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Title: [È] Trama 2: La pluma


Richard Moore - July 6, 2011 11:15 PM (GMT)
Richard no era creyente. Nunca había creído en nada más que en sí mismo y desde hacía poco en aquella causa y aquella noche sin embargo, aquella noche estaba haciendo caso de las palabras de su hermano. El instinto le había dicho que tenía que hacerle caso y con lo que le había dicho retumbando en su cabeza se había presentado ante sus compañeros.

- Ya sé como esos cabrones saben quiénes son de su calaña. Tienen un artefacto mágico que les dice quiénes son magos. ¿Qué idiotas, verdad? Usar algo que puede conseguir cualquiera que sepa donde esta... – Soltó una risotada un tanto siniestra mientras miraba a sus compañeros con un brillo de maldad en sus ojos de tonalidad clara.

Dio unos cuantos pasos poniendo la mirada en Christopher Ruslan durante unos segundos – Esos duendes son más útiles de lo que uno creía en un principio. Una pena que no sepan dónde se esconde esa escoria. Si no seguro que también habrían vendido su escondite – Paró la mirada en una ventana antes de entrelazar las manos detrás de su espalda. La verdad esperaba que se creyeran aquella mentira. No les iba a decir que se estaba guiando por una corazonada (cosa que él se suponía que nunca tenía) y que era algo que le había dicho su hermano que había soñado. ¡Se habrían reído de él!

Por eso mismo prefirió no decir algo. Si resultaba que todo aquello era una pérdida de tiempo le echarían las culpas a los duendes y él se limpiaría las manos.

- Así que, tenemos que ir a ese maldito e infernal colegio. Allí esta esa susodicha pluma que escribe el nombre de todos los monstruos que nacen cada año en nuestro país. – La sola idea de tener una lista con todos los nombres se le antojaba divina, sobretodo por el hecho de que ya no se podrían esconder... Y si lo hacían tarde o temprano tendrían que salir de sus refugios, ¿no?

Lo mirase como lo mirase solo veía ventajas en tener un objeto como aquel. Sabía que en algunos otros países europeos los habían encontrado y estaban en poder del gobierno. Él desde luego no se quería quedar atrás.

Por eso mismo al día siguiente a las 12pm se encontraba en las puertas de roble que eran la entrada a Hogwarts. Las miró con una mueca de asco antes de volverse a Ruslan, sus seis compañeros Brigadistas y aquellos cuatro ciudadanos corrientes que habían venido porque decían ser “Investigadores de las reliquias mágicas” una estupidez para Richard, pero... Chasqueó la lengua cuando su mirada se posó en ellos, con sus ojitos mirando de forma ávida al castillo.

No pensaba hacerse responsable de los accidentes que pudieran tener aquellos dos.

Al final se decidió y abrió las enormes puertas que incluso chirriaron dejando a la vista el famoso vestíbulo de Hogwarts con su enorme escalera de mármol que llevaba directamente a las puertas de roble tras las cuales estaba el Gran Comedor que a pesar de todo seguía mostrando el cielo a través de aquel hechizo que poseía su techo.

- Bien... Son siete pisos y las mazmorras llenos de sitios espeluznantes y pasadizos ocultos. Los mapas que os entregué antes contienen aquellos que se han encontrado estos últimos años durante las inspecciones del castillo, pero estamos seguros que estas ratas tienen más ocultos. – Miró a todos los presentes antes de señalar a Christopher Ruslan y a su hermana, que había querido acompañarle y siendo que no era una misión peligrosa (¡Era una castillo por Dios!) le permitió acompañarles. – Nosotros iremos a la tercera planta. Vosotros – Señaló a uno de aquellos ansiosos investigadores y uno de sus compañeros – Buscad en la planta baja. – Luego separó a los seis restantes en dos grupos más que se encargarían de la primera y segunda planta.- Cualquier cosa... Tenemos los walkies – Comentó a la vez que enseñaba el propio al resto.


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Christopher Ruslan, Phoebe Moore, Jose Castaño y Vicktoria Böhm, por favor haced el post en “darkblue” para así distinguir con más facilidad a los muggles de los magos.
A Jose y Vicktoria os mando a la segunda planta =D

Estos últimos van bajo otra identidad gracias a la poción multijugos que se toman a mansalva.

Esto es lo que hay en cada planta: http://eldiccionario.org/lugares/guiahogwarts.htm

Los magos y brujas deben esperar órdenes. Los mencionados en este post podéis empezar a postear.

Sunday Dawson - July 10, 2011 04:25 PM (GMT)
¿Caprichosa? Para nada. ¿Curiosa? Demasiado. A su modo de ver lo que estaba pidiendo no era algo fuera de lo normal. Era algo con lo que cualquier niño nacido de familia de magos soñaba desde temprana edad. ¿Qué hijo de magos no había oído hablar de Hogwarts? De sus múltiples pasillos, de las entradas ocultas tras tapices, de los miles de cuadros que colgaban de sus paredes, de los partidos de Quidditch que allí se jugaban, de las cuatro casas, de sus leyendas, sus misterios, sus secretos... y de que la magia allí se sentía de verdad. El problema es que había hijos de magos que no podían acudir a Hogwarts y aquellas cosas nunca llegaban a verlas o sentirlas.

¿Acaso era demasiado pedir pisar aunque fuese solo una vez el colegio más famoso de Reino Unido? ¿De Europa? Sabía que su respuesta iba a ser negativa, así que cuando la negación salió de labios del ruso unido a un puñado de razones que incluían el hecho de que el castillo estaba en posesión de los Brigadistas, la muchacha no se enfurruño, ni siquiera protesto. Era algo que tenía demasiado asumido.

Pero... ¿No era verdad que nadie conocía Hogwarts mejor que sus antiguos alumnos? Ponía la mano en el fuego que los Brigadistas no conocían ni una quinta parte de los secretos de Hogwarts. Los magos se habían asegurado de que las copias de “Historia de Hogwarts” cayeran en buenas manos y no fuesen a parar en manos de muggles.

- A veces os envidio por haber podido ir a Hogwarts – Había murmurado en aquel momento.

Había sido de vuelta a casa cuando pensó en Caroline y Jacques. No sabía que le dirían los hermanos Lompard pero de todos modos se dispuso a intentarlo. No perdía nada después de todo. Caroline enseguida pareció entusiasmada con la idea y Jacques solo necesitó un empujoncito para contestar afirmativamente a la propuesta de la squib.

Por eso mismo estaba recorriendo en ese momento el túnel que llevaba desde sótano de la abandonada Honeydukes en Hogsmeade hasta uno de los pasillos de la tercera planta de Hogwarts con el muchacho por delante de ella alumbrando con la varita el camino. Caroline había comentado que ya se reuniría luego con ellos si podía. Además, la noticia de que se iban de “excursión” a Hogwarts había corrido como la pólvora entre los más jóvenes de Valgrange por lo que no le sorprendería que aparecieran más. Todo fuese por los viejos tiempos, ¿no?

La muchacha palpó el bolso que llevaba colgando de uno de sus hombros, donde enseguida se oyó el característico sonido de botellitas de cristal golpeando entre sí. Era precavida y solo por si acaso se había asegurado de llevar consigo dos botellitas de aquella poción que cuando la tirabas al suelo provocaba una pequeña explosión, además de polvo de oscuridad en un saquito.

Más valía prevenir que curar.

Sus ojos azules estaban fijos en el muchacho que iba delante de ella. Caroline sabría cómo llegar y posiblemente los otros que quisieran unirse a aquello también. El único problema que había visto la rubia era que había posibilidades de que no todos acabasen en el mismo piso y por lo que había oído hablar a su madre. Estaba a punto de comentárselo a Jacques cuando se paró haciendo que ella también se quedase quieta. Habían llegado al final del túnel.

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A partir de este post pueden entrar los demás también. Seguro que el rumor de la "excursión" se ha extendido por todo Valgrange.

Podéis llegar por diferentes entradas de Hogwarts o pasadizos secretos.

Jacques Lompard - July 11, 2011 09:00 PM (GMT)
- Dissendio – Murmuró con voz ronca mientras tocaba la piedra con la punta de la varita. Sin un solo quejido, un halo de luz se abrió en el oscuro pasadizo dejando mostrar una estrecha abertura por la que ambos podrían pasar. Siempre había conocido el pasadizo de la bruja tuerta pero entre que el pasillo casi siempre había estado estrictamente vigilado por el conserje y que Jacques huía de los problemas como elefante del ratón, jamás se había atrevido a utilizarlo.

- Vamos. - Dijo volviéndose hacia Sunday con una sonrisa y ofreciéndole una mano para ayudarla a pasar.

Mientras que la muchacha había sido precavida llevando consigo un par de pociones, Jacques pensaba en otro tipo de preparativos. Su mochila también hubiera tintineado sino hubiera envuelto media docena de cervezas en una toalla para que se mantuvieran frías. Por supuesto que sabía que los brigadistas se habían hecho con Hogwarts pero había sido años atrás y había quedado patente que sentían respecto, o más bien temor, por aquellas centenarias paredes. No era la primera vez que se había colado con sus primos en aquel lugar. Siempre habían sostenido que el patio tenía una acústica perfecta para hacer una buena fiesta. El joven era (como su padre a su edad) un asiduo más a la barra que a la pista de baile, pero disfrutaba con el ajetreo del resto cerca suyo, no a su alrededor.

- Nox. - Conjuró extinguiendo la luz de la punta de su varita justo antes de guardarla en el bolsillo interior de la chaqueta.

Aspiro aquel aroma tan característico de Hogwarts que por más años que habían pasado seguía fresco en el ambiente, tal y como lo recordaba. Una sonrisa espontanea curvó los labios del galés. Algo en su interior tembló y le hizo recordar que volvía a “estar en casa” a pesar de que aquella tranquilidad tan agobiante y antinatural lo hubiera invadido todo.

- Estamos en la tercera planta, tienes que ver la entrada primero. - ¡Oh, sí! ¡Aquello le iba a encantar! Se giró de nuevo hacia ella para ver la reacción en su rostro.

Phoebe Moore - July 11, 2011 10:05 PM (GMT)
El castillo era I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E. Si no hubiese sido por su hermano y los demás brigadistas la muchacha se habría quedado observándolo como un pasmarote durante horas y es que todavía le costaba imaginarse como habían podido mantener oculto semejante fortaleza. Bueno, era obvio que lo habían hecho con magia pero aún así costaba de creer que aquello hubiese estado allí durante siglos y nadie que no fuese mago lo hubiese descubierto.

La muchacha siguió a su hermano hacia el interior del castillo y mientras esperaba a que diera órdenes a los demás, al parecer era el cabecilla del grupo pese a que había un hombre mucho mayor que él, observó el grandioso vestíbulo del castillo y la enorme escalera de mármol. Ojala pudiera pasear por el castillo a su antojo disfrutando de la visita sin tener que esperarlos y sin tener que buscar por cualquier recoveco una simple pluma. ¿De verdad se creían capaces de encontrarla en un lugar tan gigantesco y encima en un día? Estaban locos si realmente lo pensaban.

En cuanto se percató de que su hermano la señalaba volvió a prestar atención a sus palabras y no pudo evitar fruncir el ceño cuando se enteró de que Ruslan iba con ellos. Como si no le bastara una persona seria que además era su hermano, pero claro no podía quejarse porque por lo menos Richard le había dejado acompañarle. Obviamente tras mucha insistencia por parte de ella.

- En la tercera planta tenemos un pasillo, un aula, una sala de trofeos y una galería de armaduras – mentó a sus acompañantes a la vez que señalaba los lugares en el mapa – Ninguno me parece un buen escondite para una pluma pero quien sabe, todo es posible -

Phoebe empezó a subir las escaleras sin esperar a que su hermano dijera nada. Se fijó en que la mayoría de cuadros, por no decir todos, estaban vacíos. Era como si alguien hubiese borrado lo que había pintado en él y ahora solo quedara el marco. Todo en Hogwarts era extraño pero fascinante al mismo tiempo. La chica estaba maravillada con el aura misteriosa que parecía envolver el lugar mientras que su hermano seguía con esa cara de amargado que nunca parecía abandonarlo. Al principio se alegró por el hecho de que hubiese pasado las oposiciones para pertenecer a la Brigada pero ahora comenzaba a preocuparle que aquello solo lo hiciera cada vez más imperturbable y obsesivo.

- Bueno si no os importa yo me voy a la sala de trofeos -

Y dicho esto la joven se alejó de los dos brigadistas y se dirigió hacia la habitación donde se suponía que estaban los trofeos. Nada más atravesar la puerta la joven Moore pudo observar grandes vitrinas tras las cuales se encontraban varias copas y medallas. Sacó su cámara fotográfica y empezó a sacar fotos de las diferentes vitrinas (como si se tratara de un museo) para luego detenerse a leer una lista de todos los Premios Anuales que a saber qué eran.

- Pues si que daban premios en este sitio – murmuró.

Michael Goldman - July 17, 2011 09:10 PM (GMT)
¿Excursión a Hogwarts? Eso en la cabeza de Mike se traducía en fiesta en Hogwarts. No tenía muy claro quien había sido el primero en mencionar la expedición, pero mucha gente lo había hecho a lo largo de la semana. Sería genial rememorar los años estudiando en la escuela, las gamberradas, los castigos, los exámenes, el estress de los trabajos… toda su vida como estudiante estaba allí; así que le faltó tiempo de apuntarse y buscarse alguien con quien ir. Quedaba muy cutre llegar solo a los sitios.

Para buena suerte de Mike, y mala suerte de Sel, la chica se había puesto enferma y no había tenido otro remedio que quedarse con su tía en lugar de ir a Hogwarts… en el fondo ella no estuvo tantos años como él, así que tampoco se sintió muy mal por su hermana.

Acabó de llenar la mochila con botellas varias de diversas bebidas, la cerró y se la colgó al hombro. Era un poco pesada, y por el ruido que hacia al moverse quedaba claro lo que llevaba. Antes de salir se aceró a la habitación de su hermana para despedirse, pero ya se había quedado frita… siempre dando tanto la lata y ya estaba durmiendo a esas horas.

Mientras se dirigía a Rowena Lane observaba a todos los que se cruzaban con él o iban en su misma dirección; quizás se encontrarían en Hogwarts… o quizás simplemente iban hacia sus casas. Le pareció que había más gente de lo normal por las calles, aunque quizás solo fuera una paranoia suya.

Caroline y Daphne ya le estaban esperando, aunque no llegaba excesivamente tarde. Movió la cabeza como saludo cuando le vieron.

- Pues ya estoy aquí. – Se plantó a su lado y hizo sonar la mochila mientras sonreía. – Bueno, ¿por dónde entramos? Por la entrada principal no… que no es emocionante.

Aunque no lo mostraría demasiado, tenía muchas ganas de volver a recorrer los pasillos de la escuela, tanto los visibles como los secretos.

Savannah O'Hara - July 19, 2011 06:50 PM (GMT)
La huesuda cabeza le dio suavemente en la nuca y Savannah se levantó del suelo con una gran sonrisa en el rostro a la vez que aquella cría de Thestral olisqueaba cerca del bolso que llevaba. No muy lejos de allí había dos adultos que la muchacha pelirroja dedujo que eran sus padres. Sabía perfectamente porque olisqueaba su bolso así que sin más dilación lo abrió y metió la mano sacando un trozo de carne cruda que entregó al pequeño y que este empezó a comer rápidamente.

En su rostro volvió a asomar una sonrisa al tiempo que se atrevía a pasar una de sus manos por la cabeza del animal soltando una risita antes de tirar un par de trozos de carne a los adultos que no se lo pensaron demasiado antes de ir a comerlos. Estar en El Bosque Prohibido por aquellos días ya no era tan peligroso como años antes, como cuando eran estudiantes, puesto que la mayoría de Criaturas Mágicas habían sido trasladadas a Reservas y solo quedaban los Thestrals y pocos tipos de Criaturas Mágicas más. Los centauros por supuesto seguían viviendo en aquellos páramos y Savannah moría por encontrarse con alguno. Siempre le habían contado que eran buenos en la Adivinación y quería saber si era cierto... aunque realmente se hubiese tomado a mal que se burlasen de ella o no la creyesen vidente.

