Puntos de las Facultades
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Recuerdos nostálgicos, Y polvorientos... ¡aatchús!
| Alice Whelten |
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Alice llevaba un buen rato delante de la estantería, alternando su mirada entre la pila de polvorientos libros de pociones y un pergamino donde tenía anotados los últimos temas tratados en clase, de los que necesitaba ponerse al día.
El hombro izquierdo empezaba a dolerle por permanecer tanto rato de pie con su mochila colgada de él, pero no suponía que su indecisión le haría perder tanto tiempo.
Por fín pareció decidirse y alargó la mano hasta un viejo y roído ejemplar, lo miró con una mueca de desagrado y sopló la cubierta para apartar la enorme capa de polvo. La nubecilla que se levantó se coló por su nariz y la hizo estornudar.
- Joder… podrían limpiar un poco – musitó molesta.
Se acomodó la mochila y buscó una mesa vacía cerca de un ventanal, para aprovechar las vistas y despejarse cuando se encontrase saturada. Por fin ocupó un asiento y acomodó sus cosas. Examinó la lista leyendo los títulos que aparecían en ella, subrayándolos con su dedo índice izquierdo.
- Poción de Celidonia… - leyó.
Enrolló el pergamino y lo apartó un lado, después, mirando al libro con rencor por haberla hecho estornudar, lo abrió y buscó en su índice sin obtener ningún resultado satisfactorio. Alice frunció el ceño y se dejó caer hacia atrás en el asiento con gesto de desgana; no le apetecía volver a levantarse.
- Celidonia… - musitó pensativa.
Lo cierto era que aquel ingrediente le resultaba conocido, de hecho, quizás lo hubiera usado ya en alguna poción. Sus azulados ojos se posaron sobre su mochila, alargó la mano y rebuscó en su contenido, sacando un viejo libro de pociones que había usado en Hogwarts. Le sonaba que dicha flor apareciese en sus páginas y aunque quizás la trataban de modo superficial, merecía la pena echar un vistazo.
Al abrir el libro encontró algo que no esperaba ver: guardado con esmero había un dibujo firmado por Leia Alighieri, en él se veía una caricatura de Alice y ella, con unos catorce años, haciendo muecas divertidas con Hogwarts de fondo. Alice estaba sentada sobre una escoba y en un cartel de gran tamaño se podía leer “¡Feliz Cumpleaños!”
La Gryffindor esbozó una sonrisa nostálgica y se dio cuenta de que echaba de menos a su amiga Leia. Ambas pertenecían a la misma Casa y cumplían años en fechas muy próximas, con lo cual, Leia recordaba siempre felicitarla y regalarle dulces o dibujos, gesto que Alice admiraba enormemente y le agradecía regalándole a ella alguna poción útil.
Se llevó una mano a los labios para reprimir una carcajada al recordar la vez que celebraron juntas su cumpleaños, Gryffindor había ganado un partido importante contra Slytherin, así que las muchachas decidieron aprovechar la fiesta y celebrar tres cosas: que Gryffindor se adelantaba a Slytherin, que Alice había contribuido a ganar el partido al jugar como cazadora y que ambas cumplían años.
L a fiesta fue algo digno de recordar, uno de los mejores días de Alice en Hogwarts, pero lo mejor había sido ver a Sarah, su hermana gemela Slytherin, dentro del ambiente jubiloso de los leones, pero aunque no le hacía especial gracia acudir a la celebración, no podía dejar de faltar a su propio cumpleaños…
- Por Merlín… Sarah casi me despelleja viva…
Entonces oyó su nombre en una conocida voz y alzó sus azulados ojos sorprendida.
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| Leia Alighieri |
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Había tomado una decisión y esa era la de mantenerse ocupada el mayor tiempo posible, por lo que en los últimos días iba de un lado a otro con un montón de cosas que hacer, había hecho limpieza a fondo de su habitación en la residencia así como de su habitación en casa de su tía y había empacado aquello que se guardaría y aquello que iría a la basura; ni mencionar el montón de cosas que había encontrado, desde cosas rarísimas que ni siquiera recordaba por qué guardaba hasta pequeños tesoros aparentemente insignificantes de sus tiempos en Hogwarts. Y entre la basura y los tesoros había encontrado también unos cuantos libros que pertenecían a la biblioteca de la universidad y que no recordaba que tenía.
