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Puntos de las Facultades
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 Décimas.
Dana Kürten
Posted: Mar 21 2009, 04:31 AM


Ingeniería en Pociones/Artes Oscuras. Nivel 1. Guardiana


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La alemana había traído hoy también a Hans a Brigantia. Por un lado, quería que lo vieran algunos compañeros como Quetzal, que no se perdía un segundo de estar con el bebé. Se había autoproclamado tío. Bueno, él y Duna, y Anny, y Emily… Todos parecían tener un férreo interés por malcriar y consentir a su hijito. Si a eso le sumábamos lo compradora compulsiva que era “la abuelita Miller”, el niño iba a crecer de lo más caprichoso e insoportable. Pero, al menos en las primeras semanas, no le importaba que consintieran al bebé. Ella misma no podía evitar hacerlo, acaparaba todas las atenciones con esos ojazos azules y esa risilla que ya comenzaba a despuntar. No lloraba, solo se enfurruñaba y berreaba de vez en cuando. La mayoría del tiempo lo pasaba con los ojos abiertos mirándolo todo. Era muy buenecito.

Por otro lado, no soportaba estar lejos de su bebé mucho tiempo. Quería tenerlo todo el rato a la vista y saber a cada segundo cómo estaba. No quería desaprovechar ni un solo segundo de estar con él, ni uno solo. La mayoría del tiempo lo pasaba en Brigantia. Intuía que aquel era el lugar más seguro para ella y para su hijo. Que Holland no haría nada allí, delante de los alumnos, delante de otros docentes. Buscaba estar rodeada de mucha gente casi todo el tiempo, cosa que con el bebé tampoco resultaba muy difícil. Aunque también estaba segura de que, si a Damien se le antojaba que ya había esperado bastante, nada de lo citado anteriormente le iba a detener.

Hoy lo había vestido con un mono azul que le había comprado Leah. La mujer había amenazado con desheredarla y denunciarla a los servicios sociales por maltrato infantil si volvía a ponerle a la criatura cualquiera de esa ropita heavy, que era mal influenciar al chiquillo desde pequeño y que iba a hacer lo indecible por que aquella criatura no se fuera por el mal camino mientras ella estuviera viva. Ella había reído con ganas y le había puesto al bebé, al menos por esa vez, la ropa que ella había querido. Lo cierto es que el bebé estaba precioso con cualquier cosa que le pusieran. El gorrito beige le quedaba muy lindo.

Ahora se dirigía a la nueva enfermería. La de cosas que se había perdido mientras estaba aislada en su casa. Se había enterado del incidente de los dragones, de la pérdida de Per, de Maximilien y de Tigerlily, a la que había conocido en Macao. No entendía por qué el destino se ensañaba con Jack de ese modo, tendría que ir a verlo. A raíz de ahí parecía haber surgido lo de la enfermería, o quizá estaba planeada de antes. El caso es que, ahora mismo, le venía que ni pintada. Había notado que el bebé estaba un poco caliente y que lloriqueaba mucho. Debía de tener unas pocas décimas y eso la angustiaba mucho. No sabía si era algo normal por ser madre primeriza o era cosa de ella sola, pero era muy protectora con el bebé y enseguida se agobiaba y se preocupaba en exceso cuando notaba que algo no iba como creía que debía ir. Leah le decía que se relajase y que no se preocupase tanto, que el bebé estaba bien y que era normal. Pero ella no se quedaba tranquila.

Al acercarse a la nueva enfermería vio las tres hileras de camas dispuestas. Esperaba sinceramente que jamás se viesen en la necesidad de disponer de todas ellas al mismo tiempo. En medio de la estancia estaba el enfermero. Dana golpeó la puerta con los nudillos para hacerse notar y escribió unas líneas en la incondicional pizarra blanca. Ya estaba aprendiendo a comunicarse por signos y casi casi le salía ya con fluidez. No podía estar escribiendo en una pizarra toda la vida (Bueno, lo que durase su vida), pero aún la necesitaba para momentos puntuales y para, como en aquel caso, cuando se cruzaba con alguien del que no sabía si entendería o no el lenguaje de signos.