Sus ojos color celeste se perdieron la espesura del Bosque Prohibido cuando oyó a sus espaldas un ruido lejano. Estaba prácticamente en la misma linde del bosque (a pesar de todo nunca le había gustado adentrarse demasiado) así que el ruido enseguida pudo ser identificado. Oyó los cascos de los Thestrals y cuando se volvió uno de los adultos se había adentrado en el bosque. Agudizó el oído ante aquel ruido muggle de automóviles pero un suave golpe en el reverso de una de sus manos hizo que bajase la mirada. El pequeño animal la miraba fijamente y la pelirroja no supo en ese momento como tomárselo.

Se armó de valor y echó a andar por los terrenos del colegio alejándose del bosque y de la mirada de aquel pequeño Thestral. Tardó un par de minutos en llegar hasta la entrada del castillo donde vio varios automóviles muggles que la hicieron arquear una ceja. Sabía que el colegio estaba bajo el control de los Brigadistas (motivo por el que su madre le había prohibido acudir) pero en todas las veces que había visitado aquel lugar no había visto ninguno. Se le antojaba incluso sospechosa la presencia de los mismos en el castillo.

Apoyada contra la pared cercana a la puerta principal del lugar le llegaron las palabras que decía uno de los muggles. Le sorprendió sobretodo la palabra “buscad”. ¿Qué estaban buscando ellos en aquel lugar? Una vocecita en su cabeza le dijo que no era asunto suyo y que sería mejor que volviese a casa... pero la parte valiente (si eso existía en ella) la instó a asomarse por la puerta cuando oyó todos los pasos alejarse. Por algún motivo decidió ir al mismo sitio que donde había dicho la voz: la tercera planta.

Se movió con cuidado por el vestíbulo y subió las escaleras de mármol varita en mano, asegurándose de que los que buscaban en aquella planta no estaban cerca antes de echar a correr y cruzar el Gran Comedor hasta la puerta que había al fondo abriéndola y entrando en ella con cuidado. De inmediato le llegaron unas voces femeninas que no la hicieron dar un respingo... Había reconocido la voz de Violeta la amiga de la guardiana de la torre Gryffindor la Señora Gorda. Por lo que vió Savannah estaban manteniendo una animada charla pero no se paró a saludarlas ni preguntarles el motivo. Las pasó de largo y salió por otra puerta después de asegurarse de que no había nadie a la vista.

Cruzó el pasillo y se metió tras uno de los tapices que había que por arte de magia la llevaron a la tercera planta, concretamente cerca del salón de trofeos donde por una corazonada la muchacha se dirigió.

Corazonada acertada.

Cuando asomó su cabeza vió a una muchacha que no parecía mayor que ella observando los trofeos. Entró y se pegó contra la pared, preparada para agacharse detrás de alguna de las vitrinas en caso de que la muchacha se volviese o algo. En realidad no tenía pinta de sospechosa aunque nada más pensar eso se le vino a la cabeza la famosa frase de “Las apariencias engañan”

¿Y? Ella tenía una varita y aquella muchacha no tenía pinta de llevar ningún arma así que a pesar de todo se acercó lentamente hasta ella estando a dos metros de distancia cuando la oyó decir algo.

- ¿Verdad? – Respondió por inercia dándose tarde cuenta de que acababa de meter la pata, pero no dejando que el miedo la invadiera, sobretodo cuando la muchacha la vio – No voy a hacerte daño. ¡Lo juro! Solo ha sido una pregunta.

Sí, una pregunta pero la muchacha era obvio que había visto la varita que sujetaba en su mano... Tarde para esconderla. ¿Y si ahora pensaba que había planeado atacarla o algo parecido?

Sunday Dawson - July 23, 2011 11:03 PM (GMT)
Cuando la tomó de la mano ayudándola a pasar empezó a sentir aquellas mariposas típicas de los nervios en un punto indeterminado de su estómago. Tenía la sensación de que iba a vivir algo que solo se podía vivir una vez en la vida, que por muchas veces que volviese a pisar aquel lugar no sería igual que aquella vez. En absoluto.

Y esa fue precisamente la sensación que tuvo cuando sus pies tocaron el suelo del pasillo de la tercera planta del castillo. La gente podía hablar de ello, pero... nunca iba a ser como verlo, como en aquel momento. Nunca iba a volver a tener aquel brillo en sus ojos azules.

- Recuerdo que me encantaba oírte hablar de este lugar. Oírte hablar de este sitio era como estar en él, había tanta.... pasión en tus palabras – Empezó a decir mientras pasaba sus manos por las paredes de piedra – Te debía de parecer muy pesada, haciéndote relatar anécdotas de Hogwarts... – Comentó mientras daba unos cuantos pasos al tiempo que le oía decir que tenía que ver la entrada. La entrada, había oído hablar de aquellas grandes puertas de roble que llevaban a un enorme vestíbulo donde unas escaleras llevaban a otras puertas de roble tras las cuales se encontraba el Gran Comedor - ¿Tú crees que este lugar es peligroso? – Preguntó de repente mirando al muchacho. A ella no se le antojaba peligroso en lo absoluto nada más poner un pie dentro la había embargado la sensación de abandono que flotaba en el aire.

Dio unos cuantos pasos por el pasillo hasta una puerta que había cerca que abrió con cautela encontrándose con lo que a todas luces era un aula puesto que estaba lleno de pupitres polvorientos, resultado del obvio abandono del castillo. Se quedó unos segundos mirando el interior antes de volverse hacía Jacques. Ella no lo sabía pero antiguamente había sido el aula de Encantamientos.

- Cuando le dije a Mihjail que me trajera empezó a enumerar un montón de razones por las que este lugar es peligroso – Empezó a decir mientras se adentraba un poco más en el aula – Por eso de que está en posesión de los Brigadistas. Yo que pensaba que precisamente a él le haría ilusión enseñarme esto... No sé porque tanto empeño en sobreprotegerme tanto, como si no supiera defenderme sin magia o algo... Supongo que lo hace porque me quiere, pero aún así... – Se volvió hacía el muchacho y algo en su rostro hizo que se quedase unos segundos totalmente estática antes de notar como sus mejillas empezaban a sonrosarse – No debí decir eso. Lo siento... Soy una bocazas.

No sólo una bocazas porque había dejado entrever algo que se suponía que no debía decir (aunque sabía que Jacques no era precisamente un cotilla o bocazas) sino por cómo podía llegar a sentirse con respecto a eso. Lo segundo era lo que la hacía sentirse peor, posiblemente el motivo por el cual desvió la mirada como si realmente estuviese interesada en la estantería llena de polvorientos ejemplares de Guías para los estudiantes (desde allí no era capaz de ver que eran libros de hechizos). Iba a volver la mirada al muchacho otra vez cuando oyó algo en la lejanía. Algo así como pasos.

- ¿Eso son....? – Juraría y pensaba que Carol había dicho que entrarían por el mismo lugar que ellos. A lo mejor lo había entendido mal quién sabía.

Richard Moore - July 24, 2011 09:13 PM (GMT)
Richard escuchó con atención (más de la que parecía) las indicaciones que daba su hermana sobre los sitios que había en la tercera planta. Incluso parecía emocionada con eso de hacer un “tour turístico” por el antiguo colegio de aquella escoria. La miró contrariado durante unos segundos pero decidió mantener la boca cerrada. ¿Acaso necesitaban una discusión familiar justo en ese preciso instante?

No.

La verdad es que en algo tenía razón: Ninguno parecía un buen escondite para la pluma, pero como bien había dicho su hermana todo era posible. Sobretodo si se trataba de aquella panda de lunáticos.

La siguió escaleras arriba seguido de cerca de Christopher Ruslan mientras los demás se dirigían cada uno de ellos a las plantas que les había indicado (o eso esperaba) percatándose el también de que todos los cuadros parecían estar vacíos. Qué cosas más raras que hacían los magos. ¡Cuadros vacíos! Quien lo supiera pensaría que estaban más locos de lo que ya se creía.

- Ve con ella – Le pidió a Ruslan con tal autoridad en la voz que el hombre no podría negarse. Sabía que a su hermano no le iba a hacer ninguna gracia pues siempre decía que no necesitaba niñeras pero era mejor prevenir que curar – Cualquier cosa... – Le dijo antes de señalar el walkie que llevaba colgado a la altura del cinturón.

Una vez dicho y viendo como Ruslan se alejaba por el mismo lado por el que había ido su hermana él se fue por el lado contrario enfilando el pasillo con tranquilidad mientras recordaba que lugares había dicho su hermana que había en aquella planta. De todos modos con haber caminado unos metros tuvo la corazonada de que aquello era como buscar una aguja en un pajar. Se pasó la mano por el rostro frustrado cuando llegó al final del pasillo que torcía hacía la derecha para seguir. Estaba llegando a aquel punto cuando creyó oír voces a lo lejos, como si estuviesen en aquel mismo pasillo pero rebotasen contra algo (posiblemente el eco de aquellas enormes paredes o quien sabe).

Decidió caminar con más sigilo mientras se asomaba al pasillo que parecía vacío. De repente las voces habían dejado de oírse... Juraría además que una de aquellas voces le resultaba extrañamente familiar aunque no supiera identificar donde la había oído antes. Dio unos cuantos pasos más por el corredor antes de alzar la voz - ¿Quién anda ahí? – Pues era más que obvio que había alguien más allí además de él mismo y dudaba mucho que fuese Phoebe. ¡Si había ido hacía el lado opuesto!

Fue lo último que pensó antes de dirigirse hacía la puerta más cercana.

Caroline Lompard - July 25, 2011 08:24 PM (GMT)
¿Por qué no?

Cuando la propuesta salió de labios de Sunday la ojiazul no pudo más que estar de acuerdo y a su hermano solo le hizo falta un pequeño empujoncito para convencerle. ¿El resto? Bueno, Caroline se lo había dicho Michael quien posiblemente se lo contará a alguien más y así todos acabarían enterándose, seguro. De cumplir los deseos de alguien a montar una especie de fiesta en Hogwarts había solo un pequeño paso, una línea que seguro que habían cruzado.

Y tanto.

Caroline y Daphne que caminaba a su lado se dirigían hacía el punto de encuentro con Michael lo que dejaba ver que el boca a boca funcionaba realmente bien. Una vez vio aparecer a Michael la sonrisa en su rostro se amplio – Querido Michael creo que tengo la solución a ese problema.... Y no, entrar por la entrada principal no es emocionante. ¿Es qué nadie se ha leído la Historia de Hogwarts? La última edición también quiero decir... – Dijo soltando un suspiro antes de tomar a ambos de la mano y sujetarlos con fuerza.

El típico viaje por aparición los llevo hasta Hogsmeade o lo que quedaba de él. La castaña hizo un gesto a sus acompañantes para que la acompañaran guiándolos hasta Cabeza de Puerco y llevándoles a la parte trasera del lugar donde había un cuadro de una muchacha de cabellos rubios, Ariana Dumbledore, por supuesto. La muchacha le sonrió y la chica de cabellos dorados le devolvió la sonrisa antes de que como si de una puerta se tratara el cuadro se moviera y dejara a la vista un pasadizo por el que Caroline se internó sin más dilación.

Al final del largo pasadizo había una puerta que la muchacha empujó con cuidado encontrándose con lo que había sido la famosa Sala de los Menesteres o La sala que viene y va. Siempre se transformaba en lo que uno deseaba aunque decían los rumores que había una sala tan grande como una catedral (quizá más) que mostraba restos de un incendio, resultado si no se había documentado mal, de la batalla que había vivido Hogwarts durante el segundo auge de Voldemort.

La muchacha cruzó la sala (que se les había presentado como una simple sala vacía que servía de unión) y abrió la puerta al otro extremo para encontrarse con uno de los tantos pasillos de Hogwarts. – Lo mejor será bajar, creo que Jacques entrara por la bruja jorobada del tercer piso – Les indicó mientras caminaba hacía uno de los extremos del pasillo.

Dos minutos más tarde estaban en la cuarta planta y en el preciso momento en que pasaron por delante de la biblioteca (Caroline tuvo la tentación de entrar y coger el ejemplar de “Moste Potente Potions” durante una fracción de segundo) pero decidió dejarlo estar siguiendo su camino. - ¿Recordáis la manera más rápida de llegar hasta la bruja jorobada? Porque yo no me acuerdo ahora mismo... - Dijo de súbito... Mira que olvidarsele eso justo en ese preciso instante.

Phoebe Moore - July 26, 2011 08:26 PM (GMT)
- Sí que es cierto, sí -

Un segundo. Aquella voz no era la de Ruslan, el brigadista que su hermano le había mandado como niñera, la voz pertenecía a una fémina. Phoebe se giró lentamente para quedar frente a una joven pelirroja a la que prestó poca atención pues sus ojos se clavaron el aquel palo delgado que la muchacha llevaba en una de sus manos. A simple vista podía parecer la rama de un árbol cualquiera pero Phoebe sabía que aquella cosa era un arma tan peligrosa como una pistola. Un movimiento por parte de la pelirroja y ella estaba acabada.

Miró a la bruja cuando ésta le dijo que no iba ha hacerle nada. Ya claro, eso lo decían todos. Ciertamente, si la pelirroja hubiese querido hacerle algo, ya lo habría hecho puesto que no le costaría mucho lanzarle un conjuro, pero Phoebe tampoco tenía un pelo de tonta y no se iba a fiar de buenas a primeras de las palabras de la desconodida. Además, ¿Qué demonios estaba haciendo esa chica en Hogwarts? ¿No se suponía que el castillo estaba bajo la vigilancia de la Brigada? Pues sí que dejaba que desear su nivel de seguridad si hasta una niña de quince años lograba colarse en él.
Y ahora llegaba el dilema: ¿Debía llamar a su hermano o advertir a la joven? A los brigadistas no le importaría lo más mínimo la edad que tuviese la bruja, la cogería y luego a saber qué cosas le hacían. Solo de imaginárselo a Phoebe le dio un escalofrío. No podía dejar que le hicieran nada pero, ¿y si resultaba ser peligrosa? ¡Maldita sea! La castaña miró primero a la puerta, luego a la chica y nuevamente la puerta. El tiempo se le acababa, en cualquier momento podía aparecería Ruslan en la sala y no tardaría ni un segundo en darse cuenta de lo que llevaba la joven en su mano.

"Tienes dos opciones: Primera, llamar a Richard y avisarle de la bruja que tienes frente a ti y limpiarte las manos. Segunda, advertir a la bruja de que hay brigadistas dentro del colegio y que se marche sin saber tú si hiciste bien". Se decía mentalmente la chica rebasando las opciones que tenía. Ninguna de las dos la llenaba de orgullo pero debía pensar rápido y atenerse a las consecuencias.

- Si yo fuera tú, escondería esa cosa donde nadie pueda verla y me marcharía inmediatamente de aquí sin ser vista - Phoebe la miró fijamente y esperó que la chica le hiciera caso y se fuera por donde había venido - No todos son tan benévolos como yo así que hazme caso y vete... o en su defecto, guarda eso. Hay más brigadistas de lo que crees -

Ya se podían oír los pasos del brigadista Ruslan cada vez más cerca. Phoebe no creía que la pelirroja fuese a tener tiempo para irse así que no le quedaría otra que esconder su varita y fingir ser una chica no-mágica y confiar en que ella, Phoebe, no la iba a delatar (a no ser que le diese motivos para ello por supuesto). Como Richard se enterara de lo que estaba haciendo la iba a matar pero era demasiado tarde para echarse atrás. Había decidido no decir nada acerca de la bruja y seguiría adelante con ello. No podía permitir que le hicieran a la chica lo mismo que le hacían a los demás aún sin saber exactamente lo que les hacían.