Bien. Lo único que le faltaba para ganar la vida perfecta era perder todos sus ahorros debido a las cuotas atrasadas de los libros que se había llevado y que, para colmo, tampoco había leído. Así que antes de que la mandasen presa por ello, se dispuso a regresar esos viejos ejemplares y depositarlos en su lugar, ahí la razón de que aquel día estuviese en la biblioteca, enfundada en unos pantalones y unas zapatillas de deporte y una sudadera vieja que perteneció a su hermano. Ya sabía ella que no lucía como en sus mejores momentos, pero estaba haciendo una limpieza general de su vida, dioses, no podían esperar que se arreglase como princesa para recoger piezas en medio de un montón de basura.
Y en cuanto hubo terminado tan complicada actividad y estaba dispuesta a marcharse directo por donde había venido, al fin que aun quedaban como mil cajas por rotular, cierta chica sentada en una de las mesas le pareció tremendamente familiar, razón por la que se quedo mirando curiosamente más de lo necesario. No alcanzaba a verla bien y esa era la principal razón de que no la hubiese reconocido hasta la primera, hasta que la chica levantó un poco el rostro.
-¡Alice!-exclamó, sin poder creérselo, pero si era ella, de veras, justamente había encontrado unas cuantas pócimas que Leia había estado guardando para cuando se necesitasen que la chica le había dado por su cumpleaños, ¡aquellos cumpleaños! O más bien, ¡aquel cumpleaños! Una sonrisa sincera se dibujo en su rostro, la rubia no sonreía mucho últimamente, pero eso lo ameritaba. Su amiga había vuelto.-¡Oh Alice!-Y se abalanzó en contra de la chica, para darle un abrazo-¡Feliz cumpleaños!, por los que no he estado contigo, me refiero, ¡Y feliz no cumpleaños! Por hoy… ¿hace cuanto que estas aquí? ¿Por qué yo no lo sabía?
Soltó a la chica, quizá había sido demasiada efusividad, lo cual la hizo sentir rara, hacia unos días que no mostraba efusividad por absolutamente nada. Suspiró, revisando las cosas que estuviesen captando la atención de la ex Gryffindor un segundo atrás, abrió mucho los ojos.
-¡No me lo puedo creer, es que no me lo puedo creer! Pero si es… ¡no me lo puedo creer! Te juro que no pensé que aun lo guardases.-Dijo refiriéndose claramente al dibujo.-¿Te acuerdas que Sarah casi te despelleja viva aquella vez? ¡Que recuerdos!-Arrugó un tanto la nariz en tanto que una risita melancolica se le escapaba, hubiese querido ser esa jovencita feliz del dibujo aun entonces, supuso que era simplemente mucho pedir. Despeinó a Alice, tranquilamente-Apuesto a que me extrañaste
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| Alice Whelten |
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- ¡Leia!, ¡ cuánto tiempo! –dijo con su rostro iluminado por la alegría al ver a su amiga de nuevo - ¡Por Merlín! – hacía años que había adoptado aquella expresión de Aeryn.
Se puso en pie de inmediato y recibió el abrazo de Leia con ganas, devolviéndoselo con fuerza, intentando demostrar con aquel gesto cuánto la había echado de menos, mientras se preguntaba divertida si inconscientemente habría realizado algún hechizo de invocación para traer a su antigua compañera leona, ya que había aparecido justo cuando evocaba nostálgicos recuerdos mirando aquel dibujo. ¿Quién sabe? El mundo de la magia era precisamente eso, mágico.
- ¡Jajaja! – Alice rió con ganas - ¡Feliz cumpleaños y no cumpleaños para ti también! Bueno, tampoco han sido muchos… Pero que sepas que me debes un par de dibujos, ya sabes, los intereses… - guiñó un ojo divertida – Espera un segundo…
Alice rebuscó nuevamente en su mochila con la intención de encontrar alguna pócima para regalarle a su amiga, sonrió al encontrar un pequeño frasco bien sellado, lo asió y lo sacó al exterior, pero se percató de su poco peso y lo examinó detenidamente al contraluz, comprobando con decepción que estaba vacío; además no tenía etiqueta y Alice siempre solía poner un pequeño cartelito con el nombre de la poción para evitar confusión.
