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 Perdido en la Historia, ¿Mejor mal acompañado que solo? xD
Josianne Hill
Posted: Mar 7 2009, 01:09 PM


Medimagia/Artes Oscuras. Nivel 1


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-Estaba en plan frívolo… Solo trataba de divertirme… Todo se me fue de las manos y él… Él se aprovecho de mí… Trató de… Trato de… -la palabra se estancaba en su boca- Al final no lo hizo. No sé por qué... pero iba a hacerlo. Iba a hacerlo –la joven hundió la cara entre las manos, avergonzada por lo estúpida que había sido y avergonzada por haberse visto en semejante situación-. Merde! STUPIDE!!

Whateley sacudió levemente la cabeza, sabiendo que aquella situación lo ponía en una posición muy delicada. Por un lado tenía la obligación de dar parte de ello al decanato e iniciar las acciones legales pertinentes para que echaran al responsable en caso de que se demostrase que lo que Josianne había dicho era cierto. Por otro, se sentía en la obligación de tomar medidas más personales en contra del responsable, si no de avisar al padre de la muchacha, aunque conociéndolo esa última opción era poco recomendable.

-Creo que lo más juicioso sería avisar al decanato y asegurarnos de que expulsan al responsable -dijo intentando no entrar a juzgar a la muchacha-. Pero antes de hacerlo tiene que asegurarme que todo lo que me ha dicho es cierto, que no ha cambiado u omitido nada –los jóvenes de las buenas familias conservadoras estaban sometidos a mucha presión, y en ocasiones, cuando los planes que sus padres tenían para ellos se torcían, hacían y decían cosas verdaderamente estúpidas para excusarse.

-¡No! -Josianne se inclinó hacia adelante como en un reflejo y le tomó las manos al profesor entre las suyas, pero la ligera resistencia que éste mostró pareció ser suficiente para darse cuenta enseguida de lo inapropiado del gesto, soltándolas tan rápido como las había tomado- No se lo diga a nadie, por favor. No se lo diga a nadie. No quiero que lo sepa nadie, no quiero que se entere mi padre... ya le he dado bastantes disgustos. Se lo ruego... por favor...

La reacción de la ogmios pareció confirmar la sospecha que Benjamin albergaba de que todo aquello podía ser una historia inventada con algún fin desconocido, o de que había algo más que intentaba ocultar. Sin embargo no sería difícil sacar a la luz la verdad.

-Como comprenderá -dijo en un tono algo más impersonal una vez que la chica le soltó las manos-, si es cierto lo que dice no puedo permitir que el culpable quede sin castigo y libre para que haga lo mismo a otras personas.

-¿Por qué iba a inventarme algo así? ¿Qué podría ganar con eso, señor Whateley? –Preguntó la joven con el ceño fruncido, aparentemente extrañada- Sabe mejor que yo que hay métodos para saber la verdad. Desvelar la mentira de una simple muchacha resulta demasiado sencillo. ¿Por qué iba a mentir entonces? –La joven paró un segundo y habló ahora con un tono mucho más tenue y más humilde- Pero hay cosas… hay cosas que no quiero que sepa nadie y, en especial, hay cosas que no quiero que sepa mi padre. Sé que él piensa que he cambiado. Le he decepcionado, le he fallado de nuevo… No quiero que se avergüence más de mí.

Benjamin dio un profundo trago a su taza, dejando que la infusión, ligeramente amarga, le quemara la garganta, tras lo cual soltó un levísimo suspiro. Detestaba aquel tipo de situaciones, pero lamentablemente en adelante se iban a suceder con una alarmante frecuencia.

-¿Y porque no quiere decepcionar a su padre o reconocer ante él sus errores va a dejar que el culpable de esto se salga con la suya? ¿Cree que no va a pasarse las próximas semanas mirando por encima del hombro y temiendo que alguien aparezca para atacarla si no se toman medidas? -su actitud se había vuelto ligeramente más agresiva, como cuando hostigaba a algún testigo- Vamos, sólo intento ayudarla. Dígame qué es lo que pretende ocultar y ya veremos cuál es la mejor forma de actuar...

Josianne se encogió más en la silla, de nuevo, como un gesto involuntario en respuesta al tono que estaba empleando el profesor y a lo comprometido de la situación.

-No le diga nada. No le diga nada a mi padre, por favor -Suspiro, dándose por vencida, bajando la mirada para no enfrentar el rostro del profesor y no leer en ellos ningún tipo de decepción ni ningún tipo de juicio-. Nosotros... bueno... Yo... he... he tomado... drogas. Yo le ofrecí, pero él no quería probarlas hasta no verme a mí... Yo consumí demasiada y después él... Él no quiso tomarla… Eso le dio ventaja -su voz se fue ahogando hasta morir casi en un susurro. Sabía que era inútil mentirle, que lo descubriría por su cuenta y sería peor. Además, quería romper con ello y sabía que sola no era capaz. No lo había sido antes ni lo sería ahora-. No le diga nada. Por favor. No le diga nada. Él ya tiene bastante con la muerte de mi tía. Se lo ruego. No se lo diga a nadie. Le mataría -porque la joven ogmios podía parecer fría e insensible, pero su padre era lo que más amaba en el mundo.