Story - July 26, 2011 09:01 PM (GMT)
Hogwarts había estado durante muchos años tranquilo, demasiado tranquilo y tenía que admitir que había empezado a aburrirse, aunque la idea de poder destrozar todo sin que nadie le dijera nada al principio le había fascinado. Una lástima no poder salir de aquel castillo.

Y sin embargo aquella tarde se le había presentado en bandeja la diversión.
Había visto llegar a Ford y aunque había estado tentado de hacerle alguna jugarreta no fue hasta que vio llegar a los Brigadistas y a unos cuantos ex alumnos de Hogwarts más que pensó que aquello podía ser bastante divertido.
Entonces apareció la prefecta perfecta acompañada de Goldman y Delacour.

Los observó con sus ojos brillando de emoción después de tantos años sin poder fastidiar a los alumnos. Tenía que admitir que incluso echaba de menos al conserje Filch y la señora Norris, aquellos si habían sido buenos tiempos entre aquellas paredes.

“¿Y tú qué haces aquí?”
La sonrisa del Poltergeist se ensanchó ligeramente.

- ¡Delatar a los intrusos por supuesto! – Dijo con tono inocente - ¿Pretendíais montar una fiesta sin avisar al bueno de Peeves? – Preguntó mientras daba una vuelta en el aire y se enfrentaba nuevamente a Ford. – Lompard, la desconocida, O’Hara, Delacour, Goldman.... ¡Ah! Y los Brigadistas por supuesto – En los ojos del Poltergeist apareció un destello de diversión al tiempo que se elevaba y salía rápidamente de la biblioteca llegando al pasillo donde se encontraban Caroline Lompard, Michael Goldman y Daphne Delacour. Les dedicó una sonrisita divertida antes de gritar a pleno pulmón - ¡MAGOS EN LA CUARTA PLANTA JUNTO A LA BIBLIOTECA! ¡MAGOS EN LA CUARTA PLANTA JUNTO A LA BIBLIOTECA! ¡SE LA VAN A CARGAR!


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- ¿Cómo procedemos? – La voz llega a través del Walkie que lleva Richard Moore que sigue en la tercera planta aún sin abrir la puerta del Aula de Encantamientos pues la voz de Peeves parece haberle detenido.
- ¡Id!¡Subid y neutralizarlos! ¡Ahora! – Les grita el Brigadista a través del Walkie antes de soltar el seguro del arma de sedantes que lleva. – Idme informando. – Añade al final antes de cortar la comunicación y abrir de una vez la puerta del aula de encantamientos preparado para disparar al blanco que se le ponga enfrente.


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Los brigadistas de la primera y segunda planta se dirigen raudos hacía la cuarta planta. Los chicos que se encuentran en la misma oyen pasos acercándose por ambos extremos del corredor en el que se encuentran. Por el momento están sin salida a no ser que desenfunden las varitas y ataquen a los Brigadistas. Aparecen tres por cada extremo que les apuntan con las armas.

- ¡Tirad las varitas y levantad las manos donde podamos verlas!

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A tener en cuenta antes de postear:
- Hacer el favor de leerse BIEN los posts anteriores. Y no lo escribo por nadie en particular

Ubicación de los personajes:
Sunday Dawson y Jacques Lompard: Tercera planta en el Aula de Encantamientos.
Richard Moore: Tercera planta entrando en el Aula de Encantamientos. Peligro potencial para Jacques y Sunday
Phoebe Moore y Savannah O’Hara: Tercera planta en la Sala de Trofeos.

Sam Ford: Cuarta planta en la Biblioteca.
Caroline Lompard, Michael Goldman y Daphne Delacour: Pasillo de la Biblioteca en la cuarta planta.
6 Brigadistas: Pasillo de la Biblioteca en la cuarta planta Peligro potencial para Caroline, Michael y Daphne

Podéis seguir metiendo personajes si lo deseáis siempre que sea de una manera lógica.

Vicktoria Böhm - July 28, 2011 08:37 PM (GMT)
La simple cercanía a un muggle, el pensar en ellos, su olor corrompido, su existencia en sí, erizaba el cabello de la nuca de Vicktoria cada vez que pensaba en ello. Por lo que había pasado un buen rato vomitando al beber la poción multijugos y presenciar como su rostro, su precioso rostro, se tornaba en las burdas y corrientes facciones de una muggle, sucia muggle a la cual se había encargado ella misma de matar. Y aquella satisfacción que le había provocado dar muerte a quien se lo merecía, había sido la única satisfacción que llevaba desde hacía mucho, mucho tiempo. Se solía consolar pensando en que todo era por un buen fin, pero quizás aquellos medios no justificaban del todo el fin, al menos no unos medios tan sucios y asquerosos. Era el mismo odio que sentía hacia los sangresucia y los muggle, el que la inundaba cuando veía su falso reflejo en el espejo, falso, sí, pero su odio era tan real, que casi podía verlo, olerlo, saborearlo. Un odio profundo, racial, oscuro y peligroso, y a la vez tan increíblemente útil. Qué fácil era dejar llevarse por el odio, y qué buenos resultados daba. Había sido pues, eso mismo lo que había tenido que controlar al acercarse al brigadista que manejaba todo aquello. Sobraban las palabras para seguir describiendo sus sentimientos, ella lo habría acabado todo con un fogonazo de luz verde a través de la sala, y un muggle más en el cielo. Es decir, uno menos en el mundo.

Hasta sus ropas eran incómodas. Forzada, se había visto en la situación de ponerse un uniforme de brigadista. Intentando pensar en todo lo que aquello representaba, en todos los magos de sangre limpia que habían matado los portadores de aquellas ropas. ¿Dónde había ido a parar la integridad? Por todo aquello le había dado una patada a la integridad tan fuerte, que se había perdido. Se sentía una traidora a la sangre, a la magia, a sí misma. Y no le quedaban más que ganas de morir, que se veían enterradas por la esperanza que ardía en su interior. La esperanza de volver al esplendor alcanzado en al antiguedad. Con la varita en todo momento escondida bajo las ropas, pero segura de que si fuera necesario, no tardaría más de un segundo en desenfundarla y arrancarle la vida a pedazos a quien fuera necesario. Es más, tenía unas ganas casi incontrolables de enarbolar su varita y llevar a cabo sus oscuros deseos de justicia. Quizás en el pasado la habrían acusado a ella de cruel, podía que hasta en el presente, ¿pero no eran más retorcidas y macabras las intenciones de la Brigada? Y ella iba a pararles los pies a todos aquellos desgraciados, malnacidos, en resumen, muggles.

El hecho de volver a Hogwarts la había contentado un poco, e incluso apaciguado. La nostalgia la invadía. Los recuerdos de sus últimos años allí, las experiencias, las clases... Añoraba el mundo tal y como era entonces. Aunque aquel estado de putrefacción que sufría la sociedad venía de largo, provocada por unos ideales liberales y equivocados que habían surgido muchos años atrás. Malditos, malditos todos por haber comenzado con la peor catástrofe del mundo mágico, que no eran más que aquellos seres carentes de magia.

Había ignorado un poco su cometido y se había dedicado a perderse por los pasillos de la segunda planta. Claro que había buscado la pluma, e incluso había utilizado algún que otro hechizo sin que nadie se diera cuenta para intentar averiguar su localización. Pero sus esfuerzos habían sido en vano.

Aquella voz tan estridente y a la vez conocida la asustó, pegando un bote y poniéndose alerta.

Siguió las órdenes, pero astuta cual serpiente, se escondió en vez de dar la cara cuando subió a la cuarta planta. Observó la escenita, y su corazón se encogió de pena al ver a aquellos magos. Entonces, aún escondida, aferró su mano al traje, en la zona en la que llevaba la varita, como deseando sacarla y acabar con todos aquellos malnacidos.

Siseó de furia mientras su mente trazaba un rápido plan, comprendiendo algo, pues ella también había sido alumna de aquel lugar, aunque la madurez hubiera desterrado a al ingenuidad. Si había magos allí, debía de haber más curiosos por todo el colegio.

Maya Fey - August 3, 2011 10:20 PM (GMT)
Maya sentía como el viento le agitaba la larga melena castaña mientras el descapotable que conducía Jack se movía a gran velocidad por la desierta carretera que según él llevaba a Hogwarts. Ella había sonreído como cualquier chica tonta emocionada porque fuesen a llevarla a un lugar como ese sin dejar entrever en ningún momento cuanto añoraba el castillo.

Tampoco había mencionado el hecho de que hubiese preferido viajar con el Expreso de Hogwarts como cuando no era más que una alumna. Incluso aparecerse le hubiese parecido más emocionante aunque tenía que admitir que aquello empezaba a gustarle. Sentir el viento darle contra el rostro y agitar sus cabellos era algo que se sentía todos los días.

Miró de reojo al muchacho que había empezado a entonar la canción que sonaba a todo volumen en el coche, Under Pressure de Queen y que parecía saberse de memoria y cuando él la miró un segundo instintivamente esbozó una sonrisa encantadora. Siempre había sabido como encandilar al sexo opuesto y con un muggle tenía que decir que había sido muchísimo más fácil de lo que esperaba. Había caído enseguida bajó aquel hechizo que lanzaba con una sola mirada.

Cualquiera podría pensar que Maya Fey había perdido la cabeza viajando en un coche con un muggle y no un muggle cualquiera, no, era una brigadista. Maya solo estaba haciendo lo que siempre le habían dicho que tenía que hacer “Mantén a tus amigos cerca pero aún más a tus enemigos” ¿Podía acaso tenerle más cerca que babeando literalmente por ella? No. Maya sabía que no.

Claro que Jack no conocía a Maya Fey, para él ella era Hanna Monroe, aquella muchachita perdida que había conocido una tarde en el Soho y a la que aparentemente le habían robado el bolso (un truquito sin importancia de la semiveela). De allí pasaron a darle ella las gracias por “rescatarla”, un café.... fase del tonteo y Maya podía decir que lo tenía en el bote. Poco tiempo había pasado hasta que el chico alardease de su posición y le comentase que era Brigadista.

¡Conseguido! En aquel momento Maya había esbozado la mayor sonrisa por dentro que había esbozado en meses. Aquello era lo mejor de infiltrarse sin implicarse emocionalmente.

- Vaya... – Exclamó fingiendo de una manera soberbia sorpresa ante la vista del castillo cuando Jack aparcó cerca de las puertas de roble. La muchacha se levantó las gafas de sol con cuidado dejando que sus ojos marrones recorrieran aquel castillo como si fuera la primera vez que lo hacían, escondiendo cualquier muestra de nostalgia o añoranza en sus orbes - ¿Y dices que aquí daban clases? Un lugar un poco apartado... demasiado lejos de las tiendas – Esbozó otra sonrisa mirando al chico, como si fuese una auténtica frívola a la que lo único que le importaba era ir bonita y poder tener toda la ropa que quisiera. – ¿De verdad no te dirán nada por haberme traído? No quisiera ser un estorbo... – Comentó con un tono inocente impregnado en su voz mientras volvía a echar un vistazo a aquel amado castillo.

Lo que daría por volver a entrar en la sala común de Slytherin.

Javier Castaño - August 6, 2011 03:43 PM (GMT)
La segunda planta estaba demasiado tranquila. Demasiado, quizás. Aunque la misión era potencialmente peligrosa, no se había pensado el dos veces venir a conseguir la pluma; no podía dejar que aquellos jovencitos se encargaran solos de conseguir algo tan valioso para el Movimiento. Porque le daba igual lo que iban a decir sobre la pluma, ese artefacto era demasiado importante como para dejarlo en sus manos, Melinda sabría que hacer con ella. Ellos no.

Nunca se había querido involucrar demasiado en los planes del Movimiento, era bien sabido que no era demasiado bueno trazando planes, siempre había sido por decirlo de algún modo, la mano ejecutora y nada más. Claro que opinaba y sus opiniones eran bien recibidas, pero nunca eran lo suficientemente inteligentes como para llevarlas a cabo. Su trabajo era sacar garras y dientes como buen león que era, pero nada más. No era su culpa, no era la de nadie, era poco inteligente y lo tenía más que aceptado.

Pero ese silencio que reinaba el pasillo... Le ponía los pelos de punta. Tenía la varita en la mano, fuertemente cogida, pero si alguien se acercaba no iba a usarla, se transformaría directamente y se lo comería si hacía falta. Esa noche no tendría escrúpulos, por nada ni por nadie, le daban igual los muggles esa noche, no iba a permitir dejar en sus manos a los bebés mágicos, no lo iba a hacer ni loco.

Porque pensaba en los bebés, en todas las atrocidades que La Brigada sería capaz de hacerles, porque si le habían hecho eso a Gwendolyn, no podía ni imaginarse que les haría a los demás. ¿Les matarían a sangre fría? ¿Les robarían la esencia que les harían diferentes a los demás? ¿Incluso matarían a sus padres? Cada idea que le venía era cada vez más atroz y eso era algo que le provocaba náuseas.

Eran monstruos, monstruos que merecían lo peor del mundo, igual que les estaban haciendo a ellos. Y lo peor era que sabía que no todos los muggles no eran así, lo sabía porque había trabajado tanto con muggles como con magos en su anterior trabajo, cuando se dedicaba a fortalecer relaciones... Pero el tumor se expandió sin él poder evitarlo y no podía evitar sentirse culpable.

Javier Castaño, quien hacía conferencias para la unión pacífica entre muggles y magos, convertido en un asesino a ojos de aquellos que ven la televisión y no pueden dar crédito a los asesinatos a manos de varitas y hechizos. ¿Qué pensarían de él aquella gente? ¿Qué pensarían...?


Jacques Lompard - August 14, 2011 01:03 PM (GMT)
Aquellas palabras se le habían clavado como puñales helados y en ese momento su sangre comenzaba a arder. Las cicatrices aún estaban presentes y la mayoría de veces escocían con la presencia de la rubia.- Sí, eres una bocazas. - No se pudo contener. Y pensar que tiempo atrás ni siquiera se había dado cuenta de aquel lado de la personalidad de Sunday, encontrandolo muchas veces incluso enternecedor. ¿No era eso amor? ¿Cuando los “defectos” de una persona pasaban desapercibidos por los ojos enamorados e incluso en casos extremos se tergiversaban para convertirse en adorables “manias”? - ¿Por eso me...? ¿Porque le conociste a él? - Mihjail no era un desconocido para Jacques, ya había visto por Londres acompañando a Wendolyn pero (quizá inútil de él) jamás lo había visto nada raro en el comportamiento de ambos cuando se encontraban juntos. Y quizá era el ruso la pieza que le faltaba para terminar el puzzle. Pues aunque había pasado tanto tiempo, eso no significaba que las palabras dolieran menos. Si había una cosa que conseguía sacar de sus casillas a Jacques era no comprender. Por esa misma razón se llevaba tan mal con su primo Desmond: jamás había conseguido sacar un patrón de él, siempre tan bipolar e impredecible. Y el final de su relación con Sunday era quizá lo más incomprensible con lo que se había encontrado jamás. ¿No estaban bien? ¡ÉL ESTABA BIEN! - Puedes decírmelo... No me enfadaré. - ¡Una razón clara y lógica! ¡Era lo único que pedía! Debía de ser más fácil aceptar que simplemente había conocido a otra persona con la que congeniaba mejor que plantearse que podía haber hecho mal, o peor, que había de malo en él. Sus ojos verdes buscaron por primera vez la mirada directa de Sunday, quizá con la falsa idea de que en ellos podría leer la verdad con la misma claridad que lo hubiera hecho años atrás.