- Vaya… es un frasco nuevo… bueno, te prometo que la próxima poción que haga en clase te la reservo para ti, aunque no me hago responsable de para qué se use…
Se encogió de hombros con gesto inocente y volvió a depositar el frasco en el interior de su mochila, entonces su sonrisa se ensanchó aún más al ver la sorpresa de Leia cuando descubrió que Alice seguía conservando sus dibujos.
- ¡Qué esperabas! – dijo sacando pecho con orgullo - ¡Adoro tus dibujos! El día de mi cumpleaños siempre estaba impaciente por encontrarme contigo y que me dieras uno, eran mi regalo favorito, pero shhh… no se lo digas a ni a Sarah ni Aeryn… - dijo bajando la voz y llevándose el dedo índice a los labios – Y sí… no puedes ni imaginarte la que me formó Sarah… casi me lanza un crucciatus – dijo bromeando cínicamente, aunque a decir verdad, Sarah si le lanzó un cruccio aquella noche, pero fue en el aterrador mundo de las pesadillas de Alice, que nunca dejaban de repetirse y hacerla despertar en mitad de la noche con un grito de dolor rasgando su garganta.
Entonces, durante un segundo, a Alice le pareció ver un atisbo de melancolía en el rostro de su amiga, una punzada de preocupación sacudió su estómago, pero antes de que pudiera hacer un examen general para ahondar más en el tema, Leia revolvió el pelo de Alice como solía hacer antaño. Alice rió nuevamente con nostalgia.
- ¡Apuesto a que tú también me has echado de menos! – dijo despeinando a Leia para devolverle el gesto.
Retiró una silla al lado de la suya y le ofreció asiento a Leia, solo cuando ésta estuvo acomodada, Alice volvió a ocupar su silla mientras intentaba aplacar su oscuro cabello, un poco más largo que como lo tenía en su último encuentro con su amiga leona. - Bueno… siento no haberte avisado, desde que salí de Hogwarts se me han complicado un poco las cosas, y la decisión de venir aquí ha sido bastante repentina… Edgar tuvo que insistirme… – jugueteó con su pequeña trenza para intentar disimular la pesadumbre que siempre la invadía al pensare en el tema - ¿Y tú qué? ¡Cuéntame! ¿Llevas mucho tiempo aquí? ¿En qué carrera estás?
Por suerte para las dos amigas, aquel día la biblioteca estaba prácticamente vacía, pues de no haber sido así, seguramente se habría quejado ya algún estudiante ante el escándalo que estaban formando en su reencuentro.
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| Leia Alighieri |
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No le molestaba hacer los dibujos que le debía a la ex Gryffindor por los años de distancia, sino que le haría cien si así lo quería, por dos razones, una: el gusto que era volver a verla. Dos: que podría mantenerse ocupada con ello, quizá después de todo si terminase buscándose un trabajo. Enarcó una ceja mientras una sonrisita disimulada le curveaba los labios, ¿Qué era lo que hacía? Más espero paciente, justo como se le había indicado e incluso se encontró revisando el frasco con curiosidad y cálculo, pero ella no lograba verle nada fuera de lo común, para Leia era no menos que un frasco. Y así lo dictaminó Alice después haciendo a la rubia reír ligeramente mientras negaba con la cabeza.
-¡De verdad que eso de pociones es lo tuyo! Y que bueno que el cielo te ha mandado a socorrerme, mi propia ingeniera en pociones para aprovecharme de sus conocimientos a cambio de golosinas, dibujos y fiestas de cumpleaños y así tapar con tierra mi poco talento natural para esas terribles cosas-Afirmó, bromista, guiñándole un ojo a la chica, aunque bueno, nadie podía decir que fuera tan mala idea-¡Yo también sigo guardando las pociones de Hogwarts! Aunque…-se quedó pensativa un segundo, analizando el estado de las coas-Las atesore tan bien que unas ya están casi vacías y a otras se les ha borrado la etiqueta y ahora no se para que son… estaba pensando probarlas así de golpe, pero, ¿Qué tal que terminó con la piel amarillo canario, o algo así?
Y verdaderamente le daba desconfianza, no solo porque con lo bueno en ello que era Alice no tenían oportunidad de fallar sino también porque ella tenía una suerte malísima y capaz que se tomaba una gota de más y terminaba durmiendo por cien años, lo malo fue que lo interesante que le resultó la idea. Mejor dejar de pensar tonterías y enfocar toda su atención en la recién reencontrada Alice Whelten.