Y ahí estaba otra vez la muerte de Samantha Hill. Demasiadas cosas giraban en torno a ella y al cisma que había desencadenado. El primer error de Carlisle Mott había sido dejar a sus perros la correa tan larga, pero Whateley coincidía con él en que una falta de respeto como aquella no podía tolerarse. Samantha se lo había ganado a pulso, lo que no significaba que a sus familiares les doliera menos.

- Aun en el hipotético caso de que esto no llegue a oídos de su padre habrá que hacer algo al respecto, ¿no cree? –preguntó el profesor a la espera de ver cómo respondía la joven.

Josianne abrió la boca para contestar, pero debió de arrepentirse de lo que iba a decir. Porque volvió a cerrarla sin decir nada. Aquel profesor, a pesar de lo mucho que le recordaba a su padre en ciertas actitudes, se había mostrado ante ella como un profesor íntegro. No podía pedirle algo como lo que se le pasaba por la cabeza. Nada más que las ideas que le rondaban eran como para expulsarla. No, no quería ni imaginar que diría aquel hombre si le sugería llevarlas a la práctica.

-Y supongo que, la única opción, implica pasar por el decanato. ¿Me equivoco? No existe ninguna opción intermedia que no implique remover esto… –Josianne ya había recuperado la confianza, la serenidad y la compostura, al menos hasta que la atacase una nueva crisis, lo que le permitió darle a la frase el tono adecuado para sugerir algún tipo de medida más vengativa que educativa o correctora– Escuche, Whateley –el profesor pasó por alto el pequeño abuso de familiaridad, y pareció hacer caso omiso a las insinuaciones de la ogmios-, le agradezco muchísimo lo que esta haciendo, sinceramente. No le corresponde, usted no tenía por qué estar aquí soportando todo esto. No quiero causarle más molestias.
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Benjamin Whateley
Posted: Mar 7 2009, 01:12 PM


Profesor de Leyes Mágicas. Nivel 8


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Mientras escuchaba a la muchacha, Benjamin agradeció al cielo que el mayor problema de su hijo fuera un absoluto desdén por las normas y poco más, ya que en la misma situación que ahora se le presentaba, habría sido capaz de matarlo por estúpido. Sin embargo se trataba de la hija de Jason, y aunque lo más justo para todos sería contárselo, en la práctica no era una opción, ya que estaba bastante seguro de que éste no dudaría en matar al culpable.

-De hecho cualquier actuación a través del decanato es inviable, pues supondría la inmediata expulsión de ambos, y eso es algo que no queremos, al menos para usted...

Josianne escuchó al profesor y levantó la cabeza, intrigada. Una media sonrisa se dibujó en su rostro. Ella no sabía la relación que había entre su padre y Whateley y lo mucho que esta estaba influyendo en el trato que el hombre le profesaba. Si lo había visto en las fotos de boda de su padre, veinte años menor, ni se acordaba. Por eso, aquella respuesta, la pilló totalmente de sorpresa.

-¿Va a ayudarme? ¿Usted… no quiere que me expulsen? ¿Por qué? –La joven reconsideró al instante sus palabras. Estaba hablando demasiado y podía resultar molesta, pero aquella propuesta de obviar a los decanos la seguía sorprendiendo.

-¿Por qué debería querer que la expulsaran? -preguntó con fingida incredulidad- Ya hay pocos magos decentemente preparados como para desperdiciar dos estudiantes, señorita Hill –otra media verdad en una larga lista de la que recientemente estaba borrando unas cuantas.

-Disculpe. Le agradezco muchísimo su interés… pero… ¿qué otra opción queda? -a ella se le ocurrían varias, pero dudaba que las mismas pasaran por la mente del docente.

Josianne llevaba ya un rato tranquila, por lo que Benjamin decidió que era el momento de poner los puntos sobre las íes en todo el asunto. Una cosa era que por ser hija de Jason evitara que la expulsaran y la procesaran, y otra muy distinta que se fuera a ir tan tranquila. De hecho ya meditaría si en algún momento le hablaría a su padre del tema.

-Ya pensaremos más adelante en las opciones que nos quedan -dijo sin dejar muy claro a quienes incluía ese "nos", tras la que su rostro perdió todo rastro de amabilidad o comprensión, para tornarse totalmente serio -, pero que le quede clara una cosa: si vuelve a tomar la más mínima cantidad de la porquería que estuviera tomando me ocuparé personalmente de hundir cualquier posibilidad de éxito que tenga en la vida –confiaba en que aquello surtiera efecto más por lo vulnerable del estado de la chica que por la amenaza de un profesor de universidad en sí, por exitoso que éste fuera.