¿Puede echarle un vistazo a mi hijo? Tiene un poco de fiebre y no me voy a quedar tranquila hasta saber que no es nada grave.
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Jörg Stockhausen
Posted: Mar 21 2009, 08:00 PM


Enfermero de Brigantia. Nivel 7


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En cuanto Gerhard Immëndorff, antiguo profesor suyo le había pedido que se hiciera cargo de la nueva enfermería que los decanos habían mandado construir en la universidad, Jörg Immëndorff hizo sus maletas y se mudó desde el Hospital Mágico de Baviera hasta las instalaciones de Brigantia sin rechistar.

Aquél era su primer día y por el momento no había ocurrido nada fuera de lo normal sin contar a los universitarios que se habían decidido dar una vuelta para conocer la enfermería y demás, por lo que se había más bien dedicado a poner en órden todos los medicamentos y artículos varios que había ido a comprar con la decana Hawes unos días antes a abrir la enfermería.

Por otro lado también le interesaba ponerse en contacto con el profesor Vercelli, quién según sabía, era el profesor de medimagia para aunque fuera conocerse y entablar alguna especie de alianza médica, porque eran los dos doctores (sin contar al mismo Immëndorff) que estaban a cargo de los alumnos y su salud.

No se imaginó que desde el primer día tendría su primer paciente cuando entró una joven con un ¿bebé?. A Jörg le sorprendió verla con él porque según tenía entendido, nunca se habían admitido bebés en Brigantia, aún así la recibió educadamente y leyó con atención las palabras en la pizarra (ni se le ocurrió preguntarle porque no podía hablar, no era asunto suyo ni iba a eso).

Le señaló la camilla más cercana que antes de que Dana o el niño la tocaran se convirtió en una especie de mesa de exploración. Jörg tomó al bebé entre sus brazos y comenzó a revisarlo minuciosamente con el rostro completamente serio.

-Bueno, no tiene nada grave.

Dijo y un marcadísimo acento alemán imposible de ocultar se hizo presente en su voz.

-Trata de no abrigarlo demasiado y mantenerlo hidratado, eso es muy importante. Se le quitaría con unas pastillas de hibiscus y lágrimas de banshee pero ese es un medicamento exclusivo para bebés y...en Brigantia no hay de eso. Te recomiendo que lo lleves a San Mungo y que te las den ahí...te voy a hacer una nota para que te las den gratuitamente y...¿te fabrico el traslador?.
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Dana Kürten
Posted: Mar 29 2009, 02:45 AM


Ingeniería en Pociones/Artes Oscuras. Nivel 1. Guardiana


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Dana colocó al pequeño Hans en la camilla, sorprendida cuando se transformó ante sus ojos, había cosas de la magia a las que nunca se acostumbraría, y eso le encantaba. Mantuvo al pequeño Hans todo el tiempo en contacto con sus manos hasta que fue el enfermero el que lo cogió. Lo miró entre las manos anchas del enfermero. Era tan chiquitito. No se daba cuanta de la sonrisilla bobalicona que no se le quitaba del rostro cuando contemplaba a su hijito.

Aún no terminaba de creerse el hecho de que ella era madre. Nunca le habían gustado los niños, jamás. Le pasaba como a Pace. Los niños le habían parecido siempre un tremendo incordio, siempre llorando, gastando pañales… y cuando crecían un poco, mucho peor, entonces era cuando comenzaban a hablar y eran una completa pesadilla.

Pero ahí estaba, contemplando a su bebé como quién mira la aparición de un ángel, con fascinación, con veneración, medio deslumbrada. Le parecía la criatura más perfecta sobre la faz de la tierra, con sus grandes y curiosos ojos azules. Solo tenía una semana, una semana y ya parecía querer descubrirlo todo. Pensó con melancolía si lo escucharía llamarla “mamá” por primera vez. Los ojos se le inundaron de lágrimas solo de tratar de imaginar su vocecilla

La voz del enfermero la sacó de su ensimismamiento. Se alegró muchísimo cuando le dijo que el bebé no tenía nada grave, a la vez que sintió un inmenso alivio. Cogió al bebé entre sus brazos y lo meció un poco para que dejara de gimotear. Escuchó la voz del enfermero haciéndole recomendaciones. Quizá abrigaba al bebé en exceso... Entonces se percató del marcado acento que tenía y se le iluminó el rostro. Reconocería ese acento en cualquier lugar.