Fue entonces cuando oyó una voz que le resultó familiar y que al principio le arrancó una fina sonrisa. ¡Era como estar en los viejos tiempos! Pero aquella vez... ¡PEEVES! Lompard. Goldman. Eso significaba que Carol ya había llegado, seguramente con Michael... ¡Por toda la magia! ¡Su padre los iba a matar! ¡Su madre los iba a torturar de por vida! Y aunque Jacques jamás pensó que existiera algo que temería más que la ira de sus progenitores... ¡Los brigadistas podrían hacer algo peor! ¡Mucho peor! Había escuchado la historia de Wendolyn de primera mano y se le erizaban los cabellos solo de pensarlo. ¿Como debía de ser perder algo que formaba parte de tu ser y de tu vida desde...? ¡Siempre! El joven agachó instintivamente su mirada hasta su mano, la cual, tras un rápido y automático movimiento, sostenía su varita.

“¿Quién anda ahí?” No había tiempo para divagaciones.
- Fermaportus. - Intentó conjurar haciendo la floritura correspondiente con un gracil movimiento de muñeca. - Contra la pared. - Susurró con voz decidida mientras él mismo daba un par de zancadas , lo más silenciosas posibles para pegar su espada al muro de piedra escondiéndose así de cualquier mirada dirigida desde el exterior si no se había abierto la puerta.

Savannah O'Hara - August 15, 2011 01:09 PM (GMT)
Savannah miró con ojos curiosos a la muggle. No tenía ni idea de cual iba a ser su reacción y temió que llamase a alguien, quizá por eso le sorprendió que le aconsejara guarda la varita.

Sí, es posible que tengas razón... - Dijo con cautela mientras guardaba la varita tranquilamente en el bolsillo y volvía sus ojos celestes otra vez a la muchacha - Es que nunca antes me había encontrado a Brigadistas por Hogwarts. Al menos no en las últimas veces que había visitado el castillo o había estado con los Thestrals. Los días que había advertido que había brigadistas en la zona, automáticamente había dado media vuelta y había regresado a casa. Aquel día, simplemente le había entrado curiosidad, decidiendo arriesgarse. No podía estar huyendo eternamente, ¿no? -[color=white] ¿Por qué no me delatas? - Se suponía que eran enemigos, ¿no? Además, si aparecía alguno de los suyos ¿qué iba a decirles? - Puedes meterte en problemas – Vamos, al menos eso pensaba ella. ¿De verdad se iba a meter en problemas por una bruja? No sabía si pensar que era un acto digno de una persona sin mucho sentido común o de una persona valiente.

Decidió no decir más y fingir que estaba mirando los premios expuestos detrás de las vitrinas. A veces le daba pena no haber podido llegar a ser ninguna de esas personas premiadas (ojalá no hubieran cerrado Hogwarts... ¡Podría haber tenido una oportunidad!) pero era consciente de que en la vida nunca se podía tener todo.

Premios Anuales. Se les concedían a los alumnos que habían sacado excelentes notas durante el último año aquí... - Comentó mientras sus ojos celestes iban por la lista – A esta chica la conozco: Caroline Lompard. Es muy buena pocionista... - Aunque ahora que se paraba a pensarlo. ¿A aquella muggle que más le daba lo que fueran los Premios Anuales y quién fuera Lompard? Se llevó una mano al larguísimo cabello pelirrojo mirándola de soslayo. Oía unas pisadas que se acercaban, pero... Tenía la sensación de que caminaban con tranquilidad. Demasiada tranquilidad.

Podría haber salido de aquella habitación unas cuantas veces ya y con los “trucos” que sabía del castillo, quizá incluso estaría en otra planta distinta bastante alejada de la Sala de los Trofeos.

Fue entonces cuando una de aquellas visiones inesperadas invadió su cabeza mostrandole imágenes en blanco y negro... No era la primera vez que le pasaba así que su reacción fue muy distinta a aquellas primeras veces. Simplemente se quedó en trance para las personas de su alrededor en este caso Phoebe. Para ella era como ver una película muggle antigua.

Estaba en Hogwarts. El último director caminaba delante de ella con decisión y saludaba a los alumnos que pasaban por su lado con la sonrisa de siempre. Caminó hasta el segundo piso. El pasillo de la gárgola. Aquella tras la cual se hallaba el despacho del director donde tantos alumnos ansiaban entrar (por curiosidad... nadie quería entrar porque le hubiese caído un marrón, precisamente).

Andrómeda.

Esa fue la única palabra que salió de sus labios y lo último que oyó Savannah antes de volver a la Sala de los Trofeos - ¿Andrómeda? - Susurró desconcertada, pero enseguida cayó en la cuenta: Andrómeda era la contraseña para acceder al despacho. Lo que no lograba entender era porque ahora se le aparecía aquello.

Mihjail Vasiliev - August 15, 2011 01:50 PM (GMT)
Mihjail revisó de nuevo la lista. En ella tenia apuntada la última información que había conseguido recopilar sobre el último director de Hogwarts.

- Lansbury: el pueblo donde su familia pasó las vacaciones de 1987. (X)
- Astronomia: la asignatura que impartió cuando era profesor. (X)
- Sparkie: el nombre del sapo que tuvo a los 12 años. (X)
- Eva: Su hija. (X)
- Caramelos de Lima: sus favoritos según le había contado Jason Brown, un antiguo empleado de Honeydukes. (X)
- Cometa 260: su primera escoba. (X)
- Hufflepuff: la casa de Hogwarts de la que fue jefe durante quince años. (X)
- Jennifer: el nombre de su prima segunda con la que coincidió durante unos días en la acampada de las juventudes mágicas de 1954. (X)

Suspiró angustiado. Se le terminaban las ideas. Había pasado casi un mes desde que Tamara lo había citado para hablarle de aquellas imágenes que había extraído de la mente del teniente Grant; y aún no habían conseguido descifrar la palabra secreta que abría la gárgola del despacho del director. Tan cerca y a a la vez tan lejos de un hito tan importante. Y aún así en el tiempo que llevaban allí tan solo habían encontrado a una media docena de grupos de brigadistas. ¿Tan interesados estaban en encontrar aquello, fuera lo que fuera? ¿Y esos eran los únicos efectivos de los que disponían? A veces si lo pensaba fríamente llegaba a pensar que todo aquello era una locura: ¡estaban detrás de algo que ni ellos mismos sabían que era! Aunque algunos tenían sus sospechas, a cual más rebuscada y catastrófica.

Hablando de catástrofes: Peeves. ¿Lompard? Zeus no debía de estar allí ya había hecho guardia el día anterior. ¿Goldman? ¿O'Hara? What the hell...?

- ¡Al cuarto piso! ¡Por el tapiz de Barrabás! - Ordenó a Javier mientras comenzaba a correr.
Una armadura.
Dos.
Tres.
En la siguiente esquina encontraría el tapiz.

Los pies del ruso derraparon en el suelo levantando una pequeña nube de polvo. - ¡Piertotum Locomotor! (*) - Apuntó hacia una de las armaduras de piedra. - ¡Defended el cuarto piso! - Ordenó antes de perderse tras la tela para subir as escaleras de dos en dos, de aquel atajo que lo llevarían directos al cuarto piso. - Un momento... - Dijo con voz entrecortada cuando ambos llegaron las el tapiz que los ocultaba. No podían perder la ventaja de la sorpresa. - Da la vuelta, sube por las otras escaleras. - Le dijo al español posando una mano sobre su hombro y dedicándole una sonrisa tranquila. - Ten cuidado. - El ruso respiró hondo y se apuntó a si mismo. - Partis Temporus – Susurró con una floritura buscando crear una barrera de protección para cuando saliera de su escondite.

“¡Tirad las varitas y levantad las manos donde podamos verlas!”
- No. - Dijo con voz profunda apareciendo desde detrás de un grupo de brigadistas. - Tirad vosotros las armas. Estáis en inferioridad, hemos tomado el Castillo. - No era cierto (o quizá, sí, no sabía si su hechizo inicial había surtido efecto) pero ¿y si colaba...? ¡GENIAL! - Tenéis diez segundos.








(*) Siempre quise usar ese hechizo....

Sunday Dawson - August 15, 2011 11:50 PM (GMT)
Lo sabía. Sabía que era una bocazas, pero simplemente no podía evitarlo o al menos, en aquel momento no había podido evitarlo. Le había salido de forma natural, impulsiva. No era algo que se hubiera parado a pensar fríamente. Solo se había parado a pensar en las consecuencias de su bocaza cuando ya lo había dicho todo. ¿Y ahora? Se debatía entre decirle la verdad al galés o escudarse tras una mentira piadosa... Sentía que la segunda opción le ayudaría más que decirle simplemente que había sido algo complicado (cosa cierta) y no atreverse a admitir que simplemente había huido como una cobarde de sus sentimientos. Definitivamente ella no habría sido una buena Gryffindor.

- ¿Tan sencillo como eso? Boca de la perdición... Fue decir aquel “si” contundente y seguro que cayó en la cuenta de que por aquel entonces ella tenía dieciséis años y era menor de edad mientras que Mihjail... - No fue algo que buscase. No pretendía enamorarme de Mih..., no lo planeé, simplemente ocurrió y no pude hacer nada para evitarlo... - En realidad aquello era verdad. ¿Acaso de verdad podía haber planeado algo cómo lo que le había pasado con el ruso? - Lo siento...

En realidad lo que sentía era haberlo hecho daño por ser una cobarde, pero no iba a decirlo. Si conseguía mantener aquel pequeño secreto a salvo, mejor. De todos modos no tuvo tiempo de añadir mucho más a aquellas palabras, cuando oyó una voz que decía apellidos que le resultaban familiares (sobretodo Lompard) y que consiguió que intercambiase una mirada llena de curiosidad con Jacques.

¿Quién...? - La pregunta volvió a quedar en el aire cuando oyó una nueva voz al otro lado de la puerta que para su desgracia conocía demasiado bien – Rick – No pudo contener aquel susurro mientras veía a Jacques conjurar un Fermaportus.

Una acción bastante inteligente la de cerrarle la puerta en las narices, ahora solo faltaba ver si aquella idea del galés surtía efecto o no – Le conozco – Volvió a susurrar esta vez pegada a la pared como el ex-Ravenclaw le había ordenado (aquello a sus ojos no había sido un consejo) – Es el hermano mayor de una de mis amigas muggles...

La pregunta ahora era que demonios hacía Richard Moore en Hogwarts... y algo aún peor: ¿Estaría Phoebe con él? ¿Y si la descubrían y toda su tapadera se iba a la mierda? En ese momento se dijo a sí misma que tendría que haber hecho caso a Mihjail....

Ese tipo de posibles problemas no hubieran surgido.

Jack Tyrell - August 17, 2011 12:47 PM (GMT)
Al enterarse que ésa iba a ser una misión de reconocimiento y que iría gente que no pertenecía a la brigada le faltó tiempo para proponérselo a Hanna Monrose, una chica que había conocido por la calle y que no sabía cómo había conseguido meterse tan rápido en su cabeza. Generalmente Jack no se encariñaba… o tardaba mucho; pero Hanna en un día ya le tenía a sus pies.

- Si, ¿verdad que son raros? – Respondió a la pregunta de la chica una vez ya había parado el coche donde le había dado la gana. – Tranqui, iba a venir mucha gente inútil… tu nunca serías un estorbo. – Se apoyó en el asiento y la miró medio embobado. ¿eh? ¿Eso lo había dicho él? Mierda, le pasaba algo raro. - Bueno, bueno, bueno… vamos a encender esto.- Cambio de tema rápidamente mientras le daba al botón del Walkie que llevaba guardado. Parecía que todo estaba en orden, pues no se oían gritos, ni conversaciones, ni directrices.

No lo tendría que tener apagado, pero era peligroso conducir con esos aparatejos en marcha, ¿no? Eso se decía. En realidad las normas de tráfico y seguridad vial no le importaban mucho, pero tener la voz de Richard continuamente mandando órdenes cuando Jack llegaba tarde no le dejaba disfrutar ni de la carretera ni de la compañía.

Lo único que tendría que hacer ahora era localizar a los demás y encontrar la maldita pluma, asi podrían salir rápido de aquel castillo y seguir con su plan de conquista a corto plazo. Sonrió a Hanna mientras bajaba del coche y pensaba maneras para impresionarla. Dio la vuelta para abrirle la puerta a la chica; se inclinó a modo de reverencia y alargó el brazo izquierdo.

- Después de usted, señorita. – Un poco de broma no estaba mal nunca.

La siguió en silencio con las manos en los bolsillos, con la tranquilidad que le caracterizaba, en dirección a la entrada principal de la antigua escuela de pequeños locos. Tenía que reconocer que era impresionante, pero jamás lo diría en voz alta. Un par de pasos más adelante empezó a gritar una voz:

- ¡MAGOS EN LA CUARTA PLANTA JUNTO A LA BIBLIOTECA! ¡MAGOS EN LA CUARTA PLANTA JUNTO A LA BIBLIOTECA! ¡SE LA VAN A CARGAR! – Del susto, el Walkie le cayó al suelo. ¿De quién diablos era esa voz? - ¡Id!¡Subid y neutralizarlos! ¡Ahora! –Ésa era de Richard, inconfundiblemente.

Sonrió de lado satisfecho por tener marcha en su primera misión; creía que sería una aburrida misión de reconocimiento y resultaba que los magos se habían dignado a aparecer. Si seguían haciéndole interesantes las cosas quizás acabarían cayéndole bien… nah, eso no iba a ser posible.

- Vamos a cazar magos. – Disimuló su entusiasmo, tampoco había que parecer un psicópata. – He memorizado el mapa, sé donde hemos de ir.

La cogió de la muñeca y se lanzó a la carrera a través de la entrada, subió las escaleras casi de dos en dos durante los 4 pisos y giró hacia la biblioteca. No se paró a pensar en que Hanna no tenía que estar allí en ése momento y que podría poner en peligro la misión o la misma vida de la chica… al menos eso sería lo que tendría que haber pensado si no se hubiera dejado llevar por la emoción.

Cuando llegaron al último recodo que girar se paró en seco para cargar la pistola de dardos, haciendo el mínimo ruido posible, y entonces, al percibir el movimiento de ése pelo moreno que le encandilaba, se dio cuenta por fin del peligro que suponían sus ganas de lucirse ante la chica. Se estresó por una fracción de segundo, pero hizo lo que todo el mundo hace cuando no sabe qué hacer… echarle la culpa al otro.

- ¿Pero porque has venido conmigo? Es peligroso. – La miró a los ojos con preocupación. -Quédate aquí escondida, no mires, no digas nada, no te muevas… y si oyes gritos sales corriendo. – Le dio las llaves del coche para no sentirse tan mal. Le dio un beso y la separó un poco hacia atrás.

Sacó un poco la cabeza para estudiar la situación, con lo ocupados que estaban nadie se fijaría en una pequeña mancha rubia en una esquina. 6 brigadistas y 4 magos… pero uno especialmente peligroso por la posición que estaba. Desde su esquina tenía a tiro tanto a magos como compañeros; levantó el arma y disparó en dirección al mago que había hablado (Mih).

Michael Goldman - August 17, 2011 05:13 PM (GMT)
- ¿Para qué íbamos a leerlo? – Murmuró por lo bajo disfrutando del momento; no todos los días Caroline Lompard le daba la mano. – Que desagradable. – Mike dobló las rodillas al aparecerse, pero aún así no lo cayó de manera elegante.

Sin protestar más siguió a las chicas por el pueblo y a través del pasadizo custodiado por la chica de pelo rubio… que seguro que Caroline conocía. Iba cerrando la marcha tranquilamente, quizás por eso se quedó un poco atrás contemplando la sala de los menesteres; ¿Por qué todos tenían tantísimos recuerdos dentro de esa sala? Cuando se juntaban amigos, a la que bebían un poco y se ponían a contar batallitas, siempre acababa saliendo ésa sala en más de una historia… Mike lo entendía perfectamente, pero le parecía muy gracioso.

- Por allí había un pasadizo que salía cerca de la bruja ésa. – Señaló en dirección contraria a la que había tomado las chicas y ninguna de ellas le hizo caso; quizás no le habían oído, o quizás habían pasado de él. – En fin… - Se resignó sonriendo, sería agradable dar una vueltecita. – Caroline sabrá dónde va.