La rubia sonrió, muchas personas apreciaban sus dibujos, y solía dar muchos a todas sus amigas en sus cumpleaños, pero en ningunos se esmeraba tanto como en los de Alice ni tampoco se mostraba tan emocionada al llegar el día como con las demás personas. Si, siempre procuraba que los dibujos de la ex Gryffindor fuesen todo un especial, con mezclas de vivos colores, imágenes originales, claro que también tenía una imaginación más fructífera en aquellos años. Hizo una seña cual si cerrase un cierre en su boca, a son de promesa.
-No se los diré, que tal que a la que le lanzan el crucciatus sea a mi, ¡que susto!-Tenía tiempo sin ver o hablar con Aeryn, más no le guardaba ninguna clase de rencor o resentimiento, para Leia una cosa así no tenía ningún caso, mucho menos entonces. Se acomodó el rubio cabello, mirando, a son de broma, con mirada asesina a su amiga y tomo el asiento ofrecido mientras la escuchaba con atención, observó su repentino deje de tristeza, pero no dijo nada.
-Repentino o no has llegado en el momento justo, casi nos convertimos en veinteañeras y eso solo pasa una vez en la vida, ¡Y solo puedo festejarlo como se debe contigo!-Verdad era que sus palabras no iban acorde con su estado de animo, pero por esa vez Leia no quería hundirse, a peligro de no poder salir.-Pues, ya tengo un buen tiempo, estaba estudiando filosofía, pero ya sabes, esta universidad es todo menos algo fijo, esta maldita, así que ahora estudió literatura, siempre me gusto eso, ya sabes--comentó, naturalmente.-¿Y, si estudias ingieneria, no? Que yo me lo he dado por hecho y ¿dónde fue que te metiste, al terminar Hogwarts? ¡Ni siquira una lechuza, eres odiosa!
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| Alice Whelten |
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Alice reía alegremente ante las palabras de Leia. Se sentía enormemente bien al haberse reencontrado con su amiga, que tenía una especial habilidad para hacerla reír, algo que Alice no hacía demasiado en los últimos tiempos, así que para ella, aquello fue como una brisa de viento fresco en un día caluroso de verano.
Apartó la mirada unos instantes, meditando una idea en su cabeza para darle forma.
- Mmm… bueno, si me las traes podría intentar averiguar cuáles son – dijo refiriéndose a las viejas pociones – algunas tienen un aroma y color característicos, o puede que simplemente baste un golpe de varita para recuperar el rótulo perdido. Pero oye, quién sabe… lo mismo te sienta bien el amarillo pollo… es la última moda en París – volvió a reír con ganas mientras en su cabeza se dibujaba la divertida imagen de una Leia de piel amarilla con pico de pollo.
Se recostó un poco en la silla y cruzó las piernas, adoptando una postura relajada, pero apoyó sin querer una mano sobre la portada del roído libro, llenándose con un rastro de polvo que se había negado a irse con sus soplidos. El rostro de Alice se torció en una mueca de desagrado.
- Ikks… ¿todos los libros están así? – dijo mirando la fina capa gris que cubría la palma de su mano.
Rebuscó en su mochila con la mano limpia y sacó un paquete de pañuelos de papel, un invento muggle que Alice consideraba de lo más útil. Haciendo gala de una buena habilidad, lo abrió, sacó uno y se limpió, luego lo arrugó hasta formar una bolita, pero como no encontró dónde tirarlo lo dejó sobre la mesa para recogerlo más tarde.
Sus azulados ojos volvieron a posarse sobre Leia, que comentaba acerca del crucciatus.
- Te aseguro que no es agradable… - musitó sin pensar. Noche sí y noche no, desde que tenía uso de razón, Alice tenía una horrible pesadilla donde aparecía su hermana gemela, Sarah, lanzándole un crucciatus que ella sentía en todo su ser, despertándose en ese momento retorciéndole de dolor, con la marca de nacimiento de su hombro izquierdo ardiéndole y con un hilo de su tibia sangre saliendo de su nariz. Ladeó ligeramente la cabeza para apartar aquellos pensamientos y volvió a centrar su atención en Leia, que la merecía.
- ¡Es verdad! – exclamó entusiasmada, golpeando con el puño en su palma – Ya mismo cumplimos veinte años… joder, cómo pasa el tiempo… sí hace nada teníamos once… Y sí, tenemos que organizar una buena fiesta, ¿eh? Convenceré a Sarah para que venga a celebrarlo aquí.