El enfermero, presumiblemente alemán, se ofreció para hacerle un traslador. Un detalle que agradeció sinceramente. También se ofreció para hacerle una receta y no tener que pagar por los medicamentos que gastase. Dana asintió agradecida al joven, pero antes de que se pusiera a realizar el correspondiente hechizo, Dana alcanzó la pizarra y le escribió unas líneas.

¿Alemán? ¿Es alemán? Yo soy Dana, de Dusseldorf.

¡Qué pequeño era el mundo!
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Jörg Stockhausen
Posted: Apr 3 2009, 06:59 PM


Enfermero de Brigantia. Nivel 7


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Jörg caminó hasta su escritorio, lo rodeó rápidamente mientras con la varita hacia que un cajón se abriera, un bloc de recetas saliera de él junto con una pluma color pardo y un tintero, el enfermero se sentó y comenzó a escribir rápidamente la receta, con una letra irregular y desordenada.

Alzó la vista cuando vio que la madre del niño le volvía a acercar la pizarra con una pregunta que le hizo sonreír.

El alemán asintió efusivamente, aún extrañaba Baviera pero el trabajo era gratificante, tenía buena paga y además, por todos los dioses, estaba en el ojo del huracán de la situación política actual del mundo mágico.

-Jörg Stockhausen, de Baviera.

Dijo sin borrar la sonrisa que se le había formado ante los recuerdos de su antiguo hogar. Terminó de confeccionar la receta, firmándola y poniéndole un sello de la universidad y se la entregó a Dana.

-¿Eres ex.Durmstrang?

Preguntó imaginándose por alguna prejuiciosa razón que todos los alemanes o los cercanos a esos parajes eran de Durmstrand. Luego sacó de su escritorio un chivatoscopio bastante viejo al que apuntó con la varita pronunciando claramente "portus".

-El traslador sale en siete minutos.
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Dana Kürten
Posted: Apr 20 2009, 04:46 PM


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Dana respondió a la sonrisa de su compatriota con otra. Ambos extrañaban Alemania, a la que ahora ya era imposible regresar, a menos en la situación de Dana.

La alemana cogió la receta que le tendía Jörg, echándole una rápida ojeada. Gracias a Dios su pequeño Hans no tenía nada grave, pero el hecho de medicarlo con tan cortita edad se le hacía cuesta arriba, pero si él, que era el experto, no había puesto ningún tipo de reparos es porque no debía de haber ningún riesgo. Garabateó algunas frases más en la pizarra. Por cuestión de comodidad y de costumbre, abandonó el inglés y comenzó a escribir en alemán.

Muchas gracias. // ¿Cuánto tengo que darle de cada medicamento? ¿Cada cuánto tiempo? ¿Cuánto dura el tratamiento?

Acababa de escribir esas frases cuando le llegó la pregunta del enfermero. Le puso una de sus sonrisas más dulces. Era agradable encontrar a alguien con quien “conversar” y poder salir de una vez del círculo al que había quedado recluida. Contestó a su pregunta dejando un margen de separación con las consultas anteriores.

No, no fui ni a Dumstrang ni a ninguna escuela mágica. Antes de entrar a Brigantia fui educada en escuelas muggles. La educación mágica corrió a cuenta de mi padrino, que me educó en casa de modo independiente. ¿Y usted?

Le tendió la pizarrita y se quedó contemplando el traslador. Una punzada de frustración le ensombreció la mirada. Se percató en lo ridículo de la escena, de lo absurda y estúpida que parecía con aquella dichosa pizarra, de lo inútil que era. Ya ni siquiera llevaba consigo la varita ¿Para qué? Ahora le era de la misma utilidad que cualquier palo de la calle.

Parpadeó un par de veces para recuperar de nuevo la frialdad y desechar aquellos pensamientos. Besó a su hijo en la frente y miró de nuevo al alemán. Le agradecía que no mostrase ningún tipo de consideración o de compasión, sino que actuaba como si la maniobra con la dichosa pizarra fuera una conversación de lo más fluida y habitual. Si algo comenzaba a odiar es que la compadecieran, por ser muda, por ser huérfana, por ser madre soltera… Lo odiaba. Rechazó la pizarra para trasmitirle lo siguiente, que lo hizo con los torpes gestos con sus manos, en el lenguaje de signos con el que comenzaba a adquirir algo de naturalidad, apelando a que el alemán lo entendiera.

¿Accederá a tomarse un café conmigo? No siempre tiene una la oportunidad en Londres de encontrase con un compatriota.
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