Pero no lo sabía.

- Mierda, tendrías que haberme escuchado… seguro que ibais hablando de tonterías. – Podía haber sonado como reproche si no fuera por el tono de voz que puso, se notaba que estaba de broma. – Ya solo nos queda un piso, vamos andando y recordando viejos tiempos… ¡Por ejemplo! – Señaló una esquina del pasillo. – En primero, aquí hice que el profesor de encantamientos tropezara y se le cayeran los libros… fue muy divertido. Que inocentes éramos.

Avanzó un poco más buscando con la mirada el siguiente punto importante de su vida cuando una conocida voz le sacó de sus recuerdos. Era una voz chillona y dada a la broma, que ya estaba delatando… ¿había dicho delatar?

- ¡Peeves! – Algo se le removió en el estomago, ése fantasma a nadie le caía bien, pero era parte del castillo. – No te preocupes, podemos malgastar un poco de alcohol en ti.

Aunque como de costumbre el fantasma pasó de él y empezó a gritar dando la voz de alarma. ¿Brigadistas? Genial, pues ahora sabían exactamente donde se encontraban ellos tres. En apenas unos momentos empezó a escuchar pasos que se acercaban corriendo por el pasillo, le dio tiempo a empuñar a varita y situarse delante de Caroline (¿Fue instinto o el intento de proteger a la novia de su amigo?) antes de que aparecieran 6 brigadistas. Lo que ellos no se esperaban era que apareciera Mihjail de detrás de un tapiz justo en el momento idóneo; no le había visto desde que entraron al cuartel de la Brigada, pero si seguía haciendo esas apariciones estelares acabaría siendo su modelo a seguir.

No perdió el tiempo, aprovechando la sorpresa de los otros conjuró:

- Partis temporum. – Ante todo la seguridad. Seguidamente apuntó al brigadista que tenía más cerca. – Bombarda maxima.

Caroline Lompard - August 17, 2011 06:44 PM (GMT)
No contestó a Michael, ni siquiera le había dado tiempo cuando apareció Peeves y les delató. Caroline ni siquiera tuvo oportunidad de rogarle que no dijera nada (aunque suponía que desde que no estaba el Barón Sanguinario por allí no servía de nada amenazarle) o como había hecho Michael, bromear.

Habría salido corriendo a cualquier parte de no ser porque casi en el acto se vieron rodeados por Brigadistas. Miró a ambos grupos y cuando oyó que les pedían que soltarán las armas intercambió una mirada con Daphne. No es que fuera de esas personas que se rendían con facilidad, no es que quisiera demostrarles miedo... pero por instinto empezó a agacharse para dejar la varita en el suelo justo delante de ella. Incluso la golpearía con el pie para alejarla de ella si hacía falta...

Al menos esa era su idea hasta que vio aparecer a Vasiliev y la reacción de Michael, la suya no se hizo de esperar y casi pareció que hubiese querido engañar a los Brigadistas fingiendo dejar la varita para atacarles cuando estaban confiados. – Protego Horribilis – Intentó conjurar para protegerse no solo a ella misma sino a sus dos amigos también, luego se incorporó ligeramente y apunto a los Brigadistas que estaban en el lado opuesto a donde se encontraba Mihjail – ¡Ictus Ventosa! – Con suerte gracias a ese hechizo se llevaría no solo a uno, quizá incluso a los tres por delante.

Incluso le dio tiempo a preguntarse que hacía el ruso en Hogwarts... y si tenía algo que ver con que su padre hubiese ido el día anterior al castillo. Sus padres últimamente cuchicheaban demasiado y no creía que fuese precisamente por el embarazo de su madre. No tenían nada que ocultarles al respecto, ¿no? Para ella bastante le habían ocultado ya al no decirles nada respecto a que quisieran tener otro hijo.

Story - August 17, 2011 06:46 PM (GMT)
Aula de Encantamientos: tercera planta.

La rapidez con la que actúa Jacques consigue que la puerta se cierre mágicamente sin posibilidad de momento de que se abra. Los muchachos pueden suspirar tranquilos e incluso permitirse una sonrisa cuando oyen aullar de dolor al otro lado a Richard Moore que ha tirado la pistola de tranquilizantes al suelo y se ha llevado la mano a la nariz que ha empezado a sangrar consecuencia del golpe recibido por la puerta (-3pvs). No obstante, las acciones del Brigadistas no terminan ahí puesto que se saca una pistola y sin vacilar, envuelto por la ira apunta a la puerta de madera a la que dispara hasta que se queda sin balas.

Jacques y Sunday confiados de haberse librado cometieron el error de moverse consecuencia que se vería cuando Richard comenzara a disparar, pues aunque casi todas las balas rebotaron contra la pared y los jóvenes se agacharon no impidió que una de las balas impactara contra Sunday* a la altura del estómago (-8pvs) haciendo que la rubia empezara a sangrar profusamente e incluso perdiese el equilibrio cayendo al suelo (-2pvs por turno). Jacques corrió con mejor suerte y una de ellas solo le rozó uno de los brazos (-2pvs)

- El de la tercera planta está abatido – Dijo con una sonrisa perversa a través del Walkie sin saber a ciencia cierta si lo había matado. No podia haber fallado.

Richard Moore: 24pvs.
Jacques Lompard: 19 pvs.
Sunday Dawson: 9pvs. (-2pvs por turno)


*Tirada de destreza 1d6 + Modificador
Jacques Lompard = 4+2=6
Sunday Dawson = 1+2= 3

Pasillo de la Biblioteca: cuarta planta

Antes de que ninguno de los tres magos que se encuentran en el pasillo de la Biblioteca reaccionen aparece Mihjail Vasiliev detrás de uno de los grupos de tres Brigadistas que rodean a los muchachos. Para suerte de los mágicos congregados en el piso el ruso no ha venido solo ya que el hechizo que había lanzado a la armadura del segundo piso había funcionado y le había acompañado hasta el cuarto piso que no duda y lanza a uno de los Brigadistas que tiene cerca contra la pared dejándolo inconsciente (3 turnos) y posiblemente con algún que otro hueso roto (-7pvs.)

De los tres chicos el primero en reaccionar después de la llegada de Mihjail es Michael que intenta conjurar el mismo hechizo protector que había intentado conjurar el ruso, pero falla en su conjuración de forma parecida al ruso. El intentó por lanzar un Bombarda Maxima a uno de los Brigadistas y hacerlo estallar literalmente queda en eso, un simple intento, ya que la varita de Michael no parece estar muy por la labor.

Caroline Lompard que cuando había oído que los Brigadistas decían que soltaran las armas, se había agachado para dejar la varita en el suelo aprovecha el momento para conjurar un Protego Horribilis que además les servirá de escudo tanto a ella como a Daphne y Michael durante varios minutos (Crítico Grado 41) aunque eso no impide que uno de los Brigadistas actúe más rápido que ella y disparé impactando en Daphne dejándole inconsciente (1 turno). Además la castaña lanza una ráfaga de viento hacía los Brigadistas que están en el lado opuesto a Mihjail llevándose a dos por delante que se dan contra el suelo (-2pvs y 2 turnos inconscientes).

Por su parte Jack Tyrell que intenta dejar fuera de combate a Mihjail falla por poco su disparo dejando en su lugar a uno de los Brigadistas inconsciente (1 turno).

Mihjail Vasiliev: 27 pvs.
Caroline Lompard: 19pvs. Protegida 6 turnos.
Michael Goldman : 23pvs. Protegido 6 turnos.
Daphne Delacour: 16 pvs. 1 turno inconsciente. Protegida 6 turnos.
Jack Tyrell : 20pvs.
Maya Fey: 23pvs.
Vicktoria Böhm: 16pvs.
Javier Castaño: 32pvs.
Armadura de Hogwarts: 40pvs.
Brigadista 1: 29 pvs. Inconsciente 2 turnos.
Brigadista 2: 25 pvs. Inconsciente 2 turnos.
Brigadista 3: 28 pvs.
Brigadista 4: 13 pvs. Inconsciente 3 turnos.
Brigadista 5: 25pvs. Inconsciente 1 turno.
Brigadista 6: 32 pvs.


Sala de Trofeos: tercera planta

Savannah y Phoebe siguen cacareando ajenas a lo que pasa en el resto del castillo hasta que oyen los disparos de Richard en la misma planta en la que se encuentran. Cosa que posiblemente han oído desde la planta superior también.

Phoebe Moore - August 17, 2011 08:47 PM (GMT)
Observó como la pelirroja hacía caso a su consejo y se guardaba la varita en uno de los bolsillos del pantalón. Por lo menos así había un menor riesgo de que la bruja le lanzara algún hechizo de esos que tenían aunque eso no quería decir que Phoebe estuviese bajando la guardia puesto que la tendría bien vigilada por si acaso la chica se rebelaba contra ella.

Cuando la muchacha comenzó a hablar, a cada palabra que soltaba Phoebe lo iba flipando cada vez más. ¿Cuántas veces se había aventurado en el castillo? ¿Thestrals qué? ¿Qué demonios era eso? Y lo más importante, ¿merodearían por el castillo a sus anchas? Lo primero que pensó la joven fue: ¡Oh Dios mío! ¿Y si la joven había venido con una cosa de esas? Phoebe comenzó a mirar a su alrededor sin saber exactamente qué esperaba encontrarse hasta que la bruja dijo algo que la hizo detenerse de inmediato.

- ¿Cómo? – Se la quedó mirando atónita. ¿De verdad le preocupaba si se metía en problemas? ¿Ella, una simple mortal? – Bueno, si prefieres que llame a un brigadista y pida refuerzos aún estoy a tiempo de hacerlo pero entonces tú estarías en un problema mucho mayor. Créeme

La pelirroja se volvió hacia las vitrinas tras las cuales estaban expuestos los diferentes premios mientras que Phoebe seguía con los ojos clavados en ella. La expresión de su rostro denotaba algo así como nostalgia mientras pasaba la mirada de un trofeo a otro por lo que Phoebe, que no sabía qué decirle, se disponía a preguntarle si ella había esperado ganar uno cuando la bruja empezó a contarle la historia de los trofeos. La castaña tan sólo asentía con la cabeza de vez en cuando.

Siempre se había preguntado cómo reaccionaría de estar frente a un mago de esos y lo cierto es que nunca se lo había imaginado así. La situación era totalmente absurda. Se suponía que había más brigadistas de lo normal ese día, que debería de estar buscando una pluma mágica pero en lugar de eso estaba hablando con una chica que no conocía de nada y además era bruja. ¿Era aquello normal? Para nada pero en aquellos momentos a Phoebe no le importaba lo más mínimo. Y mientras pensaba en eso, una voz estridente comenzó a gritar sobresaltándola. ¿Magos? ¿Cuarta planta? ¿Cómo…?

- ¡TÚ! - Phoebe taladró con la mirada a la pelirroja a la vez que daba unos pasos hacia atrás y la señalaba – ¿Lo sabíais? ¿Sabíais que íbamos a venir aquí a buscarla? Pero, ¿cómo? No es posible

No tenía sentido. Era improbable que se hubiesen enterado de que estaban buscando la pluma pero entonces, ¿qué hacían más magos en el castillo? ¿y por qué habían dejado a una niña sola? Mierda. ¿Y si había aparecido para entretenerla? Pero entonces… ¿la habría atacado con la varita no? Nada tenía sentido, la cabeza empezaba a darle vueltas y para colmo la bruja ni le respondía. La bruja. Phoebe se fijó en que se había quedado paralizada, ¿quizás no sabía que había más como ella allí?

- Oye, ¿te encuentras bien? ¿Hola? – La muchacha movió una mano por delante de la pelirroja pero nada, como si no estuviera. Phoebe ya no sabía qué hacer con ella incluso comenzó a zarandearla sin éxito. Pero tras un par de minutos la chica volvió en sí diciendo tan sólo Andrómeda.

- ¿Andrómeda? ¿Ella os ha dicho que veníamos? – ¿Quién era Andrómeda?

La joven la miraba sin entender y esperando una respuesta por su parte pero el sonido de múltiples disparos volvieron a sobresaltarla e hicieron que se olvidara de lo que acababa de ocurrirle a la pelirroja. Richard. Si veían a la chica ¿le dispararían? No se fiaba mucho de ella pero era tan sólo una niña.

- Tengo que sacarte de aquí

Y sin más dilación, Phoebe agarró de la muñeca a la bruja y salió disparada de la sala de trofeos hacia las escaleras con la intención de llegar a la planta baja y dejar que se marchara.


Savannah O'Hara - August 19, 2011 06:52 PM (GMT)
- Me he perdido – Dijo con total sinceridad la pelirroja mientras miraba a la chica. ¿A qué venía toda aquella especie de interrogatorio? Además... - ¡Este lugar es nuestro! No deberíais meter las narices donde no os concierne. Ellos no deberían – Añadió refiriéndose obviamente a los Brigadistas. ¿Por qué tenían que ir allí y allanar aquel lugar de aquella manera? ¿No les había bastado con quitarles la oportunidad de seguir estudiando allí? ¿No les bastaba con haber hecho que se escondieran? Bufó molesta mientras se cruzaba de brazos. Quizá no debería haber dicho todo aquello, en realidad era raro que hubiese perdido aquella tranquilidad que poseía.

Sí Andrómeda había dicho, ¿qué? - ¡No! Andrómeda es una constelación – Respondió. ¿Tan poco sabían los muggles de los astros y los mapas lunares y celestes? Si que estaban retrasados en el tema pues... – No conozco a nadie que se llame Andrómeda...

Hubiese seguido justificándose de no ser por aquellos sonidos que llenaron el ambiente y que parecieron poner en alerta a la muchacha de cabellos castaños. “Tengo que sacarte de aquí” y acto seguido notó como la tomaba de la muñeca y tiraba de ella fuera conduciéndola por las escaleras que llevaban al segundo piso momento en que detuvo a la chica.

- ¡Eh! Yo conozco este castillo mejor que tú, ¿recuerdas? Los Brigadistas se creen que lo saben todo pero este lugar esconde más secretos de los que se pueden imaginar. Cosas que solo nosotros sabemos – Miró hacía un lado del pasillo cayendo en la cuenta de que estaba cerca del despacho del director – Tengo una idea mejor, vamos...

Todo tiene una razón de ser y esa visión tenía que tener una. ¿Y si tenía algo que ver con lo que ellos estaban buscando?

Enfiló el pasillo aprisa y al doblar la esquina encontró al final del pasillo aquella gárgola que daba paso a las escaleras que conducían al despacho del antiguo director de Hogwarts. Se encontraba en el mismo pasillo de su visión.

- ¿Qué es exactamente lo que están buscando? Porque sea lo que sea tiene que estar allí – ¿Sino por qué justo sabía ella en ese momento como se entraba en el despacho del director? Pero eso... Eso no iba a decírselo a la muchacha. No confiaba en ella lo suficiente como para decirle que ella sabía entrar - ¿Tú también quieres que puedan acabar con todos nosotros? Porque si lo que buscan es tan importante puede que pueda destruirnos... No voy a ser yo la que les de la llave para entrar.... Y no intentes mentirme lo sabré.

Había mentido. Ella no tenía aquella habilidad pero eso la muchacha no lo sabía y era un punto a su favor, ¿no?

Sunday Dawson - August 19, 2011 09:07 PM (GMT)
- Menos mal... – Susurró la muchacha cuando se aseguró de que Jacques había conseguido cerrar la puerta aunque realmente el aullido de dolor de Richard la sacó de toda duda. Tal y como había deducido la puerta le había dado en toda la nariz y ahora debía de estar incluso sangrándole. No supo por qué pero se alegró por ello, posiblemente porque pensase que los iba a dejar en paz.

No supo lo equivocada que estaba hasta que tras separarse de la pared con cierta confianza oyó un sonido metálico al otro lado. Uno que había oído muchas veces en las películas muggles y cuando oyó el primer disparo (tenía sus ventajas que sus amigas fueran de ver películas de acción) lo primero que se le ocurrió fue dirigirse a Jacques - ¡Agáchate! – Aunque no estaba segura de que con aquel sonido ensordecedor la hubiese oído.

