido entre la gente, como antaño. – En un sitio tan pequeño se nota más.

De eso estaba completamente segura, hasta ella misma lo había notado. Acostumbrada a vivir en una ciudad el hecho de que en sitios tan pequeños como aquel todo el mundo lo supiera todo podía llegar a ser agobiante, más que en los lugares grandes, desde luego.

No tardaron demasiado en llegar hasta la iglesia, la mujer se quedó ligeramente por detrás barriendo con sus ojos azules el interior del edificio, cosa de lo que Sunday se percató casi en el instante y le hizo fruncir ligeramente el ceño antes de que sus ojos captasen a Jacques a quien saludo con un breve movimiento de su mano libre justo antes de dejarse llevar por el ruso hasta uno de los bancos de la parte central seguida por su madre que había dejado de buscar.

Y aún así la notaba inquieta cosa que acentuaba su curiosidad... aunque lejos de dejar que alguien se diese cuenta de ello se mantuvo agarrada como estaba a Mihjail mientras observaba a todos los presentes y esperaba.

Gerry Lincoln - October 9, 2011 02:55 PM (GMT)
Gerry no había necesitado decirle mucho a Rhiannon para que hiciese el buen gesto de ir al funeral de Javier Castaño, casi parecía incluso que estuviese deseosa de ir. Le extrañó para que mentir, ya que la bondad no era una de las cualidades de Rhiannon. Aún así él prefirió mantener la boca cerrada y así evitar alguna discusión sin sentido, de aquellas que tanto le gustaban a ella.

La vio salir de su dormitorio cuando se estaba haciendo el nudo de la corbata. El reflejo de su mujer le hizo rodar los ojos y contener un bufido. Incluso en aquel tipo de actos, ella no podía evitar llamar la atención, hasta vestida de negro lo conseguía. Le volvió a sorprender las diferencias palpables entre ambas mujeres, una sencilla y la otra totalmente lo contrario. Una sonrisa no visible para Rhiannon, que ya estaba bajando las escaleras al piso de abajo, apareció en su rostro.

Segundos más tarde era él quien bajaba por las escaleras y se despedía de los chicos, que a saber por qué motivo Rhiannon no había querido que fueran, antes de salir a la calle. La mujer ya había empezado a caminar calle abajo cuando él salió, pero unas pocas zancadas le bastaron para alcanzarla – ¿Tanta prisa tienes? – Notó como Rhiannon le miraba de reojo y no precisamente de buenas maneras, estaba seguro que de haberle mirado directamente le habría estado fulminando como si fuese un despreciable muggle (o al menos ella pensaba que eran despreciables y unos miserables) de aquellos que no se merecían ni tan siquiera vivir.

- No digas tonterías – Le espetó unos segundos más tarde dejándole ligeramente anonadado, incluso volvió su rostro hacía ella como si de esa manera pudiera ver aquella respuesta – Se te ve nervioso – Dejó caer y Gerry pudo ver como sus labios perfilaban una sonrisa.

- ¿Yo? ¿Por qué dices semejante tontería? – Le preguntó intentando parecer sorprendido ante aquellas palabras de su mujer, como si en efecto no supiera de que le estaba hablando. La única pega, era que sabía que a ella era prácticamente imposible engañarla. A veces creía que le estaba ocultando el tener dotes de legeremaga, sobretodo en ese momento, porque sabía que ella estaba en lo cierto: estaba nervioso. Era la primera vez que iba a estar bajo el mismo techo (y a poca distancia) de la mujer que amaba desde hacía más de veinte años y de la hija que hasta hacía unos meses desconocía que existía. ¡Para no estar nervioso!

No volvió a hacer mención alguna del tema camino de la iglesia, pero cuando entró en el recinto no pudo evitar echar un vistazo hasta encontrarse con los ojos azules de la mujer y dedicarle una fina sonrisa antes de seguir a Rhiannon hasta los asientos que había elegido. En cuanto a Sunday, sí había oído lo que se hablaba por el pueblo después de lo ocurrido en Hogwarts con respecto a Mihjail Vasiliev, pero cuando había descubierto la existencia de la chica ya había asumido que las decisiones sobre ella no iba a tomarlas él, desde luego, para ello había tenido una madre que la había criado. Si Wendolyn lo veía bien, ¿quién era él después de todo lo que había ocurrido para llevarle la contraria?

Aunque por supuesto, eso no significaba que estuviese de acuerdo con aquello. En absoluto.