“Y podríamos invitar a Robyn…” pensó sintiendo como un ligero rubor empezaba a aflorar en sus mejillas. Concentró su atención en Leia, que relataba lo que había estado haciendo durante el tiempo en el que no se habían visto.
- Sí, la literatura se te daba bien, aún recuerdo que me echaste una mano con un par de odiosos trabajos… - sonrió agradecida – Sí, yo me he matriculado en Ingeniería en Pociones.
Su expresión adquirió una leve seriedad cuando Leia le preguntó acerca de su último año.
“Bueno…” pensó Alice “descubrí que mi padre, aparentemente muggle, era un aspirante a mortífago que mató a su hermana por error y luego se redimió; mi hermano mayor, Andy, ha decidido que los mortífagos molan y se ha ido a Francia para que le tatúen el brazo; Sarah y yo nos fuimos detrás suya como unas tontas para intentar detenerlo sin ni siquiera tener una mínima pista de dónde estaba; y encima, cuando pasamos unos días de vacaciones en Londres, conocí a una chica maravillosa y extraordinaria con quien perdí mi virginidad, pero claro, lo tuvimos que dejar porque yo tenía que volver a buscar a mi hermanito… ah, al venir aquí he tenido un encuentro de lo más interesante con Atala, mi amor frustrado de juventud, y a Aeryn, mi segundo amor frustrado, mejor no mencionarla…”
Pero no consideró oportuno soltarle tanta información a Leia (y más teniendo en cuenta que había cosas que su amiga posiblemente nunca se hubiera imaginado de ella)
- Bueno, he estado en Francia con Sarah y Edgar, el profesor Gallagher… Edgar trabaja allí de auror –se limitó a decir.
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| Leia Alighieri |
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La perspectiva de que Alice pudiese ayudarla con las pócimas que ella misma había preparado sonaba mejor que todo lo que le había corrido por la cabeza a la Italiana, no quería molestar a Govinda con trivialidades, menos al decano, a quien no podía ni mirar a los ojos después de aquel egoísta pensamiento. Si eso solucionase todo, si culpar a alguien lo trajese a su lado, quizá culparía a todos, si buscar venganzas se lo devolviese si quizá también lo haría, pero él no iba a volver, había cobrado una venganza de la que una vez le había hablado y había muerto en el intento, y el simple hecho casi le quitó la respiración, más se compuso en un segundo, mirando a Alice, aparentemente serena.
Y no pudo evitar reír, aunque tampoco el hecho de que su risa sonara un tanto temblorosa. Se acomodó en la silla, como si en vez de estar en la biblioteca estuviese en la sala de su casa.
-¿Estas loca? ¡Sabes lo desabrida que me vería!-rió con ganas ante la tonta idea-si de por si no tengo mucho color, imagíname amarillo pollo, ni siquiera el cabello me contrastaría, no, será la última moda en Paris, Ali, pero de la moda… lo que te acomoda.-Justo como siempre le había dicho su tía.-Pero te llevare a la residencia en voz de que me ayudes con eso, no creas que lo olvidare
Y no lo haría tenía una gran curiosidad de acordarse de que extrañas pociones con que extrañas utilidades o fines le había dado la chica para su cumpleaños. Arrugó la nariz mientras se cruzaba de brazos tras echar la cabeza hacia tras y contemplar el libro, unos cuantos segundos, luego miró a su alrededor.
-Bueno, no todos, los que se usan muy seguido están impecables, además que esperabas, ¿Cuánto tiempo crees que llevan aquí, dos días? Preciosa, estas cosas son una reliquia -Comentó desinteresadamente, mostrándose animosa de nuevo, más pareció ausente ante aquella afirmación de su viaja amiga-Se que no lo es.
Y Leia sabía que aquella maldición no era agradable, porque la había escuchado al ser conjurada y porque también la había recibido. E intento alcanzar los recuerdos y poder sentirlos, más solo podía sentir ese ya común entumecimiento, ese vacio y ese nudo en la garganta. Ambos se habían marchado, ¿con que sentido? ¿Qué propósito había en amar a alguien para perderlo después? El amor no era, para ella, más que una reverenda estupidez y eso no quitaba que estuviese enamorada de un muerto. Más el entusiasmo de Alice acerca de su próximo cumpleaños la sacó de los tumultuosos pensamientos.