Ella lo hizo aunque en cuanto los disparos cesaron y levantó la mirada incorporándose se dio cuenta de que eso no había bastado. No lo había notado. No lo notó hasta ese momento cuando un dolor agudo la invadió a la altura del estómago y la hizo gemir. Notó algo húmedo que le manchaba la ropa e instintivamente se llevó ambas manos hasta aquel punto, separándolas a los pocos segundos y mirándolas. Estaban manchadas de sangre, de su propia sangre.

Empezaron a temblarle al igual que las piernas y unas lágrimas fruto del pánico y del dolor empezaron a brotar de sus ojos – Jacques... Jacques... – Era lo único que se le ocurrió en aquel momento. Llamar a la única persona que estaba en esos momentos con ella mientras la visión de sus manos llenas de sangre y saber que la habían disparado invadía su mente. A los pocos segundos perdió el equilibrio cayendo al suelo mientras se volvía a llevar las manos a la herida y buscaba con sus ojos azules los verdes de Jacques.

Había visto aquello muchas veces en la ficción pero nunca imaginó que pudiera ser tan impactante en la realidad y que la hiciera entrar en pánico de una forma tan rápida. ¿Y si perdía demasiada sangre y...? La vida esta tan llena de “Y si” que solo pensar en todas las posibilidades que seguían ahora a esas dos palabras la hicieron estremecer. Sentía como la sangre seguía empapando su ropa y la mancha roja se extendía con rapidez.

¿Y si por culpa de aquella bala no volvía a ver a su madre? ¿Y si aquel adiós hubiese sido el último que le dirigiera? ¿Y si aquella noche dos días atrás hubiese sido la última que pasaría con Mihjail? ¿Y si no volvía a verles más? No podría decirles una vez más lo mucho que les quería y solo la simple idea la aterraba de una manera que jamás imaginó que le pudiera aterrar algo.

- No quiero... – No quería irse para siempre. No quería que un acto tan tonto acabara con ella. Hasta ese preciso momento no se dio cuenta de por qué el ruso había insistido tanto en que no fuera a Hogwarts... Tendría que haberle hecho caso y en esos precisos instantes no estaría en aquella situación que cada vez le daba más miedo.

Michael Goldman - August 21, 2011 05:08 PM (GMT)
Miró durante una fracción de segundo a su varita con enfado culpándola de la ineficiencia; vale, quizás no solo había sido culpa de la varita y se estaba preocupando más por otras cosas (o personas) que por conjurar correctamente. Para su suerte el ataque de Caroline había sido más efectivo y de algún rincón habían disparado dejando a un brigadista inconciente.

- Que lista nos salió la prefecta. – Bromeó con Caroline dándole golpecitos en la cabeza. Con el susto que se habían metido de golpe con la aparición de los brigadistas había que mantener el humor, ésa era la idea de Mike.

Dejó la mochila en el suelo para tener más movilidad y dio unos golpecitos con la varita sobre su mano. ¡Ahora tenían ventaja! Solo quedaban 2 de ellos en pie, cuando eran 3 magos.

- Pullus. – Apuntó a uno de los brigadistas sin pensar.

“Em…vale, no ha sido uno de mis mejores momentos” Antes de lanzar otro hechizo a la ligera pensó que sería más útil; pensó en crear una barrera de fuego que no se apagara, pero eso dejaría al ruso a un lado con los brigadistas y a ellos dos más la inconsciente Daphne al otro, cosa que no era muy inteligente. Y hacer un encantamiento atmosférico para crear humo tampoco era lo más indicado…

Pues lo más práctico sería atacarles uno a uno. Apuntó al arma de uno de los brigadistas que quedaba en pie:- Confringo.

Jacques Lompard - August 21, 2011 07:25 PM (GMT)
Bueno, ya tenía su razón lógica.


Pues no se encontraba mejor.

Que Jacques se confiará de salir de su escondite no significaba que soltara la varita, ni mucho menos, siguió manteniendo aquella posición de defensa hasta que los tiros comenzaron a sonar. Sí, él también los había oído solo en las peliculas. Su primera reacción fue mover la varita delante suyo intento conjurar pero las palabras se quedaron atoradas en el fondo de su garganta. - Ar... Aresto... - Y notó al instante como si algo le hubiera mordido el brazo (mucho más doloroso que un gnomo de jardín, sin duda) e instintivamente se llevó la mano a la herida que aunque no era nada grave escocía horrores.

- Hijo de... - Empezó a murmurar cuando oyó la voz de Sunday llamando su nombre.

Y entonces si le pareció que había conseguido conjurar el “Aresto Momentum” porque cuando se giró, vio impotente como Sunday caía hacia atrás a cámara lenta mientras la mancha de su abdomen iba poco a poco creciendo y tintando su ropa y sus manos de carmesí.

El gales cayó de rodillas a su lado, ya daba igual donde estaban, que volvieran a disparar, que los capturan, que le arrebataran la magia... Todo eso ya no importaba. No, si importaba, ¿qué pasaba si aquel chalado volvía? ¿Y si él caía también herido? ¿Quién los sacaría de allí? - Protego. - Intentó conjurar apuntando hacia la puerta.

“No quiero...”
Morir, rellenó la mente de Jacques que al instante se volvió hacia aquellos ojos azules.
- Tranquila, todo va a ir bien. Estoy aquí contigo. - Necesitaba al Jacques calmado, al frío, al medimago que lo tenía todo controlado, pero en cambio sus manos temblaban ligeramente cuando apartó las de Sunday para poder observar mejor la herida. Con cuidado coló una mano entre el suelo y la espalda de la muchacha para constatar la mala noticia. - Vale, la bala no ha salido, pero no pasa nada, la sacaremos. - Una de sus manos se posó sobre su abdomen y la otra tomo la varita con toda la fuerza de la que fue capaz de reunir. - Cuéntame algo... - Tragó saliva. - ¿Cómo se llama tu amiga muggle? … ¿Es guapa? ¿Está soltera? Ya sabes que las prefiero morenas.

Y empezó a contar hasta tres.
Uno.
Dos.
Tres.
- Accio bala. - Murmuró entre dientes después de colocar la varita en posición vertical, buscando seguir la trayectoria que había seguido el proyectil para así hacer el menor daño posible en su camino a la salida.

Veronika Derevko - August 21, 2011 07:43 PM (GMT)
Veronika caminaba con tranquilidad por aquellos pasillos. Había oído hablar desde pequeña de aquel lugar, ¿cómo no siendo sus padres quienes eran? Magos ambos y sin embargo ella había salido como un ser no mágico. Toda una desgracia para la familia que casi enseguida la marginó haciendo que en la aún pequeña morena naciera un odio irrefutable hacia la comunidad mágica.

No había sido hasta el famoso Incidente Rusell que creyó fervientemente que todo aquello que quería podía hacerse realidad así que, siendo que vivía en Londres desde hacía años, en cuanto empezó a formarse la Brigada no lo dudó e hizo las oposiciones. Por eso estaba donde estaba en ese momento. Por eso había llegado hasta allí.

¿Sus padres? No sabía dónde estaban y poco le importaba, cuando había alcanzado la mayoría de edad se había ido de casa y se había arreglado la vida como podía, trabajando en diferentes lugares de camarera, vendedora de discos e incluso durante un tiempo estuvo en más de dos empleos a la vez. Toda una pluriempleada. De todos modos sus padres no estarían orgullosos de ella. Nunca lo habían estado.

Allí estaba Jack Tyrell acompañado de una chica que no había visto nunca y que le hizo apretar los labios mientras se acercaba con sigilo hasta ellos. Había oído el resultado de algunos hechizos en aquel pasillo - ¿Qué haces aquí escondido? ¿Acaso eres un cobarde? – Le preguntó la mujer mirándole con sus ojos castaños durante unos segundos... ¡Había que ver la panda de incompetentes que había elegido Richard para eso! Meneó la cabeza antes de salir al pasillo donde estaba aquel joven que no debía de ser mucho mayor que ella y soltó una carcajada parecida a una burla.

- ¿Habéis tomado el castillo? ¿Quiénes? ¿Una armadura de piedra, niños de primaria y tú? – Le preguntó mientras se acercaba a uno de sus compañeros. – No me hagas reír. – La morena le miró durante unos segundos antes de volver la mirada hacia el grupo de adolescentes una de las cuales yacía inconsciente en el piso. Estaba a punto de decir algo cuando oyó los disparos y chasqueó la lengua molesta. Richard y sus impulsos violentos – Oh vaya... Creo que alguien ha caído y dudo que sea de los nuestros – Lo dijo con tranquilidad y casi al instante la voz por el Walkie de Richard lo confirmó.

¿Lo habría confirmado? ¡Qué más daba!

La joven de ojos castaños sacó entonces un bote relleno de un líquido transparente que parecía inofensivo. Nada más alejado de la realidad. Solo esperaba que su puntería no le fallase y alcanzar aquella armadura con la poción. Así quizá se quitaban un problema de encima.


Mihjail Vasiliev - August 21, 2011 08:37 PM (GMT)
Mihjail rodó sobre si mismo cuando oyó y vio que el disparó que iba hacia él impactaba en un brigadista justo enfrente suyo. No había demasiado sitio donde esconderse, excepto la armadura, por supuesto. - ¡Caroline! ¡Michael! - Los llamó a ambos advirtiéndolos de la llegada de refuerzos por su espalda y quizá también esperando algún tipo de ayuda con el brigadista que le quedaba. - ¡Desmaius!

¿Hablar? ¿Quería hablar? ¡Genial!

- Ríete, pero sois vosotros los que estáis en inferioridad. No deberías despreciar a aquellos que han acabado con tus amigotes. - Dijo con una sonrisa de medio lado al tiempo que extendía sus brazos en cruz y salía desde detrás de su escondite. Un cara a cara. Juego limpio. Si ella lo hacía, él no la iba a privar de ese “placer”. Sus ojos se fijaron unos segundos en la esquina desde la cual intuía que le habían disparado antes. ¿Habría sido ella? Eso ya daba igual. Ahora solo eran ella y él. - Y menos sin haber demostrado que no eres tan inepta como ellos.

¿Dónde estaba Javier? ¿Habría sido a él a quién habían disparado en la tercera planta? Apretó con fuerza la varita en su mano y mantuvo fija su mirada aguamarina en Veronika. Notaba como el corazón le latía a mil por hora y como la sangre bombeaba en su sien.

Y entonces llegó el momento.

Fuera lo que fuera aquello no quería que se acercará a él ni a los suyos. Sí, a los suyos, porque para él ya no eran más que un puñado de pueblerinos... ¡No era momento para sentimentalismos! - ¡Filipendo! - Bramó a pleno pulmón apuntando hacia el pequeño recipiente que volaba por los aires.

Pero sí, era el momento de los sentimentalismos, porque los ojos azules de Sunday se volcaron en la mente del ruso, totalmente ajeno a que la muchacha se debatía entre la vida y la muerte a tan solo unos metros de distancia.

Caroline Lompard - August 21, 2011 09:27 PM (GMT)
No esperaba menos así que cuando vio a los Brigadistas volar por los aires sonrió ampliamente y aún más cuando el escudo los envolvió a los tres muy a pesar de que Daphne había caído al suelo. A sabiendas de que no podían hacerles nada se acercó hasta su amiga para comprobar que solo estaba desmayada, soltando un suspiro en cuanto estuvo segura de ello.

Levantó la mirada cuando oyó el “Pullus” que soltaba Michael sin poder creerse lo que sus oídos acaban de oír. ¿En serio había lanzado ESE hechizo? No sabía si pensar que había perdido la cabeza o que ciertamente era el primer hechizo que se le había ido a la cabeza. Negó con la cabeza.... Aunque tenía que admitir que el segundo hechizo que lanzó era mucho mejor.

- ¡Petrificus Totalus! – Intentó conjurar ella apuntando al Brigadista que quedaba justo detrás de ellos pocos segundos antes de que apareciera aquella mujer. ¿Niños de primaria? A ella le enseñaría lo que “esta” niña de primaria era capaz de hacer. La miró mientras observaba también a Mihjail arqueando las cejas. A veces no entendía nada...

¿Disparos? Parecían provenir de abajo y cuando oyó a aquella mujer decir que creía que alguien había caído se le heló la sangre, pero lo que consiguió que se quedará sin aire unos segundos fue aquella voz de hombre (y con un toque psicópata) diciendo a través de aquel aparato que el de la tercera planta había caído.

Entrada a Hogwarts por el túnel de Hogsmeade. La gárgola de la bruja tuerta. Tercera planta. Jacques y Sunday habían entrado por la tercera planta. Habían dicho de reunirse en aquella planta. Ellos iban de camino a la tercera planta cuando Peeves alertó a los Brigadistas.

¿Qué le importaba la protección? Con pasos decididos y sus ojos azules brillando de ira la muchacha salió del escudo protector que ella misma había creado. Le daba igual lo demás... Su hermano podía estar herido. Herido, porque no quería ponerse en lo peor. Eso era lo único que le importaba.

- Como les haya pasado algo a mi hermano o a Sunday, te parto el cráneo, maldita zorra – Le dijo con la ira impregnada en su voz cuando llegó a la altura de Mihjail aunque sin apartar sus orbes azules de Veronika hacía quien apunto la varita. Poco le importaba que el ruso también le hubiese lanzado algo. Solo por si acaso. Y decidió sacar lo peor de ella - ¡Sectusempra! – Poco le iba a importar si acababa desangrándose allí mismo en el pasillo del colegio. Se lo tenía merecido como todos los demás Brigadistas.

Jack Tyrell - August 21, 2011 10:01 PM (GMT)
No se lo podía creer, no sólo había fallado el disparo, sino que además le había dado a uno de los suyos… miró a los demás brigadistas, o los que quedaban en pie, y ninguno se había dado cuenta de su presencia; por suerte no tendría que dar explicaciones de intentos fallidos y ataques inesperados.

Pues esos magos eran efectivos, eso tenía que reconocerlo. En nada y con facilidad (y un poco de ayuda inesperada de Jack) habían tumbado a la mitad de brigadistas. ¿Qué se suponía que tenía que hacer él ahora? Miró el Walkie preguntándose si tendría que pedir instrucciones o informar de la situación… pero no quería quedar como un estúpido; aunque no tuviera ni idea de cómo actuar, mejor que los demás no lo supieran. ¿Por qué se había alegrado tanto de encontrarse con magos? ¿No podía haber sido una misión tranquilita?

Se dio por vencido y decidió contactar con quien estuviera escuchando el Walkie, pero una voz de mujer le interrumpió.

- ¿Eh? – Se quedó sorprendido sin saber cómo reaccionar. - ¿Qué haces aquí? – Pero lo preguntó demasiado tarde y Veronica ya se dirigía al mago al que él había apuntado antes.

Mientras la brigadista hablaba con ése, por el Walkie se escuchó la inconfundible voz de Richard.

- En la cuarta planta vamos… tirando. – Le dijo al aparato. Y luego se le ocurrió una manera de cabrearle. – Oye tío, suenas como batman. – Se medio rió imaginando la expresión del otro, que sería igual que la de siempre porque nunca la cambiaba… que persona más frustrante.

Al levantar la mirada Veronica estaba con sus frascos, el mago apuntándola y la maga salió disparada en dirección a la morena. Jack no se quedó mucho más en el rincón y salió corriendo hacia ellos, ahora tenía muchísima mejor vista de los participantes; y tan pronto como vio que esa chica levantaba la varita, él la apuntó con la pistola y disparó.

Ya se había olvidado de Hanna por completo.

Maya Fey - August 21, 2011 11:38 PM (GMT)
¿Qué qué hacía allí? ¡Pero si él la había arrastrado hasta la cuarta planta!