Maya Fey - October 9, 2011 05:44 PM (GMT)
Maya tenía que hacer acto de presencia. ¡No podía ser menos! Así que se enfundó el vestido negro más bonito que tenía en el guardarropa, se recogió el pelo en una sencilla coleta y salió camino a la iglesia. Era imposible que ELLA no levantase miradas, así que, mientras iba caminando por las calles del pueblo sonreía internamente al darse cuenta de que la miraban, en efecto y en algún momento tuvo que aguantarse la risa cuando vio a alguna mujer echarle en cara a su marido que la estuviese mirando. Conflictos, le gustaba generarlos, al menos de ese tipo y por qué no, de otro tipo también, pero no de una forma tan evidente.

Siguió caminando con pasos seguros mientras observaba a la gente que iba yendo, es más, en un primer momento no entró, se sentó en uno de los bancos que había cerca de la iglesia observando a la gente pasar. Era quizá demasiado observadora. Uno de los primeros fueron sin duda la familia y la viuda a quiénes observó hasta que se perdieron tras las grandes puertas del edificio. Maya levantó la vista hacia el cielo pensando que ellos al menos tenían un cuerpo al cual hacerle un funeral. Su familia ni tan siquiera había tenido eso.

Los siguientes en llegar fueron los O’Hara. A Maya ni siquiera le hizo falta contar a los miembros para darse cuenta de que faltaban varios. Otra familia que al menos había podido darle un adiós. Apretó con fuerza los dientes conteniéndose, de verdad lo estaba haciendo, porque de no contenerse ya habría ido allí a decirles que podían estar contentos de tener y haber tenido algo a lo que decirle adiós. Ella ni siquiera le había visto... No había podido disfrutar de ese último día con él, al contrario que los allí presentes. Sí, la vida se los había llevado de forma inesperada, pero habían estado allí hasta el último día. Christopher se había ido muchos antes de saber que jamás se volverían a ver.

Desvió la mirada aunque vio por el rabillo del ojo llegar a los Lompard, pero ni siquiera la lentitud de Tamara Lompard le pareció algo de lo que mofarse internamente en esos momentos mientras sus ojos se paseaban por el paisaje que había allí e iban a parar a los bosques. Más familias e incluso gente que iba sola, como ella, seguían pasando pero sus ojos marrones seguían fijos en el bosque a sus espaldas hasta que vio aparecer a tres personas que le interesaban más. Sus ojos los siguieron hasta que entraron y se demoró realmente poco en seguirles.

El ambiente fúnebre y aquella tristeza que flotaba en el ambiente fue lo primero que notó cuando entró en la iglesia e incluso algún que otro sollozo, pero lejos de buscar la fuente de ello sus ojos buscaron a las mujeres de cabellos rubios y su acompañante. Cuando los localizó camino en su dirección sentándose en el banco que había justo tras ellos.

- Me alegra ver que estás mejor Sunday – Fueron sus primeras palabras mientras se inclinaba hacia delante acercando su rostro al de la muchacho que obviamente enseguida se volvió – Me hubiese sentido realmente mal si el hechizo de curación no hubiese funcionado... – Puso la voz más sincera de la que fue capaz antes de volverse a Mihjail – ¿Cómo estas Mihjail? – Esbozó una fina sonrisa y entonces volvió la mirada a la que más le importaba de aquel trío – Buenas noches señorita Dawson – Y claro que ella conocía las cosas del pasado de la mujer. Todo aquello de conocer datos de la gente siempre se le había dado extremadamente bien.

Marnie de Lancre - October 10, 2011 07:17 PM (GMT)
La noticia sobre la muerte de Javier Castaño no tardó en llegar a oídos de todos los habitantes de Valgrange. Los de Lancre se enteraron al día siguiente de lo ocurrido en Hogwarts y las niñas todavía no acababan de hacerse a la idea de que su profesor de Encantamientos se hubiese ido para no volver. Desde que se enteraron de su fallecimiento estaban más calladas y desganadas, no les apetecía hacer nada pese a que sabían que si se entretenían con cualquier cosa dejarían de pensar en ello.

Ilhan era el único de la familia que no estaba del todo enterado. Era consciente de que algo malo había ocurrido pero no le contaban casi nada acerca de lo sucedido y eso parecía molestarle. Como no le gustaba ver a sus hermanas tristes, hacía las payasadas que siempre arrancaban una sonrisa a sus hermanas aunque sin demasiado éxito.