Josianne se quedó muda cuando descubrió la metamorfosis en el rostro de Benjamin Whateley. Se transformó, del comprensivo y correcto profesor en un hombre serio y duro, y ni que decir tiene que la amenaza (no podía verlo de otra forma) le caló hondo. No esperaba una cosa así y, realmente, jamás se había sentido intimidada de ese modo por nadie.

A lo largo de la conversación había subido las piernas a la silla y las había abrazado con los brazos. Enterró el rostro entre ellos, impidiendo que el profesor viera las gruesas lágrimas que caían de nuevo por su rostro.

-Quiero hacerlo… Quiero hacerlo –balbuceó- Lo he intentado, le juro que lo he intentado. Lo intente a los poco meses de empezar a tomarla, me daba miedo, pero mi primo insistía en que no pasaba nada… lo intenté cuando me echaron de casa… -Volvió a sollozar- Pero no puedo… Siempre caigo de nuevo y no puedo… No puedo yo sola –volvió a guardar silencio. Aún no entendía qué tenía ese hombre que le hacía contarle todo aquello. Ahora mismo Whateley sabía cosas que jamás supo nadie, ni siquiera Samantha. No entendía cuál era el motivo por el que aquel hombre se implicaba personalmente tanto en ella… pero no le importaba. Su estoica presencia y su carácter firme le recordaban al de su padre. Un padre con el que, por el momento, no podía contar-.Ayúdeme…

Aunque sin demasiada brusquedad, Benjamin obligó a la chica a alzar el rostro hasta que ambos quedaron mirándose a los ojos, y mentiría si en ese momento hubiera dicho que no estaba minimamente conmovido por la escena, pero cuidó bien de mostrarlo. En lugar de ello se mostró aun más severo.

Josianne se estremeció ante el contacto de la mano de Whateley cogiendo su mandíbula para alzarle el rostro, de forma firme, pero no brusca. La piel cálida y curtida le transmitió tranquilidad y fuerzas. Dejó que alzara su rostro y fijó la mirada, sin achantarse, en los profundos ojos azules de aquel hombre, cuyas palabras no fueron tan esperanzadoras ni tan reconfortantes como su tacto.

-No, no voy a ayudarla. No soy ni su padre ni un grupo de terapia y rehabilitación -hizo una breve pausa-. Usted se metió en ese problema y usted va a salir de él. Estoy evitando que esto salga a la luz porque creo que puede convertirse en una bruja de provecho, pero si no es capaz de resolver sus problemas me estará demostrando que me equivoco –era una posibilidad remota, pero muchas veces lo único que hacía falta para sacar a alguien adelante era darle un poco de autoafirmación, y por qué no, también poner en duda su capacidad para hacer algo.

Josianne estaba sola, no podía pedirle que cargara con un problema que le incumbía solamente a ella, pero no fue eso, sino las siguientes palabras del hombre le arrancaron nuevas lágrimas. Tenía fe en ella, a pesar del lado que le estaba mostrando, su verdadera imagen de la que tanto se avergonzaba. Él creía en ella y le daba una oportunidad.

Sólo pudo asentir con la cabeza, en una promesa muda de que haría lo imposible, que lo intentaría, que no quería desaprovechar la oportunidad que le daba. No quería decepcionarle a él también como había hecho con su padre… Fue lo único que pudo hacer antes de que el cansancio y la tensión por todo lo vivido la fueran venciendo. La joven trataba de hacer un esfuerzo por mantener los ojos abiertos, pero no podía evitar que se le cerraran. Pesaban demasiado.

-Creo… creo que debería irme… es ya tarde… -continuó en la silla, con la cabeza enterrada en los brazos, demasiado cansada como para mover ni un músculo, y demasiado angustiada como para plantearse salir de aquel pequeño remanso de paz. Poco a poco, y sin poder evitarlo, se fue quedando dormida.

-Estoy de acuerdo, debería de descansar y decidir qué va a hacer al respecto -dijo alzando la voz para sacar a la muchacha de su ensoñación, mientras se levantaba y abría la puerta del despacho, dejando claro que por su parte todo aquello había terminado.

La voz, con el tono algo más elevado, del profesor, hizo a la joven recobrar la conciencia. Parpadeó varias veces y se pasó las manos por el rostro tratando de despejarse, al menos, para no dejarse medio trozo en Brigantia cuando tratara de aparecerse. Se acercó a la puerta dispuesta a abandonar el despacho, pero se detuvo antes de salir y volvió a mirar al profesor directamente a los ojos, esbozando una cálida, humilde y sincera sonrisa, como pocas veces la esbozaba, como pocos la verían, antes de emprender su marcha a través de la oscuridad de Brigantia.

-Gracias por todo –dijo a modo de despedida, siendo correspondida con un seco asentimiento por parte del profesor, demasiado perdido en sus pensamientos como para contestar mientras cerraba la puerta tras ella.
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