¡Hombres! Frunció los labios y fingió enojo antes de volverle el rostro de modo que vigilaba el otro lado del pasillo. ¿Qué si oía gritos saliera corriendo? What the hell? Como se notaba que Jack en realidad no sabía con quién estaba tratando. De todos modos iba a hacerle caso y ser la buena chica que él creía que era. Eso sí, tendría cada uno de sus movimientos vigilados.

Por eso mismo no le quitó ojo de encima mientras le veía cargar la pistola de tranquilizantes e intentaba identificar alguna voz de los magos y brujas que había allí. Enseguida reconoció una de ellas, en realidad fue la única, la de Mihjail.

¿Y esa quién era? Se preguntó cuando la mujer de cabellos morenos apareció llamando cobarde a Jack. ¿Tendría que haber dicho algo? ¿Defenderle? No había terminado de planteárselo cuando la mujer salió al pasillo y se empezó a dirigir a los allí presentes, respondiendo a su discurso Mihjail. Algo típico de él, pensó la medimaga esbozando una media sonrisa antes de volverse hacía Jack que había salido también al pasillo y apuntaba a una muchacha de cabellos castaños.

Sabía que no iba a fallar. Siempre había confiado ciegamente en su magia. Por eso mismo salió al pasillo sin temor a que la descubrieran. Si fallaba y se volvían hacía ella se haría la loca y esbozaría una de sus encantadoras sonrisas a Jack, fingiría ser una chica tonta a la que la curiosidad la había llamado y luego el típico miedo a que le pasase algo. Aunque eso significara que sus superiores pudieran echarle la bronca.

No le hacía falta alzar demasiado la voz y cuando salió al pasillo esbozó una fina sonrisa mientras miraba a Mihjail antes de apuntar a la espalda de Jack – ¡Desmaius! – Susurró para acto seguido apuntar a aquella mujer morena que se había atrevido a llamarle cobarde (¿Qué más daba si realmente lo era?) - ¡Depulso! – Todo sin alzar la voz más de lo necesario. Como si realmente aquello lo hubiese conjurado un fantasma.


Story - August 22, 2011 02:58 PM (GMT)
Aula de Encantamientos: tercera planta

Jacques Lompard intenta sin demasiado existo lanzar un Protego contra la puerta del Aula de Encantamientos. Consigue conjurar el hechizo y aunque una neblina que parece que vaya a convertirse en un escudo sale de la punta de la varita del muchacho cuando esta cerca de la puerta se desvanece en el aire. Posiblemente no estuviera en la mejor condición mental para conjurar algo como aquello.

En cambio el Accio que conjura hacía el agujero que ha provocado la bala en su amiga sale a la perfección y tras unos segundos en los que parece que el hechizo no ha surtido efecto alguno la bala sale cayendo al suelo cerca de donde están ambos (-1pv). Eso, no obstante no evita que la joven de cabellos platinos siga sangrando y cada vez vaya sintiéndose más débil.

Para suerte de ambos (aunque es posible que ni se den cuenta de ello) las pisadas de Richard Moore se alejan. Ya no está en la tercera planta.


Jacques Lompard: 19pvs.
Sunday Dawson: 6pvs. (-2pvs por turno)



Pasillo de la Biblioteca: cuarta planta

En la cuarta planta es donde están concentrados la mayor parte de los Brigadistas y los magos, cosa notoria debido a los hechizos que vuelan a diestro y siniestro.

Michael Goldman bajo la cúpula protectora de Caroline Lompard es el primero en actuar lanzando dos hechizos de los cuáles solo uno llega a dar a su objetivo. Mientras que el Confringo se pierde en algún punto entre la conjuración y el impacto, el Pullus da limpiamente en el brigadista que está junto a Veronika Derevko que acaba convertido en una gallina que empieza a corrotear por el pasillo. (3 turnos)

Mihjail que había apuntado al mismo brigadista conjura un perfecto Desmaius que hubiese dado en el objetivo de no estar este en constante movimiento.
Por su parte, la varita de Caroline Lompard emite una luz roja que se acaba convirtiendo en un rayo que da limpiamente en el brigadista restante que cae al suelo totalmente petrificado (3 turnos).

Veronika y Mihjail se enfrentan y aunque el ruso es más rápido, posiblemente la rabia que le consume sea la que le impide siquiera conjurar aquel Flipendo de modo que el botecito con el fluido explosivo va a caer a la armadura provocando una pequeña explosión que deja un boquete en esta (-3pvs) además de daños colaterales en Mihjail y Caroline que sufren sendas quemaduras leves en uno de sus brazos debido a lo próximos que estaban de la armadura (-3pvs cada uno). La ojiazul invadida por la ira intenta conjurar un Sectusempra con toda la intención de dañar a la mujer morena, pero su varita solo emite una extraña vibración.

Jack vuelve a probar suerte esta vez apuntando a Caroline y aunque el disparo sale limpio parece que su puntería no es la mejor y acaba rozando a la armadura de piedra (-1pv).

Es ese momento el que elige Maya Fey para salir al pasillo y apuntar a los dos brigadistas que siguen en pie. El rayo rojo impacta en Jack Tyrell que cae insconciente al suelo sin saber que “su Hanna” ha sido la conjuradora (1 turno) al igual que Veronika que acaba despedida por los aires y dándose contra una de las paredes de piedra sin siquiera tener tiempo a reaccionar quedando inconsciente (-3pvs. 1 turno).

Uno de los brigadistas que había caído momentos atrás inconsciente al suelo despierta y se incorpora para darse cuenta de que está completamente solo contra cinco magos y una gallina. ¿Y ahora qué?



Mihjail Vasiliev: 24 pvs.
Caroline Lompard: 16pvs.
Michael Goldman : 23pvs. Protegido 5 turnos.
Daphne Delacour: 16 pvs. Protegida 5 turnos.
Jack Tyrell : 20pvs. 1 turno inconsciente.
Maya Fey: 23pvs.
Vicktoria Böhm: 16pvs.
Armadura de Hogwarts: 36pvs.
Brigadista 1: 29 pvs. Inconsciente 1 turnos.
Brigadista 2: 25 pvs. Inconsciente 1 turnos.
Brigadista 3: 28 pvs. Petrificado 3 turnos.
Brigadista 4: 13 pvs. Inconsciente 2 turnos.
Brigadista 5: 25pvs. Totalmente solo contra 5 magos.
Brigadista 6: 32 pvs. Convertido en gallina los siguiente 3 turnos.
Veronika Derevko: 20 pvs. 1 turno inconsciente.



En algún punto entre la segunda planta y la tercera planta

Richard Moore camina con seguridad por la tercera planta mientras con una agilidad ganada gracias a los entrenamientos de la Brigada cambia el cargador de su pistola. En su opinión se han acabado los jueguecitos y si tiene que eliminar a algún desgraciado más lo hará. Esta totalmente dispuesto. Sin tan siquiera vacilar y no como fruto de la ira de haber sido golpeado.

El hombre se pasa la manga del uniforme por la nariz dejando restos de sangre en la misma, pero no le importa. Ya nada le importa mientras se dirige hacia las escaleras para subir a la cuarta planta. “En la cuarta planta vamos... tirando” Que típico. Torció el gesto: “Tío suenas como batman” ¡Iba a sonar como un villano como volviera a decir esas cosas!

Es más se iba a enterar. Ese era el plan de Moore que tropieza en ese momento con Javier Castaño varita en mano. ¡Salen como setas de la tierra! Piensa justo antes de levantarme el arma. Él mismo se lo había dicho a sí mismo momentos atrás. Al próximo que viese le disparaba en la sien y eso fue precisamente lo que hizo. Sin vacilar un solo segundo a la hora de apretar el gatillo sin darle opción a Castaño. El disparo resuena en el pasillo y segundos después el cuerpo sin vida de Javier Castaño cae al suelo. Richard por su parte se siente satisfecho consigo mismo. Uno menos de aquella calaña.

Se aleja dejándole allí. A él que más le dará. En el último momento cambia de opinión y baja hacia la segunda planta en lugar de subir a la cuarta.

Richard Moore: 24pvs.
Javier Castaño: Muerto


Sunday Dawson - August 22, 2011 09:46 PM (GMT)
Sabía que “Tranquila, todo va a ir bien” eran las típicas palabras que usaba una persona en una situación como en la que se encontraban, aunque al menos se alegraba de estar con él y no encontrarse con un extraño. Habría perdido los nervios más rápido y no habría podido controlarlos tan fácilmente como lo hacía en esos momentos.

¿Qué no había salido? Por un segundo volvió a perder los nervios pero enseguida se decidió a respirar hondo e intentar buscar algo de calma. Una calma difícil de encontrar. Una cosa era segura: si Jacques decía que no pasaba nada, que la sacarían... Lo conseguirían, ¿no? Ese era uno de los momentos en los que tenía que tener fe. En los que debía confiar en la magia que poseía el muchacho.

Una pequeña carcajada emergió de sus labios con la última frase del galés que le hizo ladear la cabeza – Phoebe. Se llama Phoebe y... ¿De verdad crees que puedo opinar?... – Cogió aire mientras notaba que Jacques parecía más concentrado en sacar la bala (cosa obvia) que en escucharla, pero aún así decidió que iba a responder a las preguntas – La última vez que hable con ella aún estaba soltera... Y... recuerdo perfectamente lo de las morenas – Acabo diciendo justo en el momento en que notaba como la bala salía de dentro de ella produciéndole un agudo dolor que no pudo evitar exteriorizar. No la había notado entrar... pero salir. ¡Salir lo había notado bastante!

- Pero no te conviene... Es la hermana del... – ¿Cómo decirlo sin sonar vulgar? Nunca le había gustado demasiado eso de soltar palabras mal sonantes de por medio – Del tipo que nos ha disparado... Si no fuera por ese detalle... Es una buena chica... – Intentó esbozar una sonrisa después de decir aquello – Ya ha pasado lo peor... ¿no? – Eso quería creer ella, que lo peor era sacarle la bala del organismo. Ahora con un hechizo ya estaba, ¿cierto? Hechizo y una buena Poción Reabastecedora de Sangre, por supuesto. Sino posiblemente tardaría unas horas en recuperarse.

Ahora que lo pensaba ni se veía con fuerzas de ponerse en pie y lo último que quería ser aquel día era una carga.

- Mih... Tenía razón. No tendría que haber venido. – Fue una completa estupidez. Claro que él, podría haberle dicho que había Brigadistas merodeando por allí a diario. Ella siempre había tenido entendido que apenas se acercaban al castillo. - Jacques... Dile que no ha sido culpa suya... y que le quiero..., como te quería a tí. Lo siento mucho... Tenía miedo... Fui una estupida - Esbozó una pequeña sonrisa. Posiblemente de no haber estado en aquella situación no habría dicho todas esas cosas - ¿Hace frío? ¿O solo es mi impresión? – Preguntó de súbito buscando los ojos verdes del chico mientras empezaba a sentir que cuanto más tiempo pasaba más parecía pesarle todo el cuerpo.

Phoebe Moore - August 23, 2011 11:42 AM (GMT)
- Yo tampoco conozco a nadie que se llame Andrómeda pero es que algunos de vosotros tenéis nombres muy raros ¿qué quieres que piense? – soltó molesta. Ni que fuera adivina, vamos. Eso se lo dejaba a su hermano Steve. Y ahora que pensaba en él, ¿aceptaría Richard que su hermano tenía algo especial? No habían hablado del tema y eso era aún peor. No quería verse dividida entre dos de sus hermanos.

En aquel momento las dos muchachas se encontraban ante las escaleras de la segunda planta del castillo. La pelirroja se detuvo en seco diciéndole que ella conocía mejor el castillo, que los brigadistas (y supuso que también se refería a los humanos corrientes como ella) se creían saberlo todo y bla, bla, bla. ¿Por qué se había complicado la vida ocultándola? Hubiese sido mucho más fácil avisar a su hermano y no tener que aguantar aquellas palabras que para la castaña estaban cargadas de superioridad.

- Por lo menos sé donde está la salida y los brigadistas me conocen – O eso esperaba la joven y si no era así, siempre podía usar el nombre de su hermano – Así que si no quieres acabar encerrada en una celda mugrienta podrías hacerme un poco más de caso en vez de tratarme como a una tonta por no ser como tú

Phoebe puso los ojos en blanco cuando la bruja se apresuraba por el pasillo en vez de seguir bajando por las escaleras, como había planeado la castaña. Podría haberse quedado allí o bajar ella sola pero algo le decía que debía seguir a la chica de rojos cabellos y así fue. Cuando alcanzó a la bruja, ésta le preguntó qué estaban buscando. Sí, como si se lo fuera a decir ¡Ja!

- ¿Detrás de una gárgola? – Preguntó incrédula la muchacha – ¿Te estás quedando conmigo no?

Miró a la joven esperando ver qué historieta le soltaba ahora pero su siguiente pregunta la dejó de piedra. “¿Tú también quieres que puedan acabar con todos nosotros?” Ella… ella no sabía lo que quería. Incluso en aquellos momentos en los que se encontraba con una bruja intentando que no la cogieran, se sentía confundida. ¿Estaba haciendo lo correcto o por el contrario se equivocaba? Pero de algo estaba segura, una pluma no podría destruir a miles de brujos.

- ¿Cómo te atreves a preguntarme eso? Por si no te has dado cuenta, yo también me juego mucho tratando que no te pillen

Aunque ciertamente, todos parecían haberse olvidado de ella y tampoco parecían echar en falta a la bruja. La bruja que decía tener la llave para entrar a vete tú a saber dónde. ¿De verdad se pensaba que era tan estúpida como para creerse aquello? Si ella fuese la clave, los suyos no la habrían dejado campar a sus anchas cuando el colegio estaba repleto de brigadistas a no ser que creyeran tenerlos bajo control.

- No sé que buscan, ni sé para qué sirve – No mentía o al menos no del todo, ya que desconocía para qué querrían una pluma. ¿Qué podía hacer una pluma? Pero tampoco se atrevía a decírselo a ella – No soy parte de la brigada como me supongo que te habrás dado cuenta ¿crees que iban a compartir información importante conmigo? Además, hay cosas mucho peores que la muerte y ellos lo saben. Si no me crees, hechízame – la desafió.


Mihjail Vasiliev - August 23, 2011 10:50 PM (GMT)
(Me he tomado ciertas libertades en este post y espero que los users de Michael y Daphne esten de acuerdo con esta acción, sino me avisáis por MP y dejó a vuestros personajes con la rusa chalada y Batboy...)




El fogonazo afectó el brazo izquierdo de Mihajil que tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar la varita, pero cuando levantó de nuevo la mirada para seguir con su personal batalla contra aquella mujer descubrió que todo había terminado tras la aparición de alguien inesperado.

Aún no habían terminado y por lo tanto, no era el tiempo de los saludos, así que el ruso giró sobre sus talones para enfrentarse al ultimo brigadista que quedaba en pie. - ¡Suelta las armas y mi amigo no te hará daño! - Tras una nueva orden suya, la armadura de Hogwarts dio unos pasos hacia el sorprendido soldado. - Después encargate de entretener al resto. - Parecía que todo iba a quedar ahí pero estúpidamente añadió un: - Gracias.

Ahora sí: Maya. - Y gracias a ti también. Pensé que no lo volvería a decir pero me alegro de verte. - La suya había evolucionado a una relación extraña, Mihjail había contado con ella cuando lo de Dawson, pero al mismo tiempo sabía que darle la espalda a Maya no era la opción más sensata. ¿Cómo decían? Ten cerca a tus amigos, pero aún más a tus enemigos.

- ¡Vamos! ¡Hay que ir a buscar a tu hermano y a …! - Dudó unos segundos. Sunday... - ¡A Dawson! - Hasta ese momento no había querido hacer frente a las palabras que había oído de Caroline. No podía ser posible que “el sol” se hubiera apagado.
Tranquilo.
Tranquilo.
Tranquilo.