En aquel momento las hermanas de Lancre se encontraban sentadas en uno de los sofás del salón en absoluto silencio mientras sus padres se aseguraban de que todo estaba en orden para cuando llegara la abuela Freya, quien no había puesto pegas para cuidar de Ilhan y los hijos de O’hara durante el tiempo que durara el funeral. Si no fuera por las circunstancias en las que estaban, Marnie se habría sentido realmente incómoda ante la idea de que los hijos de la directora se quedaran en su casa bajo el cuidado de su abuela.

- ¡Abuela! ¡Abuela!

Los gritos de Ilhan resonaron por toda la casa anunciaron la llegada de Freya al hogar. Todos salieron de la habitación donde se encontraban para recibir a la mujer. Tras saludar a sus nietos Freya se dirigió a los dos adultos, los cuales le dieron un par de indicaciones antes de abandonar la casa junto a las dos hijas mayores.

Durante el camino hacia la iglesia los únicos que hablaron fueron Gwendal y Fleur aunque de vez en cuando las niñas hacían una pequeña intervención. Al llegar a la capilla comprobaron que ya había bastante gente, entre ellos familiares y amigos. Pero Marnie no prestó atención a las personas allí congregadas sino que se limitó a seguir a sus padres cabizbaja hasta que tomaron asiento en uno de los bancos de en medio junto a unos conocidos donde permaneció en silencio con la mirada al frente aunque ausente.

John Delacour - October 10, 2011 11:51 PM (GMT)
¿Javier Castaño? Aquel nombre no es que le sonara mucho, pero lo que si sabía es que era un conocido de sus padres. Había estudiado la carrera con Eduard, aunque fueran ramas diferentes. Y nada más por ese motivo, era una razón más que suficiente para que asistieran a su funeral.

No le llevó mucho tiempo a John vestirse, pero aún así no dejaba de estar inquieto e ir de un lado a otro en el pasillo de la planta superior de la casa. Estaba esperando a que Daph y Christine terminarán de vestirse y demás rollos de chicas, como él decía.

Optó por esperarlas mejor en el salón, como había hecho su padre minutos antes de que John se hubiera vestido. No tardaron mucho en salir de la habitación, dirigiéndose escaleras abajo hasta donde estaban los dos varones.

- Incluso el negro nos favorece, ¿eh mamá?- Dijo Daph mientras que se ponía en el campo de visión de John y su padre.- ¡Vamos chicos, no quiero que lleguemos tarde!- Se adelantaba Christine antes de que Eduard y John pudieran decir lo que pensaban.

Ni siquiera articularon ninguna palabra, solo dieron su aprobación con un gesto de cabeza mientras se subían al coche. En este caso era Eduard quien conducía, no le gustaba estar presente cuando su hijo llevaba el mando, le aterraba a la velocidad que iba el muchacho. Aunque Daph estaba bastante acostumbrada a subirse en el coche de su hermano. Antes de ir a la iglesia, pasaron por la floristería donde trabajaba su madre y recogieron la corona de flores que christine había hecho con sus propias manos.

No estaban acostumbrados a ir a funerales, pero esta vez querían tener un detalle con el amigo de Eduard. Aunque con ello no quisiera decir que iban a devolverle la vida a Castaño, pero era una demostración de que Los Delacour recordarían al amigo de su padre, y eso quería decir amigo de la familia.

No se demoraron mucho en llegar a la iglesia, aparcaron el coche y se dirigieron a la entrada. Eduard y Christine entraron los primeros agarrados de la mano y conforme andaban se iban encontrando a conocidos, los saludaban y se quedaban unos minutos hablando, para después continuar el camino. Aquel que los conducían a la familia de Javier.

A los jóvenes Delacour no es que le hicieran mucha gracia aquellas circunstancias, pero al menos debían de poner el menor interés en fingir que estaban dolidos por la pérdida de alguien conocido, como todos los presentes. Mientras que los padres de ambos se acercaban a dar el pésame a la esposa de Javier, Daph y John se acercaron a Andrea y Jose. John dejó al lado de Los Castaño, la corona de flores que Christine había hecho. Y se dirigieron a hablar con ellos.