-¡Suena estupendo! Hagamos una buena fiesta triple, a todo esto, ¿dónde esta Sarah eh? ¿No ha venido contigo a Brigantia?-Preguntó, curiosa, no estaba muy segura de poder ser el alma de una fiesta, pero aun faltaba tiempo, y qué no era eso lo que decían, tiempo al tiempo.-Bueno, quizá algún día también pueda escribirte una historia e incluso ilustrártela, y a cambio me darías un paquete de las pócimas que no pueden faltar en su alacena, o que se yo.
La rubia se recargó en la mesa echando el rubio cabello hacia atrás que se le venía a la cara estorbosamente, mirando con atención a la ex Gryffindor, Francia, ahora que lo meditaba era curioso que no hubiese escuchado nada de ella en los últimos tiempos, si algún bueno tenía Brigantia es que atraía mágicamente a los viejos conocidos, tan fácil como los arrebataba. Suspiró, tenía la impresión de que Alice estaba omitiendo un millón de datos importantes acerca de su vida, pero bueno, tampoco ella le había contado todas las nuevas.
-¿Con que Francia, eh? ¿Te divertiste con los franceses? Dicen que es la ciudad del amor, aunque yo siempre he dicho que Italia es más romántica ¡y no es porque sea italiana!-alegó con una sonrisa-Alice, ¿de veras estas bien?-no quería ser metiche, pero lo preguntaba porque le importaba.-Sabes Alice, no tienes una idea de lo mucho que me gustaría nunca haber venido a Brigantia, seguir en Hogwarts, metiéndonos en problemas… Me gustaría que aun fuéramos las del dibujo-Dijo señalando fugazmente la vieja hoja.
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| Alice Whelten |
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Alice dejó escapar una leve risa ante el comentario de Leia sobre la antigüedad de los libros, si la gran mayoría estaban en ese estado, era planteable la idea de “cogerlos prestado” para venderlos luego como reliquias o hacer un museo con ellos y cobrar un buen precio por la entrada. Aunque aquella idea era más de Sarah que de Alice… Alice siempre había disfrutado leyendo los libros, Sarah era feliz si los podía vender a cambio de algo. - ¿La ciudad del amor? – Alice no pudo reprimir una carcajada irónica mientras alzaba una ceja incrédula – Oh, vamos, ya sea en Italia, en Francia o en Inglaterra… eso del amor no está hecho para mí…
Francia… Apartó la mirada de su amiga, cuya preocupación la hizo sentirse reconfortada, y calló unos instantes mientras meditaba acerca de qué contarle. Se tomó su tiempo para elegir las palabras con cuidado y abrió la boca para hablar, mas de sus labios no salió sonido alguno. Tomó aire y decidió empezar por lo más fácil.
- Bueno… cuando terminas nuestros asuntos en Francia, Sarah decidió que quería cambiar de aires e irse a Alemania a estudiar dragones. ¿Sabes que le fascinan desde aquella vez que estudiamos uno en clase y le prendió fuego a la túnica de Aeryn? Desde entonces no paraba de hablar maravillas de ellos… Y sobre lo que he estado haciendo en Francia… bueno…
Volvió a hacer una pausa, pues aquello no era nada fácil. De todas formas, el hecho de que su hermano se hubiera unido a los mortífagos tampoco era un secreto, él desde luego no lo había ocultado, y desde Hogwarts había demostrado aptitudes más que suficientes para ingresar en sus filas.
- ¿Recuerdas a Andrew? Bueno… el caso es que… él ha decidido que… bueno… él cree en la causa de los mortífagos y se ha unido a ellos, por eso se fue a Francia… - bajó la vista y sus manos empezaron a temblar levemente, reflejando que aquello la afectaba – Andy siempre ha sido un imbécil y un gilipollas, pero es mi hermano, Leia… me aterra lo que pueda estar haciendo… Un año en Francia y no hemos conseguido ni una sola pista, nada… ni siquiera Edgar ha podido enterarse de algo por sus contactos como auror. Así que bueno, Sarah acabó hasta las narices y decidió que quería hacer algo útil con su vida, que era Andy el que se lo había buscado y ella no tenía que pagar por ello. Yo no quería irme, pero Edgar me convenció de que era lo mejor y me prometió seguir él la búsqueda en solitario. A veces me pregunto por qué se molesta tanto en ayudarnos si ni siquiera es de la familia…
A Leiam Andy le debía de resultar cuanto menos familiar, ya que el hufflepuff tenía la costumbre de hacer la vida imposible tanto a sus hermanas como a quiénes frecuentaban su círculo de amistades. Era uno de los bravucones de Hogwarts que se divertían haciendo la vida imposible a todo el que consideraba inferior, lo que le llevó a tener más de un problema en los últimos años escolares.