No, daba igual, había algo en el fondo de su estomago que se movía inquieto, un presentimiento que le revolvía las tripas y le aceleraba el corazón. - ¡Cuidado por las escaleras! Y no hagamos más ruido del necesario. Nada de ponerse a gritar en plan Banshee...

El grupo, seguido por Maya, bajó las escaleras de mármol hasta el tercer piso, donde a los pies de ellas, encontraron el cuerpo sin vida de Javier Castaño. Otro... Fue lo primero que pensó cuando se agachó junto a él. Lo siento... Tragó saliva (la boca se le había quedado completamente seca) y pasó una mano por su rostro, cerrándole así los parpados escondiendo aquella última mirada inexpresiva.

“¡Aquí!” Fue entonces cuando oyó la voz de la muchacha Lompard y sin pensárselo un momento salió corriendo en su direccion y embistió con su hombro derecho contra la puerta del Aula de Encantamientos aunque ésta resistió el golpe que sonó tan brutalmente que cualquiera juraría que Mihjail se podía haber roto algún hueso. - Alohomora. - Murmuró entre dientes consiguiendo abrir por fin la puerta, o lo que quedaba de ella.

El mundo parecía haberse parado y colapsado, como él, que juraría que su corazón había dejado incluso de latir. Sus ojos aguamarina temblaron. - ¡Sunday! - Gritó de repente. Ya daba igual que Maya estuviera allí, que conociera su secreto (si que les había durado poco) o que los brigadistas llegaran atraídos por su voz. Mihjail se dejó caer abatido a su lado como si el peso del Universo entero se posara sobre sus hombros, dejando incluso abandonada su varita sobre el empedrado pues necesitó ambas manos para tomar una de las de ella. Impresionado por el color carmín de SU sangre, una visión que jamás hubiera deseado contemplar, se llevó sus dedos entrelazados a los labios.

Algo cambió entonces en su expresión y como si acabaran de pulsar un botón en su interior, Mihjail se giró hacia el grupo. - Michael, Daphné, vigilad el pasillo. Avisadnos si aparecen. - Sus ojos ni tan siquiera se cruzaron una milésima de segundo con Maya.

De nuevo, el ruso volvió a cambiar de actitud y volteó de nuevo para buscar aquellos ojos azules- - Estoy aquí. - Repitió mientras pasaba su mano ahora libre por la frente de la rubia. - Quedate conmigo. - Susurró con la voz tomada acercándose ligeramente a su rostro para que aquellas palabras quedaran entre ella y él, no por la presencia de los Lompard ni de la semiveela, sino porque únicamente ella podía cumplir su deseo, aquel que anhelaba con cada fibra de su ser. No podía perderla. Ahora no.

No era... Justo.

Hacia unos segundos no había querido cruzar los ojos con la semiveela pero entonces se volvió a girar para buscarla. Maya siempre sacaba partido de aquel tipo de situaciones, siempre conseguía chantajear y salirse con la suya. - Lo que quieras. - Con aquella frase tan sencilla Mihjail le estaba dejando su alma en bandeja de plata... Si es que le quedaba algo.

Pero valía la pena. Por ella lo que fuera.



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Acciones acordadas con la Administración.
> El brigadista queda a merced de la armadura, indefenso, por lo que el grupo puede huir del cuarto piso.

Caroline Lompard - August 24, 2011 06:33 PM (GMT)
¡Maldita sea! Ni un pequeño corte, ni tan siquiera un rasguño. ¡Nada! Solo dolor en uno de sus brazos consecuencia de aquella pequeña explosión que aquella muggle había provocado, posiblemente con un Fluido Explosivo. Iba a fulminar con sus ojos azules cuando se dio cuenta de que salía disparada y acababa maltrecha cerca de una de las paredes. ¡Se lo merecía!

Fueron las palabras de Mihjail las que le hicieron recordar que su hermano y Sunday estaban en la planta inferior y que habían oído un disparo, así que, sin pensárselo dos veces salió detrás del ruso camino a la tercera planta. No esperaba encontrarse nada, por mucho que tuviese un nudo en el estómago, mantenía la esperanza de que todo había salido bien, así que, encontrarse el cuerpo sin vida de Javier Castaño, fue algo que la impactó bastante… Ella no hubiese tenido la fuerza necesaria para hacer lo que hizo el ruso…

Quizá por eso mismo, mientras Mihjail cerraba los ojos sin vida de Javier ella se dedicó a recorrer el pasillo. ¿Qué no se pusiera a gritar en plan Banshee? ¿Entonces como pretendía que los encontrase? Por suerte escuchó voces al otro lado de la puerta del Aula de Encantamientos. ¿Serían ellos? No estaba de más probar, aunque no pudo evitar preguntarse que demonios estaban haciendo allí.

- ¡Aquí! – Exclamó alzando ligeramente la voz para que el ruso la oyese, pero antes de que le diera tiempo a intentar abrirla, él embistió contra la puerta… ¡Será bruto!. Eso sí, un Alohomora era mejor idea. Esperaba encontrar a su hermano y a la rubia tras aquella puerta pero no en aquellas condiciones. – ¡Jacques! – Exclamó, aunque desde luego no gritó como Mihjail quien en el momento en que ella entraba en la antigua Aula de Encantamientos caía abatido junto a Sunday.

¿Qué demonios pasaba allí?

- ¿Estás bien? – Preguntó ligeramente alarmada cuando llegó a la altura de Jacques. A Sunday no hacía falta preguntarle. La sola visión de la sangre en las ropas y las manos de la muchacha consiguió que las nauseas invadieran el estómago de Caroline. Desde luego ella no había salido a la rama de Lancre de la familia. Volvió la mirada hacía Sunday y Mihjail. Esa forma de tratarla…

Sus ojos se volvieron a poner en su hermano, cruzando una significativa mirada: ¿Tú sabías algo? A su hermano no le hacían falta palabras para entender su pregunta. Su interrogante. Siempre había sido más perspicaz que ella, más parecido a su madre, mientras que ella parecía haber heredado el efecto retardado de Zeus.

- Se…, se pondrá bien – Susurró dirigiéndose al ruso. ¡Por toda la magia! Había dos medimagos en aquella aula. No podían dejarla morir y ella debido al trabajo de su padre en la Reserva tenía ciertos recursos en casa.

Jacques Lompard - August 24, 2011 10:02 PM (GMT)
Aquel pequeño detalle de que era la hermana del brigadista ya lo había entendido antes pero... - En todas las familias hay algún chalado. - Como bien había oído decir su padre alguna vez: “Hay idiotas en todas partes”. ¡Que puntazos que tenía cuando se le cruzaban los cables! - Ya me la presentarás... Hablale bien de mi.

Después, el joven asintió en silencio dandole a entender a Sunday que efectivamente, lo peor ya había pasado... Para ella, porque él aún notaba aquel sudor frío recorriéndole la frente y un suave temblor en la mano izquierda.

Jacques intentó parecer impasible ante las siguientes palabras de la rubia pero las palabras “Como te quería a ti...” consiguieron algo que la situación y el miedo no habían logrado: sus ojos comenzaron a brillar por unas lágrimas acumuladas que se negó a dejarlas escapar y mucho menos a que ella las viera. ¿Dolía? Por supuesto. El primer amor siempre deja una marca permanente, que para él se había convertido en una cicatriz sin cerrar aún y que sangraba aquella tarde como hacía tiempo que no recordaba. - Yo no tengo que decirle nada. - Dijo de repente muy serio apretando la mandíbula y haciendo que se le marcaran los músculos en las mejillas. - Se lo dirás tú porque vamos a salir de esta. - Y entonces buscó sus ojos azules para dedicarle una fina sonrisa de medio lado. - Así que deja de decir tonterías... Y sí, hace frío, este castillo nunca fue muy cálido pero es impresionante, ¿a qué sí? Siempre he creído que hubieras sido una temeraria Gryffindor. - Y aunque podía resultar un tanto cruel pensar fríamente en que estaba hablando de algo que ella jamás podría tener, sabía que podía hacer aquella clase de comentarios con Sunday. Ella jamás se había sentido avergonzada y a sus ojos no existía persona que estuviera más orgullosa de como era que ella. Fuera como fuera, necesitaba que estuviera despierta y la mejor forma era que le hablase. Si se dormía no sabría que hacer. - ¿Tú qué crees?

Entonces un golpe terrible resonó en el Aula de Encantamientos y Jacques hizo el esfuerzo de enderezarse y girarse hacia la puerta apuntando bien alto con su varita. La sangre le hervía y fuera quien fuera iba a enfrentarse a la ira pocas veces desatada del galés. Su corazón dió un brinco al ver entrar a Mihjail pero más aún a su hermana. - ¡Carol! - No se había dado cuenta de cuanto la había necesitado. Aunque deseaba abrazarla fuerte, no era el momento. Había cosas muchisimo más importantes, incluso más que la pregunta silenciosa de su hermana a la que simplemente contestó con un meneo de cabeza y una caída de párpados queriendo darle a tender... Sí pero no quiero hablar de ello.

Sus fuerzas parecieron renovarse y estuvo completamente seguro de que podía conseguirlo. Era el momento de separar la razón del corazón, aquella que había allí tumbada no era la Sunday que conocía, era una paciente más cuya vida dependía de él... Bueno, eso último no ayudaba: desde que habia entrado a estudiar Medimagia aquella era la primera situación más critica con la que se encontraba. ¡Por supuesto! Él trabajaba en heridas provocadas por criaturas mágicas, se pasaba el día viendo casos de mordeduras de gnomos de jardín. El gales respiró hondo y esperó a conjurar en el momento justo entre latido y latido de su corazón. - Vulnera Sanentum.





*** Si el hechizo no funciona o no es suficiente, Jacques repite “Vulnera Sanentum”. La conjuración y los resultados ya los narraré en el siguiente turno.

Maya Fey - August 25, 2011 04:47 PM (GMT)
Sonrisa de suficiencia. Era simplemente fabulosa y eso nadie se lo podía negar. Se sintió tan orgullosa de sí misma en esos momentos que simplemente sonrió al ruso – Todo el mundo se alegra siempre de verme – Después de todo... ¿No era una alegría para la vista ajena? Como fuera al menos los había dejado fuera de combate durante un ratito. Y no, no tuvo ni el más mínimo remordimiento por haberle hecho aquello a Jack.

La castaña decidió seguirlos más que nada para ver que se traían entre manos. Una parte de ella le dijo que no era buena idea, que luego tendría problemas para que Jack siguiera creyéndose su mentira, segundos después pensó que ya se le ocurriría algo. Era la última del grupo y se tomó su tiempo para bajar por las escaleras, tanto es así que cuando le faltaban dos escalones se oyó la voz de la chica Lompard y perdió de vista a Mihjail. Ni siquiera se paró a mirar el cuerpo sin vida de Javier, el grito de Vasiliev atrajo su atención más que eso.

¿Sunday? Bueno, no era tan raro que la llamase por su nombre de pila, ¿no? Después de todo había tenido que ganarse la confianza tanto de ella como su madre. Aún así decidió acelerar sus pasos para llegar al Aula de Encantamientos. Lo que se encontraron sus ojos castaños no era lo que esperaba. Se sorprendió pero luego pensó que tenía incluso lógica. Eso sí, nunca creyó que fuese a disfrutar tanto descubriendo el secreto de Mihjail que parecía evitar mirarla a los ojos.

Sus orbes marrones recorrieron la sangre y las manchas en la ropa de Dawson, además de ir a parar unos segundos en la bala que Lompard debía de haber extraído. Dio unos cuantos pasos al frente justo cuando Mihjail se volvía esta vez a buscarla.
“Lo que quieras”
Estaba a medio camino cuando le dijo aquello. Sus ojos castaños miraron sorprendidos a Mihjail. Vale, tenía sus prejuicios y todas esas cosas, pero para su propia desgracia su vocación estaba por encima de aquellos prejuicios. Se lo pidiera o no hubiese acudido en ayuda de la muchacha. Era una cuestión de ética. Además en aquella ocasión la lucha no tenía nada que ver con diferentes bandos de magos, aquella vez solo eran magos contra muggles. ¿Cómo iba a dejar morir a la hija de la antigua Alcaldesa de la Comunidad de Londres cuando estaba en su mano salvarla? En realidad no era Mihjail el que estaría en deuda con ella, sino la madre de la joven. Era una baza que aunque él no pudiera imaginárselo podía usar... Después de todo esa mujer tenía contactos con los altos cargos de medio mundo. Ella se encargaría personalmente de hacerle saber que su hija seguía viva gracias a ella.

- Nada. No quiero nada. – Vale. Eso le sonaría raro al ruso que la conocía bien. La situación era diferente. No le estaba ayudando a escapar de La Resistencia o a cubrirle las espaldas delante de Percival. Era algo que hubiese hecho le pidiese o no... Tenía cosas más importantes que hacer que pensar como podía pagarle la “deuda” el ruso – Es mi trabajo, ¿recuerdas? – Le miró unos segundos antes de agacharse junto a la Squib a quien dedicó una mirada – ¿Te acuerdas de mí? Nos vimos cuando estabas en casa de los Lompard – No sonrió. No hizo nada. Se mantuvo neutra en todo momento. – Me has tenido engañada durante muchos meses Vasiliev... Nunca pensé que nadie consiguiera algo así – Sujetó con fuerza la varita antes de levantar la mirada hasta Jacques que también intentaba conjurar sobre la herida – Esto va a pararle la hemorragia y cerrarle la herida, pero ha perdido mucha sangre. Vas a tener que darle una poción reabastecedora de sangre, con dos vasos cada ocho horas durante un día bastara... Eso y mantenerla con calor, que no coja más frío del necesario, aunque dudo que eso te suponga algún problema – Tenía que soltar algún comentario malicioso y allí fue el primero - ¡Vulnera Sanentum!


Savannah O'Hara - August 25, 2011 07:15 PM (GMT)
- ¿Acaso tengo cara de estar quedándome contigo? ¡Somos magos! Escondemos las cosas en los sitios más inesperados y todo cobra vida en este mundo. Incluido las gárgolas y las estatuas de piedra – Y todo aquello lo dijo ajena a que una de las armaduras del colegio estaba en la cuarta planta moviéndose y peleando como cualquier persona normal. – No te estoy tratando como si fueras tonta, pero los vuestros tienden a..., no querer saber más de nosotros lo que los hace un poco ignorantes al respecto.

Se encogió de hombros mientras daba unos cuantos pasos más por aquel conocido pasillo. Ojalá hubiese podido terminar sus estudios en aquel colegio. Tenía que admitir que le encantaba la acogedora sala común de Hufflepuff y extrañaba incluso las clases de Pociones en las que todo tipo de olores llenaban el ambiente.

- Podrías estar engañándome, ¿no? Intentando, no sé... - ¿Acaso creía de verdad que se iba a fiar de buenas a primeras? Aunque claro, a Savannah nunca, jamás le había gustado desconfiar de la gente. Por supuesto el hecho de que fuese una muggle y que hubiese venido acompañada de Brigadistas era un punto a favor para no fiarse ni un pelo de aquella chica. Aún así... – Sí, tienes razón también te juegas el cuello. Lo siento.

Posiblemente fuese una estupidez pedirle perdón.

Bueno pues no sabía que buscaban y ella tampoco lo sabía estaban apañadas. – Claro que hay cosas peores que la muerte. Por ejemplo lo que le hicieron a Wendolyn Dawson. Eso es una crueldad... – La muchacha frunció los labios antes de apartarse un poco la larga melena roja. Cuando su madre les había contado lo que había pasado Savannah no podía creérselo. ¿Cómo era posible que a un mago le quitasen la magia así sin más? Y sin embargo había pasado. – Y no te voy a hechizar. No me gusta atacar a una persona indefensa... y menos sin una razón de peso.

Y por lo que concernía a Savannah, a pesar de sus diferentes puntos de vista y/o opiniones sobre las cosas la muchacha de cabello castaño no le había dado aún una razón para hechizarla.

Además... ¿qué pasaba si aparecía un Brigadista y la veía hechizándola?




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