- Te acompaño en el sentimiento, Andrea. Si necesitas algo sabes que puedes contar siempre conmigo.- Le decía John mientras se acercaba a ella para darle un abrazo. No esque se conocieran mucho, pero John se llevaba bien, tanto con Andrea como con Jose, aunque con Jose parecía encajar, ya que como decían Los Delacour, estaban hechos del mismo molde. Después se dirigió a Jose y le saludó con un choque de manos, aquel saludo tan particular que tenían entre ellos y le dió el pésame igual que había hecho con su hermana.

Daph también lo hizo por otro lado, aunque más bien fingía y eso no le agradaba mucho. Al contrario que su hermano, ella no tenía mucha relación con ambos, ya que no les caían bien, pero por ser el día que era lo dejaba pasar.

Cuando ya terminaron de hablar con ellos, le dieron el pésame a la esposa de Javier, como habían hecho sus padres. Y se dieron media vuelta para dirigirse a un banco a tomar asiento. No discutieron que sitio coger, ya que John había visto varias caras conocidas donde se iba a sentar, pero una en especial, Marnie de Lancre.

- Perdone, ¿están ocupados estos asientos? No quiero molestarle.- Le decía mientras le ofrecía una rosa amarilla, un signo de que ella le importaba, un signo de amistad. Aquello lo había cogido por costumbre y a decir verdad le gustaba. - Hola, soy Daph. Supongo que habrás oído hablar de mi, pero no te creas ni la mitad de lo que te digan.- Le decía sonriéndole mientras miraba a su hermano por el rabillo del ojo.

Midna O'Hara - November 5, 2011 12:31 AM (GMT)
Midna pasó sus ojos claros por todos los presentes y en última instancia por cada
uno de sus hijos poniendo especial énfasis en Savannah que seguía cabizbaja. Quizá,
pero solamente quizá, había sido demasiado dura con la chica, pero no había podido evitar cabrearse cuando supo que gracias a una de sus visiones (o predicciones como lo llamaban a veces algunas personas) los muggles, los Brigadistas ahora tuvieran en su poder la pluma mágica. Un objeto tan valioso como peligroso.

Se acercó hasta la pequeña pasando una de sus manos por sus cabellos pelirrojos, dándole a entender con ese contacto que todo estaba bien y en el momento en que sus ojos se cruzaron la mujer esbozo una pequeña sonrisa solamente para ella. De forma exclusiva antes de separarse y encaminarse hasta lo alto de las escaleras donde normalmente se coloca el cura para dar la misa.

Por desgracia para la directora del colegio aquel día no iba a hacer una simple misa (que bendición hubiese sido eso en ese momento) o a dar un comunicado de aquellos que tanto gustaba escuchar a la comunidad. No, aquel día estaban por una de las peores cosas que podían pasar en la vida. Se recordó a ella misma en la situación en la que estaban los Castaño en esos momentos. Recordó aquel sentimiento oscuro llenándola por completo y que desapareció en el momento en que supo que la pequeña Sierra estaba en camino. Ella y el resto de sus hijos habían sido la luz al final de su túnel personal. Había sido por ellos que había encontrado el camino de vuelta y había seguido adelante.

Aunque eso no quitaba que cada día que pasaba le extrañara.

- Estamos hoy aquí todos para rendirle un último adiós a un gran padre, marido, profesor y amigo, pero mejor aún, por una persona que arriesgo su vida por todos los magos del mundo... No es la primera vez y tampoco será la última vez que honremos de esta manera a alguien por un motivo tan triste y que preferiríamos evitar. Muchos de los aquí presentes hemos pasado por un momento como este, nos han arrebatado a un ser querido de una forma cruel e injusta... y lo único que podemos hacer por ahora es tener esperanza y creer que algún día todo esto acabará. – Recordaba como aquellas palabras le habían llegado a ella misma años atrás y en aquel momento no le habían servido de consuelo. En realidad, seguían sin servirle de consuelo. Respiró hondo antes de que su mirada recorriera a cada una de las personas que estaban allí presentes, deteniéndose unos largos segundos en Mihjail Vasiliev a quien sonrió fugazmente antes de volver a poner la mirada en los Castaño. Él llevaba un lastre consigo que ni siquiera se había buscado y que le acompañaría el resto de su vida. – En mi caso conocí a Javier Castaño poco después de que esta comunidad mágica quedase inaugurada, siendo de los primeros habitantes de este lugar. Siempre me pareció un buen profesor y no me costó demasiado decidirme a darle un lugar entre mi claustro, dejó en todos los alumnos de nuestro colegio valiosos conocimientos y a dos hijos que espero que se sientan orgullosos de su padre, de la lucha que llevó a cabo y del valor que demostró en contadas ocasiones – Porque aunque no había estado presente había oído sobre lo que había pasado en la comunidad de Londres. Todo el mundo en aquella comunidad lo había oído. Como sabían perfectamente todos como había terminado Wendolyn Dawson a quien dedicó una fugaz mirada, después de ser presa de los Brigadistas. Todos aquellos destinos se le hacían horribles, crueles e innecesarios – Porque al igual que hizo Javier Castaño el día que decidió unirse a la lucha, todos nosotros tarde o temprano – Más temprano que tarde en realidad – Tendremos que elegir entre aquello que es fácil y lo que es correcto...