- Oye… sé que no hace falta decírtelo, pero no lo comentes con nadie, por favor… es un asunto muy delicado para mí, y según tengo entendido las cosa son han estado muy bien por aquí últimamente.
Miró el viejo dibujo con nostalgia y con un deje de tristeza añadió:
- Sí… a mí también me gustaría… ese fue un gran día… me encantaría volver a Hogwarts, y si te soy sincera tal vez cambiase un par de cosas… - sus grisáceos ojos miraron directamente a los de su amiga con preocupación - ¿tú estás bien? Sé que ha habido revuelto por aquí últimamente… no quiero que te pase nada, tienes que hacerme esos dibujos – le guiñó un ojo para quitar hierro al asunto, que empezaba a tornarse demasiado serio, y por una vez le apetecía reír y sentir que el mundo no era un lugar hostil.
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| Leia Alighieri |
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La rubia rió, “eso del amor no esta hecho para mi” cosa que a Leia le parecía curiosa, ella pensaba que el amor estaba hecho para todos, sencillamente que algunos terminaban teniendo suerte con el y otros bueno, era preferible que dejasen al amor del otro lado de la cortina, como ella por ejemplo. Enarcó una ceja, mientras la miraba aun con cierta diversión.
-Pues si tu lo dices, supongo que no puedo refutártelo, pero que no se te olvide Alice Whelten, que antes cae un hablador que un cojo-Menciono, con un oscuro fondo de diversión y era oscuro porque estaba haciéndose sonar como una vieja adivina que te depara algo para el futuro que más que otra cosa parece maldición.
La rubia sintió un escalofrío que recorría su espina a la mención de los dragones, más se mantuvo firme en su serenidad. Seguía creyendo que por más mortales que fuesen ciertas criaturas del mundo mágico, no había nada más mortal que aquellos iguales a ti. Después de todo, si las criaturas les habían hecho algún daño, también se los había hecho la magia, y también se los habían hecho los magos. Más escuchó con atención, tenía un vago recuerdo acerca de la túnica de Aeryn incendiándose, y se limitaba a no hacer ningún comentario, después de todo era obvio que no era un tema fácil de tocar y no quería interrumpirla de modo innecesario si estaba decidiendo confiar en ella.
Asintió levemente, si, recordaba a Andrew. Lo recordaba de Hogwarts e incluso si se lo pidiesen quizá podría plasmar al chico de aquella época en un papel, pero nunca había tenido mucho trato con él, más por evitar el surgimiento de algún pleito entre ella y el hermano de su amiga. A ella no le gustaban los bravucones y eso no era una novedad. Y con su afán por demostrarse pacifista, solía serle conveniente no entablar tratos que terminarían en nada bueno. Se inclinó hacia adelante, con tal de alcanzar a Alice un poco y darle un ligero apretón en la mano, como una muestra de amistad, de comprensión y como una declaración de que estaba con ella si la necesitaba. Para lo que fuese.
-Comprendo perfectamente, es una cosa entre nosotras, no se lo comentare a nadie tranquila.-Y podía confiar en que no lo haría-Lo siento mucho Alice, no debe ser fácil, es tu familia y la familia sean como sean, son parte de nosotros y nos duelen, aunque en parte Edgar y Sarah tienen razón, el lo decidió y tu no podías hacer nada y bueno Edgar es una demostración de que aun hay gente buena en el mundo ¿no?
Miró el dibujo unos segundos, y luego directamente a los ojos a Alice, para suspirar después mientras se echaba el rubio cabello hacia atrás en un acto ligeramente frustrado. No era feliz y a veces se preguntaba que era peor, si la certeza de no serlo o si el tener que fingir que lo eres para poder seguir adelante. Ya no quería fingir.