Dicho eso la pelirroja levantó unos segundos la mirada hacía el techo de la iglesia antes de bajar las escalinatas con pasos silenciosos y dirigirse a la familia del fallecido, para darles el pésame, haciendo un gesto sutil a sus hijos para que la imitasen. Ante todo los había educado correctamente.


Por cierto... Menuda familia tiene el muerto ¬¬ ¡No aparece ninguno! Midna va a freírlos cuando los vea pululando por aquí la próxima vez ò_ó

Marnie de Lancre - November 5, 2011 06:06 PM (GMT)
La joven se sobresaltó al escuchar aquella voz masculina. Hacía unos cuantos días que no había hablado con él, desde lo sucedido esa noche, desde entonces había evitado encontrarse con él ni siquiera se había pasado por su casa para preguntarle cómo estaba después de aquella caída. Marnie ladeó la cabeza hasta posar sus ojos marrones en el joven Delacour sin saber muy bien qué decirle.

- Gracias… y no, no están ocupados – murmuró volviendo la vista al frente después de saludar a Daphne levemente con su mano.

Por el rabillo del ojo vio como sus padres intercambiaban unas palabras con los de John. Claro, ambos padres eran medimagos y se conocían del trabajo. Marnie trataba de parecer calmada (dentro de lo cabía estando en el funeral de uno de sus profesores) pero lo cierto era que se estaba poniendo nerviosa. ¿Y si John había contado otra versión de los hechos a sus padres y éstos lo comentaban con los suyos en algún momento? La muchacha había tenido que mentir a sus padres en cuanto le pidieron explicaciones acerca de que estaba haciendo John con ella estando transformada y el haberles tenido que mentir la estaba corroyendo. No le gustaba engañarles y menos en un asunto tan delicado pero, ¿qué otra opción tenía?

Todavía recordaba las palabras de Delacour: ’’Te acepto tal y como eres y eso no va a cambiar nunca’’.

No se imaginó que el chico fuera a decirle eso y mucho menos que se atreviera a acariciarla. Cuando descubrió lo que era, la chica sólo podía aguardar a que John saliera corriendo o tratara de lanzarle algún conjuro. Pero no hizo nada de eso, sino que le dijo aquellas palabras que ahora estaban grabadas en su mente. ¿Había sido por el golpe que se había dado al caer de la escoba? En realidad debería de estar contenta por cómo había asimilado el mago su pequeño defecto pero por alguna razón se sentía inquieta. Él era el primero en saberlo.

En cuanto O’Hara, la directora de la escuela, comenzó la misa del funeral Marnie apartó todos aquellos pensamientos y se centró en lo que debía. Ya se preocuparía más tarde de ello, ahora lo que importaba era la despedida a Castaño. Mientras escuchaba las palabras de la directora y las que luego dedicaron la familia del profesor de Encantamientos, Marnie se apoyó sobre el hombro de su padre sin poder evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas. La joven había apreciado mucho a su profesor, el cual desde su punto de vista había sido un buen maestro a pesar de haber escuchado a gente decir que no era ningún lumbreras. No se imaginaba llegar a clases y no verle allí de pie para impartirles la asignatura, iba a echarlo en falta. ¿Por qué había tenido que suceder tal tragedia? ¿Acaso los muggles no se contentaban con quitarles la magia que ahora se dedicaban a matarlos? ¡Los odiaba!

Al terminar la misa y llegar el momento de dar el pésame a los familiares. Marnie se levantó del banco junto a sus padres y les siguió para ponerse a la cola que se había formado. La joven trató hablar de forma clara, pero cuando les dio las condolencias no puedo evitar que su voz temblara. Y sí, también le dio el pésame a Andrea, cuya sola presencia la ponía enferma, porque realmente lo sentía por ella y por su familia. No le deseaba aquel dolor ni a su peor enemigo.

Después de aquello volvió a seguir a sus padres junto a su hermana y se paró cuando ellos lo hicieron. Mientras ellos cruzaban unas palabras con otros conocidos y su hermana se iba con una amiga a la que acababa de ver, Marnie recorrió con la mirada la iglesia entera hasta que sus ojos se encontraron con los de John. Le sostuvo la mirada unos segundos y luego abandonó la iglesia esperando que el chico hubiese captado el mensaje.

John Delacour - November 24, 2011 12:23 PM (GMT)
Le sonrió cuando le dijo que no estaban ocupados los asientos y se sentó a su lado, teniendo al otro lado a su hermana. Aunque Daph no tardó mucho en levantarse y cambiar de sitio cuando divisó a unas amigas suyas.

Aquellas noches anteriores no había podido pegar ojo desde aquella caída y lo que había pasado con Marnie, había tenido poco tiempo de asimilarlo todo.

Mientras la directora de la escuela de magia daba su discurso, John no estaba muy pendiente de lo que pasaba. Estaba cabizbajo, mirándose su brazo escayolado que llevaba colgando por un cabestrillo. Condujo la otra mano que le quedaba libre debajo de su pecho, donde se suponían que estaban las costillas, aunque él se hubiera roto la mitad. Pero tenía otra herida que si no se fijaba uno, no se sabía que estaba ahí.

Era en su cabeza, había tenido un traumatismo craneoencefálico y estaba tapado con una venda. Aunque para disimularlo, John llevaba puesto un sombrero acorde con su negra vestimenta. Aquella caída le había dejado varias y grandes cicatrices, a causa de eso el doctor le dijo que se había desmayado hasta tres veces, llegando a estar inconsciente.

Cuando terminó la misa se dirigió a donde estaban sus padres y le volvió a dar el pésame a la esposa de Castaño. Cruzó varias palabras con sus padres, diciéndoles que se iba porque se encontraba mal y necesitaba descansar. Aunque era la verdad pero tampoco le agradaba asistir a ese tipo de ceremonias y menos gracia le hacía el tener que pisar una iglesia, él no creía en esas chorradas de la religión.

Estaba dispuesto a marcharse pero sabía que era de mala educación no despedirse y por eso la buscó entre toda la gente. Fue dirigiendo su mirada hasta llegar a su rostro. Sonrió para sus adentros al ver que ella también lo miraba y por lo que parecía ser, también lo estaba buscando.

La siguió hasta donde ella se detuvo y la abrazó, ya que antes no había podido hacerlo por respeto hacia todos los presentes y al funeral en general. Con la mano buena, le revolvió el pelo como de costumbre.

-¿Pasa algo pequeña?- Para algo lo había mirado de esa forma, ¿no?

Marnie de Lancre - November 29, 2011 08:30 PM (GMT)
A pesar de que se alejó bastante de la iglesia para John no sería difícil encontrarla puesto que la mayoría de la gente estaba aún en el interior de la capilla o en la entrada de la misma, mientras que Marnie se encontraba mirando al cementerio con una mano apoyada en el tronco de un árbol absorta en sus pensamientos. No sabía cómo abordar aquel delicado tema y encima se sentía peor por la pérdida de su profesor a causa de la misa.

Al escuchar unos pasos detrás de ella la joven se secó lo que quedaban de lágrimas y se dio la vuelta para encontrarse con el mayor de los Delacour, el cual enseguida la abrazó. Marnie se quedó parada ante el gesto del muchacho y dudó en si rodearle también con sus brazos o no, pero al final se quedó quieta dejando que él la abrazara y le hablara.

- No lo sé… quizás es solo en mi cabeza – murmuró cabizbaja.

Permaneció con la vista clavada en el suelo y golpeando una roca invisible con uno de sus pies durante un rato antes de volver a mirar a su amigo a la cara. Estaba horrible y ella no había ido ni una sola vez a visitarle para interesarse sobre su estado después de la caída que sufrió y aunque él no parecía molesto por su poco interés Marnie sí que se sentía avergonzaba por ese hecho.