-Al parecer soy como esas sustancias radioactivas de las que es difícil deshacerse, no tienes que preocuparte, tendré esos dibujos cueste lo que cueste -Le guiño un ojo -No estoy muy segura de estar bien, pero…-No pudo evitar titubear-Voy a estarlo, después de todo las cosas aquí no son fáciles y eso todos los sabemos, y míranos, aquí seguimos, ¿no? Además, hay cosas de las que no puedes escapar, pero ¡Basta, basta! ¡Si tendriamos que reirnos! ¡estas aquí!
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| Alice Whelten |
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Sin duda, lo que más le gustaba de Leia era su capacidad para hacerla reír, siempre conseguía sacarle una sonrisa en situaciones casi imposibles, y por eso admiraba tanto a su amiga. Estalló en carcajadas ante la imagen de la rubia en el papel de vidente de mal augüero. Desde luego, si se lo proponía, tal vez pudiera acabar dando clases de adivinación en Hogwarts.
- Pues écheme una maldición, oh, señora bruja – bromeó, poniendo un melodramático tono en sus palabras – que quizás me venga bien eso de enamorarme, pero para variar, esta vez podía ser correspondido…
Alzó una ceja con cierto deje de incredulidad ante tal idea. Enamorarse era relativamente fácil (aunque realmente solo lo había estado de una persona) ser correspondida no.
- Oye, ¿y tú qué? No me digas que estás soltera porque no me lo creeré – la miró con una pícara sonrisa.
Alice no pudo dejar de percibir la seriedad que cruzó las facciones de su amiga cuando mencionó la anécdota de Sarah y el dragón. Normalmente ese tipo de sucesos acababan por hacer que las dos chicas rieran a destajo, y más si el tiempo había contribuido para amenizar los recuerdos que en su momento eran más delicados por la gravedad de la situación.
Leia no hizo comentario alguno, y Alice decidió que por el momento ella tampoco haría referencia al tema, pero estaba dispuesta a indagar más tarde, cuando encontrase el momento oportuno.
La seriedad terminó por adueñarse del ambiente cuando el “buen” Andy apareció en la conversación. Para Alice, el tema de su último año en Francia, con todo lo acontecido, siempre lograba turbarla y provocarle numerosos sentimientos desagradables. Pero ahí estaba Leia, como siempre, mostrándole su apoyo con un apretón de manos y haciéndole ver, por supuesto, que podía confiar en ella con los ojos cerrados. Le dedicó una sincera sonrisa cargada de agradecimiento.
- Sí… él lo decidió… pero me jode… llevo sangre mortífaga en mis venas, ¿y si un día se me cruzan los cables y me uno a ellos? ¡Por Merlín! Si eso ocurre golpéame con la maza de un troll…
Sintió un escalofrío recorrer su médula, frío como el hielo y cortante como un hacha afilada. Lo que le faltaba era tener pesadillas de sí misma con la Marca Tenebrosa en el antebrazo. Observó a su amiga sin molestarse en disimular el gesto de preocupación que se había dibujado en su rostro. Conocía a Leia, y sabía que cuando su amiga mecía su cabello de ese modo era porque algo le sucedía, y sus palabras así lo confirmaron.
Alice la miró con seriedad, sonriendo a medias ante algunos comentarios con los que Leia pretendía quitar hierro al asunto. Verdaderamente las cosas estaban mal en Brigantia, tal y como Aeryn le había contado.
- Parece que las cosas están peor de lo que me había imaginado… pero tranquila, que ahora estoy yo aquí para cuidar de ti – le guiñó un ojo con cierto deje de diversión, mientras sacaba pecho al estilo “orgullo Gryffindor”.
Sí, las cosas estaban mal, y Alice tenía que meditar detenidamente sobre ello, pero en aquel momento no iba a solucionar nada preocupándose, y desde luego no iba a animar a su amiga haciendo comentarios negativos. Si las cosas se volvían a tornar feas, Alice actuaría intentando proteger a aquellos que le importaban, mientras tanto, lo único que podía hacer era practicar sus hechizos y hacer un par de pociones para tenerlas a mano en caso de necesidad. Decidió cambiar de tema para animar el ambiente.
- Bueno, alegra esa cara, Leia – dijo sonriéndole con calidez – ¡que ya mismo cumplimos años! Y lo vamos a celebrar juntas, que ya me encargo yo de hacer que Sarah venga aquí – le guiñó un ojo, enfatizando la seguridad de sus palabras - ¿alguna idea para la fiesta?
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