- Lo siento. Quise ir a verte, saber cómo estabas pero… – a medida que hablaba su voz se fue apagando hasta que se quedó callada observando su brazo entablillado – No sabía cómo reaccionarías después de ver como soy realmente

La joven de Lancre comenzó a caminar con las manos en los bolsillos de su túnica hacia el cementerio seguida de John. Al principio andaban en silencio, dejándose envolver por esa extraña sensación que siempre sentía cuando se encontraba en un cementerio. Miraba distraídamente las inscripciones de las tumbas hasta que se detuvo en una en la que había flores marchitas. No es que se detuviera en aquella porque conociera a la persona allí enterrada, porque por fortuna ella no conocía a nadie que estuviese descansando allí, sino por hablar con John detenidamente y para que él supiera que para ella era bastante serio.

- Supongo que será una pérdida de tiempo decirte que lo que viste aquella noche no fue real – comenzó la joven ordenando las ideas que la ofuscaban y confundían – Sí, soy una mujer-lobo o licántropo, como quieras llamarlo… Esa noche dijiste que nada te haría cambiar de opinión sobre mí, sobre quién soy ¿era eso cierto? – preguntó sin poder evitar aquel tono de súplica que la acompañó y es que la joven necesitaba realmente volver oírle decir esas palabras porque para ella era importante – Nunca he hecho daño a nadie nunca, lo juro. Yo… siempre hemos tenido cuidado. Cuidado de que no le pudiera hacer ningún mal a nadie, de que nadie lo supiera… Necesito saber que guardarás mi secreto. Sé que lo que te pido puede suponerte demasiado y que quizás ya se lo hayas dicho a alguien pero de verdad quiero confiar en ti – No, no quería verse obligada a tener que lanzarle un hechizo desmemorizador. Por una vez en su vida deseaba que alguien supiese lo que era y que no la rehuyera o temiera. Alguien en quien pudiera confiar plenamente y al que no seguir mintiendo.

John Delacour - December 13, 2011 03:47 PM (GMT)
- Sabes que puedes contarme lo que quieras, pequeña. Siempre te escucharé cuando lo necesites y tendrás mi apoyo.- Le dijo dedicándole una sonrisa fugaz.

Se volvió a mirar de arriba a abajo cuando Marnie lo hizo también, no es que se viera muy bien en cuanto a su aspecto pero él no podía hacer más. Le miró fijamente para que dejara de mirarle las heridas de la caída, no quería que ella sintiera lástima de él. Al fin y al cabo él se lo había buscado.

- No te preocupes pequeña, estoy algo mejor. El doctor hizo un gran trabajo.- Le dijo mientras la seguía en dirección al cementerio.

Un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo cuando se detuvieron en una de las lápidas. La contempló y con un toque de su varita, hizo aparecer unas cuantas flores cambiándolas por las marchitas. Le sonrió, había sido un detalle bonito por su parte aunque no conociese a la persona que estaba enterrada.

Le asintió con la cabeza cuando ella le dijo lo de la pérdida de tiempo que sería decirle que lo que vio no fue real, aunque después de haberla visto de aquella forma no se acordaba de lo que después había pasado. Sólo recordaba eso y lo que vino después de despertarse con casi todo el cuerpo vendado y estando en casa de los de Lancre.

Se acordaba que el padre de Marnie le había estado explicando lo del paseo en escoba pero no le había mencionado ni una sola vez lo de la transformación de ella, aunque él lo recordaba perfectamente y para nada había sido un sueño o ninguna imaginación de John.

La cogió de las manos delicadamente y mirándola a los ojos, empezó a hablarle.

- Te acepto tal y cómo eres y nada me hará cambiar de opinión. Quiero que lo tengas en cuenta y no se te olvide nunca.- Le dijo mientras que la volvía a abrazar intentando que se tranquilizara y así pudiera ver que podía confiar plenamente en él. - Sabes que conmigo está a salvo tu secreto y puedes confiar totalmente en mí. Así que puedes estar tranquila pequeña.- Le decía cuando la cogía de la mano y la invitaba a seguir caminando, sin antes de darle una de sus rosas como de costumbre.

Marnie de Lancre - December 14, 2011 07:51 PM (GMT)
Se alegraba de que no hubiese sido tan grave y que ya estuviera mejor y aunque John le decía que no se preocupara Marnie seguía sintiéndose mal por no haber ido a hacerle una sola visita a su casa para interesarse sobre su estado. A pesar de que podía no parecerlo Marnie era una chica que se preocupaba por los demás, sobre todo por sus amigos y seres queridos. De hecho, solía anteponer las necesidades de éstos a las suyas, lo cual no siempre era del todo correcto pero ella era así.

Mientras ella le confirmaba (aunque no fuera necesario) su naturaleza y le preguntaba acerca de las palabras que había pronunciado aquella noche, observó como el chico colocaba flores nuevas en la tumba en la que se habían detenido, lo cual era todo un detalle por su parte. Luego esperó a la respuesta del chico, que no se hizo de rogar y la cual le arrancó una pequeña sonrisa a la joven que lo abrazó agradecida. Y es que la joven nunca pensó que alguien fuera a aceptarla sin más, siempre pensó que si algún día se lo confesaba a alguna amistad ésta se distanciaría de ella durante un tiempo o para siempre. Ella ya le había preguntado a su madre en varias ocasiones cómo había reaccionado ante la confesión de su padre y en un principio también se alejó de él, como cabía de esperar. Sin embargo, acabó volviendo y ahora formaban una bonita familia así que, ¿por qué no iba a poder pasarle igual a ella? Pese a que temía la reacción que pudiesen tener los demás al enterarse de su condición, también albergaba la esperanza de que la aceptaran aunque luego tenía miedo de ilusionarse inútilmente y por eso jamás se lo contó a nadie. Ni siquiera a sus mejores amigos.

- No sabes cuánto me alegra oír eso – dijo tomándole de la mano y agradeciéndole el detalle de la flor.

En un principio no había planeado quedarse mucho más tiempo por la iglesia porque en realidad lo que prefería era permanecer en casa encerrada puesto que desde que se enteró de la noticia del asesinato de su profesor se le habían ido las ganas de todo. No obstante, ahora que John estaba con ella pensó que tal vez no sería tan mala idea dar una pequeña vuelta para despejarse.
- Hay otra cosa – la muchacha le soltó de la mano para aferrarse a su brazo – Supongo que mis padres te contaron la versión que yo les conté sobre lo sucedido, ¿no? Les mentí porque… si se enteran de que tú lo sabes no sé que podría pasar -

En realidad podía imaginárselo. Primero se enfadarían con ella y seguramente le gritarían diciéndole que era una descuidada y muchas otras cosas y luego… ¿luego qué? ¿Le borrarían eso de la memoria a John?

- Puede que quieran lanzarte un Obliviate, yo misma pensé en hacerlo en su momento pero… me gusta tener a alguien a quien no mentir -

También era posible que sus padres lo vieran normal y solo charlaran con el hijo de los Delacour para asegurarse de que mantendría la boca cerrada pero, ¿qué probabilidades había de que eso fuera a suceder?

John Delacour - December 14, 2011 11:33 PM (GMT)
Le devolvió el abrazo cuando Marnie lo hizo y la miró sonriendole, se sentía tan cómodo con la compañía de ella. La mayor parte del tiempo que pasaba con Marnie se olvidaba de todo lo demás, sólo ella era su prioridad en ese momento.

- Y yo me alegro de saber que tú te alegras.- Le dijo riendo divertido mientras que andaban sin un rumbo fijo.

Se alarmó cuando Marnie le soltó de la mano para cogerle del brazo a la vez que le decía que había algo más que contarle, aunque segundos más tarde John optó por tranquilizarse. Le asintió y le puso su mano escayolada sobre la mano de ella, encima de la que le había pasado por el brazo de él.

- No pasa nada, no te preocupes pequeña. No les voy a contar la verdad, así nunca sabrán lo que realmente pasó.- Mientras hablaba se puso frente a ella y se arrodilló para estar a su altura.

Ya no es que Marnie fuera muy baja sino que John le sacaba una o dos cabezas y quería hablarle mirándola a los ojos. Era más por educación que por una cuestión de altura. Fijó su mirada en la de ella y le dedicó una fugaz sonrisa.

- Es sólo entre tú y yo, será nuestro secreto.. ¿Te parece bien?- Hizo aparecer una rosa blanca de nuevo como si de un truco barato de magia se tratara. La verdad que si estuviera delante de algún muggle y le hiciera ese truco, ganaría bastante fama. Debía de admitir que se le daba bastante bien.

- Y no te preocupes porque no tendrás que mentirme más, guardaré cada uno de tus secretos que tengas y puedes estar totalmente segura de que están a salvo conmigo.- Ella sabía perfectamente que podía confiar de sobra en John, él era incapaz de fallarle.




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